Cáncer de ovario, endometrio, resultados del WHI

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Por su importancia y significado, publicamos la carta enviada por el director ejecutivo de NAMS Dr. Wulf Uthian a los autores del artículo publicado en este mismo número en la sección de Menopausia al Día y la respuesta de estos.

Carta al editor en preguntas del JAMA acerca de las conclusiones del WHI. Uthian WH. Hormone therapy and risk of gynaecologic cancers [letter]. JAMA 2004; 291: 42-43.

Al editor: El Dr. Anderson y sus colegas reportaron con relación al Women‘s Health Initiative, que la terapia combinada continua estrógenos mas progestinas puede incrementar el riesgo de cáncer de ovario mientras las tasas de cáncer endometrial son similares al placebo. Sin embargo estas conclusiones no reflejan sus hallazgos. La suspensión prematura del brazo de estrógenos mas progestinas tenía una tasa de incidencia anual de 34 casos de cáncer de ovario por 1’000.000 personas año, aunque menos que lo anticipado basado en la población de una tasa de 45 por 1’000.000 personas año. La tasa de cáncer de ovario en el grupo de estrógenos mas progestinas “ fue elevada (20 vs. 12; RR, 1.58; 95% IC, 0.77-3.24—ajustada IC, 95%, 0.59-4.23-), pero no estadísticamente significativa. Los estimativos de Kaplan-Meier de riesgo acumulativo no alcanzó significancia estadística. Con relación al riesgo de cáncer endometrial, la tasa de incidencia observada para el grupo estrógenos progestina fue de 62 por 1’000.000 personas año, lo cual también es más bajo que la tasa anticipada basada en la población de 83 por 1’000.000 personas-año. Los autores establecen que “se observó una reducción no significante en el riesgo de cáncer de endometrio con el uso de estrógenosprogestinas (27 vs. 31; RR, 0.81; IC, 95%, 0.48-1.36- ajustado IC, 95%, 0.40-1.64-)”. Así pues, aunque los autores fueron complacientes al decir que la diferencia no significativa en cáncer de ovario, sugiere un aumento del riesgo, ellos no concluyeron que la similar no significativa diferencia en la reducción en cáncer endometrial sugiere una disminución del riesgo.

Debido a que la discrepancia entre los hallazgos y las conclusiones son confusas, mi interpretación de esos datos es que ni los cánceres del ovario ni de endometrio deberían se considerados cuando se determine la relación riesgo beneficio para terapia hormonal en los pacientes.

Wulf H. Uthian MD, PhD
Cleveland Clinic Foundation
Cleveland, Ohio

Respuesta de los autores. En respuesta al Dr. Uthian reconocemos que los efectos estimados de los estrógenos mas progestinas en los cánceres de ovario y de endometrio no alcanzan una significancia estadística. El hecho que esos datos se hallan encontrado en el único estudio aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo de tamaño y duración suficiente para examinar los efectos de esos raros cánceres ginecológicos, hacen de ellos (los datos) una única, aunque no definitiva contribución a la literatura. La comparación de las tasas de cáncer dentro del estudio Women’s Health Initiative con las tasas basadas en la población son irrelevantes para entender los efectos de la intervención. Los participantes en estudios aleatorizados usualmente tiene menos eventos que la población general llamado el efecto del voluntario sano. En este caso la comparación es además confundida por muchos otros factores incluyendo la exposición considerable a la terapia hormonal en la población general.

Nosotros decimos que los estrógenos más progestinas “pueden aumentar” el riesgo de cáncer de ovario para indicar que nosotros no podíamos descartar la posibilidad que esto fuera un hallazgo al azar. La posición de que las tasas de cáncer endometrial fueron similares para mujeres activas con hormonas y con placebo nos comprueba que este régimen alcanzó la meta de evitar el notable incremento de cáncer endometrial asociado con los estrógenos solos. Si nosotros hicimos mas énfasis s en la modesta elevación (58%) observada en cáncer de ovario, una enfermedad rara pero que mata alrededor de la mitad de las mujeres que la padecen, que en la pequeña disminución (17%) observada en el cáncer endometrial, también una enfermedad rara pero que generalmente se considera curable, es porque creemos que cuando se introducen intervenciones para prevenir enfermedades crónicas uno debe ser particularmente cuidados en no causar daño.

El último parágrafo de nuestro artículo indicaba que, en nuestro examen, estos resultados no cambian el perfil de riesgos beneficios generales de los previamente presentados y no se necesita que sean considerados en el proceso de decisión para la mayoría de mujeres cuando se este considerando la terapia hormonal para síntomas menopáusicos severos. Esta posición esta basada en parte en el hecho de que estas enfermedades son muy raras y así permanecen, aun si el aumento de la elevación de riesgo observada para cáncer de ovario es correcta. Por lo tanto estamos de acuerdo con el Dr. Uthian acerca de estos datos y de sus implicaciones clínicas.

Garnet L. Anderson, PhD
Howard L. Judd, MD
Andrew M. Kaunitz, MD
S. Gene McNeeley, MD
David H. Barad, MD, MS
James Liu, MD
Ana Marie López, MD
Shirley A.A. Beresford, PhD
Mary Pettinger, MS

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