El Cáncer: una Causa Común

Con la llegada del siglo XX, el cáncer tuvo dos desarrollos importantes.

El primero por supuesto, es el científico, que permitió avanzar en la comprensión de la enfermedad, mejorar el diagnóstico y los diferentes tratamientos mencionados.

El desarrollo científico en la medicina trajo consigo el descubrimiento de las vacunas y los antibióticos. Lo cual implicó para la conciencia médica mecanismos para controlar, erradicar y vencer la enfermedad.

La gente moría menos de otras enfermedades, no obstante, el cáncer seguía creciendo en números, modificándose y transformándose. Lo cual creó una gran preocupación colectiva.

Por consiguiente, el segundo desarrollo importante que tuvo esta enfermedad crónica, fue la apropiación social y política. El cáncer se volvió una causa común que conglomeró diferentes actores de la sociedad. Ddesde el recaudamiento de dinero por parte de miembros de la élite para financiar la investigación, la movilización social, marchas, colectivos, eventos, y maratones, entre otros.

También el soporte político que se vio representado en actos legislativos, normativas en salud pública, y creación de instituciones monográficas de orden nacional que representaron una importante mejora en la atención sanitaria. Para 1960 Estados Unidos ya contaba con más de mil hospitales.

Para el periodo entre guerras la expectativa de vida había aumentado de 47 a 68 años (12). Y las intervenciones para las enfermedades crónicas habían contemplado el análisis y diseño de más de 50 medicamentos (16).

Este proceso inició en 1927:

Cuando el senador Matthew Nelly le pidió al Congreso de los Estados Unidos que donara cinco millones de dólares “por cualquier información que condujera a la detención del cáncer humano”. Como consecuencia del alarmante aumento de enfermos de la enfermedad (16).

Esta petición caló en el inconsciente colectivo de la nación, el cual asumió que el cáncer debía y podía ser atacado. Además de ser erradicado, de la misma forma que cualquier otra enfermedad endémica, como se reflejó en el “ataque nacional contra el cáncer”. En 1937, el presidente Roosevelt promulgó la ley para la creación del Instituto Nacional del Cáncer (NCI, por su sigla en inglés) para coordinar la investigación de la enfermedad.

No obstante, los Estados Unidos se vieron enfrentados a participar en la Segunda Guerra Mundial. Y la mayoría de los recursos se canalizaron para la investigación y desarrollo de armas, por lo cual el impulso para vencer al cáncer se vio dilatado. Durante la posguerra, la investigación del cáncer volvió a tomar impulso, esta vez de una manera transversal.

Los científicos se dieron cuenta que era necesario recaudar fondos, buscar el apoyo estatal y promover el apoyo social. El objetivo fue volver la lucha contra el cáncer una causa común en la que todos los sectores sociales participan.

Como es bien sabido, en los Estados Unidos

la donación de dinero a causas benéficas es un rasgo profundamente cultural heredado de la moral luterana de los primeros pobladores americanos.

El recaudo de dinero por causas comunes es un cohesionador social que fomenta los vínculos de comunidad y solidaridad. Pero que además enaltece a los individuos como líderes y representantes de los valores de la sociedad a la que pertenecen.

Donar dinero no es un acto de caridad, como se entendería en el estricto sentido cristiano. En donde la virtud de la caridad es amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como si fuese uno mismo desinteresadamente.

En la caridad cristiana se nublan las fronteras de la individualidad sobre el bien colectivo mientras que, desde una perspectiva de la moral luterana, la ética del trabajo junto a la acumulación del dinero, creó un enfoque distinto sobre la individualidad. Por esta razón, se dona porque desde la propia individualidad del sujeto se quiere activamente participar en una causa que cohesiona el cuerpo social.

En la medida en que el sujeto da más, participa más, atrae el reconocimiento social, asimismo es un agente catalizador para convocar a más personas a su causa común. Dentro de esta lógica es que la sociedad americana ha podido financiar universidades, museos, y centros de investigación.

Grupos de la alta sociedad como el Variety Club de Nueva Inglaterra:

Se vieron interesados en participar en causas que promovieran la conciencia social, como la recaudación de fondos junto con Sidney Faber para la investigación del cáncer infantil.

Su primer evento fue una rifa en la que recaudaron 50 mil dólares, lo cual no suplió sus expectativas. Para poder atraer más público y potencializar la causa, decidieron tener un niño que representara visualmente el poder de su objetivo, tanto para poder recaudar más fondos cómo para hacer eco en la sociedad.

Einar Gustafson, llamado Jimmy, fue el niño seleccionado para representar el cáncer infantil (12). No tenía leucemia, pero si un linfoma poco común. Jimmy, declaró en radio que su deporte favorito era el béisbol, y de esta manera empezó a movilizar a grandes deportistas, lo cual se expandiría a políticos y celebridades, quienes tomarían vocería en la lucha contra el cáncer.

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Sin duda alguna, haberles puesto una cara y un nombre a las víctimas del cáncer fue una audaz jugada para convocar donantes, especialmente si de niños se trata.

Mary Woodward Lasker, una multimillonaria de Nueva York, entró a apoyar activamente la causa de Faber, mediante la creación de grupos de presión y acción política, entre esos la creación de la Sociedad Estadounidense del Cáncer.

Su trabajo es ejemplar en la masiva movilización que se dio contra el cáncer, tanto en la inmensa recaudación de dinero para la investigación, como para la transversalidad que se le dio en la sociedad como una causa que requería inmediata atención y acción.

A partir de ella, se crearon múltiples fundaciones y asociaciones que buscaron con el mismo propósito recaudar fondos por medio de eventos, maratones, venta de productos, marcas registradas, entre otros para múltiples tipos de cáncer, como el de seno, la leucemia, el cáncer infantil y el de pulmón. Hoy en día, siguen activas y fundamentales.

El legado de Mary Lasker y el Variety Club, fue el inicio de una gran movilización de líderes que quisieron apoyar la causa del cáncer.

Sin este tipo de liderazgo externo a la comunidad médica hubiera sido imposible darle la relevancia que se necesitaba para apalancar la investigación de la enfermedad. La Figura 4 reúne una serie de sellos postales conmemorativos y de apoyo a la causa del control y la investigación del cáncer.

investigación del cáncer - Sellos postaless

Conclusión

Desde finales del siglo XX, la lucha contra el cáncer se convirtió en una cruzada médica, social y política. Esto se debió a los esfuerzos de la comunidad científica por investigar la enfermedad, así como una real voluntad comunitaria que incluyó líderes que lograron darle trascendencia a la enfermedad para convertirla en una causa común de la humanidad.

Históricamente el cáncer no pudo entenderse previo a la ilustración porque su condición ontológica como enfermedad ocurría dentro de las barreras del cuerpo. Fue gracias a las primeras autopsias renacentistas, que dieron cuenta que las teorías de Galeno no tenían un fundamento anatómico certero. No se encontró bilis negra, pero sí se encontró un cuerpo pleno por descubrir, que dio paso a la medicina moderna.

En ella, es posible comprender los tumores para ceder ante los inmensos avances científicos para tratar el cáncer como una enfermedad multidimensional. No obstante, el cáncer, tuvo que trascender las fronteras del cuerpo del sujeto para convertirse en una causa social.

Sin el dolor de los enfermos, víctimas del padecimiento, el apoyo de las familias, las fundaciones y asociaciones, y la voluntad política, no se hubiera podido extender esta gran red para financiar la investigación y dignificar al cáncer como una causa universal dentro de la historia y para el cáncer en la historia.

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