Columna Gremial: ¡¡¡¡ Qué Honor!!!!

Jesús de los Ríos O.
Urólogo. Miembro de número

Jesús de los Ríos O.Era un honor, ser Profesor de una Universidad.

¿Es un honor ser Profesor de una Universidad?

¿Será un honor continuar siendo un Profesor de una Universidad?

¿Los honores se regalan o se ganan?

¿Nos merecemos el título de Profesor Universitario?

¿Lo buscamos, nos lo regalaron, nos lo encontramos o lo usufructuamos sin merecerlo?

Honor:

Cualidad moral que impele al más severo cumplimiento de los deberes hacia los otros y hacia uno mismo. Alabanza, aplauso, cargo, dignidad, empleo.

¡Sin más! un honor se merece, se gana con trabajo y honestidad.

Conocemos los estrictos criterios de la mayoría de las Universidades para seleccionar sus estudiantes de postgrado y sabemos lo difícil y costoso de acceder a un cupo de Residencia Médico-Quirúrgica, son muchos los factores, pero al final, en la mayoría de las veces, por lo menos, la calidad individual se impone.

¿Se aplican criterios lejanamente similares para escoger y nombrar Profesores? Aunque sé que existen reglamentos, ellos no se aplican en la mayoría de casos. Acá, uno se acuesta sano y amanece Profesor Universitario.

Parece ser que el único requisito es el ser graduado en la disciplina que la Universidad requiere, tenga un sitio para el ejercicio de su profesión, no se requiere calificación, ni cualificación profesional o moral, solo que esté dispuesto a que los alumnos de dicha Universidad pasen unas horas o días, o semanas, o meses por su sitio de trabajo.

Claro, la Universidad no le retribuirá económicamente (eso es perder una fuente de empleo), le da el Honor de ser Docente, o Profesor o algo similar, y lo invita a ingresar y ascender en el escalafón, honorario, y a disfrutar de las prebendas que “el cargo” ofrece, pero a las que normalmente no se puede acceder, porque no es un Profesor “vinculado”.

Hay servicios Universitarios:

Con más de cuatro estudiantes de postgrado, que además reciben Residentes de otras especialidades, y aún de otras Universidades, que deben velar por la formación de los Médicos Internos propios y de otras Universidades y que deben ejercer la docencia a los innumerables estudiantes de pregrado (se los endosan a los Residentes) y que cuentan con dos o tres Profesores de nómina de una o dos horitas / mes, pero que cuentan con más de veinte “Profesores” nombrados a dedo y ad hoc, profesores que ni se conocen como tales, sin programa definido, desconocedores de los objetivos, que nunca se reúnen para fijar metas, sin dirección, pues hasta desconocen que exista un director, o por lo menos no saben quién es, resultamos ser colegas en el Profesorado de personas profesional, ética y moralmente cuestionados, y luego nos quejamos del producto de la Universidad.

Para poder protestar, debemos comprometernos.

Tenemos que propender para que las Universidades tengan su propia planta de personal docente, adecuadamente seleccionado, entrenado y remunerado, para que se les pueda exigir, para que se puedan dedicar y para que puedan producir.

Busquemos el honor, ganémoslo y aceptémoslo en su momento y cuando lo merezcamos, pero que la Universidad genere su espacio y además remunere honorablemente al Profesor.

Propiciemos el que se dé nuevamente la partida, sin ventajas para nadie, renunciemos al actual honor y permitamos que las Universidades que quieran o puedan se reestructuren, tengan como debe ser, los servicios que ofrecen plenamente controlados, bajo su orientación y dependencia y los que no quieran o no puedan, cierren, que no exploten más la avidez del conocimiento y la necesidad de nuevos Profesionales.

No seamos más docentes ad honorem, sin honores.

Al cabo de los años podremos ser “Profesores ad honorem”, por el honor, pero por ahora debemos ser docentes con honor y con honorarios.

Post-scriptum:

Igualmente doy fe de la honorabilidad, preparación, dedicación y buena fe de muchos Profesores Universitarios. Lógicamente a Ellos no los toca ésta nota, por el contrario, estoy seguro que con ellos se cuenta para regresar por los fueros de una Verdadera Cátedra Universitaria.

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