Reseñas Bibliográficas, Presentación del Libro “Creación, Arte y Psiquis”

Académico Guillermo Sánchez Medina*
* Miembro de Número.
1 Rev. Credencial, Enero/1994, Edición 86.

“Y así Goethe hubiera podido encabezar su biografía con una observación como esta: ‘toda mi fuerza tiene su raíz en la relación con mi madre’” (Freud, S., 1917). “Primero estaba el mar.Todo estaba oscuro: no había sol,ni luna, ni gente, ni animales, ni lantas. Sólo el mar estaba en todas partes.El mar era la madre”(Mito Kogui)1

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Creación, Arte y PsiquisEn esta obra trataré de sumergirme en las temáticas de la creatividad o de la creación realizada por el ser humano en el arte y cómo se llega a él a través de los mecanismos psíquicos.

En el texto haré definiciones más específicas adentrándome en el mundo psíquico normal y patológico para escudriñar cómo se construyen y organizan las dinámicas mentales para conformar armonías y con ello arte.

Para definir la creatividad hay que distinguir entre la capacidad creadora del acto creativo, y la obra creada, así como entre el sujeto creador y el objeto creado (con sus formas y contenidos en sus interrelaciones y con los diferentes modelos y técnicas en que se efectúa la creación). La creatividad es la capacidad de integrar a partir de una forma existente; es el acto por el cual se unen dos elementos. Como consecuencia se origina otro elemento nuevo y distinto que antes no era. Por lo tanto, la creatividad implica hacer, nacer, dar vida, componer y dar origen.

En la capacidad creadora intervienen la integración, la simbolización y la síntesis. Así se crea un nuevo objeto o situación, mediante la sublimación. El acto creador en el hombre y en la mujer parte de la naturaleza biológica y psicológica en sus diferentes procesos y desarrollos. La obra creada, aunque lingüísticamente tiene el género femenino, sin embargo, va más allá del género y es el conjunto de resultados producidos por la fusión de impulsos y de objetos con sus significantes y significados en el espacio interno mental o en el espacio externo real. Quien realiza esto es el sujeto femenino y/o masculino.

El potencial o la capacidad creativa no tiene género. Sin embargo, a través de la historia, aquélla se ha podido expresar más en el hombre, posiblemente porque la mujer la ha realizado más a nivel biológico. El producto o el objeto creado conlleva la síntesis témporo-espacial en la dimensión universal (biológica, del conocimiento-científico, socio-cultural y artístico), plasmándose en una forma o discurso que tiene la posibilidad de comunicarse con todos los objetos (los demás); por lo tanto, no es individual sino colectivo; es así también como se logra una ruptura témporoespacial con un conocimiento en el acto de crear.

Pienso que en la creatividad en general (hombre y mujer), se repite el modelo de fusión del instinto con sus impulsos, atracciones-rechazos, necesidades y deseos para re-producir y pro-crear imágenes (acústicas, visuales, lingüísticas, táctiles, olfativas y gustativas), representaciones, vivencias y fantasías, que tocan con lo universal y están en el inconsciente en forma latente; de tal forma, también se crean espacios y objetos, se llenan vacíos y se integran funciones. La capacidad creadora libera tanto libido (impulso amoroso), como el tánatos (impulso destructivo), para crear algo nuevo diferente y distinto, transformando lo existente o plasmando las distintas formas, lo ya dado, a partir de integraciones, de senso-percepciones. Sin embargo, la creación “per-se” va más allá del simple plasmar, transformar, agregar y crecer, pero todos éstos participan en la creatividad prolongando así lo creado en el futuro.

En la creatividad, el sujeto, en su continente, acepta confusiones que integra, reconstruye, repara, redescubre y da origen a algo nuevo; por lo tanto, el Yo de la persona, en su espacio continente, repite la continencia materna y se deja fecundar en lo interno heredado y lo externo aprendido.

Antes de seguir adelante con el tema de la creatividad, individual o colectiva es necesario plantear la capacidad y desarrollo de la misma que proviene de la genéticamente heredada y derivada de la misma biología; es decir hay sujetos genéticamente creativos, independiente de los que desarrollan la creatividad por las relaciones vinculares establecidas en el medio ambiente en la primera y segunda infancia, en la pubertad y adolescencia, hasta llegar a la adultez. Aquí es necesario hacer hincapié que, en todo este proceso, influye fundamentalmente el medio ambiente con el desarrollo natural en las relaciones vinculares. Con respecto al desarrollo de las capacidades creativas es necesario tener en cuenta que las tendencias libidinales amorosas deben predominar a las tanáticas agresivas destructoras; las primeras son las que dan origen al objeto bueno reparador y las segundas a las vengativas, retaliadoras, malas, egoístas, ambiciosas, envidiosas, voraces y perversas.

Si el sujeto tiene esta capacidad creadora implica que existe un objeto en el “sí mismo” o sea en el Yo interno, que proviene también del instinto primario de conservación, de integración y del epistemofílico. Cuando hay predominio del Thánatos o fuerzas destructoras hay un desequilibrio a favor de la destrucción y/o de la creatividad negativa; de tal manera el producto es mal sano y negativo, prohijándose un antidesarrollo e involución; por eso hay que prohijar por que las fuerzas de Eros-amor predominen a las de Thánatos o estas últimas, se puedan manejar para que se cree al algo positivo, constructivo, nuevo, bueno, bello, armónico, verdadero, equilibrado y prudente.

Debemos considerar las clases y formas de la creatividad, es decir, el producto positivo y el negativo, bueno o malo; por lo tanto la creatividad puede tener dos caminos uno reparador, recreativo, constructivo, en beneficio del bien común y otro negativo, en este último caso, la mayoría de las veces, produce un mal común a la sociedad y sólo aparece en beneficio del egoísmo de un grupo minoritario; en el primer caso, el positivo, se da al bien, el desarrollo y la evolución individual y colectiva a nivel del pensamiento científico y social; en el segundo la consecuencia es la destrucción.

Al referirnos al objeto integrador, reparador creativo del “sí mismo”, implica que también puede haber fuerzas destructoras que se ponen al servicio de la creación; de tal manera, existe la necesidad de romper, destruir, cortar lo que implica también un deseo de independencia y diferenciación con libertad; así el sujeto queda libre y puede crear algo nuevo.

Cuando nos referimos a los objetos, estos pueden ser de cualidades buenas y malas; como ya se enunció en otra parte, a la vez se pueden incluir los objetos heredados que sumados a los buenos del medio ambiente e incorporados en la intimidad, se suman a los objetos reales externos, los que se van a introyectar o incluir dentro del sí mismo, estimulando la creatividad en contra del objeto malo destructor; si bien esto puede persistir y aún persiste por toda la vida, es esto lo que deberíamos manejar y controlar, para lograr el progreso y el cambio creativo, integrador tanto colectivo como individual.

Al hacer referencia a la integración, lo hacemos en relación no solamente a los objetos internos si no a los externos, los que hay que reconstruir, unir, relacionar, redescubrir, reconstruir, reconocer en unidades; es decir, crear una unidad; para que esto ocurra habría que recibir y dar, contener y ser contenido, reparar, transformar los objetos y así encontrar la unidad y fecundar algo nuevo; para todo esto se requiere además una posibilidad de jugar y recrear, del pensar, y, con ello también, como ya se expresa en otro lugar representar, ordenar, diferenciar, comparar, analogar, relacionar, redescubrir y reconocer; todas estas funciones hay que complementarlas con la educación y formación; cuando se ponen estos factores en función interactúan y participan unos con otros, y se puede conseguir la unidad.

La unidad es la posibilidad de llegar a la creación positiva, física, psicológica, económica, histórico social, artística o científica; sin embargo, repitámoslo una vez más, se requiere de la educación, la justicia, con credibilidad, seguridad, verdad, a la vez que el trabajo, el orden y la libertad, con un diálogo participativo colectivo. De la misma manera en la creación hay que crear un orden, establecer diferencias, analogías comprensiones y también volver a redescubrir las unidades antes mencionadas.

Cuando nos referimos a la creatividad también tenemos que detenernos a considerar el tiempo y el espacio. Luego debemos adentrarnos en el psicoanálisis aplicado con los hechos mentales y centrarnos en la creatividad como el acto de la creación en el hombre y la mujer (la cual es, por cierto, lo más bello que conocemos en la naturaleza y en nuestro planeta). Así, la creatividad aparece en el ser humano como un recurso que le permite acompañarse, consolarse ante el adiós definitivo que algún día debe dar a la vida (lo cual implica, naturalmente, el aceptar la muerte).

Es muy posible que en todo ser humano exista un artista, mas no un genio. El individuo creativo no sólo utiliza el arte como defensa ante la muerte, sino que además se deja llevar libremente por ese impulso de repetir la maravillosa vida que proyecta en sus realizaciones. La creación nos da asimismo la sensación de estar vivos, más allá de la piel, en nuestro macro y microcosmos, sin hacernos la ilusión de la inmortalidad.

Mis curiosos y desprevenidos (o prevenidos) lectores podrán echar de menos algunos detalles que se omitieron deliberadamente y otros que se disiparon en los espacios de mi inconsciente. Sin embargo, traigo a colación el puente que hay entre la ciencia, el conocimiento y la intuición, puente que permite llegar a la creación artística. Como hitos importantes de este proceso destaco los mitos, algunos de los cuales revelan el “temor al conocimiento”.

Cada ser humano tiene sus propias fuentes de creación. Así también sucede con su posibilidad, libertad y responsabilidad. Podríamos pensar que la creación es infinita y que cada artista tiene sus formas particulares de hacerlo. Esta obra es sólo intento de penetrar en el mundo creativo.

En el texto se verán algunos pensamientos simples y otros complejos. Muchos de ellos se pierden dentro de la trama de los mecanismos que llevan a la creatividad. A veces ofrezco interpretaciones de los hechos mentales dentro de un contexto psicodinámico, y otras veces con el sentido profundo del ser. Cada lector podrá realizar las interconexiones que desee y adelantar intentos de interpretación que enriquezcan las posibilidades humanas de explicación, para llegar así a un entender, saber, comprender y conocer desde otra perspectiva.

Nuestro pensamiento científico ha ido evolucionando a través de los siglos, como lo enuncio en mi obra Psicoanálisis y la teoría de la complejidad (2002). En el siglo XIX imperó primero el idealismo romántico y luego el positivismo evolucionista, cuya hipótesis presumía la noción de progreso, que había sido construida en el siglo XVIII con la Ilustración. Puede decirse que el siglo XIX fue el siglo del mundo natural. En el siglo XX predominaron el desarrollo dialéctico y la evolución o desarrollo natural con la ciencia y la tecnología. De esa manera, idealismo romántico, Ilustración, formación gradual y progresiva y unidad de contrarios llegaron a la comprensión de la complejidad y al concepto de que la creación y la transformación de la materia son procesos continuos dentro de una evolución emergente caracterizada por transformaciones disipativas y complejas.

Todas las líneas anteriores impulsan al lector a la explicación de que la creación es hecha por un “Creador” que tiene pensamiento, conciencia y capacidad para crear. En esta obra no me voy a dedicar a la creación del universo y de nuestro planeta Tierra, ni tampoco a la creación del hombre2, sino a la que este último puede hacer en el arte. Intentaré asimismo dilucidar cómo puede llegar a hacerlo. Para tal efecto me valgo no solamente de las teorías psicológicas psicoanalíticas, sino también de la experiencia clínica y de cómo el ser humano va ordenándose en forma armónica para crear unas nuevas dimensiones de expresión, no sin pasar por desórdenes disgregadores, confusos y caóticos.

Entendamos que las creaciones de la naturaleza, que surgen de procesos caóticos de innumerables partes interconectadas, configuran un todo armónico que también podemos construir a través de la ordenación matemática, de forma no lineal y geométrica. El arte, en este contexto, estaría más allá de los fractales o de los atractores extraños de Lorenz. Sin embargo, muchos estudiosos de estos temas hacen analogía entre estos productos formales y el arte.

Desde mi punto de vista, el arte proviene del hombre a través de su propia ordenación y desordenación, la cual a su vez da lugar a un nuevo orden. Es así como también los artistas crean concordancias y discordancias, armonías y disarmonías; o bien consonancias y disonancias, autosemejanzas y diferencias con modelos propios. Entre estos modelos se incluye la multiplicidad de nociones, pensamientos, abstracciones y afectos que evocan armonías de nuestro universo interno o externo. Así podemos entrar a la ciencia que trata de la belleza y de la teoría fundamental y filosófica del arte: la estética. (Habría que distinguir entre lo artificial y lo natural, lo viejo y lo nuevo, los sujetos y los objetos, lo racional y lo irracional, lo singular y lo general, lo cierto y lo incierto, lo resonante y lo disonante.)

Tengamos en cuenta que al arte lo entendemos como el acto (o facultad) mediante el cual el hombre, valiéndose para el propósito de la materia, la imagen o el sonido, imita y expresa lo material o inmaterial y crea así “algo”, copiando del mundo externo o interno la fantasía en formas que se perciben armónicas y disarmónicas, con simetrías y asimetrías. La facultad mencionada la tiene la psiquis (el alma), que es el conjunto de funciones mentales que se organizan en el cerebro, en el llamado aparato mental. Los diccionarios de las diferentes lenguas nos refieren en sus primeras acepciones a que mente y psiquis pertenecen al alma (principio de vida) y en segundo lugar a los procesos y funciones que se desarrollan en el cerebro en forma consciente e inconsciente. De tal manera que la mente y la psiquis serían el resultado de todos esos fenómenos que aparecen en la consciencia, en el inconsciente (pensamiento y fantasías) y que a la vez tienen que ver con los deseos, los instintos, las necesidades y las diferentes pulsiones. (Véase mi obra Modelos psicoanalíticos: arquitectura y dinámica del aparato mental, 2002).

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