Personas con VIH/Sida y Personas Aparentemente Sanas, Discusión

El estudio reconoce y acepta el incremento del VIH/SIDA como un problema importante de salud pública en el país. La distribución sociodemográfica encontrada dentro del grupo de pacientes estudiados, ratifica que ésta es una condición que afecta de manera importante a hombres como a mujeres y que se presenta en diferentes condiciones sociales y educativas.(1)

La relación entre la espiritualidad y el VIH/SIDA ilustrada en la presente investigación se ha tratado de explicar desde varias perspectivas teóricas que incluyen el apoyo al afrontamiento, la búsqueda de significado, el manejo de la enfermedad y la necesidad de mejorar la calidad de vida de las personas enfermas.(2,3) Este estudio tomó la perspectiva del bienestar espiritual, como una forma concreta de abordar un terreno poco explorado en la mira integral de estos pacientes. El bienestar espiritual es planteado como punto de partida de una nueva mira-da terapéutica de las personas con VIH y en tal sentido, se suma a los hallazgos reportados en la literatura sobre factores que influyen en la evolución de la enfermedad y generan efectos fisiológicos y psicológicos tales como la actitud positiva, el manejo del estrés y la búsqueda de bienestar.

Se incluyen dentro de estos hallazgos el de-nominado “Síndrome de Lázaro” que parece tener una relación importante entre la mejoría repentina y una experiencia espiritual significativa.(4,5) De otra parte, varios autores señalan lo importante de la espiritualidad en la evo-lución del SIDA alrededor de tener propósito en la vida, conducta altruista, encontrar significado, mejorar el afrontamiento, tener esperanza, tener motivos de vida, trascender de lo cotidiano y en general, poder lograr crecimiento espiritual.(6,7) Encontrar un nivel de bienestar espiritual alto en este grupo resulta alentador como posible fuente terapéutica, aún por explorar.

De acuerdo con los avances conocidos, es un reto particular en este campo, manejar el estigma, encontrar la disciplina asociada con una religión o con la oración, lo que para algunos ha significado disminuir el consumo de medicamentos y poder mejorar los hábitos de vida.(8,9) Más aún, son reconocidos como apoyos terapéuticos efectivos para las personas con VIH/SIDA, el afecto, las relaciones interpersonales, en especial el tener con quien comentar la situación y otras formas de afrontamiento activo respaldado por profesionales, agrupaciones sociales o religiosas o por quienes tienen en cuenta factores relacionados con la dimensión espiritual del cuidado.(10,11)

Se incluyen además los abordajes interdisciplinarios de tipo colaborativo que apoyan la espiritualidad. (12)

Los hallazgos del presente estudio que muestran un bienestar espiritual alto con mayor nivel en el aspecto religioso que en el existencial, indican un camino de trabajo en la relación de las personas consigo mismas de manera que puedan darle sentido a la vida y a la enfermedad. Vale la pena señalar que en el caso de la dimensión existencial del bienestar espiritual para las personas con VIH/SIDA, los hallazgos reflejan un bienestar alto en el límite inferior de la categoría. El bienestar religioso menos comprometido puede ser una herramienta útil en este camino.

En la literatura se relaciona un crecimiento espiritual en los casos de enfermedad crónica, cercanía a la muerte y en particular en quienes tienen VIH/ SIDA, no igual en las personas que están aparentemente sanas. Los hallazgos del presente estudio reflejan un bienestar espiritual superior al espera-do en el segundo grupo.(13,14) Una de las consideraciones particulares que podría explicar este hallazgo es que la población que sirvió de base para la comparación tiene que ver con un contexto de violencia nacional que puede hacer más evidente de lo común la cercanía a la muerte y en tal sentido modificar la percepción de bienestar espiritual. Es importante señalar que en la Universidad en la cual se tomaron los sujetos aparentemente sanos, se presentó un magnicidio que pudo afectar los resultados esperados en el grupo.

Conclusiones y Sugerencias

A partir del estudio se puede concluir que la dimensión espiritual es un tema de importancia para la experiencia humana de quienes viven con un VIH/ SIDA. Crear salud en una experiencia de vida, en la que se debe afrontar un SIDA demanda un foco unitario que acepte la totalidad del ser humano y su estrecha relación con el entorno en el cual vive. En ese sentido, el modelo conceptual de Margaret Newman es una guía útil para trabajar la dimensión espiritual del cuidado en personas con VIH/SIDA, en las que se requiere ver de manera simultánea y contextualizada al ser humano. La percepción del bienestar espiritual visto como un sentido de armonía con el propio ser, con los demás y con un Ser o fuerza superior, puede ser valorado con la escala de bienestar espiritual de Ellison. Esta escala es una herramienta sencilla, práctica, confiable y compatible con los lineamientos de salud como conciencia expandida.

A partir del estudio se puede concluir que el nivel de bienestar espiritual encontrado en las personas en situación de VIH/SIDA hospitalizadas en la Clínica Luís Carlos Galán del ISS es alto, y es mayor en la dimensión religiosa que en la existencial. El nivel de bienestar espiritual encontrado en las personas aparentemente sanas de la comunidad académica de la Universidad Sergio Arboleda es alto, con mayor resultado en la dimensión religiosa que en la existencial.

Al comparar los niveles de bienestar espiritual general de personas en situación de VIH/SIDA con el de personas aparentemente sanas se evidencia un mayor nivel de bienestar espiritual en el grupo de las personas aparentemente sanas. Al comparar los niveles de bienestar espiritual en la dimensión religiosa de personas con VIH/SIDA con el de personas aparentemente sanas, no se encuentra diferencia significativa entre los grupos. Al comparar los niveles de bienestar en la dimensión existencial, se encuentra una diferencia significativa entre los grupos con un nivel de confianza de 95%, siendo mayor el nivel de bienestar existencial en las personas aparentemente sanas que el de los pacientes con VIH/SIDA.

Estos hallazgos ratifican reportes de la literatura en términos de la importancia del bienestar espiritual en el cuidado de las personas con VIH/SIDA y corrobora que esta dimensión se ve afectada en el grupo de personas que viven con VIH/SIDA en comparación con un grupo homólogo de personas aparentemente sanas.

Los resultados del presente estudio señalan que un bienestar espiritual alto, con un mayor nivel de bienestar religioso que existencial, se puede entender como un potencial para el cuida-do en donde la situación de vida exige hacer esfuerzos por mantener la integridad de las personas. Si bien es cierto que el verdadero cuidado de la salud debe contemplar la totalidad del ser humano, la dimensión espiritual del cuidado ha sido con frecuencia ignorada dentro de la práctica.

Para quienes viven con VIH/SIDA el bienestar espiritual puede significar un factor de crecimiento personal, un aspecto de trascendencia que los acerca a muchas respuestas necesarias para dar sentido a la vida, la cotidianidad, el dolor y el sufrimiento humano.

Si la espiritualidad tiene importancia terapéutica en pacientes que experimentan crisis vitales por tener un VIH/SIDA u otra enfermedad de esta naturaleza, esta temática debería considerarse en los currículos, en la asistencia y en nuevas investigaciones con el fin de cualificar la práctica con la integración de la dimensión espiritual del cuidado.

Las opciones de crecimiento humano para quienes viven con VIH/SIDA exigen una mirada reflexiva del cuidador profesional para acompañarlos en es-te camino y buscar sentido en medio de una cotidianidad adversa y desalentadora. Esta mirada nueva y diferente que acepta la salud como expansión de la conciencia, admite que la condición de quienes viven con VIH/SIDA, más allá de un diagnóstico, es una oportunidad de hacer un alto en el camino y de analizar, buscar, comprender y redimensionar la propia vida y es también una invitación para que los profesionales de la salud se acerquen, hagan un alto en el camino, analicen, busquen, comprendan y redimensionen la suya.

Referencias Bibliográficas

1. Global Health Reporting Organization. www.unaids.org/ 2007.
2. www.bancomundial.org/sida, 2007.
3. Corbett K. In patients with symptomatic HIV disease, spirituality emerged from stigmatiza-tion and having an incurable disease. Evi-dence Based Nursing. 1999; 2(1):29.
4. Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), Proto-col for the identification of discrimination against people living with HIV Ginebra: ONUSIDA, 2000.
5. Gray J. HIV Report: Meeting Psychosocial Needs. RN. 1996;59(8):23-7.
6. Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) Infor-me sobre la epidemia mundial de SIDA 2004: cuarto informe mundial. p. 17,49.
7. Friedman S, Kippax S, Phaswana-Mafuya N, Rossi D, Newman CE. Emerging future issues in HIV/AIDS social research. AIDS 2006;20(7):959-65.
8. Jairath N. Global Health: The Role of Nursing Research. Nursing Research. 2007; 56(6):367-8.
9. Aidala AA. Housing need, housing assistance, and connection to HIV medical care. AIDS And Behavior 2007;11(6 Suppl): 101-15.
10. Newman M. Salud como conciencia expandida. Natural League for Nursing. 2da Edi-ción. Boston: Jones and Bartlett Publishers 2005. p. 15
11. Place B. Entender el significado de la en-fermedad crónica: un prerrequisito para cuidar. En: Gaut Delores. Una Agenda Glo-bal de Cuidado. N.Y.: NLN Press, 1993. p. 281- 91.
12. Diario médico.com. Espiritualidad y Sida se unen en red. Viernes 24 de marzo de 2000.
13. Bazant ES, Boulay M. Factors associated with religious congregation members’ su-pport to people living with HIV/AIDS in Kumasi, Ghana. AIDS & Behavior 2007; 11(6):936-45.
14. Cohen M. Introduction: spirituality, quality of life nursing care. Quality of life: a nur-sing challenge spiritual well-being 1993; 2(3): 47-9.
15. Kylma J, et al. Hope, despair and hope-lessness in living with HIV/AIDS: a groun-ded theory study. Journal of Advanced Nursing. 2001;33(6):764-75.

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