COVID-19 como Enfermedad Transmisible

Como concepto, una enfermedad transmisible es aquella causada por un agente infeccioso específico o por sus productos tóxicos, que se manifiesta por la transmisión de ellos, de un reservorio a un huésped susceptible. Ya sea directamente de una persona o por un animal infectado, o indirectamente por medio de un huésped intermediario, de naturaleza vegetal o animal, de un vector o del medio ambiente inanimado (12).

En la historia natural de las enfermedades transmisibles, se asume que los casos clínicos de la enfermedad pasan por una fase preclínica detectable, y que en ausencia de una intervención específica, potencialmente los casos preclínicos progresarán a la fase clínica.

De igual forma, los períodos de tiempo de cada etapa son importantes para la detección. El tamizaje y la intervención. Bien sea con medidas preventivas o terapéuticas sobre factores del agente, del huésped y del ambiente.

En las enfermedades transmisibles, el período de latencia es el tiempo que transcurre desde el momento de la infección hasta que el individuo se vuelve infeccioso. Por su parte, el período de incubación es el tiempo que transcurre desde la infección, hasta la presencia de síntomas (Figura 2).

Historia natural de una enfermedad transmisible

Las relaciones entre los diferentes componentes que conllevan al surgimiento de una enfermedad transmisible se establecen por medio de la llamada “cadena epidemiológica, o de infección”. A partir de allí, se ordenan los “eslabones” que determinan los aspectos de la interacción entre agente, huésped y medioambiente (10,11).

(Lea También: Tasa de Letalidad por COVID-19)

Concepto de inmunidad de rebaño y número reproductivo básico (R0)

Su concepto se basa en que ante una elevada proporción de individuos inmunes presentes en una comunidad, se dificultaría entonces la libre circulación del patógeno. Pues faltarían sujetos susceptibles para mantener su transmisión y el proceso infeccioso entraría en una fase de control (13,16).

En la inmunidad de rebaño, se aplican principalmente dos indicadores: el R0 y la proporción crítica de vacunados (Pc) o umbral de vacunados, que permite -al menos teóricamente- bloquear la transmisión de la infección cuando existe una vacuna específica. Para un patógeno específico. R0 y Pc son propios de cada infección, y el valor del R0 permite calcular el valor de la Pc (17).

Para evitar una epidemia, la Pc por vacunar se calcula como: 1 – (1/R0). Por ejemplo, si se supone que el sarampión tiene un R0 de 17, la Pc debe ser como mínimo: [1 – (1/17) = 0,94], o sea, del 94 % (se debería vacunar al menos el 94 % de la población para frenar la propagación del brote).

Se ha establecido que el R0 para COVID-19 está entre 2 y 3; por lo tanto, si existiere una vacuna con eficacia demostrada, la Pc debería ser como mínimo: [1 – (1/2,0) = 0,5], es decir, del 50 % (para un R0 preestablecido de 2,0); y para un R0 de 3,0, la Pc sería de [1 – (1/3,0) = 0,67], es decir, del 67 %.

 No obstante, el valor del R0 es cambiante desde el momento en que comienza la epidemia:

Por ejemplo, entre más alto el valor de R0, más rápido será también el pico del brote. El R0 también disminuye con la aplicación de medidas de salud pública (por ejemplo, el aislamiento social). Además, el R0 cambia de acuerdo con parámetros como la tasa de contactos, que se refiere al número de personas con las cuales tenemos contacto en el día. De la probabilidad de infección después de un contacto y de la duración del periodo infeccioso (17,18).

Lo anterior se puede analizar brevemente con la siguiente información: para poliomielitis, el nivel de la Pc para bloquear la transmisión de la enfermedad es variable (aunque en los Estados Unidos se alcanzó con una cobertura poblacional del 65-70 %, en Brasil fue necesario una cobertura del 100 %, además de la repetición anual de la vacuna durante 8-9 años, en las mismas cohortes de niños susceptibles).

Los ejemplos anteriores indican que la inmunidad de rebaño depende no solo del nivel de vacunación alcanzado, sino también de la fuerza de transmisión del agente en la zona (18,19).

La otra manera de aplicar la inmunidad de rebaño como concepto poblacional, es esperar a que exista una cantidad suficiente de personas infectadas.

Por ejemplo, sin generar medidas de aislamiento, distanciamiento, cuarentena, etc., hipotéticamente, si la COVID-19 continúa propagándose al ritmo en que lo está haciendo, un número importante de la población se infectará y, si sobreviven, desarrollarán inmunidad ante el virus, lo que originaría que el brote desapareciera por sí mismo puesto que el virus tendría cada vez más dificultades en encontrar un huésped susceptible o vulnerable.

Claro está, aún no se ha establecido totalmente que los individuos que se infecten por SARS-CoV-2 desarrollen inmunidad permanente y duradera (hasta ahora, este concepto sería meramente hipotético).

La propagación ampliada, imparable e incontrolable de COVID-19:

–Sin estrategias ni medidas de controles precisamente el peor escenario posible que se pueda imaginar.

El valor porcentual estimado de afectación de la población mundial para originar inmunidad de rebaño para el COVID-19 es del 60 % (20).

Los que defienden esta hipótesis, plantean que se podría no solo frenar la propagación del virus. Sino que, al mismo tiempo, se desarrollaría la inmunidad de rebaño de manera “controlada”.

No obstante, optar por la inmunidad de rebaño como la primera o única opción para enfrentar la pandemia actual. Sería una estrategia muy arriesgada desde el punto de vista de la salud pública. Ya que una proporción importante de individuos se presentaría en un corto periodo de tiempo como casos graves o críticos. Los cuales requerirían manejo intrahospitalario o en unidades de cuidados intensivos. Lo que colapsaría al sistema de salud (ya que el R0 se haría mucho más alto, y el pico del brote se haría más rápido). Y reduciría considerablemente su capacidad de respuesta (Figura 3).

Concepto de aplanamiento de la curva en epidemiología de las epidemias

Por otra parte, si se disminuye la velocidad de la propagación –aplanamiento de la curva– potencialmente la estabilidad del sistema de salud se mantendría. Y se tendría una mejor capacidad de respuesta en términos de atención. Situación que se traduciría en una menor tasa de letalidad por disponer de un mayor recurso humano y tecnológico. Al igual que se tendría un mayor acceso a los servicios de hospitalización y de unidades de cuidados intensivos (21).

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