Historia del Cáncer y el Cáncer en la Historia

Introducción

María M. López1, Andrés F. Cardona2

Resumen

Desde que se mantuvieron los primeros registros médicos, el cáncer como enfermedad se ha descrito en la historia de la medicina. Las primeras descripciones conocidas del cáncer aparecen en siete papiros, descubiertos y descifrados a finales del siglo XIX.

Proporcionaron el primer conocimiento directo de la práctica médica egipcia. Contienen descripciones sobre el cáncer escritas alrededor del 1600 a.C., y se cree que datan de fuentes tan tempranas como 2500 a.C. Tras el declive de Egipto, los siguientes capítulos de la historia médica y científica se escribieron en Grecia y Roma.

Los grandes médicos Hipócrates y Galeno dominaron el pensamiento médico durante 1.500 años. Sacaron la medicina de los reinos de la magia, la superstición y la religión. Hipócrates y Galeno definieron la enfermedad como un proceso natural y basaron el tratamiento en la observación y la experiencia. Se identificaron neoplasias, con advertencias contra el tratamiento de las formas más graves.

A Hipócrates se le atribuye el nombre de “cáncer” como “karkinoma” (carcinoma). En el mundo moderno, la ciencia y la cirugía avanzaron a medida que los médicos volvían a la observación directa del cuerpo humano. Sin embargo, la teoría de que el cáncer fue causado por un exceso de bilis negra continuó prevaleciendo hasta el siglo XVI.

La enfermedad se consideró incurable, aunque se formuló una amplia variedad de brebajes que contenían arsénico para tratar sus manifestaciones. En el siglo XVII, la vieja teoría de la enfermedad basada en humores corporales fue descartada cuando los vasos del sistema linfático fueron considerados como su principal causa. En el siglo XVIII Bernard Peyrilhe realizó algunos experimentos para confirmar o refutar la hipótesis no anatómica relacionada con el cáncer.

Sus esfuerzos, por absurdos que parezcan en retrospectiva, establecieron la oncología experimental:

La ciencia de buscar mejores diagnósticos, tratamientos y comprensión de las causas de la enfermedad. Durante este período, se reportaron cánceres relacionados con exposición ambiental y se abrieron hospitales especializados en atención oncológica. A fines del siglo XIX, el desarrollo de mejores microscopios no solo ayudó a documentar y definir los organismos que causaban las enfermedades, sino que también hizo posible el examen de las células y su actividad.

El estudio de los tejidos y tumores reveló que las células neoplásicas tenían una apariencia diferente al tejido circundante normal. El comienzo del siglo XX fue testigo de grandes avances en la comprensión de las estructuras, funciones y química de los organismos vivos.

La investigación del cáncer en cultivos celulares, carcinógenos químicos, técnicas de diagnóstico, y quimioterapia estableció firmemente a la oncología como ciencia. En 1911, se documentó una causa viral de cáncer en las gallinas y se identificaron de manera concluyente carcinógenos químicos y físicos.

También se investigaron las anomalías cromosómicas como posibles causas de la enfermedad. En los años sesenta y setenta, hallazgos impresionantes en torno a la genética transformaron la perspectiva diagnóstica y terapéutica, dando lugar a la medicina de precisión y la mejora de la supervivencia y calidad de vida.

Durante tres milenios, el cáncer se ha relacionado con la esencia del hombre, y esta es su esencia en la humanidad.

Las posibles soluciones para la prevención y cura del cáncer parecen estar limitadas únicamente por la imaginación.

Palabras clave: Cáncer; historia; enfermedad; perspectiva; avances.

History of Cancer and Cancer in History

Abstract

Since the earliest medical records were kept, cancer as a disease has been described in the history of medicine. The earliest known descriptions of cancer appear in seven papyri, discovered and deciphered late in the 19th century. They provided the first direct knowledge of Egyptian medical practice.

They contain descriptions of cancer written around 1600 B.C. and are believed to date from sources as early as 2500 B.C. Following the decline of Egypt, the next chapters of medical and scientific history were written in Greece and Rome. The great doctors Hippocrates and Galen dominated medical thought for 1500 years.

They lifted medicine out of the realms of magic, superstition, and religion. Hippocrates and Galen defined disease as a natural process and based treatment on observation and experience. Cancers were identified, with warnings against the treatment of the more severe forms.

Hippocrates is credited with naming “cancer” as “karkinoma” (carcinoma). In the modern world, science and surgery advanced as physicians returned to direct observation of the human body. However, the theory that cancer was caused by an excess of black bile continued to prevail in the 16th century.

Cancer was considered incurable, although a wide variety of pastes containing arsenic were formulated to treat its manifestations. In the 17th century, the old theory of disease based on bodily humors was discarded when the vessels of the lymphatic system were considered as the primary cause of cancer. In 18th-century Bernard Peyrilhe conducted some experiments to confirm or disprove hypotheses related to cancer.

His efforts, however absurd they seem in retrospect, established experimental oncology, the science of seeking better diagnosis, treatments, and understanding of the causes of cancer.

During this period, environmental cancers were reported, and hospitals specializing in cancer care were opened. In the late 19th century, the development of better microscopes not only helped document and define disease-causing organisms, but also made possible the examination of cells and cellular activity.

A study of cancer tissues and tumors revealed that cancer cells were markedly different in appearance than the normal surrounding tissue. The early 20th century saw great strides made in understanding the structures, functions, and chemistry of living organisms.

Cancer research in cell culture, chemical carcinogens, diagnostic techniques, and chemotherapy firmly established oncology as science. A viral cause of cancer in chickens was documented in 1911, and both chemical and physical carcinogens were conclusively identified. Chromosomal abnormalities were also investigated as possible causes of the disease.

In the 1960s and the 70s, impressive findings around the genetics of cancer transformed the diagnostic and therapeutic perspective, giving rise to precision medicine and the improvement of survival and quality of life.

For three millennia, cancer has been linked to the essence of man, and this is his essence in mankind. Potential solutions to the prevention and cure of cancer seem limited only by the imagination.

Keywords: Cancer; history; disease; perspective advances.

Salve, emperador, los que van a morir te saludan – historia del cáncer como un Basileo.

Cayo Suetonio3 (c. 70-post. 126)4

Presentación

Los interrogantes que rodean la historia del cáncer nos remiten necesariamente a preguntarnos por el cáncer en la historia. Esta disyuntiva nos obliga a dividir este ensayo en dos partes. La primera parte indaga y atisba el papel de cáncer en la historia. Esta pregunta, no resuelta, nos remite al impacto de la enfermedad desde una perspectiva social, su papel y circunscripción en el cuerpo, el entorno y la humanidad.

Nos remite a su génesis, las teorías profanas y ufanas que implican el inexorable vínculo del cuerpo con su ambiente, como se comprende el cuerpo que habita la enfermedad, y por último, el desarrollo de la percepción sobre la patología desde y para el enfermo, y la relación con este a lo largo de la historia.

 La segunda parte del manuscrito presenta una breve mirada cronológica de la historia del cáncer, incluyendo los hallazgos más antiguos, de las diferentes teorías que han soportado la evolución y comprensión de la enfermedad, desde su origen y causas, hasta el diagnóstico y el tratamiento.

Además, se hace una reseña de las diversas intervenciones terapéuticas (desde la cirugía hasta la radioterapia y oncología de precisión) que han transformado la marcha de una de las más complejas patologías que aquejan a la humanidad, desde una perspectiva singular y plural. Para completar este recorrido, se incluye una cronografía de los momentos, hitos y protagonistas que han hecho parte de una campaña de más de 2.000 años.

 Introducción

El cáncer es un término general que se ha utilizado de forma indistinta para designar a un sinnúmero de neoplasias en los humanos y animales. La entidad nosológica se originó a partir de la caracterización de la palabra karkinos aplicada a los tumores malignos por los antiguos griegos.

Posteriormente fue adoptada por los romanos (en latín cáncer significa cangrejo) y todavía se utiliza en la literatura científica contemporánea. Los registros más antiguos datados de las evidencias paleopatológicas indican la existencia del cáncer en dinosaurios del Mesozoico, en el hombre de las cavernas prehistóricas y sus animales en el pasado remoto.

Más adelante en la historia de la humanidad, se supo que los médicos griegos y romanos conocían bien los diferentes tipos de enfermedades malignas específicas para cada órgano (1). Actualmente se reconocen más de doscientos subtipos histológicos que afectan a los animales superiores.

El conjunto completo de evidencia disponible soporta que el cáncer comprende un complejo conjunto de eventos genéticos, con cambios dinámicos que subyacen al interior de la célula, en el estroma, y en el ecosistema corporal. Sin embargo, la iniciación y el desarrollo de la enfermedad se asocia con múltiples causas y factores predisponentes, incluyendo la senectud, variaciones epigéneticas, la exposición a virus, mutágenos químicos y por la radiación (2).

Crecimiento exponencial de las enfermedades no transmisibles

El crecimiento exponencial de las enfermedades no transmisibles  les ha hecho responsables de la mayoría de las muertes a nivel global, siendo el cáncer la primera entidad en proyección de mortalidad para el siglo XXI y la barrera más importante para aumentar la esperanza de vida en la mayoría de los países (3). Para el 2018, el cáncer se ubicó como la primera causa de muerte antes de los 70 años en 91 de 172 países, y ocupó el tercer lugar en 22 adicionales (3).

La incidencia y mortalidad por cáncer está aumentando rápidamente, en particular por el envejecimiento y crecimiento de la población, así como por la distribución y cambios en los principales factores de riesgo relacionados con el desarrollo socioeconómico, y por último, por la disminución en las tasas de mortalidad (4). Con un estimado de 18.1 millones de casos nuevos de cáncer/año y 9.6 millones de muertes por cáncer/año, se espera que el gasto global en la enfermedad alcance un máximo histórico de $100 mil millones, un 33% más que lo invertido en el pasado quinquenio (5).

Solo para el año 2014, el gasto mundial en medicamentos contra el cáncer aumentó a una tasa anual del 10,3%, y el espectro de la inversión en diagnóstico y tratamiento usando genotipificación y terapias dirigidas (inmunoterapia) será próximo a los 400.000 USD/año (5).

Como bien lo expresó Henriette Roland Holst, para poder conocer el mañana hay que reconocer que fue escrito ayer. El cáncer ha crecido con la humanidad, ganando importancia progresiva de igual forma que la expansión poblacional. El presente relato contiene una mirada holística del cáncer en, y por la humanidad.

El cuerpo y el cáncer: una relación simbiótica

 “Estoy seguro al menos de que existo y de que existo como algo que piensa. Esto que soy no es el cuerpo, sino una sustancia cuya esencia consiste en pensar”, escribió Descartes en 1637 en su obra Discurso del método.

Para el filósofo francés, pensar era prueba de su existencia, dudar era una afirmación del pensamiento, y el pensamiento testimonio de la mente que habita un cuerpo. La duda es prueba fehaciente de su existencia y es sobre la duda metódica (o hiperbólica), que Descartes concluye la primera verdad: “ego cogito ergo sum” (pienso luego existo) (6).

Esta proposición, se presenta, según el criterio de Descartes, con claridad y distinción, de modo que no es refutable, resiste a la duda, por lo tanto, es una afirmación con absoluta certeza, que puede ser considerada como verdadera.

Descartes planteó una aproximación distinta sobre el conocimiento, que rompió radicalmente con las formas de pensamiento heredadas del cristianismo.

Para el racionalista el conocimiento no habita el objeto, sino que es el hombre mismo, desde la propia existencia del pensamiento, que descubre la verdad desde la evidencia representada en las ideas y que por ende son representaciones subjetivas. Por lo tanto, propuso que, al haber encontrado una verdad absoluta, era posible llegar a otras verdades partiendo de la duda metódica.

Con base en este racionamiento da inicio al método científico basado en cuatro reglas que conducen al conocimiento: evidencia, análisis, síntesis y recapitulación (6). Este método constituye el pensamiento racional, pilar fundamental de la modernidad.

(Lea También: Breve Historia del Cáncer)

Impacto del pensamiento cartesiano

El impacto del pensamiento cartesiano cambió por completo el paradigma del conocimiento hasta entonces presentado bajo el dogmatismo de la cristiandad, y bajo este cambio de paradigma, se transformó la cosmovisión del hombre: el mundo ya no era teocéntrico, sino antropocéntrico. La invención de la razón, tuvo como consecuencia la separación del hombre de sí mismo, de los otros, de la naturaleza y del cosmos (7).

Para Descartes, el cuerpo era una máquina; un vehículo en que reposa la mente, el cual tiene un gran impacto en la disociación entre el individuo y el cuerpo. Según Le Breton, “esta filosofía es un acto anatómico, distingue en el hombre entre alma y cuerpo, y le otorga al primero el único privilegio del valor” (8).

Esta nueva mirada centrada en el hombre mismo, crea una división en la concepción cosmológica en la que inevitablemente se separa de la naturaleza, y así como es posible para el hombre separar la inherencia natural de su condición, separa la mente del cuerpo, y convierte al cuerpo mismo en objeto de estudio que debe ser comprendido y explicado.

El cuerpo perdió su sacralidad, su misterio divino, su perenne condición pecaminosa, por consecuencia del cambio de mentalidad. Fue entonces posible violar la frontera de la piel, despejar la carne, drenar la sangre e intervenir el cuerpo.

El cuerpo se convirtió en un campo infinito de exploración, al degollarse, desmembrarse y disecarse, se hizo visible, materia prima y cartografía, para el surgimiento de la medicina moderna.

El nacimiento de la medicina moderna:

Surge a la par de la consolidación del pensamiento racional del siglo XIX, que estuvo además aunado a los procesos de formación de estados nacionales, sociedades industriales y por supuesto el capitalismo, como modelo imperante económico.

El racionalismo positivista decimonónico inculcó además una forma taxonómica de aproximarse al conocimiento, el cual fue heredado en la ciencia médica; en este, la clasificación es preponderante. Así pues, el cuerpo pasa a ser una unidad orgánica diferenciada que requiere técnica y especialización (8).

Todos estos procesos históricos construyeron el individualismo vinculado al espíritu capitalista. El cuerpo humano pasó a hacer parte del acervo social, mientras que la individualidad se convirtió en el primer canal ontológico de la experiencia humana.

La enfermedad por su parte, dejó de comprenderse desde el ámbito religioso como un castigo divino, al igual que perdió valía la teoría humoral hipocrática que argumentaba que la salud (eucrasia) era el balance perfecto de los cuatro humores (sangre, flema, bilis y bilis negra), y que el desbalance de estos producía la enfermedad (discrasia) (9).

La enfermedad, asimismo se disoció del cuerpo y de la mente. Se convirtió en una entidad independiente, que además de clasificarla debía ser aniquilada. Comprender la enfermedad se convirtió en un objeto de estudio, donde poco o nada importa el cuerpo que la habita, y por supuesto mucho menos la mente que lo vive.

El enfermo, el individuo que habita la enfermedad en su cuerpo, necesita la cura para erradicar el padecimiento, por lo cual necesita tratamiento, y este quedó reducido al imaginario de una tableta, la cual se transformó en símbolo del nexo social que tiende a compensar los efectos de las relaciones anómicas5 de la sociedad (7).

La construcción del cuerpo es un proceso histórico que está determinado por preceptos culturales y sociales y que tiene por demás una representación simbólica de valores, significados y signos pertenecientes a cada sociedad, que son además reflejo de la mentalidad de la época comprendida en un proceso de larga duración6.

Este proceso mencionado, es la construcción simbólica del cuerpo de las sociedades occidentales modernas (7), concepto que además se exportó de occidente, en un sentido universalista como resultado del sistema colonialista, la expansión del capitalismo y la posterior imposición de formación de estados nacionales, sistemas democráticos e instituciones estatales, en las cuales se encuentra el “Hospital”.

Según Le Breton, el objeto de estudiar dicho precepto, induce a analizar las “implicaciones de las estructuras individualizantes que convierten al cuerpo en el recinto del sujeto, el lugar de sus límites y de su libertad, el objeto privilegiado de una elaboración y de una voluntad de dominio” (8).

Es precisamente en este recinto del sujeto, el cuerpo que tiene límites, que se separa de los otros, y vive su propia individualidad donde ocurre el cáncer.

Por esta razón, el cáncer no fue cáncer hasta entrada la Ilustración. De hecho, aunque su raíz etimológica provie de los griegos, el discernimiento del cáncer como fenómeno atado a la enfermedad solo pudo concretarse hasta inicios del siglo XIX, cuando fue posible cruzar las fronteras de la piel y entender el cuerpo como una unidad orgánica: era imperativo desacralizar el cuerpo y entrar en sus entrañas para poder ver el cáncer como una entidad divisible al cuerpo, extraíble y aniquilable.

No obstante, a pesar de la desacralización, el cuerpo no perdió por completo la idea heredada del cristianismo de la impureza y suciedad, y reemplazó dicha aversión con nuevas concepciones vinculadas a la higiene y al saneamiento del cuerpo (7).

El cuerpo moderno podía estar libre de la infección y del contagio, lo cual trajo consigo la prevención y la ética del autocuidado, donde cuidarse a uno mismo es cuidar a los demás.

Por consiguiente, el cáncer es una enfermedad que ocurre dentro de las propias fronteras del cuerpo, crece en lo más profundo de la intimidad y se desarrolla sigilosamente hasta que se manifiesta usualmente por medio del dolor.

El dolor por su parte, representado en el inconsciente cultural, está enraizado en la conciencia religiosa, vinculado al mal, y al castigo con connotaciones morales (10).

Por lo tanto, el dolor es una de las múltiples manifestaciones de la enfermedad, pero sin duda alguna, es la única que vincula la tríada perdida entre la mente, el cuerpo y la enfermedad.

A pesar de que Descartes quiso darle libertad a la mente, dando por hecho su existencia, ni el cuerpo ni el dolor escapan a su condición humana. Es, finalmente, el dolor, así como el cáncer, un constante recuerdo de nuestra fragilidad humana.

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Autores

  • 1 María M. López. Historiadora. Magíster en Gestión Cultural. Coordinación Editorial, Señal Memoria RTVC. Dirección proyectos Culturales, Idearium Cultura. Bogotá, Colombia.

  • 2 Andrés F. Cardona. Grupo Oncología Clínica y Traslacional, Clínica del Country. Fundación para la Investigación Clínica y Molecular Aplicada del Cáncer (FICMAC). Grupo de Investigación en Oncología Molecular y Sistemas Biológicos (Fox-G), Universidad El Bosque. Bogotá, Colombia.

  • 3 Cayo Suetonio. Cayo o Gayo Suetonio Tranquilo (c. 70-post. 126) fue un historiador y biógrafo romano durante los reinados de los emperadores Trajano y Adriano. Formó parte del círculo de amistades de Plinio el Joven y, al final, de la del mismo emperador Adriano, hasta que cayó en desgracia por enemistarse con este. Su obra más importante es Las Vidas de los Doce Césares, en la que narra las vidas de los gobernantes de Roma desde Julio César hasta Domiciano.

  • 4 Cayo Suetonio. Basileos, basileo o (en griego: Βασιλεύς, basilýs) es un título de origen griego aplicado a distintos tipos de monarcas históricos. Utilizado desde la época micénica,cuando se convirtió en la designación común para los soberanos en la época arcaica y clásica. En Macedonia, donde continuó la institución monárquica fue usado para designar al rey y desde allí, tras las conquistas de Alejandro, fue el título de los soberanos de los reinos helenísticos. Con la conquista romana y la creación del Principado por Augusto, el término griego para rey fue aplicado en los países de habla griega al emperador romano; por esto, sería utilizado más tarde por los emperadores bizantinos. Transcrito como basileos, basileo o basileus suele usarse en la historiografía para designar a los emperadores bizantinos después de las reformas de Heraclio I en el siglo VII.
  • 5 Según el sociólogo Durkheim, en La división del trabajo en la sociedad (1983) y El suicido (1897) la anomía representa la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr sus metas. La anomía es el concepto que identifica el debilitamiento de los vínculos sociales, y donde la sociedad pierde su fuerza cohesionadora para integrar la sociedad y regular los individuos dentro de los parámetros sociales, generando fenómenos sociales tales, que son a la vez padecimientos tales como la depresión, el suicidio entre otros.

  • 6 Durante las décadas 1960 y 1970, se desarrolló la corriente historiográfica “historia de las mentalidades” por historiadores franceses como Duby, Le Goff, entre otros, la cual tenía como propósito el estudio del pensamiento de las sociedades, en la cual la historia dialogaba con otras ciencias sociales, buscando nuevas fuentes documentales y teóricas para ampliar los horizontes del estudio de la Historia.

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