Iniciar la Administración de Proteínas de Isoflavonas de Soya en mujeres mayores no muestra beneficios en el estado cognitivo, ni en los Huesos, ni en Lípidos

Menopausia al Día

Effect of soy protein containing isoflavones on cognitive function, bone mineral density, and plasma lipids in postmenopausal women: a randomized controlled trial. JAMA 2004; 292: 65-74.

Kreijkamp-Kaspers S, Kok L, Grobbee DE ET AL.

Evidencia Nivel I

La isoflavona contenida en las proteínas de soya no mejora la función cognitiva, la densidad mineral ósea (DMO) o los lípidos plasmáticos en mujeres sanas postmenopáusicas cuando se inicia a los 60 años o más tarde, de acuerdo con este estudio doble ciego, aleatorizado, controlado con placebo. Un total de 202 mujeres entre 60 y 75 años recibieron 25.6 g/día de suplementos de proteína de soya que contenían 99 mg de isoflavona o un polvo suplemento de proteína de leche (grupo control), por un año. La adherencia con los suplementos dietéticos se consideró buena, basados en los niveles de genistein séricos que fueron significativamente mayores en el grupo de proteína de soya en relación con el de proteína de leche (control).

Al final del estudio, los resultados de los test para función cognitiva, memoria, habilidad verbal y concentración fueron similares en ambos grupos. También ambos grupos tuvieron una disminución total significativa en 13 medidas de DMO, aunque no se halló una diferencia significativa entre los grupos que favoreciese las proteínas de soya para la DMPO del trocánter en la cadera. No se vieron diferencias significativas para los niveles de la fosfatasa específica del hueso, calcio o fósforo. Los niveles plasmáticos de colesterol, triglicérido y lipoproteínas también fueron similares entre los dos grupos. Los niveles de proteínas de baja densidad (LDL) y el colesterol total fueron más bajos en el grupo placebo, pero la diferencia entre los grupos no fue estadísticamente significativa.

Comentario. Este es un estudio aleatorizado, claramente presentado y cuidadosamente realizado, determina si los suplementos de proteína de soya tienen ciertos beneficios (huesos, lípidos y función cognitiva) cuando se administran a mujeres postmenopáusicas mayores. No se encontró nada que lleve a especular cómo coinciden estos hallazgos con los estudios en animales y los resultados de estudios observacionales.

Los autores, apropiadamente, enfatizan que sus resultados pueden no estar relacionados con la mujer perimenopáusica, un grupo de edad más tendiente a usar suplementos de soya. Esa sugerencia parece bien fundada, basada en evidencia experimental. Las mujeres premenopáusicas a quienes se les han notado suplementos de soya han tenido reducciones significativas en las concentración de colesterol LDL, pero solamente en la mitad, las porciones periovulatorias y a la mitad del ciclo menstrual [Merz-Demlow Am J Clin Nutr 2000].

Monos premenopáusicos [Kaplan NAMS Meeting Abstract 2004] pero no postmenopáusicos [Register J Clin Endocrinol Metab 2003] a quienes se les da soya se han beneficiado del efecto de cualidad ósea. Hay una significativa interacción (p 0.02) de soya más estradiol para reducir la extensión de la arteriosclerosis [Wagner Metab Clin Exp 1997] e interacción entre soya y estradiol en el aumento de la reactividad vascular [Williams Menopause 2001].

La pregunta es si estratificar los pacientes por el status del equol pudiese cambiar, y permanece sin respuesta. Los autores puntualizan que no hay suficiente poder estadístico para ser conclusivos. Muchas mujeres perimenopáusicas ahora eligen usar suplementos de soya. Es importante explorar los efectos de la soya en el grupo de edad reproductiva y en un modelo animal perimenopáusico

Thomas B. Clarkson, DVM
Professor of Comparative Medicine
Comparative Medicine Clinical
Research Center
Wake Forest University School
of Medicine
Winston-Salem, NC

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