Crónica de Un Viaje Ficticio

El soberbio orinoco (1898), de Julio Verne

Dixon Orlando Moya Acosta
Escritor, diplomático

Con este texto, el autor, egresado del Taller de Escritores Universidad Central,
actual Cónsul de Colombia en Puerto Ordaz (Ciudad Guayacana), Venezuela,
ganó el Segundo Premio del Concurso Nacional de Ensayo sobre el centenario
de el soberbio Orinoco, de Julio Verne, en 1998

A Carmen, quien me enseñó a viajar y asombrarme.
A Selene, compañera de viaje y sorpresas.

Introducción

“El Orinoco sale del Paraíso. Se dice en la narración de Cristóbal Colón”, (p. 28), Julio Verne.
“El mundo posee seis continentes: Europa, África, Asia, América, Australia y Julio Verne”, Claude Roy.

Julio Verne más que un nombre es una frase polisémica, es decir un par de palabras con múltiples significados y sentidos. Sin embargo, si hay una definición para ese nombre es viajero. En este breve y modesto texto, me ocuparé de la crónica de uno de sus numerosos y maravillosos viajes a lo largo del río Orinoco1.

1. Quien mire desprevenidamente un mapa de Venezuela, podrá descubrir una línea azul que la divide

El hijo del respetado abogado Pierre Verne, marinero por vocación pero obligado a echar el ancla por la presión familiar y social del momento, es sin lugar a dudas el hombre que más lugares y tiempos visitó en la historia del mundo, sin salir de casa y quien fundó la primera y fabulosa agencia de viajes, permitiendo que millones de personas se trasladaran a sitios inimaginables sólo con la llave puesta en un libro.

Es el guía que nos toma de las manos y los ojos y nos adentra en el mundo del asombro. Porque si bien algunos intentan esconder a Verne, en un rincón de nuestra cada vez más lejana niñez y juventud, sigue asombrando a sus lectores. La capacidad de asombro es materia prima de la poesía y es rasgo indeleble de la infancia, mejor aún, de la auténtica humanidad y Verne nos sorprende en cada página leída con su poder de anticipación, su facilidad de abordar temas disímiles y su descripción detallada de sitios apenas presentidos.

Un tercer distintivo de Verne es la pasión por su oficio. Calificar la calidad literaria será un asunto subjetivo, pero es indiscutible la dedicación de este hombre por su trabajo, que trasciende el contrato de veinte años firmado con su editor Hetzel, y se plasma en más de 80 novelas.

Verne al ser viajero y escritor, explora las ignotas tierras del Nuevo Mundo, se convierte en un cronista que intenta describir sus encuentros, narraciones no exentas de fantasía y exageración. Pero como intentaré demostrar en este ensayo, el Verne que nos visitó era muy diferente al optimista de los primeros viajes, con una visión distinta sobre la relación civilización-naturaleza. No sueña con las máquinas y los transportes extraordinarios, viaja en un tren, el motor de la revolución industrial, luego en un vapor, para después remontarse hacia el nacimiento del río en una canoa peligrosamente simple. Es un hombre viejo, inválido en parte por el disparo de su sobrino, perseguido por la sombra del padre que se devuelve, cruel venganza del destino, en la forma de su hijo, ha visto como la muerte se aproxima, llevándose a su editor y se ha dado cuenta que el progreso tiene costos. La ciencia no sólo puede ayudar a la vida del hombre, también puede multiplicar las formas de su muerte.

Antes de retomar los pasos del viajero, deseo aceptar la gran deuda que tengo con Julio Verne, porque gracias a él y a sus narraciones fantásticas, la literatura comenzó a despertar en mí un gran interés, tanto que se trata del único sueño que me mantiene despierto. Pero no lo considero el autor lejano de mi niñez; no, coincido con Oswaldo Soriano al incluir a Verne entre mis escritores favoritos de siempre, confesión que muchos intelectuales, como buenos adultos, niegan sonrojándose. Pero ante todo, el lector sorprendido y maravillado le agradece a este escritor, una lección aprendida: lo imaginado siempre será realizable.

El soberbio Orinoco, en la novelística de Verne

Julio Gabriel Verne nació en Nantes, Francia, el 8 de febrero de 1828 y murió en París el 24 de marzo de 1905, al cabo de 85 viajes imaginarios consignados en novelas, historias cortas, dramas y ensayos. Una de estas travesías la realizó a lo largo de lo que él bautizó “Soberbio Orinoco” (Le Superbe Orenoque) en 1898, sumándose a la larga lista de europeos que han pretendido describir y descubrir el Nuevo Mundo.

La relación entre los europeos y América Latina ha sido mucho más compleja y contradictoria que el simple y tradicional esquema explotadores – oprimidos. Si bien los cuatro siglos de dominación no estuvieron exentos de barbarie e injusticia, igualmente propició el mayor debate conocido hasta ahora sobre la justificación de la guerra y la conquista, que originó no sólo las llamadas “leyes de indias”, sino que sentó las bases del Derecho Internacional Público, columna de organizaciones como la ONU. Sin embargo, si hay un elemento común entre aventureros, misioneros, crueles, piadosos, ladrones, mecenas, criminales, santos, fundadores, escritores y turistas es la búsqueda de la Utopía, sea la personal o la colectiva.

Desde Platón y Séneca, pasando por Bacon, Campanella, Tomás Moro hasta Carlos Marx y Adam Smith, cada uno desde su posición ideológica anhelaron un sitio que fundiera el progreso material y espiritual y algunos de ellos ubicaron la tierra soñada en América, como lo afirma el polígrafo mexicano Alfonso Reyes. Conquistadores europeos buscaron en estas tierras El Dorado, Jiménez de Quesada y Berrío partieron desde la lejana Bogotá hasta las tierras de Guayana con la esperanza de hallar la fabulosa ciudad edificada con oro. Leyenda edificada en hechos reales como el baño sagrado que el Cacique de los Chibchas efectuaba en la laguna de Guatavita vestido con polvo de oro, ceremonia que algún anónimo escultor orfebre inmortalizó en la “Balsa muisca”, pieza entre miles del Museo de Oro de la capital colombiana. De allí que no sea extraño que un viajero y cronista como Julio Verne decidiera embarcarse en el caudaloso río, buscando desentrañar una serie de misterios, continuando la tradición utópica.

Durante este año de 1998 se realizará la Exposición Mundial de Lisboa, cuyo tema principal es el mar y la navegación, y entre los recintos tendrá al auditorio “Julio Verne” como escenario para hablar sobre embarcaciones, aventuras y naufragios. Hace cien años, un hombre contaba sin saberlo siete años para su muerte. Mientras escribía en su buhardilla transportada mágicamente a Venezuela, afuera el mundo veía cómo nuevas potencias desplazaban a las antiguas en el juego de la colonización.

Estados Unidos se perfilaba como el nuevo imperio mientras le arrebataba a la débil España sus últimas posesiones ultramarinas, expansión patentada en la guerra hispanoamericana. Dos años más tarde Venezuela sería sitiada por el bloqueo germano-británico-italiano por el no pago de la deuda y en 1903 Colombia sufriría la pérdida del istmo de Panamá, cruel amputación orquestada por Estados Unidos. Este es el decorado para la puesta en escena del “Soberbio Orinoco”.

El cauce de el soberbio orinoco: entre lo característico y lo novedoso

En primera instancia, podemos plantear esta dicotomía, rastrear en esta novela aquellos elementos que corresponden al estilo inconfundible de Verne, pero así mismo los que marcan diferencia y revelan el paso del tiempo, las experiencias personales, los cambios históricos y la evolución del pensamiento de nuestro autor.

Lo característico

El texto mezcla rasgos tradicionales como la confrontación hombre-naturaleza, un relato de aventuras y misterios entrelazados, una búsqueda motivada por el amor filial (o la ausencia de éste) y la creación del clima de suspenso y sorpresa para cautivar al lector.El autor como en la mayoría de sus novelas, juega con el dualismo presente en la tradición occidental que separa la vida en principios opuestos. La belleza y fealdad, la bondad y maldad, la generosidad y traición, se ilustran mediante la utilización de personajes paradigmáticos, o como se diría en la sociología weberiana, creando tipos ideales que sintetizan en su ser virtudes y defectos.

Mi intención no es ampliar este aspecto de lo característico; sin embargo hay dos temas destacables, que a continuación trataré.

La parábola del hijo pródigo

No es extraño que en muchas de las novelas de Verne esté presente la relación padre-hijo. A riesgo de hacer un psicoanálisis literario, en varios libros el autor francés proyecta su situación personal vivida primero con su progenitor y luego con su propio vástago, relaciones signadas por el conflicto y la dualidad represión – libertad y que luego de tortuosas etapas culminaron con la reconciliación.

En el plano literario, el drama del hijo alejado involuntariamente del padre (no de su madre, que podría resultar más dramático y comprensible), su búsqueda incesante y el final encuentro. En varias de sus obras es recurrente el tema del naufragio, especialmente protagonizado por jóvenes que deben enfrentarse solos a las adversidades naturales o malvados criminales (“Un capitaine de quinze ans”, “Deux ans de vacances”), o conflictos familiares en donde el nombre del padre se encuentra en entredicho (“La Jangada”, “Famile sans nom”).

El misterio de las identidades

El misterio se nos revela en esta novela como un juego de identidades. Mientras el joven y abnegado Juan resulta ser la encantadora y decidida Juana, el desaparecido y valiente coronel Kemor es el mismo padre Esperante, así como el sospechoso Jorrés es al final el villano Afangel.

Pero los problemas de identidad no parecen ser exclusivos de los hombres, la novela inicia y termina con la discusión sobre el origen del Orinoco que uno de los personajes ubica en el Guaviare y otro en el Atabapo. Discusión que para el novelista, el lector y los principales personajes está resuelta y aunque carezca de sentido, es el gancho introductorio, así como el elemento de humor necesario.

Lo novedoso

Sin embargo, hay particularidades que hacen del “Soberbio Orinoco” un libro diferente, con personalidad propia, más revelador de lo aparente.

El feminismo femenino

Un rasgo novedoso es el protagonismo de una mujer que para evitar los peligros del viaje así como la presión social, decide disfrazarse de hombre y salir en búsqueda del padre. Verne hace un tímido rescate de la condición femenina, destacando la manera como un carácter firme compensa un débil físico, frente a la adversidad. Sin embargo, no puede evitar comentarios irónicos sobre la naturaleza de la mujer lo cual no es contradictorio, es simplemente muestra de una época como la victoriana, dominada por la hipocresía y doble moral.

“Juana era entonces una niña de doce años, que prometía convertirse en una encantadora joven. Instruida, seria, penetrada de un profundo sentimiento de sus deberes, poseía una energía poco común a su edad y a su sexo”.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!