Granada, la de los Llanos Orientales

Turismo en Villavicencio, Meta

Hacia 1936, los primos hermanos Rosendo y Nieves Viatela cruzaron la cordillera Oriental por su punto más bajo, recorrieron el cañón del río Duda, bordearon la serranía de la Macarena por el norte, y se establecieron a orillas del río Ariari. Habían dejado sus tierras nativas en la región de Purificación, Tolima, huyendo del rechazo familiar que produjo su alianza matrimonial entre primos. A una historia de amor prohibido debe, pues, sus orígenes esta ciudad del Meta. Ya había entonces aquí, asegura la tradición oral, una posada para los vaqueros y aserradores que se aventuraban por el camino que de Villavicencio llevaba a San Juan de Arama, al pie de la Macarena. Pero fueron Rosendo, y luego su suegro Martín, los que montaron aquí el primer negocio, una bodega que pasó a llamarse Boca de Monte. En pocos años ya había un estanquillo y una mesa de billar.

El río Ariari, que un día será un atractivo ecoturístico de primer orden, nace en el alto de las Oseras, en la confluencia de los departamentos de Cundinamarca, Huila y Meta, y fija su rumbo hacia el suroriente, bordeando la serranía de la Macarena. Muy cerca de San José del Guaviare, después de más de doscientos kilómetros de recorrido, se reúne con el río Guayabero, que desciende de la cordillera Oriental por el otro lado de la serranía. La unión de estos dos ríos forma el Guaviare. Aseguran que en épocas de lluvias, al desembocar en el Orinoco, el Guaviare lleva más caudal que el Orinoco mismo. Fue ello tema para Julio Verne y su novela El soberbio Orinoco.

Cuando queramos provocar a Hugo Chávez, pues, podemos argumentar, con algún fundamento, que el nacimiento del verdadero río Orinoco está en nuestra cordillera Oriental, unos kilómetros arriba de Granada, y unos pocos al sur de Bogotá. Ya se imaginan ustedes la rabieta del Presidente. Sea como fuere, para 1945 ya había policía en Boca de Monte, y se hizo el trazado de la plaza principal y las calles centrales. En el 47 llegó la primera maestra. Los años de La Violencia, como bien se sabe, fueron difíciles en los llanos. Aunque en algún momento el pueblo fue evacuado por un par de semanas, fueron también muchos los inmigrantes cordilleranos de todo el país que buscaron protección en estos lejanos confines. Cuando Puerto Ariari, como se llamaba para ese entonces, se hizo corregimiento, en 1954, ya había oficina de la Caja Agraria, señalando la vocación agrícola del Ariari.

Fue en 1956, cuando el pueblo fue ascendido a municipio, y se lo rebautizó Nueva Granada. Seis fueron las expediciones que cruzaron estas tierras en los años mil quinientos en busca de El Dorado. Las más recordadas son las de Nicolás de Federmán y Hernán Pérez de Quesada. El cronista Lucas Fernández de Piedrahita narra la expedición de Felipe von Hutten que salió de Coro, en Venezuela, en 1541, y bordeó todo nuestro piedemonte. Este cronista describió los poblados indígenas guayupe, la principal etnia de esta región. De uno de estos pueblos dice: “Era la población como de ochocientos vecinos, de vistosas casas, bien tiradas calles y plazas anchurosas, siendo lo que más las hermoseaba la limpieza con que las tenían, pues no era fácil de hallar en su recinto alguna piedrecilla en que tropezar la vista, ni la menor yerba en que se reparase”.

Los guayupe cultivaban algodón, que intercambiaban por oro y otros productos con los muiscas, y tenían para el comercio una amplia red de caminos. Cuentan también los cronistas de su macabra costumbre de ahogar a los hijos primogénitos recién nacidos, como parte de sus rituales. De su lengua, de la familia lingüística arawak, no quedan sino vestigios. Rosendo Viatela no tenía por qué saberlo, claro, pero casi un siglo antes de que él y su mujer se aventuraran a cruzar la cordillera por las viejas sendas indígenas, Agustín Codazzi había explorado aquel paso de la montaña, y lo había propuesto como el más adecuado para un camino que uniera al centro del país con las planicies y selvas del oriente colombiano. Los que sí le vieron pronto la importancia estratégica a esta región fueron los guerrilleros.

Fue ese mismo camino de los Viatela el que siguieron en los años cincuenta los campesinos que lideraba en el Sumapaz Juan de la Cruz Varela, aquel líder del movimiento agrario comunista que llegaría luego a la cámara de representantes. Grupos de hasta doscientas familias se desplazaron por esos pasos montañosos ante el acoso de los militares. Los bombardeos en la región, como lo ha analizado con detalle en sus obras Alfredo Molano, fueron sistemáticos, e hicieron de estos grupos dispersos un semillero para las Farc.1966 fue un año importante para el futuro de Granada; al tiempo que se inauguraba el puente Guillermo León Valencia sobre el río Ariari, que fue en su momento una obra de ingeniería de gran significado, las Farc conformaban a orillas del río Duda su denominado Bloque Sur.

Todo colombiano debería visitar un día este río Ariari de lecho rocoso y nombre sonoro. Debería cruzar el nuevo puente de El Alcaraván, desde donde se divisan los restos del puente Valencia, cuyas bases ruinosas recuerdan la fiereza de estas aguas en tiempos de lluvia. Evocar desde aquí a los extintos guayupe mientras contempla la mole montañosa de la Macarena, que en su mitología era un indio recostado, tras ser enamorado y traicionado. Pero sobre todo debería revivir, como los Viatela, esa fe en el futuro que se percibe con cada amanecer, cuando el sol que adoraban los indígenas despunta allá por el oriente. Hoy es fácil llegar a Granada y en medio del auge de su desarrollo agrícola ignorar por completo el conflicto que por medio siglo se ha venido librando en la Macarena y el Ariari.

Diego Andrés Rosselli Cock, MD
Neuroepidemiólogo e historiador

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