Conflictos en el aula escolar

Proyecto de Comunicación para la Infancia.

Conflictos en el aula escolar
Las escuelas son escenarios de encuentros y desencuentros, son el lugar en el cual confluyen cientos de pensamientos, sentimientos, formas de ver la vida, e ilusiones tanto de los niños y niñas, como de los maestros y los padres de familia.

Esa multiplicidad de sentires a menudo origina roces entre los distintos elementos de la comunidad escolar, conflictos relacionados con el contexto de la escuela, con las reglas implícitas y explícitas que impone el aula escolar, con la forma de relación entre los mismos alumnos y los maestros y con el desconocimiento de la subjetividad de las personas, entre otros.

Sin embargo, esa serie de problemas surgidos a partir de la convivencia puede ser un aprendizaje, al abordar el conflicto de manera propositiva e involucrar a todos los miembros de la comunidad escolar en la solución de los mismos, reconociendo al ser humano y analizando la causa que produce el problema.

Opinario

La agresividad en las escuelas
Por: Martha Luz Parodi Z.
Coordinadora del programa Ondas en colciencias
Coordinadora del Proyecto Pléyade
Psicóloga de la Universidad de los Andes

La escuela es uno de los espejos en los cuales puede verse reflejado un país, y algo preocupante le está pasando a éste cuando los resultados investigativos del Proyecto Pléyade[1], realizado en más de 7000 escuelas de todo el país, muestran que en los ambientes escolares se presentan en forma frecuente actitudes y comportamientos agresivos y dañinos, sobre todo entre compañeros. Ante una sencilla encuesta en la que se les preguntó a más de 2’000.000 de niños y niñas, qué era lo que más y lo que menos les gustaba de su escuela, sorprendió a los investigadores que lo que menos gustaba de la escuela, eran los compañeros, seguido del espacio físico, los maestros, las materias y las actividades extracurriculares.

La agresividad, según los niños, se manifiesta a través de golpes, burlas, gritos, robos e incluso amenazas de lesión física hechas a la manera de los grupos delincuenciales. En muchas ocasiones estos comportamientos ocurren sin que los maestros se enteren, y son los mismos niños quienes buscan diversas maneras de solucionarlo, bien sea a través del uso de la fuerza o a través del diálogo que termina con “hacer las paces”. El uso de una u otra alternativa, seguramente tiene relación con los valores incorporados por los niños tanto en la familia como en la escuela. En algunos casos en que los maestros intervienen, fue frecuente escuchar que la solución a la que más acuden y que infunde un gran temor, es la firma en el “libro negro” donde aparecen por escrito las faltas de los alumnos.

Según algunos investigadores, los comportamientos agresivos de niñas y niños, son imitaciones surgidas a partir de lo que ven en sus familias, en su entorno y en el país a través de la televisión; en cierto sentido, ese pedazo violento del país entra a las escuelas y es deber de ellas y sus maestros estar preparados para comprender y manejar creativa y pedagógicamente las situaciones que de ahí se desprenden, dándole cabida también a aquellas iniciativas positivas como la cultura del diálogo en la solución de conflictos.

Por otra parte, aunque no parezca tan evidente, el estado físico, a veces lamentable, de gran cantidad de escuelas, hace un aporte a la creación de ambientes escolares hostiles. Así lo expresa un niño: “Cuando veo la escuela sucia, con las paredes rayadas, me dan más ganas de rayar las paredes, los pupitres”. Un espacio físico desagradable, descuidado, inseguro, le está hablando a los niños de cómo los ven los adultos y es muy posible que los niños de manera subliminal estén recibiendo el mensaje de que no se les respeta, ni se les quiere, desencadenándoles reacciones como las del niño mencionado.

En cuanto al trato de los maestros a sus alumnos, todavía se escucha, aunque de manera poco frecuente casos de maltrato físico a los niños y niñas por parte de los maestros. En cambio fue muy frecuente encontrar en las expresiones de los niños sobre sus maestros, su desagrado – por no decir odio -, ante los gritos y regaños humillantes de algunos de sus maestros por razones que a los niños les parecen injustas como no entender un tema, no creerles lo que dicen, moverse, jugar o hablar.

Los resultados de la sistematización de esta investigación, lograron sorprender a las escuelas, y muchas de ellas emprendieron procesos de reflexión y de acción para intervenir en la calidad de las relaciones entre niños, entre niños y maestros y en el espacio físico. Fue así como algunos replantearon las cátedras sobre democracia, otros realizaron pactos de no agresión, otros desarrollaron talleres sobre distintos temas como tolerancia, respeto, convivencia, solidaridad, otros realizaron proyectos de embellecimiento y mejoramiento de la escuela. El impacto de estas soluciones no se conocen, pero sin lugar a dudas, son esfuerzos válidos orientados al descubrimiento de caminos que formen individuos y comunidades más pacíficas. La escuela es el lugar por excelencia para procesar la información y la experiencia que los niños, niñas y jóvenes tienen del país, la comunidad, la familia y la vida propia, por eso debe tener la capacidad de ofrecer mecanismos para que no sólo se piense, sino se viva una convivencia fundamentada en el humanismo, el afecto y la verdadera democracia.

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