Cuidando en la Adversidad

Una Experiencia de Enfermería Materno Perinatal en el Valle del Río Cimitarra1

Caring in the Midst of Adversity: Experience in Maternal and Perinatal Nursing Care in the Valley of the Cimitarra River in Colombia

Celmira Laza Vásquez*

“La vida no vale nada sino es para perecer,
porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama…
La vida no vale nada cuando otros se están matando,
y yo sigo aquí cantando cual sino pasara nada…”
Pablo Milanés “

Resumen

Esta experiencia de enfermería tuvo como objetivo capa­citar a los miembros de los Comités de salud de la región rural del Valle del río Cimitarra en conocimientos sobre el proceso reproductivo de la mujer y los riesgos que en­traña una gestación, así como los cuidados que se deben proveer a una mujer gestante. Mediante talleres participa­tivos, los asistentes reflexionaron en torno a estos temas.

Palabras clave: gestación, cuidados, factores de riesgo, proceso reproductivo, comités de salud.

Abstract

This nursing experience had the purpose of qualifying the members of the Health Committees of the rural region of the Valley of the Cimitarra river, (Colombia) in the knowled­ge of the reproductive process of the woman and the ris­ks associated with pregnancy. Through participative wor­kshops, participants reflected on these subjects.

Key Words: Pregnancy, nursing care, risk factors, repro­ductive process, health care committees.

Introducción

En la grave situación de la población materno peri­natal en Colombia, uno de los factores más impor­tante es la baja atención institucional del control pre­natal a las gestantes y sus familias, en especial en las zo­nas rurales, apartadas y en las cuales se vive con intensi­dad el conflicto social y armado. El control prenatal rea­lizado por profesionales de enfermería y medicina con­templa la valoración del estado de la gestante y del feto, la preparación para la maternidad y paternidad y la de­tección del riesgo de la gestación. Otro elemento funda­mental de esta atención es la educación a la gestante y su familia en los cuidados que debe tener para una materni­dad saludable.

El contexto socioeconómico y político colombiano se de­ bate entre dos elementos que cobran importancia en los últimos años: la crisis económica actual y la agudiza­ción del conflicto social y armado que se sucede hace más de cuarenta años en el país. Quizás, más que delimi­tarlas, éstas confluyen y se potencian una a la otra.

La primera, la crisis económica actual, tiene sus inicios en la recesión eco­nómica de 1999 y la lenta recupera­ción en los últimos años, lo cual no ha podido generar nuevas oportuni­dades de desarrollo económico; por el contrario, hay un proceso de des­trucción de capitales y de esfuerzos productivos que ha llevado a aumen­to del desempleo, del sub empleo; y empeoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores y de la calidad del pueblo colombiano.

Según la Universidad Nacional de Co­lombia y la Contraloría General de la República, 2003,() la dinámica del pro­ducto interno bruto (PIB) desde 1980 ha tenido una tendencia creciente des­de los años ochenta; sin embargo, la calidad de vida de la población colom­biana no ha tenido esta misma ten­dencia. Entre los años 1997 y 2003 la pobreza, aumentó once puntos, pa­sando de 55% a 66%. Lo anterior mues­tra que en el año 2004, la tasa de cre­cimiento de la economía colombiana fue sólo de 3,7%(), muy por debajo de otros países del continente y el índice de pobreza de 75,7%.(2)

Es importante reflexionar entorno a un evento que no está separado de lo primero, y es que, el gobierno co­lombiano se encuentra bajo los linea­mientos de una política neoliberal desde las dos últimas décadas del si­glo pasado y que se ha reafirmado en la actualidad. Esto ha llevado a dife­rentes intentos de los últimos gobier­nos (por cierto, bien logrados) de eli­minar la carga de las obligaciones sociales para con el pueblo colombia­no, con el ánimo de favorecer los in­tereses de la oligarquía local y el ca­pital extranjero. Reflejo de esto, es la disminución de la inversión social en las distintas áreas, venta y/o privati­zación de las empresas colombianas, la injerencia política y económica de los grandes bloques económicos ac­tuales (el norteamericano y europeo) y la aceptación de un tratado de Libre comercio con los Estados Unidos de América, el cual nos coloca en una po­sición desventajosa y de subordinación económica y política con este país y vaticina la pérdida paulatina del ca­pital nacional.

Todo lo anterior repercute en indica­dores sociales que influyen directa­mente en la calidad de vida de los co­lombianos, como son las posibilida­des de empleos dignos, la disminu­ción de la pobreza, el aumento de las coberturas de los servicios públicos y de los servicios de salud con cali­dad.

El otro elemento citado al inicio de este aparte es la agudización del con­flicto social y armado en Colombia. Éste tiene sus orígenes en las fuertes inequidades sociales y económicas que, desde mucho tiempo atrás se dan en el país. Colombia presenta una marcada diferencia entre el alto nivel adquisitivo de un pequeño grupo de la población y el pobre de la gran mayoría de ésta. Esto se evidencia en elementos como la inequitativa distri­bución y tenencia de la tierra que ha llevado a la conformación de grandes latifundios y de consolidación de los grandes emporios económicos en el país.

Sin embargo, es importante, además de ver las causas que en el país ori­ginaron, y que aún se mantienen, el conflicto social y armado en el país, sus consecuencias. Éste ha permeado todas las esferas de la sociedad, agu­dizando toda la problemática econó­mica y conjugándose con la política, en el intento de lograr una salida pa­cífica pero sin recursos económicos suficientes ni voluntad política para llegar a ésta. La violencia, como bien lo indicó la Organización Panameri­cana de la salud (OPS) en 2002, al ana­lizar este fenómeno, se parte del pre­supuesto que “La violencia entraña un proceso histórico, es resultado de la historia, y para cambiar el curso de la misma es necesario una restaura­ción de la función social, de sus ins­tituciones básicas formales y no for­males, desde la familia. El proceso de la violencia no acaba con una víctima, es sólo su expresión de un momen­to”.(3)

En el dramático contexto de incerti­dumbre descrito anteriormente, se de­sarrolla en Colombia la población materno perinatal: entre la crisis eco­nómica, el conflicto social y armado y el interés a media del Estado y Go­bierno colombiano por su bienestar. Esta población, clave en la sociedad colombiana, que tiene la capacidad de reproducir la vida humana, de que ésta sea sana y productiva en un fu­turo; y expresa la posibilidad de me­jorar la difícil situación que vivimos en el presente. Además, este grupo no sólo tiene esta capacidad, sino, además, de encontrarse en su mayor capacidad de reproducción social y de fuerza de trabajo.

En Colombia, la salud materna peri­natal, con todos los factores asociados y las condiciones para el ejercicio de los derechos humanos relacionados con ésta, como el derecho a la vida, reflejan de manera directa el nivel de desarrollo del país y el grado de re­ducción de las inequidades sociales y económicas que lo afectan. En lo que se refiere a la mortalidad mater­na, esto puede expresarse de la si­guiente manera: mientras menor sea el número de mujeres que mueren en eventos relacionados con el embara­zo, el parto y el puerperio, puede de­cirse que el nivel de desarrollo de un país es mayor.

La mortalidad materna expresa las con­diciones socioeconómicas de un gru­po social determinante y altamente vulnerable. También, representa la pérdida de la mujer en unos de los momentos más activos socialmente y productivos en términos económicos.

Una alta mortalidad materna refleja las pésimas condiciones de vida y de la calidad de vida de la población de una nación en términos de inversión social y protección a este grupo etá­reo en relación con entidades que son prevenibles y evitables en su mayoría.

Además, es bien conocido que los efec­tos de la muerte materna son de tal magnitud que repercuten durante lar­go tiempo, tanto en el grupo domés­tico como en la comunidad, la familia y en la sociedad misma.

En Colombia, según la OPS, 1998,() las causas directas de la mortalidad ma­terna se clasifican en dos: las directas (la toxemia, hemorragia durante el embarazo y parto y las consecuencias del aborto). Las indirectas, son las re­lacionadas con la violencia y los ac­cidentes. Reafirma esta organización, que las primeras se podrían prevenir con el acceso y calidad de la atención prenatal, del parto y del puerperio.(4)

La mortalidad materna perinatal en Colombia ocupa la segunda causa en el grupo de edades comprendidas en­tre los 15 y 44 años(5) y ha tenido una presentación irregular en los últimos años, presentando una disminución sostenida en períodos específicos y au-mento en los últimos años. Este indi­cador pasó, en el período compren­dido entre 1992 a 1996 de 89,8 a 71 por 100.000 nacidos vivos en 1998.(6) Sin embargo, en 2003, según el Mi­nisterio de la Protección Social, fue de 104, 9(5) y en 2004 de 98,6(2) por 100.000 nacidos vivos.

Lo anterior se puede interpretar como un retroceso en las ganancias obteni­das en este terreno, producto de las políticas nacionales e internacionales a las que se acogió el Estado colombiano para la disminución de este in­dicador.

También es de destacar las disparida­des de este indicador en las diferentes regiones del país y en los diferentes grupos sociales. Por ejemplo, hay una brecha importante entre las muertes reportadas en las regiones urbanas y las rurales, siendo mayor en la prime­ra; entre los departamentos más de­sarrollados como Cundinamarca y An­tioquia y los más atrasados y alejados; además con predominio de zonas rurales como Guainía, Caquetá, Guavia­re y Chocó. En los primeros, se repor­tan un número mucho menor que en los segundos.(7)

Otro elemento que se relaciona muy fuertemente con el indicador que se analiza, es la condición social de la mujer. Tanto Echeverry y Rodríguez, así como organismos internacionales como la OPS, refieren que las mujeres que más mueren por causas relacio­nadas con la gestación, el parto y el puerperio son las de menor nivel edu­cativo, las que residen en zonas rura­les y las que presentan los mayores índices de pobreza. Afirman también, que existe una interrelación entre es­tos factores para la determinación de la mortalidad materna.(2,5,6)

Un ejemplo de lo anterior fue la aten­ción institucional de la gestación, el parto y el puerperio, en los cuales hay una disparidad entre las mujeres resi­dentes en las zonas rurales en relación con las que viven en las urbanas. En las primeras, en el año 2000, sólo 70,8% recibió atención prenatal, 56% tuvo acceso al parto institucional y 15% de las gestantes de las zonas rurales fue­ron atendidas institucionalmente du­rante el puerperio(8) Señala la misma fuente, que es mayor la fecundidad de la mujer rural, también que presentan menor nivel educativo y peor situa­ción socioeconómica en relación con las mujeres que residen en las áreas urbanas.(8)

Todo lo anterior se relaciona, y es con­secuencia a la vez, con la baja cober­tura del Sistema General de Seguridad Social de Salud, que en el año 2003 fue sólo de 69,2% de la población to­tal. Por ende, el acceso al control pre­natal (86,9%) y a la vacunación duran­te la gestación también fueron insufi­cientes (87,7%). A esto se le suma la problemática de la desnutrición cró­nica que afecta en mayor número a las niñas (en 2000 fue de 7,3%) y que incide en la salud de la mujer y en es­pecial, durante la gestación.(2)

También es importante señalar la re­lación del aumento de la mortalidad materna con otros indicadores como la baja cobertura a los servicios públi­cos y el bajo gasto público per cápita en salud durante el año 2003 (sólo 4,5%).(2)

Desde la Enfermería: cuidando la vida

El cuidado de enfermería materno pe­rinatal, según Carmen Helena Ruiz(9) involucra los cuidados maternos y to­dos los sucesos que se presentan a lo largo de la gestación y del nacimien­to, que puedan identificar o predecir episodios de normalidad o de altera­ción en el posparto, tanto para la ma­dre como para el recién nacido.

El ascenso de la mortalidad materna en el país implica para la enfermería materno perinatal nuevos retos, que superan las tendencias actuales de la profesión. Y, es que la lucha en pos de cuidar la vida va más allá de su misma concepción e involucra el cui­dado de la mujer, la familia y la comu­nidad; lo cual hace referencia a diver­sos y complejos aspectos diferentes a los planteados por Consuelo Gómez(10) como una educación cada vez con ma­yor grado de especificidad y prepa­ración disciplinar, desarrollo investi­gativo y científico de la enfermería; y a la pluralidad de papeles de los pro­fesionales y el trabajo interdisciplina­rio en el área asistencial.

Sin desacreditar las premisas de Con­suelo Gómez mencionadas anterior­mente, ya que es claro que sin éstas, el desarrollo disciplinar y profesional no es viable, es necesario asumir una postura crítica, con un profundo co­nocimiento de la situación actual del país y las tendencias al futuro; y por tanto, de cómo esto está afectando la salud materno perinatal reflejada en los indicadores colombianos.

Acá es donde se da la mayor debili­dad: en asumir una postura crítica y de acción de la situación; y en la que se logre integrar los factores sociales, económicos, políticos y culturales que afectan la salud materno perinatal. Sólo desde esta visión, se podrá apor­tar al cambio en la situación actual.

Esto requiere, aumentar el conoci­miento de eventos que no se conocen a profundidad como son las formas que tienen las maternas de cuidarse frente a la adversidad social actual y la comprensión, desde una mirada so­ciocultural, de los significados de la gestación, el parto y el puerperio; y otros eventos relacionados con la sa­lud materna perinatal como son la sexualidad, el aborto y la planifica­ción familiar en los diferentes grupos sociales. En este sentido, es necesaria una mirada a las comunidades que se encuentran en alto grado de vulnera­bilidad por vivir en medio del conflic­to social y armado, el abandono es­tatal y en medio de una resistencia pa­cífica y justa frente a los intentos del desplazamiento forzado.

En estas zonas rurales de Colombia, que no son pocas, el papel de Enfer­mería en el cuidado de la vida se vuelve un reto. Un reto, que comien­za en el acercamiento, conocimiento e intervención de gran importancia para el cuidado de la salud de la po­blación.

La propuesta de “Capacitación a los comités de salud de la región del Va­lle del río Cimitarra en el conocimien­to de la gestación y sus riesgos” in­tentó llegar a una de las zonas rurales en las cual se vive con mayor crude­za los rigores del conflicto social y armado, el abandono del Estado co­lombiano y un ejemplo de resistencia pacífica y organizada de sus pobla­dores.

Su importancia, quizás, radicó en las necesidades de la población de contar con herramientas para el cuidado de la población, y en especial, de la mu­jer en la etapa reproductiva, median­te la estrategia de la capacitación de los miembros de los comités de salud. Ésta no sólo permitirá que los agentes de salud presten con mayor calidad un cuidado a la población materno perinatal, sino además, la replicación de estos conocimientos a otros nue­vos miembros y a las comunidades en general.

Este proyecto, enmarcado en el área asistencial, se cimentó en la premisa de la importancia de la educación y capacitación a la mujer durante la ges­tación. En otro contexto, esta educa­ción se hace en el momento del con­trol prenatal a la gestante y a su fa­milia. La atención prenatal ha sido demostrada como una de las formas de mayor impacto, junto con el me­joramiento de las condiciones de vida de la mujer y la gestante; y de una sociedad más equitativa y justa, de prevenir la morbimortalidad obstétri­ca. En Colombia, según la OPS(4) éstas se podrían evitar con una asistencia oportuna y con calidad de la atención prenatal de las mujeres gestantes.

La asistencia a la atención prenatal en las zonas rurales y apartadas de Co­lombia es más complicada para estas mujeres dada la alteración del orden público, el factor económico, la difi­cultad en las comunicaciones y la de­ficiencia para la atención sanitaria de los servicios de salud en esta zonas por parte de las entidades prestadoras de salud. Como lo demuestra el estu­dio “La calidad del control prenatal como garante de salud de madres y recién nacido”(11), la oportunidad y calidad de éste puede reducir la mor­talidad materna y del recién nacido. Parte del control prenatal es la infor­mación y educación que se le brinda a la gestante y a su familia sobre el cuidado y autocuidado durante esta etapa.

El contexto: el Valle del río Cimi­tarra en el Magdalena medio

Hace más de veinte años, el campe­sinado de tres regiones del Magdale­na Medio colombiano iniciaron un proceso de resistencia pacífica frente a los intereses e intentos de ser des­plazados de sus tierras por parte del Estado colombiano y la oligarquía la­tifundista de la región. Las acciones de resistencia van desde el intento de lograr su soberanía alimentaria, de formación en derechos humanos, de­recho internacional humanitario, re­clamo e interlocución frente al Estado colombiano, acciones de hecho y en áreas tan sensibles para la subsisten­cia como es la educación y la salud.

Región del Valle del Rio Cimita­rra. Fuente: Agencia Prensa rural

Durante este largo proceso, las comu­nidades organizadas han sido acom­pañadas por la Asociación Campesi­na del Valle del río Cimitarra (ACVC), una organización social de base que desde hace once años tiene como objetivos la defensa de los derechos humanos del campesinado, enmarca­do en la lucha por el derecho a la tierra y en la búsqueda de la solucio­nes pacíficas que permitan el logro de una vida digna y con calidad para los habitantes de la zonas rurales del Magdalena medio colombiano.

Esta organización de campesinos de­sarrolla su trabajo en tres seccionales: Nordeste antioqueño, Valle del río Cimitarra y Sur de Bolívar. Su labor la lleva a cabo en ocho municipios con 120 Juntas de acción comunal veredales de ocho municipios de la región.

En este quehacer, la ACVC, mediante el trabajo organizado ha logrado la interlocución con organizaciones no gubernamentales nacionales e inter­nacionales para el apoyo a este pro­ceso de resistencia del campesinado; logrando la financiación de diversos proyectos que permitan evitar que los campesinos se desplacen de sus tie­rras. Dentro de estos, se destacan los productivos como son la cría y repro­ducción de ganado blanco, bufalero y de especies menores; la implemen­tación de trilladoras de arroz y de tra­piches paneleros, así como la creación de huertas caseras, proyectos de vivien­da campesina y de cooperativas cam­pesinas.

De la mano con estos proyectos ha emprendido la lucha por la creación de la Zona de reserva campesina (ZRC) que tiene como objetivo el logro de la titulación colectiva de las tierras para los campesinos en una estrategia para evitar el latifundio extensivo en el Mag­dalena medio. Otra acción importan­te es la lucha por la sustitución de los cultivos de uso ilícito en la región fren­te a la propuesta del Estado colombia­no de la erradicación de estos.

Una de las veredas es la histórica Puer­to Matilde, en el municipio de Yondó, Antioquia. Se encuentra a cuatro ho­ras por tierra de la cabecera municipal y a tres de la ciudad de Barrancaber­meja por el río Magdalena. Puerto Ma­tilde es considerado por sus habitan­tes, la mayoría desplazados forzada­mente de otras zonas del Magdalena medio y que colonizaron e hicieron de este pedazo de selva su hogar, y una “Aldea comunitaria”.

En esta histórica “Aldea comunitaria”, ejemplo de una organizada y pacífica resistencia del campesinado en Co­lombia, se encuentran enclavados va­rios de los proyectos iniciales y ban­deras de la tenacidad campesina de la región. Así, está la granja bufalera y se concluye un proyecto de vivien­da campesina.

 Aldea Comunitaria de Puerto Matilde

La Propuesta

El proyecto “Capacitación a los comi­tés de salud de la región del Valle del río Cimitarra sobre la gestación y sus riesgos” se enmarcó en el objetivo de la estrategia de salud de la ACVC de reivindicar el derecho a la salud me­diante el empoderamiento de la po­blación para el logro de una vida digna de la población campesina del Mag­dalena medio.

Tuvo como objetivo aportar al proce­so de empoderamiento de la salud de la mujer campesina de la región, me­diante la capacitación a los miembros de los Comités de salud en los cono­cimientos básicos del proceso repro­ductivo de la mujer y en los riesgos potenciales que se presentan en las mujeres gestantes. En este sentido, se asumió las acciones formativas de esta propuesta, según lo expresado por Víc­tor Rojas,(12) el cual define la educa­ción en salud como un proceso que promueve cambios de conceptos, com­portamientos y actitudes frente a la sa­lud, a la enfermedad y sus riegos. Este proceso implica un trabajo comparti­do que facilita al personal de salud y a la comunidad la identificación y el análisis de problemas y la búsqueda de soluciones de acuerdo con su con­texto socio-cultural, económico y po­lítico. Así, educar es dialogar en el cre­cimiento, proporcionándole al edu­cando la oportunidad de ser una per­sona capaz, digna, libre de vivir una vida como él quiere vivir.

En ella participaron 16 miembros de los Comités de salud de las tres sec­cionales y ocho veredas; de los cuales siete eran hombres y nueve mujeres. De destacar la heterogeneidad del gru­po ya que había varias personas que habían recibido capacitaciones pre­vias y otros muy jóvenes que se esta­ban incorporando al proceso de los comités de salud en sus veredas. Ade­más, uno de los participantes era un agente tradicional de salud.

Desarrollo de la Propuesta la Mujer: Un Cuerpo de Vida y que da Vida

Las condiciones y características de la sociedad rural, en la cual impera el “patriarcado masculino” como ele­mento que define las pautas de con­vivencia y papel limitado de la mujer, es evidente en los roles y papel que juega en esta región del país. Lo an­terior, a pesar de que existen mujeres con poder de decisión en estas comu­nidades organizadas.

Uno de los roles de la mujer es la pro­creación, pero asumido este sólo des­de una visión biológica y natural de ésta. No existen elementos que pon­gan en evidencia la importancia y ne­cesidad de asumir el proceso repro­ductivo como algo más allá de lo físico: como un proceso social, con una car­ga cultural y un evento que es deter­minante para la continuidad de la so­brevivencia de la raza humana.

Lo anterior fue lo recogido de la pri­mera sesión, en la cual se hizo una reflexión de la importancia de este proceso tan crucial y por lo cual, es necesario considerar a la mujer como un sujeto de importancia trascenden­tal y de unos cuidados para que el pro­ceso de la gestación sea vivido con bienestar y plenitud.

En este sentido, fue necesario trabajar, tanto en el tema del conocimiento de la anatomía y fisiología reproductiva de la mujer, como de los factores so­ciales y culturales de la gestación.

Existían, más que vacíos en el cono­cimiento, curiosidad, sobre el desarro­llo de la gestación en la mujer. Esto, desde la anatomía, la fisiología, las per­cepciones de las mujeres gestantes, los miedos e ilusiones.

A partir de la discusión del texto de Belkis Rojas (2000) “Cuerpos tiernos y abiertos: embarazo y parto entre mu­jeres campesinas de Mucuchíes”, los participantes expresaron su concep­ción de la gestación: un proceso pro­pio e íntimo de la mujer, en el cual el hombre no tiene cabida ni injerencia.

“La mujer se preña en una decisión muchas veces no acordada y como una forma de mantener vivo el ma­trimonio. Eso es parte de ser mujer”.(13)

A diferencia de las creencias particu­lares acerca de la concepción y la ges­tación que tiene de las mujeres indíge­nas y campesinas de Mucuchíes, los pobladores de esta región tienen cla­ridad en que la concepción ocurre me­diante las relaciones sexuales con el hombre después de la primera men­struación de la mujer y si ésta no pla-nifica. También se relaciona con que no existan problemas de impotencia o infertilidad en el hombre.

Sin embargo, no hay claridad en ele­mentos como en el papel de las hor­monas femeninas que intervienen en el ciclo menstrual de la mujer, y por tanto, en la determinación de los ci­clos de fertilidad e infertilidad.

Otro tema tratado en esta sesión fue­ron los cambios en el cuerpo de la mujer, elementos de los cuales se par­tió para trabajar el tema de los facto­res de riesgo y los cuidados durante la gestación.

Desde una visión, considerada por los profesionales como biológica y reduc­cionista, las modificaciones expresa­das por los participantes fueron el au­mento de peso, del apetito y los an­tojos por ciertos alimentos; la apari­ción de manchas en la piel, la hincha­zón (edema) en las piernas y a veces en la cara, aumento del tamaño y el dolor en los senos; así como el can­sancio y las limitaciones en algunas actividades físicas.

Es importante que el grupo no hicie­ra referencia acerca de los cambios que tiene la mujer en los estados de ánimo y en la percepción sobre su gestación. En este sentido, se conver­só en torno a la relación con estos da­dos por las expectativas y el signifi­cado que se tiene con el bebé y sí éste es deseado o planificado. El recono­cimiento de la familia y la comunidad en este proceso de aceptación del fu­turo hijo también es importante; así como la relación con el compañero y padre del futuro hijo.

1 Esta propuesta se llevó a cabo durante la tercera semana de octubre de 2007 como parte del desarrollo de la asignatura Rol funcional II en el área de énfasis “Cuidado para la salud materno perinatal” de la Maestría en Enfermería de la Universidad Nacio­nal de Colombia. Contó con la cofinanciación de la Fundación Universitaria del Área Andina y la Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra, en el marco del convenio interinstitu­cional con esta organización campesina.

* Enfermera. M.Sc (C) en Enfermería con énfasis en el cuidado de la salud materno perinatal. Universidad Nacional de Colombia. Investigadora docente. Centro de Investigación y Desarrollo. Fun­dación Universitaria del Área Andina – Bogotá. Dirección postal: Fundación Universitaria del Área Andina. Centro de Investigación y Desarrollo. Calle 71 No. 13-21 Bogotá – Colombia Correspondencia: claza@areandina.edu.co Recibido: marzo de 2008 Aceptado para publicación:junio de 2008 Actual. Enferm. 2009;12(1):26-33

Exploración

Ocurre cuando la madre hospitaliza al recién nacido y tiene contacto ini­cial con nuevas y desconocidas situa­ciones, equipos y personas en la Uni­dad Neonatal, de allí surgen sentimien­tos muy variados como la negación frente a la situación del recién nacido, llevándola incluso a no aceptar o evi­tar comprender la información que obtiene del equipo de salud, presen­tando sentimientos de inferioridad, depresión, hostilidad y frustración, ira o culpa por lo ocurrido, en algunas ocasiones incluso, pone su situación a la decisión de un Ser Superior; rea­liza sacrificios personales, como el dejar de trabajar o comer, en solida­ridad con lo que le sucede a su recién nacido.

“Yo la traje a control por urgencias, y después de que la vieron, dijeron que había que dejarla y yo no creía”. E.R “Los primeros días, si, yo dejé a mi niña aquí y los primeros días yo no paraba de llorar, yo no dormía, no comía, cuando me dijeron que mi niña no le iban a dar de comer como 7 días, fue duro para mí, era como que ni yo quería comer, de saber que mi hija no iba a comer como que yo tampoco podía”. M.S

Exploración, Apoyo, Adaptación

En todos los casos es inesperado para la madre tener que hospitalizar a su recién nacido, incluso cuando su es­tado de salud haya requerido consul­ta por urgencias.

“Yo la traje a control por urgencias, y después de que la vieron, dijeron que había que dejarla y yo no creía”

En esta etapa existe un total desacuer­do frente a la norma de visita y el tener que ser separada de su recién nacido.

“De pronto, que me la hubieran de­jado ver más, como cuando el niño nació, porque es que uno siente mu­cha tristeza de saber que ella tiene que quedarse allá y de no poder mi­rarla”. M.S

“Imagínese que lo separen a uno de su bebé, es difícil”. A.W

La madre expresa que existe “una to­tal” desinformación de las razones de hospitalización de su recién nacido, de las normas de la Unidad Neonatal, de los procedimientos médicos y de enfermería que requiere su hijo y de la situación de salud del bebé y a pe­sar de no tener suficiente confianza en los estudiantes, ella manifiesta que es mayor la información que obtiene de ellos pese a que percibe impru­dencia en sus comentarios.

“Nadie me dio explicación, yo lle­gué y me asignaron la cama y ya, no explicaron sino yo leí, incluso y cuando uno recién llega comete torpezas y yo no sabía que no ha­bía que entrar con las maletas, lo único que si me dijeron es que te­nía que colocarme la bata y ba­ñarme las manos, pero no sabía que tenía que dejar la chaqueta y ya cuando lo ven a uno dentro de la habitación ya le dicen a uno, no mamita es que no puede entrar con chaqueta o con pañalera, pero se espera a que sucedan los acontecimientos para ahí si, lo que debieran explicar es desde el principio, como se hacen las co­sas”. N.O

“Los especialistas hablan diferente, con ellos claro uno tiene menos in­formación que con los estudiantes”. M.C

El temor es claramente exacerbado, cuando la madre cuenta con expe­riencias previas de hospitalización de un hijo recién nacido y más aún si éstas han tenido consecuencias desfavorables.

“Porque yo ya viví esa experiencia, yo ya he tenido tres partos pretér­mino y han fallecido los bebés, en­tonces el miedo de que me fueran a decir lo mismo cuando viniera a visitar el bebé, entonces ese miedo, temor a vivir la misma experien­cia”. L.C

La madre expresa temor ante lo que ella considera, su falta de capacidad para brindar cuidado al bebé en su casa, esto está relacionada con la falta de participación de ella en los cui­dados al niño durante su hospitaliza­ción y la explicación del personal de salud sobre cuidados en casa e iden­tificación temprana de complicacio­nes.

“Cuando iba a comer y todo, yo pen­sé que iba a nacer sin manitos o algo o que iba a tener problemas de res­piración”. L.D

“En caso de que presente algo y yo tan lejos”. L.D

“Yo vivo tan lejos, yo vivo en Sesqui­lé y yo que hago si se me complica”. L.D

“Por qué yo la veo tan chiquita, tan frágil, que yo no se que hacer con esa mujercita en la casa”. L.D

En condiciones en que la madre po­see una creencia muy arraigada en un Ser supremo, se genera mayor tranqui­lidad en la evolución que pueda tener el bebé, la madre canaliza todas sus esperanzas a través de su fe en Dios y sus creencias religiosas, le genera mayor confianza su fe que la información que obtiene del medio que la rodea.

“Primero la fe en Dios que tengo, los médicos son espectaculares y todo, pero ellos nunca dicen que se está mejorando, ellos siempre dicen que está mal”. M.C

Durante las entrevistas se evidenció que la confianza de la madre en la en­fermera y demás miembros del equi­po de salud, está dada por la satisfac­ción de ella con los cuidados que estos profesionales le brinden a su hijo. Sin embargo, quisiera que la enfermera, quien está siempre con su hijo le con­tara más acerca de él.

“Las enfermeras están pendientes del tetero, el pañal, que duerma, porque es un bebé”. P.J

El momento en que hay inconformi­dad en relación con la norma de vi­sita, es en la etapa de exploración, en donde la madre expresaba su disgus­to; sin embargo, a mediano plazo hay un reconocimiento de las razones de las normas de visita y su cumplimien­to por parte de ellas.

“De pronto eso no me gustó pero uno lo ve desde un punto de vista, pero pues ellos tienen razón, ese es el tra­bajo de ellos y uno está bajo la res­ponsabilidad de ellos”. P.J

Existe a lo largo de la hospitalización un real reconocimiento de la madre acerca de lo adecuada de la labor del cuerpo médico y las enfermeras, pero éste es mayor, si se cuenta con una adecuada comunicación con ellos, con información clara, oportuna y precisa.

“Las enfermeras son espectaculares, en Cuidados Intensivos todas, acá también son muy buenas, muy con­siderada uno siente muy buena co­municación con ella”. M.C

La madre está en constante valoración de la situación, la percepción del esta­do de salud del bebé está en estrecha relación con los aparatos y equipos que deban ser utilizados con ellos y en un contexto de gran movilidad del perso­nal de salud como es el parto, la madre está muy atenta a reacciones, activida­des y expresiones del personal de salud y de acuerdo a como ésta sean perci­bidas, puede generar reacciones posi­tivas o negativas en ella.

“Yo pensé que se me estaba murien­do, luego yo sentí que se estaba me­jorando, porque ya no tenía el res­pirador ni la sonda”. M.C

Apoyo

Las condiciones adecuadas de apoyo social y emocional a la madre, hace más corto o doloroso el camino que la llevará a adaptarse a esta nueva ex­periencia.

El apoyo formal para la madre es el equipo de salud, en un contexto en el que haya una comunicación de parte de las enfermeras, con alegría y una actitud positiva, donde estén atentos a sus reacciones y las del recién nacido, lo cual favorece en las madres, asumir todo lo que genera la hospitalización y enfermedad del hijo, disminuyendo el efecto estresante que representa la hospitalización del neonato, favore­ciendo que la madre tenga una con­ducta más positiva en relación con esta nueva experiencia en su vida.

La madre siente restringida la informa­ción impartida por la enfermera acer­ca de las condiciones de su hijo, pues ésta es suministrada sólo por el cuer­po médico, debido a normas institu­cionales.

“Las enfermeras no informan, uno pregunta del bebé y dicen que el mé­dico es el que informa”. M.C

El apoyo informal para la madre es el apoyo materno, que como lo expresa Díaz Morales (1990), es un recurso pro­tector para ella, pues representa un apoyo importante en lo relacionado con las responsabilidad en el hogar y le permite un reajuste a su nuevo rol, durante la hospitalización del recién nacido, lo cual le permite dedicarse de manera exclusiva a la hospitaliza­ción de su hijo.

“Mi mamá me los está cuidando, mi esposo los recoge del colegio, yo los estoy abandonando completamente, soy yo porque gracias a Dios mi mami y mi esposo están muy pen­dientes”. M.C

La espiritualidad, representada especialmente en las creencias religiosas de las madres, es una fuente de apo­yo emocional muy importante para ellas, que les genera fortaleza, tran­quilidad y seguridad, incluso en mo­mentos en los cuales la información de los médicos frente al estado de salud del recién nacido, no sea alen­tadora para ellas.

“Yo pienso que ellos dicen lo que tie­nen que decir, pero no es lo que a uno lo conforta, sólo Dios lo confor­ta”. M.C

Cuando el apoyo es brindado por el esposo tiene el efecto de incrementar el bienestar emocional y físico de las madres, haciendo que este apoyo lo sienta como intransferible y lo califique como real compañía.

“Ahora que llegó mi esposo me sien­to diferente, porque me siento más apoyada, no me siento como tan sola”. P.J

La madre siente que el apoyo afectivo para su bebé es ella misma lo cual hace que aumente en ella, el deseo de permanecer con su hijo.

“Hoy si me he quedado toda la ma­ñana y por la tarde vine, uno es mamá y quiere tenerlos todo el día”. P.j

La madre siente que cuenta con apo­yo informacional, cuando son solu­cionadas sus dudas, comentadas las decisiones y conductas a seguir por parte del personal médico y de en­fermería, se siente más tranquila y se­gura, pues entiende lo que le pasa a su bebé y puede participar de mane­ra activa en su recuperación, al cono­cer los procedimientos que se le rea­lizan.

“Yo llegué ahorita así y la vi mejor­cita, ella me dijo está mejorcita, le quitaron el oxígeno, ya no es sino cuestión de que coma y ya se la pue­de llevar, uno queda más tranquilo y no cuando uno llega y le dicen: ay yo no se tiene que preguntarle al doctor, entonces uno como que que­da loco, pero cuando le dan a uno la información ya queda más tran­quilo. Básicamente sería mejorar lo información”. J.R

Barrera ha sugerido que la definición y operacionalización del concepto de apoyo social debe contemplar el

• Apoyo social percibido: es decir, la medición de la confianza de los individuos de que el apoyo social está disponible si se necesita y el
• Apoyo social provisto: esto es, ac­ciones que otros realizan para pro­veer asistencia a un individuo de­terminado.

En cuanto al apoyo social percibido se puede observar cómo la falta de in­formación a la madre, le puede gene­rar resentimiento, preocupación y an­siedad, especialmente porque está di­reccionada a la necesidad de hospi­talización del recién nacido y no de sus razones, además lo percibe como uni­direccional es decir, se da en condi­ciones de que la madre sea quien pre­gunte, de esta forma el personal de salud responde.

Además el apoyo social provisto, es escaso pues la madre siente minusvalía al cometer errores en el cumplimien­to de normas del Hospital por desco­nocimiento.

Adaptación

En esta categoría, la madre encuentra herramientas que le permiten superar todos los obstáculos surgidos al inicio de la hospitalización, participar en la recuperación del recién nacido y pro­yectarse a la salida del recién nacido del hospital, en donde se verá refle­jado el proceso de las dos anteriores categorías, si la madre se ha adaptado de manera efectiva, se sentirá prepa­rada para este nuevo reto, de no ser así, ella expresa temor de llevárselo para la casa e incluso no querer hacerlo, pues no se siente preparada para asu­mir los cuidados de su hijo en el ho­gar. La categoría adaptación, se logró a par­tir del abordaje de cinco códigos sus­tantivos importantes que llevaron a conformarla, como son: prepararse, ex­periencias previas, implicaciones fa­miliares, aprender y aceptar.

Los anteriores códigos fueron aborda­dos, codificados y reunidos sobre la base de los indicadores de adaptación positiva del modelo de adaptación de la teoría de Roy, en los modos: Auto­concepto, Desempeño de papeles y de Interdependencia, los cuales constitu­yen el modo de adaptación psicoso­cial.

En el modo de Autoconcepto se ana­lizan aspectos psicológicos y espiri­tuales del ser humano, las principales respuestas de adaptación positiva se encontraron en este modo y fueron exteriorizadas a través del buen fun­cionamiento de la autoestima, de la utilización de estrategias efectivas de enfrentamiento, el aprovechamiento de la fe, conformidad y fuerza emo­cional, estas estrategias le permitieron a la madre mantener equilibrio emo­cional e integridad psíquica, durante la hospitalización de su hijo.

Fue identificada apenas una respues­ta de adaptación positiva en el modo de Desempeño de papeles, este com­portamiento se caracterizó por un de­seo significativo de las madres por co­nocer prácticas en salud y comporta­mientos que promovieran salud, lo cual contribuyó al compromiso de mantener la adherencia al tratamien­to indicado.

La respuesta de adaptación positiva del modo de Interdependencia estuvo relacionada con el ámbito afectivo, en donde hay una mayor necesidad de aproximación al compañero, pues se convierte en parte importante para la construcción del proceso de adaptación de las madres.

Teniendo en cuenta el modelo de adap­tación de Roy, las principales respues­tas que pudieran dificultar la adapta­ción positiva a esta nueva circunstan­cia en la madre, fueron relacionadas con experiencias previas de tipo negativo, desconocimiento de las normas del hospital, falta de entrenamiento y conocimiento de los equipos y elementos que tiene el neonato y que es posible que en caso de una evolución desfavorable del recién nacido deba conservar cuando sea dado de alta, falta de apoyo familiar, percibir la dificultad del recién nacido para adaptarse a la hospitalización en la Unidad Neonatal.

La consecuencia de una adaptación poco favorable, son todos los cambios emocionales negativos en la madre, aislamiento, negación, culpa, desesperación, entre otros, que se traducen fácilmente en un fallido engranaje del trinomio madre-recién nacido-equipo de salud que puede redundar incluso en la falta de recuperación del bebe.

Conclusiones

Para estas madres tener a sus hijos hospitalizados en la Unidad Neonatal, es algo inesperado con lo cual inicialmente están en desacuerdo; se da en condiciones de desinformación, de actitud de culpa y responsabilidad, lo cual contribuye al temor que sienten por lo que le pueda suceder a su hijo. La espiritualidad dada por la creencia en un Ser superior es algo que media en esta situación, donde estas madres, valoran lo que sucede y reconocen los conocimientos del equipo de salud que atiende a su hijo. Todo lo anterior se da mediante un proceso continuo de Exploración que se puede considerar como un primer momento.

Un segundo momento se da mediante el Apoyo, caracterizado por lo que la madre percibe como recibido y lo que ella misma da a su hijo. El apoyo que le ofrece su propia madre en lo relacionado con las responsabilidades en el hogar es valorado por las mujeres, pero el que brinda sus compañeros les produce emoción y las hace sentir mejor.

Las madres reciben un apoyo informacional de parte del equipo de salud cuando lo solicitan, pero quedan con deseos de saber más sobre su hijo.

En relación con el apoyo afectivo para el recién nacido, las madres sienten que son ellas mismas la fuente de este apoyo, lo cual les produce más deseo de permanecer al lado de sus hijos.

Un tercer momento en este proceso se da con la Adaptación, que conlleva una preparación por parte de la madre desde lo emocional, lo físico y familiar, para cuidar a su hijo, lo cual se da con mayor facilidad cuando hay experiencias previas positivas, lo que implica un aprendizaje y aceptación de la situación nueva para ella y su hijo.

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* Enfermera, Especialista en Docencia Universitaria, Magíster en Enfermería con énfasis en Cuidado Materno Perinatal. Docente Escuela de Enfermería Hospital Militar Central, Docente Especial Universidad Nacional de Colombia. yanyrar@hotmail.com

** Enfermera, Especialista en Enfermería Obstétrica, Magíster en Enfermería con énfasis en Salud Familiar. Asesora Posgrados Facultad de Enfermería Universidad Nacional de Colombia. lucymdero@yahoo.com Recibido: septiembre de 2008 Aceptado para publicación: noviembre de 2008 Actual. Enferm. 2009;12(1):12-18

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