El Legado de Albert Schweitzer

Alberto Cárdenas Escovar
Octubre, 1989

ALBERT SCHWEITZER(1875-1965) descuella en nuestro tiempo como ejemplo del verdadero humanismo. La vida entera de este alsaciano fue una extraordinaria aventura, entregada al servicio de sus semejantes. Su espíritu estuvo sin cesar colmado por una diversidad de estudios y tareas, a los cuales se sometió con pasión y profundidad, dando siempre lo mejor de sí mismo. Su actividad lo llevó a través de los campos de la teología, la religión, los estudios clásicos y la música, y en todas estas disciplinas alcanzó la excelencia. Con justicia es aclamado por su labor docente, su predicación, sus libros sobre teología, sobre la “Búsqueda de Jesús Histórico”, sobre Johann Sebastian Bach, los órganos y su construcción.

Al leer su libro autobiográfico “De mi vida y de mi Pensamiento”, se comprende cómo contribuyeron múltiples factores afortunados, especialmente herencia, tradición, vida familiar, ambiente cultural y, sobre todo, esos impulsos individuales que los creyentes reconocemos como llamamientos de Dios para cumplir una misión específica, a través de la coherencia de la propia vida, para estructurar la personalidad de Schweitzer.

Tanto su padre como su abuelo materno fueron pastores evangélicos.

Su abuelo paterno fue maestro de escuela y organista. Schweitzer tenía apenas cinco años cuando comenzó a recibir de su padre lecciones de música, y ocho cuando comenzó a tocar el órgano. Atribuía su pasión por este instrumento a la herencia de su abuelo materno. A los nueve años tomó por primera vez el lugar del organista en un servicio, en Günsbach.

Pero quizás el aspecto más conocido de la vida de Schweitzer es su carrera médica en Estrasburgo (1905-1912), la que emprendió cuando había cumplido los treinta años, después de renunciar su cargo de principal en el Colegio Teológico de Santo Tomás, contra las opiniones de la mayoría de sus familiares y sus amigos. Veamos lo que dice él mismo en su autobiografía sobre esta drástica decisión: ” … El plan que ahora había resuelto ejecutar había sido contemplado por largo tiempo, desde mis días de estudiante, cuando comenzó a golpearme el hecho, para mí incomprensible, del contraste entre mi vida feliz Y los sufrimientos y angustias de tanta gente a mi alrededor. Incluso en la escuela, me habían conmovido las condiciones de vida de algunos de mis compañeros, que yo comparaba con las de óptimo bienestar en que vivíamos en la casa parroquial de GÜnsbach”. ” … Me vino entonces la idea de que yo no debía aceptar esta felicidad sin dar algo a cambio de ella”.

Según sus propias palabras, fue sólo gracias a su excelente salud como pudo sobrellevar el trabajo agobiador durante sus años de estudios médicos, pues continuó las obras literarias y las giras de conciertos, de todo lo cual derivaba los ingresos necesarios para su propia subsistencia y para la adquisición gradual de los equipos hospitalarios requeridos por el proyecto que ya había concebido. En todas estas tareas contó con el apoyo de su esposa Helen Breslaw, hija del famoso historiador de Estrasburgo, y con quien se había casado en 1912.

Lo que vino a concretar sus planes fue la lectura de un aviso en el Journal des Missions Evangéliques sobre las calamitosas condiciones de salud en la Misión del Congo. De inmediato solicitó y obtuvo el permiso para fundar un hospital en Lambaréné, Africa Ecuatorial Francesa, para la atención de los enfermos y los necesitados. En esta presentación sería imposible dar cuenta de los esfuerzos, las dificultades y el ulterior éxito de tal empresa humanitaria.

Queremos, en cambio, mencionar otro aspecto del pensamiento de este grande hombre, que cobra hoy profundo significado ante las graves amenazas que se ciernen sobre la vida humana y la vida en general, en nuestro planeta. Nos referimos a su clarividente condena de la carrera armamentista nuclear. En efecto, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Schweitzer había abogado por una prohibición de las pruebas nucleares, dando a su mensaje una nueva dimensión ética: el respeto a todas las formas de vida. La protesta contra el desarrollo de la amenaza nuclear había madurado en su mente y se hizo finalmente efectiva en 1954, cuando una embarcación pesquera japonesa en el Pacífico fue víctima de severa irradiación y uno de sus tripulantes murió, como resultado de una prueba nuclear atmosférica realizada por los E. U. Desde aquel momento, el Dr. Schweitzer se convirtió en un vocero activo de la campaña antinuclear, junto con Albert Einstein, Bertrand Russell, Linus Pauling y 1awaharlal Nehru. Por ello se le considera como precursor del movimiento “Médicos Internacionales para la Prevención de’ la Guerra Nuclear” (IPPNW), como también de las diversas campañas mundiales de protección ecológica.

La Reverencia a la Vida aparece como el leil-motiv a través de todas sus obras. En el epílogo de su autobiografía, escribe: “El hombre que se detenga a reflexionar sobre el misterio de su vida y de los lazos que lo atan a la vida que llena el mundo, no puede menos que someterse al principio de Reverencia a la Vida y manifestarlo mediante la afirmación ética en la suya propia. La existencia se le hará más difícil que la de quien vive sólo para sí mismo, pero será una existencia más rica, más hermosa y más feliz, una experiencia real de la vida” … y en otro lugar analiza los males que aquejan a la sociedad contemporánea, en los siguientes términos: ‘Todos los cuerpos políticos buscan hoy día su fuerza no tanto en el valor de las ideas que dicen representar, ni en el valor de sus pueblos, cuanto en el logro del más alto grado posible de exclusivismo. Es allí donde esperan encontrar su mayor poder para la ofensa y la defensa” …. Palabras escritas a comienzos de nuestro siglo, que han cobrado cada día mayor vigencia para nuestro amenazado mundo. Con justicia se le confirió el Premio Nobel de la Paz en 1954.

En 1990 será el 250. aniversario de su muerte y con este motivo médicos de Francia, Alemania Federal y Suiza han propuesto que ese año sea declarado el “AÑO IPPNW -ALBERT SCHWEITZER”.

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