Fracturas del Antebrazo

Consideraciones anatomopatológicas sobre un modelo experimental

Dr. Félix Borrero Borrero
Ortopedista del Hospital Universitario de La Samaritana.
Docente del Programa de Ortopedia y Traumatología
Pontificia Universidad Javeriana.
Correspondencia: Hospital Universitario de la Samaritana
Carrera 8 No. 0-55 sur, Bogotá, Colombia

Dr. Luis Alejandro García González
Instructor II Departamento de Ortopedia y Traumatología,
Hospital Universitario de San Ignacio.
Pontificia Universidad Javeriana

Resumen

Se diseñó un modelo experimental con huesos de plástico para reproducir las fracturas de los huesos del antebrazo y estudiar el impacto de la fijación interna con placas de compresión dinámica en fracturas de uno o ambos huesos, en posición anatómica y con diferentes grados de angulación. Se practicaron 30 pruebas y 233 mediciones diferentes. Se encontró que la presencia de una placa anterior en el tercio proximal del radio produce una disminución severa de la pronación. También se identificó que las angulaciones que disminuyen el espacio interóseo son las que más influyen en la pronación del antebrazo, en orden de magnitud son la angulación anterior y anteroexterna del tercio proximal del cúbito y las angulaciones internas del radio en su tercio proximal y medio.

Introducción

En el volumen 11, Número 2 de la Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología correspondiente al mes de julio de 1997, publicamos una revisión bibliográfica sobre las fracturas de los huesos del antebrazo. Esta incluía algunos elementos de mecánica teórica para correlacionar la forma geométrica de los huesos y su relación con las funciones de pronación y supinación, sin embargo eran esos modelos teóricos de geometría.

Con muy escasas excepciones, la mayoría de ellas en libros antiguos de anatomía, no pudimos encontrar trabajos con modelos experimentales, que corroboraran la causa y magnitud de las pérdidas de los movimientos al alterarse la forma de los huesos, como sucede en las fracturas del antebrazo consolidadas viciosamente o en las cuales se hubiesen llevado a cabo osteosíntesis defectuosas que hubieran podido producir deformidades. Solamente un trabajo de Augusto Sarmiento mostraba el diseño de un dispositivo de articulación esférica que permitía angular los huesos en diferentes direcciones y medir su excursión. Sin embargo, el dispositivo en cuestión tenía el inconveniente, por su diseño, de no poder aplicarse en los tercios extremos de los huesos, que nosotros sospechábamos eran mucho más críticos que el tercio medio en cuanto a tolerancia porque en ellos es menor la distancia que separa los dos huesos.

Tres reportes bibliográficos recientes del Journal of Hand Surgery2,9,10 retoman la atención sobre el papel de la membrana interósea y las demás estructuras fibrosas de unión entre los dos huesos, apuntando lo real del traslado de fuerzas del extremo distal del radio al extremo proximal del cúbito y la importancia de sus cicatrización en las luxo fracturas que presuponen su lesión. Llama la atención en estos trabajos el hecho de que la membrana interósea no se encuentre a máxima tensión durante la supinación sino en la posición intermedia o neutra. Se menciona no obstante, en uno de ellos, el hecho de que durante la supinación la membrana ase encuentra más estirada.

En la mencionada revisión bibliográfica de la Revista Colombiana de Ortopedia se considera el movimiento de prono supinación aisladamente del movimiento de rotación del húmero; de hecho en la inmensa mayoría de las actividades de la vida diaria no llevamos a cabo movimientos aislados del antebrazo, sino que el movimiento de pronación se acompaña de una rotación interna del hombro, en tanto el de supinación se lleva a cabo con rotación externa del mismo. Parecería, de todas formas que pudiéramos aislar una de otra, con el objeto de reducir el problema a sus partes para buscar su solución, sin embargo el hacerlo lleva a la conclusión de que es el radio el que se mueve mientras el cúbito permanece estático, lo cual imprime una óptica en la cual un elemento curvo, el radio, giraba sobre un eje describiendo un espacio en el cual se alojaba un elemento voluminoso y recto, el cúbito.

Lo real, es que son dos elementos curvos en aquellas superficies que en algún momento pueden estar en contacto, que giran cada cual en el espacio describiendo volúmenes en el interior de los cuales se aloja la masa del otro hueso. Como se verá, la curva que describe la cara anterior del cúbito, desde el ápex de la apófisis coronoides hasta el tercio medio de la diáfisis, es la que permite el cruce del radio, y su concavidad externa permite el deslizamiento del tronco de cono cuya base se encuentra en el punto más prominente de la tuberosidad mayor del radio. La relevancia de una y otra es tanta como el gran arco de concavidad interna en supinación y posreroexterna en pronación del radio.

Los hechos anteriores nos hicieron pensar en que podría ser útil un modelo que pudiese reproducir algunas de las posibilidades de desplazamiento de las fracturas para medir su incidencia en los movimientos rotatorios del antebrazo, especialmente hacia la pronación.

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