Comedia de equivocaciones

DIEGO MIGUEL SIERRA BOTERO

A escasas horas de iniciarse en Quito el Comité de Negociación Comercial para el Área de Libre Comercio, Alca y el Encuentro Empresarial de las Américas, volvemos sobre el tema arancelario de la CAN, pues estimamos que aún hay tiempo de corregir lo que consideramos una “comedia de equivocaciones”, que puede derivar en decisiones difícilmente reversibles y en una tragedia para varios sectores productivos, entre ellos el avícola.

El viernes 25 entregamos una carta de alerta y sugestiva en posibilidades inmediatas al Señor Presidente, que hicimos pública en el diario El Tiempo el sábado 26. Hoy, hacemos nuestro último esfuerzo sobre el particular, reexaminando el asunto y dirigiendo este nuevo documento al Jefe de Estado, ministros, voceros empresariales, asesores de comercio exterior y de negocios, parlamentarios y medios de comunicación.

El 15 de octubre del año en curso venció el tiempo establecido en las mesas de negociación del Alca para notificar los aranceles; en otras palabras, para establecer el nivel arancelario sobre el cual deberán iniciarse los acuerdos de desgravación hasta llegar a cero, los cuales tendrán cuatro niveles de desgravación: un grupo de productos, con reducción automática, y otros a cinco, diez y más de diez años, con la condición de que lo más sustancial del comercio se desgravará de forma inmediata.

Sobre esta base, los andinos acordaron ese día notificar al Alca el arancel consolidado que todos los países tienen registrado en la Organización Mundial del Comercio, OMC, complementado con una nota explicativa para indicar que se trataba de un arancel máximo, el cual incluye un componente de estabilización1.

Según diferentes medios de comunicación, las intervenciones de delegados de Estados Unidos en Lima, columnistas, asesores e industriales, con llamadas directas Bogotá-Washington-Santa Cruz (donde se encontraba el martes 22 el representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick) motivaron su intervención con una escandalosa protesta telefónica al Presidente Uribe, reconviniendo por el alza inminente de aranceles y amenazándole con la desaparición del Atpa, afanosamente buscada por el gobierno Pastrana y a la que solamente le falta la proclamación solemne del Presidente Bush.

Se produjo entonces una lógica reacción de temores por parte de los textileros, confeccionistas, floricultores, fabricantes de calzado y, de manera especial, de la Andi y Analdex, en razón de las expectativas exportadoras para los próximos cuatro años. Pese a las manifestaciones de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, de analistas de la talla del exministro Juan Camilo Restrepo, y el debate sucedido en la Comisión Quinta del Senado no se aclaró el malentendido sobre el impacto real de la notificación del arancel consolidado.

Con el transcurrir de las horas aparecerían intereses y posiciones explicativas condenando el acuerdo andino:

– Los interesados en el trigo fueron apoyados por el doctor Hommes, pero él en la misma columna, al referirse a la leche, vaciló entre proponer su protección o dejarla importar a precio subsidiado por los países ricos, para favorecer al consumidor colombiano.

– Los que sueñan con favorecer nuestras bellas modelos y confecciones con el Atpa, pero sin contarle al país que durante su vigencia no habrá ni 100 mil, ni una de las nuevas hectáreas de algodón soñadas por todos, pues telas y trapos se harán con Cotton USA.

– Tampoco los aceiteros dormirán tranquilos, pues la palma ni los aceites refinados tendrán futuro al ser permeados ya no por la soya boliviana, cada vez más ofrecida como bienes finales, sino ahora por la soya de Argentina, Estados Unidos y como si fuera poco por la de Brasil!

– Los azucareros tampoco dormirán tranquilos con el arancel de 30%. Habrá Coca-Cola endulzada en zona franca con azúcar importada.

En fin, cuando los delegados andinos sólo habían acordado un paraguas para protegerse en la mesa de negociaciones de los países desarrollados, notificando conforme a la OMC aranceles y sistemas de franjas para negociarlos de manera adecuada en el horizonte de diez años, vino el “chaparrón americano”.

Los protagonistas de este episodio habrán acaso leído que además del texto del Atpa que preestablece “una actitud cooperante del gobierno de Colombia”, ¿ya están consignados dos artículos que amenazan seriamente la agricultura y la agroindustria?

En efecto, en el grupo Alca de negociación sobre agricultura, en “otras medidas que afectan el arancel aplicado”2, se lee la iniciativa norteamericana:

[6.15 A. Las partes acuerdan que a partir de la entrada en vigencia de este Acuerdo, no aplicarán los mecanismos de bandas de precios y otros mecanismos de estabilización de precios de productos agropecuarios. (léase desmonte del Sistema Andino de Franjas de Precios).3

[7.1. Salvo que se disponga lo contrario en este Acuerdo, ninguna de las Partes podrá adoptar o mantener ninguna prohibición, restricción o requisito de licencia4 para la importación de ningún producto agropecuario originarios de otra Parte o para la exportación de ningún producto destinado al territorio de la otra Parte…]

Reflexión Atpa-Alca

El 27 de julio, el Congreso norteamericano aprobó entre otras leyes, el Atpa, que llenó de esperanzas al gobierno y la dirigencia colombianos por las expectativas exportadoras hasta el 2006, para muchos productos nacionales favorecidos con minimizar el arancel, entre ellos: confecciones, calzado, cuero, flores y atún.

Esta favorabilidad, que se origina en la lucha antidrogas y que está a punto de costarnos tanto en las relaciones CAN-Alca, no obstante su apoyo para exportaciones tradicionales como las flores (6% de arancel, unos US$35 millones) o nuevas, como atún en empaque flexible, o confecciones con algodón americano, difícilmente resiste el examen académico de las comparaciones.

En efecto, según la Universidad Externado de Colombia las exportaciones colombianas a Estados Unidos fueron en el año 2001 de US$5.000 millones, de las cuales 20%, US$985 millones, tenían valor agregado, mientras que en el mismo periodo, de las exportaciones a la CAN, 90% tenía valor agregado (US$1.553 millones, de US$1.726).

¿El Atpa es valioso para Colombia? Claro que sí, pero sin olvidar el conjunto de intereses productivos del país, ni que en la secuencia del posible acuerdo bilateral en Estados Unidos iríamos después de Chile y Centroamérica; ni la advertencia del embajador Luis Alberto Moreno, según la cual “no hay que tenerle miedo a hablar y negociar con los gringos” (revista Dinero, agosto 9 de este año).

Buscando una salida

En vísperas de la reunión en Quito consideramos posible una salida que reestablezca el cauce logrado el 15 de octubre, mermándole altisonancia al efecto arancelario.

En su defecto y a pesar de que los textos del Alca señalen que todo el universo arancelario será sujeto de negociación, la avicultura debe ser considerada como sensible -tal como ocurre en Canadá, Estados Unidos, México y Brasil-, pero no para aspirar al mayor plazo de desgravación, sino con el fin de marginarla de la negociación en los países andinos.

Este requerimiento ha sido elevado por los avicultores de Centroamérica, a propósito del tratado de libre comercio que negocian con Estados Unidos.

Recientemente, el 10 de octubre, México y Estados Unidos acordaron “establecer una salvaguarda voluntaria para el intercambio de productos avícolas que operará al iniciar 2003 e implicará cuotas de acceso y precios de referencia”.

Estos tres episodios señalan nuevas posibilidades en la negociación. Apuntamos a contribuir al esclarecimiento del tema e insistir en una salida que privilegie el largo plazo de la producción y la competitividad de unas cadenas agroindustriales, entre ellas la avícola.

Si el Señor Presidente no actúa como último piloto para evitar el naufragio que anticipamos y no queda la alternativa que contemplamos para mantener la vigencia del SAFP con más bondades estructurales y el tiempo para crecer en eficiencia y competitividad, orientaremos los esfuerzos a producir los aspectos técnicos y reglamentarios subsidiarios, la verdad sea dicha con más desesperanza que optimismo.

El Congreso Avícola

Hay encuentros intensos: un amor, la final de un campeonato, en fin…

Y aunque por razones de edición de la revista escribo esta nota dieciocho días antes de la cita en Cartagena, me atrevo a afirmar que el evento avícola bienal será esta vez también intenso.

Sin los resultados del encuentro empresarial de Quito, de octubre 31, y ni los de la nueva ronda de expertos andinos, para mediados de noviembre, los avicultores colombianos están suspendidos, a la expectativa del desenvolvimiento de las últimas horas en la negociación CAN-Alca

Lo que establezca esta negociación tiene el marco del trabajo futuro, bien porque subsista la avicultura o bien porque quede muy afectada para su viabilidad futura respecto a Estados Unidos, Brasil, México y Chile.

Con estas notas les damos la bienvenida a una jornada de temática intensa, esperanzados de exista un futuro productivo como el que hasta el presente hemos conocido.

Los temas restantes se desencadenarán en cascada del módulo del Alca, bien como complemento o bien como reacción. Nuestro deseo es que lo disfruten al máximo y que lo que hagamos en Cartagena asegure la oportunidad de convocar el XII Congreso Avícola para el 2004.

A pesar de que los textos del Alca señalen que todo el universo arancelario será sujeto de negociación, la avicultura hoy debería ser considerada como sensible -tal como ocurre en Canadá, Estados Unidos, México y Brasil-, pero no para aspirar al mayor plazo de desgravación, sino con el fin de marginarla de la negociación en los países andinos.

N. de la D.: Este texto fue preparado el lunes 28 de octubre.

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