Investigación Cualitativa e Hipertexto: Un Encuentro de Narrativas Polifónicas

* Esta ponencia fue presentada al VI Foro Pedagógico: Investigación cualitativa
como búsqueda colectiva de sentido, Snatafé de Bogotá, COMPENSAR, Mayo 29 y 30 de 1998

Rocío Rueda Ortiz
Postgrado Comunicación-Educación, Hipertexto Multimedia
Universidad Central

De pie, a la sombra/de la cicatriz en el aire.
No-estar-ni-por-nadie. Desapercibido, /solamente/ por ti.
Con todo lo que cabe en ello,/sin lenguaje/también.
Paul Celan

En el presente artículo se realiza una aproximación de dos ámbitos de saber: la investigación cualitativa y la tecnología de los hipertextos y la multimedia, ambos en el escenario educativo. El encuentro, quizás inesperado -y poco explorado- de estos dos campos obedece a unas ideas centrales: las transformaciones culturales contemporáneas, en particular, los cambios en el conocimiento y en los lenguajes, la fragmentación de la subjetividad, los nuevos modos de representación y expresión de una parte, y de otra, y como consecuencia de lo anterior, la necesidad de atemperar las técnicas de investigación cualitativa a dichos cambios, en la mira de indagar por cómo los sujetos construyen sentido y lo expresan a través de las nuevas tecnologías de la información y cómo éstas posibilitan o no dichas expresiones.

En consecuencia, en la primera parte se presentan unos supuestos básicos de la Investigación cualitativa, haciendo especial énfasis en la etnografía -sus alcances y problemáticas en el ámbito escolar-. En la segunda parte, se hace una exposición sucinta de qué son los hipertextos multimediales. Finalmente, en la tercera parte, se sugieren algunas posibilidades de integración de las tecnologías del hipertexto multimedia a la investigación cualitativa.

1. La investigación cualitativa en el escenario educativo

A continuación, en un intento “de viajar por un campo de pensamientos entrecruzados”, se plantean los supuestos básicos que orientan a la investigación cualitativa, a través de fragmentos que espero generen una topografía desde la cual abordar el tema que nos convoca. En consecuencia, no nos detendremos a hacer una comprensión exhaustiva de éstos, por cuanto sólo interesa tenerlos como referentes que nos orienten en la tesis que se propone aquí: la necesidad de integrar las nuevas tecnologías de la información, concretamente, el hipertexto y la multimedia, como herramientas y como ambientes para la investigación cualitativa.

a. Supuestos de partida

La investigación cualitativa se ha venido consolidando, en estos últimos años, como una metodología válida para la construcción de conocimiento en las ciencias sociales. Dicho enfoque propende por la subjetividad -y más exactamente por la intersubjetividad, los contextos, la cotidianidad y la dinámica de interacción entre éstos como elementos constitutivos del quehacer investigativo (Cf. Bogdan & Taylor 1992; Rueda & Vargas:1995).
La investigación cualitativa, epistemológicamente se preocupa por la construcción de conocimiento sobre la realidad social y cultural desde el punto de vista de quienes la producen y la viven. Metodológicamente tal postura implica asumir un carácter dialógico en las creencias, las mentalidades, los mitos, los prejuicios y los sentimientos, los cuales son aceptados como elementos de análisis para producir conocimiento sobre la realidad humana. En efecto, problemas como descubrir el sentido, la lógica y la dinámica de las acciones humanas concretas, se convierten en una constante de las diversas perspectivas cualitativas.

Asumir una perspectiva de tipo cualitativo comporta un esfuerzo de comprensión, entendido éste como la captación a través de la interpretación y el diálogo, del sentido de lo que el otro o los otros quieren decir con sus palabras o sus silencios, con sus acciones o con sus inmovilidades(Cf. Sandoval, Carlos:1996).

Frente al debate, por cierto ya desgastado, sobre lo cuantitativo vs. cualitativo, el punto de vista que aquí se sostiene es que el carácter de cualitativo de un estudio le viene tanto de la temática como de la intencionalidad y de la explicitación de una y otra; más que del método o de los procesos y/o resultados teóricos. En esta perspectiva, de lo que se trata es de encontrar una “arista” que tienda los puentes, que juegue como “bisagra”, entre los métodos cuantitativos y cualitativos, para alcanzar la subjetividad dadora de sentido histórico/comunitario y biográfico/individual. La validez de los resultados se da por la vía del consenso, de la perspectivación (objetivación intersubjetiva) y de la interpretación de la información, en consecuencia, encontrar puntos conciliadores entre los métodos aseguraría desarrollos investigativos cada vez más válidos y confiables.

En el caso particular de la etnografía, que es quizá la metodología cualitativa más aplicada al campo de la educación, se ha introducido al contexto escolar, al aula misma donde se llevan a cabo los procesos de enseñanza-aprendizaje, tratando de registrar no sólo los eventos y conductas, sino de comprender e interpretar su significado, su propósito, la intención que los actores (maestros, alumnos, padres de familia) dan a sus acciones. Se concentra en el estudio de la vida diaria y la realidad social (la práctica educativa en este caso) es considerada como un proceso. Pone énfasis en el sujeto, en su relación de intersubjetividad, su pensamiento, acciones y motivos y al mismo tiempo contempla a todos los que forman parte y que intervienen en una situación.

La etnografía, tiene la tendencia a trabajar primariamente con datos “inestructurados” esto es, datos que no se han codificado de manera previa a su recolección en un conjunto de categorías analíticas cerradas, relievando en el análisis una dimensión temporal ligada con lo actual cotidiano, mientras que por ejemplo, las historias de vida se centran más en lo pasado y ausente físicamente. Dentro de los medios de recolección privilegia la información del diario de campo, los informantes clave, la entrevista y la observación participante (Cf. Atkinson y Hammersley: 1994)

Clifford Geertz ha venido sustentando la propuesta de objeto para la etnografía en términos de una descripción densa de la cultura, según la cual el análisis y la interpretación consisten en enfrentar “una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas y enlazadas entre sí, estructuras que son al mismo tiempo extrañas, irregulares, no explícitas, y a las cuales el etnógrafo debe ingeniarse alguna manera, para captarlas primero y para explicarlas después” (Geertz, C. 1990:24).

b. Aspectos problemáticos de la etnografía educativa actual

Hemos señalado que la investigación cualitativa en escenarios educativos está orientada a comprender e interpretar el sentido que los diferentes actores (estudiantes, maestros, padres de familia, etc.) otorgan a su cotidianidad individual / colectiva. “El etnógrafo inscribe discursos sociales, los pone por escrito, los redacta. Al hacerlo se aparta del hecho pasajero que existe sólo en el momento en que es y pasa a una relación de ese hecho que existe en sus inscripciones y que puede volver a ser consultada” (Geertz, C. 1990: 31). Esto es, el etnógrafo escribe. La mayor parte de los estudios etnográficos son libros, documentos, artículos, eventualmente acompañados de fotografías, dibujos, diagramas. La escritura es el modo de representación por excelencia de la “etno-grafía”, allí se trata de rescatar “lo dicho” por los actores y fijarlo en términos de consulta.

Esta concepción de la etnografía centrada en la escritura y su lógica secuencial es la que queremos cuestionar aquí; es decir, hoy entrar en el mundo de la escuela o estudiar la “escuela por dentro”, nos enfrenta a unos universos culturales y a unos modos de construcción de sentido de los niños/as y jóvenes, que se encuentran permeados por las tecnologías de la información y por los medios masivos. Estas nuevas maneras de percibir el mundo han generado otras maneras de expresión individual y colectiva, así como nuevas maneras de construir significados. Tal situación es compleja. Nosotros, como adultos (investigadores o maestros), hemos elaborado unas formas de representación y expresión simbólica, que no necesariamente se corresponden con la de las generaciones jóvenes, creándose vacíos de interpretación y de comunicación entrambos. Ni nuestros lenguajes, ni nuestros referentes valorativos, ni nuestros modos de expresión se corresponden. Más bien chocan, entran en conflicto. Nosotros, pegados a la norma, a la unidad de la subjetividad, a la prevalencia de las ciencias sobre cualquier otra forma de conocimiento, a una sóla lógica de representación del mundo: la lógica lineal de la escritura. Ellos, subvierten los valores y crean otros, su subjetividad se fragmenta en contextos, situaciones e interrelaciones; y las nuevas narrativas y lógicas que proponen las tecnologías de la información son las formas de representación y expresión “natural” con las que ellos han aprendido a hablar, a escribir y a leer el mundo.

De este panorama quiero relievar algunos aspectos cuando tenemos en el horizonte hacer investigación cualitativa. Primero, recordemos que el objetivo de ésta es “ver el mundo desde el punto de vista del actor”, en consecuencia, tendríamos que aceptar que los estudios sobre -con y desde- niños y niñas o jóvenes deberían atender a las formas de expresión que ellos tienen para expresar su vivencia cotidiana. Si el informe etnográfico es como lo llama Geertz una “interpretación de segundo orden” -por cuanto sólo un nativo de la propia cultura haría una interpretación de primer orden-, podemos correr el riesgo de que nuestro trabajo sea una historia o un “artificio erudito” del investigador, si no interpretamos adecuadamente esa cultura juvenil -en sus lenguajes y modos de expresión-. Este problema se puede superar obviamente si el investigador tiene la suficiente habilidad para sumergirse y clarificar la realidad objetivo de estudio y en la capacidad de integrar mayor cantidad de voces y perspectivas que le den una fuerte validez a sus interpretaciones. Sin embargo, la cuestión sigue latente, ¿hasta dónde el diario de campo, el escrito etnográfico es capaz de dar cuenta de esa realidad que estudia?

¿Puede la lógica escritural lineal captar los modos de representación que hoy día tienen nuestros jóvenes?, ¿qué tan re-presentada queda esa realidad que investigamos a través de la escritura? Ésta, como tecnología, objetiva el pensamiento, lo hace perdurable en el tiempo, lo organiza en una secuencialidad y en una gramática particular que define cómo éste se articula “lógicamente”. Sin embargo, como sabemos, nuestra cultura, a pesar de los esfuerzos por incorporar -o quizás sea más preciso decir imponer- la escritura, sigue siendo oral, y hoy diríamos audiovisual. En efecto, los modos de escribir y de leer la realidad de nuestros jóvenes no son precisamente a través de los libros, ellos se expresan a través de la música, de los videojuegos, la televisión, los hipertextos multimedia, cuyo modo de representación no es precisamente la “lógica” secuencial de la escritura, sino unas modalidades “narrativas” no lineales, donde se integran textos, imágenes, sonidos y videos, como en una partitura de jazz donde cada instrumento -lenguaje- tiene en sí mismo la posibilidad de llevar la armonía, o ser acompañante de los otros.

La realidad es cambiante, dinámica. El libro, la escritura, la fija, la hace perdurable. El informe etnográfico, aunque esté lleno de matices, de descripciones que hacen más vívida la realidad estudiada, capta lo “dicho”, pero no alcanza a dar cuenta “cómo se dijo, en qué circunstancias, en qué lugar, cómo era el/la que lo dijo”. La escritura y su lógica se caracterizan por los argumentos que convencen de su verdad. Los relatos se caracterizan, en cambio, por su semejanza con la vida (Cf. Bruner, J. 1988). Veo más próxima la función de la etnografía a los segundos que a los primeros. Quizás por ello, ésta tenga tanta familiaridad con las formas narrativas de la novela, su preocupación epistemológica más que conocer la “verdad”, es conocer cómo llegamos a darle significado a la experiencia.

Esta idea, que en mi caso es sobre todo una intuición, es de reciente interés para algunos antropólogos y etnógrafos, llevando a plantear que si la investigación cualitativa no integra otros modos de representación y de expresión de la realidad, sus actuales instrumentos pueden volverse “anacrónicos” y en consecuencia, obsoletos frente a las transformaciones culturales contemporáneas.

En fin, el reto se plantea en términos de cómo integrar tanto a los sujetos que vivencian la realidad estudiada dentro de la investigación, como otros lenguajes y otras modalidades narrativas, en un proceso que permita interrelacionar hechos, personajes, situaciones y lenguajes que, en últimas, den cuenta de cómo se construyen sentidos en la experiencia cotidiana.

2. El hipertexto multimedial: nueva expresión cultural y herramienta de investigación cualitativa

a. Nociones básicas sobre los hipertextos multimediales

Aunque la idea sobre la no secuencialidad, la fragmentación de la información y la creación de textos infinitos interrelacionados también se ha dado en el campo de la literatura, quien desde el campo de la informática acuñó la palabra “hipertexto”, fue Theodor Nelson (1960) para significar con ello la escritura no lineal y la posibilidad de diseñar un sistema (dispositivo informático) que imitara la capacidad asociativa del pensamiento humano.

Las propiedades básicas del hipertexto, se pueden enunciar así:

Las conexiones entre diferentes nodos de información; expansión continua, útil no sólo para obtener información, sino para que los usuarios incluyan sus ideas; presenta estrategias para incluir documentos dentro de otros en una construcción progresiva conservando la identidad de las partes según la proveniencia, lo cual introduce una forma diferente de uso y referencia de documentos.

El hipertexto crea múltiples vías (estructuras, campos o alternativas) para que los lectores con diferentes intereses puedan decidir su propia secuencia de presentación, basada en sus estilos preferidos de lectura y los requerimientos particulares de información (Nelson; 1974, 1981).

Con el hipertexto los lectores no están restringidos a seguir la estructura de la materia en cuestión o la lógica de la secuencia con que el autor concibió el tema. En consecuencia es el texto el que debe acomodarse al lector y no el lector al texto. El hipertexto permite hacer más personal y significativa la lectura.

En suma, la hipertextualidad tiene elementos que, sintéticamente, pueden ser indicados en los siguientes términos: no secuencialidad, navegabilidad, representación de conocimiento (de contenidos o de expertos), representación de la interacción y presentación estética de los contenidos. En la medida en que se incorpora video y sonido hablamos de multimedialidad o hipermedialidad.

De este modo, la conexión electrónica hipertextual (multimedial e hipermedial) reconfigura nuestras nociones y experiencias tanto de autor-escritor como de lector. Sería ingenuo creer que la forma como se presenta la información no incide en la manera como nos relacionamos con ésta, así como el tipo de contenidos de aprendizaje afectan nuestras estructuras de conocimiento.

Para George Landow, uno de los principales representantes en los estudios sobre el hipertexto, inevitablemente todos los desarrollos tecnológicos son la manifestación de determinada ideología y concepción de la humanidad. En este sentido vemos en la hipertextualidad o hipermedialidad una materialización de ideas y de teorías que se vienen desarrollando desde una perspectiva crítica, en diferentes disciplinas de las ciencias sociales, esto es, de la necesidad de democratizar las sociedades abriendo espacios efectivos de participación, rompiendo con las centralidades y jerarquías, con los discursos unilaterales y autoritarios, con las relaciones entre los que hacen y los que consumen, entre los que son autores y los lectores. El hipertexto en su concepción alberga dicha esperanza.

El hipertexto se está convirtiendo paulatinamente en el modo de expresión característico tanto de la cultura como del estudio de formas culturales (Landow, G.1995:216). En esta fase temprana, sobre todo en nuestro contexto, y todavía experimental del desarrollo de los hipertextos mutimediales, éstos conllevan la promesa -o la amenaza- de producir cambios en nuestra cultura, por cuanto es una tecnología esencialmente democratizante y que mantiene algún tipo de existencia liberada y descentralizada. Mientras el usuario de hipertextos tenga el poder de introducirse y dejar su marca, no podrán imponerse ni la tiranía del centro ni de la mayoría. El hecho de que el texto no esté cerrado también fomenta el incremento del poder del usuario.

La hipertextualidad completa requiere gigantescas redes de información como las que se están desarrollando e instalando en la actualidad. La visión del hipertexto como investidura democrática depende en última instancia de la posibilidad de acceso y participación de los sujetos a dichas redes. Pero la democratización no se refiere sólo al acceso a éste sino a la efectiva participación; esto es, desde una racionalidad, unos lenguajes, y unas maneras de expresión y de comunicación subjetiva e intersubjetiva.

b. Algunas aproximaciones a la investigación cualitativa desde los hipertextos multimediales

Hemos dicho que el hipertexto se refiere básicamente a la no linealidad, a la navegación entre trozos de información (textual, sonora, gráfica, audiovisual) en grandes redes interconectadas. Tal “naturaleza” tiene aspectos problemáticos: ¿cómo superar la fragmentación y sobreabundancia de la información, y sobre todo, cómo otorgarle sentido a ésta?

Asumamos que decidimos utilizar dispositivos tecnológicos hipertextuales para realizar investigación cualitativa. En ellos accedemos y almacenamos información. Los investigadores pueden fácilmente juntar fragmentos de datos sonoros, textuales y visuales. Sin embargo, sabemos que investigar no sólo consiste en reunir información, sino también el proceso de juntarla, en su diversidad de lenguajes, en el mismo soporte. Esta construcción no se conserva estática. Otros investigadores o actores de la realidad estudiada pueden descomponerla en fragmentos y utilizarla como piezas de construcción para crear sus propias interpretaciones. Al hacer tal cosa, a diferencia de juntar las piezas de un rompecabezas, los investigadores pueden afirmar versiones personales y construir representaciones más válidas producto de la colaboración entre lo que ellos y otros han aprendido a comprender de dicha realidad.

Pero, ¿cómo nos las ingeniamos para enfrentarnos a la sobreabundancia de información a la que ahora tendríamos acceso y cómo empezamos a reunir fragmentos de información en diferentes medios de forma que tengan sentido para nosotros y para los otros? Una forma sería utilizar herramientas que nos ayuden a evaluar y valorar la información.

Y, siguiendo con el problema de la fragmentación de la información, cómo juntamos pedazos, trozos de ésta; ¿cómo tomamos las estructuras lineales de cualquiera de los medios existentes, las fragmentamos y posteriormente las volvemos a reconstruir de nuevo, sabiendo que nunca seremos capaces de reconstruirlas tal como originalmente eran?

Diremos entonces que el “principio fundamental de trabajar con información multimedia es que podamos reconstruir los fragmentos para crear espacios culturales compartidos para nosotros y para nuestro público” (Goldman-Segall; 1997:54).

A partir de esto, se plantea un nuevo reto crítico: ¿en qué lugar se produce y quién lleva a cabo la investigación en un dispositivo hipertextual? A diferencia del modelo tradicional del cine, el hipertexto multimedia construye un nuevo puente entre contenido y herramientas en la medida en que los actores podrían interactuar y aportar elementos para el aprendizaje y la construcción de la etnografía. En consecuencia, se podría convertir en un ejercicio de construcción sin límites, cuya autoría correspondería a multitud de actores-usuarios presentar una amalgama de interpretaciones. En un hipertexto multimedia los lectores-actores se vuelven actores- autores esto es, una nueva manera de hacer validación “interjueces” (que integra tanto a investigadores, actores y lenguajes y modos de expresión).

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