Incubadora Santander

Donde la avicultura tiene futuro

Después de cuarenta años, la obra del visionario Enrique Muñoz Guerrero conserva el liderazgo en la avicultura de Colombia, pues no deja de crecer y de ser el modelo seguido por muchos.

“PARA TOMAR DECISIONES JAMÁS PIENSO SI HAY CRISIS O BONANZA, PERO ESTOY ATENTO A LAS VENTAJAS LEGALES QUE SE CONSIGUEN EN EL PAÍS, COMO EL PLAN
VALLEJO Y LA LEY PAEZ”.

GONZALO MUNÉVAR M.

avicultores9102-31Sin abandonar su razón de ser, explícita en su nombre, desde el 17 de junio de 1962 en esta empresa santandereana han venido “incubándose” y madurando otros proyectos, hoy productivos y eficientes, tales como Agropecuaria Latinoamericana, nacida en 1998 en tierras caucanas al amparo de las ventajas tributarias de la Ley Paez, y que alberga ya 860 mil aves en galpones totalmente automatizados, con capacidad para 120 mil cada uno; una ganadería bovina, el frigorífico Vijagual, cercano a Bucaramanga, certificado para exportación por las autoridades sanitarias de Venezuela, Aruba y Curazao, donde se sacrifican 12 mil novillos y 2 mil cerdos al mes, cuyas carnes empezarán a venderse en pocos días en Bogotá en una tienda especializada, y la comercialización de una premezcla energética. Tamaña diversificación no tiene propósito distinto al de fortalecer al grupo empresarial y liberarlo de los riesgos propios de depender exclusivamente del huevo comercial, del fértil o del pollito de un día, como bien lo explica Enrique Muñoz, su presidente.

Para él, la pasterización o la pulverización del huevo, temas de los que dice fue el primero en hablar en Colombia, no son diversificación, y seguramente por ello no es algo que por ahora lo desvele; adicionalmente expone esta otra razón: si Colombia produce 7.000 millones de huevos, de los cuales a Incubadora Santander le corresponden cerca de 500 millones, algo no mayor a 7% del total, quiere decir que todavía queda libre 93% del mercado, y si su empresa se dedicara a pasterizar o pulverizar huevos estaría dejándoles a sus competidores una tajada muy grande del mercado del fresco. Reconoce que está pasterizando una cantidad muy pequeña, sólo para conocer y empezar a familiarizarse con una tecnología que en algún momento tendrá una demanda que justifique hacerlo en los volúmenes que él acostumbra manejar.

Según las normas que rigen su quehacer empresarial, debe buscarse que toda crisis se convierta en fortaleza, y para ilustrar eso con hechos dice tener muy fresco el recuerdo de aquella que sacudió al mercado de las pollitas y que lo llevó a recorrer todo el país casi suplicando que le compraran las suyas y no lo “obligaran” a entrar al negocio del huevo comercial; para su fortuna no le creyeron “y hoy el grupo ya tiene algo más de 2.5 millones de gallinas; de ellas, en Santander están 1.5 millones”.

Hablando de fortalezas, que sus empresas parece tenerlas todas, dice que una de ellas ha sido buscar vender más barato, lo que ha conseguido por la vía de reducir costos. Otra podría ser que para tomar decisiones jamás piensa en si hay crisis o bonanza, y en cambio está atento siempre a todas las ventajas legales que el país ofrece, como el Plan Vallejo, Ley Paez, para sacar de ellas el mayor provecho posible y traducirlas finalmente en reducción de costos.

Para dónde va

Expuesto ya el presente del grupo, con pocas palabras su orientador sintetiza los rasgos que caracterizarán el futuro inmediato: seguir creciendo mucho en huevo comercial, consolidar y fortalecer la diversificación, con énfasis en las carnes rojas, entrar de inmediato en la cría y posproceso de cerdos, y afianzar la de bovinos, iniciar la construcción de la planta de alimentos balanceados en el Cauca, que producirá 11 mil toneladas mensuales, con las que atenderá a sus aves y a las de los avicultores que quieran abastecerse allí; avanzar en la transformación de algunas granjas avícolas para adecuarlas a la ceba porcina, y buscar que Agropecuaria Latinoamericana llegue el año entrante a tener 2 millones de gallinas, como parte del proyecto de que en un plazo máximo de cinco años el grupo tenga, como mínimo, 5 millones de ponedoras.

En ese futuro incluye a Venezuela, al que Muñoz Guerrero define como un mercado particularmente interesante, al que entró hacia 1992 con huevo fértil y pollito de un día a raíz de otra crisis avícola en Colombia; a los pesimistas que le aseguraban que allá no duraría más de seis meses les tiene esta respuesta; “llevamos allá diez años, el negocio no se ha acabado y creo que hay mercado para rato”.

Desde luego, seguir haciendo negocios con ese vecino y conquistar el mercado de Ecuador, atractivo para sus intereses, podría echarse al traste si en el gobierno triunfa la tesis de acabar con el Plan Vallejo, que a juicio de este empresario es la única forma de competir con este vecino sureño “antes de que acabe de llenarnos de pollo y de huevo”.

Lamenta que a causa del Newcastle sigan cerradas para los productos avícolas colombianos las puertas de otros mercados, lo que al parecer se mantendrá por muchos años ya que, a su modo de ver, el gobierno no ha hecho nada “porque va en contravía de la industria; mientras que Fenavi y el Fonav hacen un esfuerzo maravilloso por tratar de derrotar el flagelo sanitario más grande que agobia a la industria avícola, a través del Plan Colombia, de las Umata y de otros programas patrocina la proliferación de la avicultura de traspatio, que terminará acabando con la industria”.

Como tiene por principio no detenerse ante los problemas, sino que los enfrenta armado de soluciones, ideó una fórmula, simple pero efectiva y se la contó a alguien con acceso al gobierno. Consiste en que los miles de funcionarios que recorren el país por lo menos tres veces al año aplicando la vacuna contra aftosa, lleven en su nevera también vacunas contra Newcastle, fiebre porcina, encefalitis equina, inclusive las de uso en niños contra sarampión, polio y otras enfermedades, y que las apliquen en las zonas aledañas a las granjas avícolas, cuyos propietarios están dispuestos a correr con los gastos.

¿A qué le teme Enrique Muñoz?

Confiesa que le tiene pánico absoluto a un país como Brasil cuando por gracia del Area de Libre Comercio de las Américas, Alca, nuestras puertas se abran de par en par. Para probar que están muy equivocados quienes todavía creen que los huevos colombianos no corren riesgo alguno de ser desplazado por los de gallinas extranjera, presenta estas cuentas: “en Agropecuaria Latinoamericana las jaulas solas valen US$384 mil, lo que significa que fácilmente un galpón para 130 mil gallinas puede pasar de $1.400 millones, y para llenarlo de aves tranquilamente estamos hablando de $2.500 millones”. Esto significa que si en razón del Alca la avicultura colombiana resulta no siendo viable en lo económico, las pérdidas tendrían muchos ceros a la derecha.

Ahondando un poco en el tema del Alca, considera a este y otros tratados comerciales como algo muy complicado para Colombia porque, tiene la sensación, le han faltado negociadores especializados, mejor preparados, para hacer frente a los de países más agresivos y con mayor poder de negociación; esto le hace ser pesimista sobre el futuro, al punto que sostiene que si nos descuidamos nos quitan todo.

A la hora de pedirle que evalúe de qué proporción ha sido el aporte de Incubadora Santander al desarrollo avícola en sus cuarenta años, Enrique Muñoz hace las siguientes consideraciones: “somos líderes a los que todos miran y tratan de imitar; fuimos los primeros en exportar, y de allí se desprendió el que hoy sean varios quienes lo están haciendo, tanto que las exportaciones avícolas en el 2001 fueron de US$22 millones; hace algunos años hablamos de pasterizar huevo, y Granja Buenos Aires y Santa Reyes lo tienen dentro de sus actividades; nadie, antes de nosotros había trabajado en compostación; en síntesis, siempre hemos sido pioneros en todos los aspectos de la avicultura, como en aprovechar el Plan Vallejo y la Ley Paez.

Sin falsa modestia asegura que ese ir adelante trasciende las fronteras, pues no duda que en Latinoamérica Incubadora Santander está a la cabeza en tecnología, y aunque no es la primera, sí integra al “pelotón puntero”; en mercadeo, les señala el camino a todas, y a los que le dicen que su empresa no tiene mercadeo les responde: “si no lo tuviéramos, ¿estaríamos donde estamos y creciendo al ritmo que llevamos?”.

Hora de trastear

Uno de los varios y serios problemas que este visionario percibe en la avicultura y que comprometen su futuro es el de la localización de las granjas, de las que dice, se las “comieron” las ciudades. Le parece que al asunto hay que empezar ya a buscarle la solución, y al respecto quisiera saber cuántos avicultores, fundamentalmente los de pollo, están buscando las 4-5 mil hectáreas que, calcula, necesita para instalar allí sus granjas, porque aunque parezcan unas extensiones descomunales, lo cierto es que no es sensato que alguien pretenda seguir teniendo avicultura en Chía o en la Mesa de Los Santos o en Floridablanca. ¿Por qué esta situación es más grave para los que engordan pollo? Sencillamente porque cada día la legislación ambiental será más severa y en un momento quedará prohibido el transporte de pollo vivo en camiones que van dejando a su paso un reguero de plumas. Frente a esa perspectiva, concluye que a la avicultura no le queda camino distinto al de reorganizarse para terminar con aquello de que los galpones están aquí, allá y más allá, todos lejos de la planta de beneficio. “¿Es eso eficiencia? Afortunadamente no tengo ese problema, pero cuando pensé en tener pollo de engorde pensé en 6 mil hectáreas, porque una extensión de este tamaño permite manejar la bioseguridad, al tener concentradas las aves, la producción de alimento, la planta de beneficio, los subproductos y desechos, absolutamente todo. Ese es, para mi, el ideal, y guardadas las proporciones fue lo que hice en el Cauca, donde en 35 mil metros cuadrados puedo tener 2 millones de gallinas porque trabajo con galpones de siete niveles o pisos, pero tengo un predio de 200 hectáreas donde están la granja de cría, de productoras, la planta de compost y allí quedarán las fábricas de alimentos y de bandejas. Por eso me va bien”.

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