Comentario al libro “Creación, Arte y Psiquis”

Del Académico Guillermo Sánchez Medina (Editor)
Académico Fernando Sánchez Torres

La Junta Directiva de la Academia Nacional de Medicina ha tenido a bien encomendarme el comentario de rigor del libro Creación, Arte y Psiquis que nos acaba de presentar el académico Guillermo Sánchez Medina. Para ello se me han asignado diez minutos. Dado que el libro es de aquellos de tomo y lomo, vale decir que es denso de contenido y además extenso (445 páginas), con la venia del señor Presidente voy a exceder en algunos minutos el límite establecido.

Antes de entrar en materia debo señalar, además, que no soy docto en los asuntos de la psique, que es, como ya sabemos, de lo que trata el libro. Sin embargo, acepté el encargo en virtud del aprecio y admiración que me merece su autor. Confío en que él y ustedes sepan perdonar mi atrevimiento y mis flaquezas.

El doctor Guillermo Sánchez Medina, reconocido psicoanalista e intelectual de trayectoria, pone a circular ahora una nueva obra suya, esta vez para explorar y diseccionar, sirviéndose del psicoanálisis aplicado, nada más ni nada menos que el mecanismo de sublimación que conduce a la creación artística. Lo que pretende el autor es poner al descubierto y luego comentar a su criterio el origen de lo estético y lo bello, en particular en los campos de la pintura y la literatura. Gracias a su amplia cultura y a su sagacidad psicoanalítica, de la pretensión sale airoso pues logra lo buscado.

Equivocadamente su libro no es todo de su autoría. No entiendo bien por qué ni para qué solicitó la colaboración de pares académicos suyos, y aun de personas que no lo son, si no la necesitaba. Su desbordada imaginación y el conocimiento de los temas que trata eran prenda de garantía para escribirlo en solitario, sin pedir el concurso de nadie. Para ser franco, quienes fuimos invitados a escribir algunas páginas servimos solo de distractores de la parte sustancial del libro, que es, precisamente, la escrita por el autor titular. Se aumentan las páginas, es cierto, pero se diluye la importancia de lo importante y se le resta concentración a su lectura. En mi caso, se me pidió que escribiera algo sobre el arte, quizás por mi diletantismo artístico y acepté, además de la razón expuesta atrás, por sentirme atraído por lo creativo. No obstante, leyendo luego lo que sobre el mismo tema él escribió, me avergüenzo de haberle colaborado. Mis tímidos comentarios contrastan con las profundas reflexiones suyas, propias del buceador de la psique, vale decir de la mente, ese fantástico universo que se esconde en los serpentinos sesos, como llamara al cerebro nuestro poeta León de Greiff.

El paradigmático médico y humanista español don Gregorio Marañón –a quien Guillermo Sánchez tuvo la fortuna de conocer y estar a su lado cuando estudiaba en Madrid- decía que vivir no es solo existir, sino existir y crear, queriendo significar que la actividad creadora debe ser inherente al ser humano que desee justificar su condición de tal, que no aspire a pasar de puntillas por la vida. Pienso que para ello se pueden crear grandes o pequeñas cosas: desde sembrar una semilla hasta concebir amorosamente un hijo; desde balbucir un sutil pensamiento hasta escribir un verso o un libro antológico; desde garabatear un perfil hasta plasmar un retrato maestro; en fin, desde soñar ensueños hasta realizar hazañas. Lo sublime de la creatividad no reside en la magnitud de la obra sino en el proceso mismo y en la intencionalidad que apareja.

La intención del autor de Creación, Arte y Psiquis fue, precisamente, abrir al lector eso que ha sido llamado “el enigma de la creación”, por la complejidad del proceso que conduce a la creatividad. De ahí que asuntos como el espacio–temporalidad, lo lógico e ilógico, el consciente y el inconsciente, la genética como factor determinante en el genio artístico, el papel del Comentario al libro “Creación, Arte y Psiquis” Del Académico Guillermo Sánchez Medina (Editor) Académico Fernando Sánchez Torres psicoanálisis y sus aportaciones al mejor conocimiento de dicho proceso, sean temas abarcados en el libro.

Por su formación psicoanalítica freudiana, es inevitable que en la explicación de ese enigma Sánchez Medina invoque la intervención de Eros y Tánatos, vida y muerte, que son para él energía del cosmos, y que, viéndolo bien, no es -el enigma de la creación- otra cosa que el ansia de inmortalidad que acompaña al ser viviente, tesis esta de la que se ocupó con profundidad don Miguel de Unamuno en su libro Del sentido trágico de la vida, donde no se habla de ansia sino de “hambre de inmortalidad”. Allí se lee: “El que escribe, pinta o esculpe, quiere, cuando menos, dejar una sombra de su espíritu, algo que sobreviva”. Por su parte, el académico Sánchez se pregunta: “¿Cuál es el papel de la creación ante la perspectiva de la muerte?” Su respuesta es dubitativa: “Tal vez sea permitirnos abandonar la vida en paz, dejando una realización que no muera, que dé continuidad al movimiento, a la transformación, a la vida misma”. Más adelante agrega que el acto creador permite a la personalidad creadora pasar de “la nada” y “el vacío” a ser “algo”. “La nada y el vacío –dice- pueden ser sentidos como miedo a la muerte, lo cual produce la ansiedad básica”. Conociendo lo prolífico que ha sido Guillermo Sánchez para crear libros, no queda duda de que esta ansiedad básica lo ha revestido del afán para superar la nada y el vacío.

En palabras suyas, la creatividad es “el mundo de lo bello”. Proust decía que el placer que un artista nos proporciona es darnos a conocer otro universo más. Pero el todo -digo- no es que el artista nos muestre algo novedoso, sino que sea agradable a los sentidos, produzca catarsis, fruición. El arte así es un regalo de los dioses, de los dioses buenos y generosos. Lo que hiera los sentidos, lo que deje de ser estético, no viene de ellos. Sin duda, la creatividad en el ámbito artístico, debe apuntar a lo bello, producir algo más que deleite espiritual. “Tengo para mí –escribió Borges en alguna ocasión- que la belleza es una sensación física que sentimos con todo el cuerpo”. Para el crítico de arte inglés Herbert Read el arte es la afirmación, la aceptación y la intensificación de la vida. Siendo así, razón asiste al académico Sánchez cuando señala que el arte es en verdad una manifestación del amor, que nos sirve para protegernos de la inexorable muerte, que nos da vida y placer de vivir. En otras palabras: el triunfo de Eros sobre Tánatos.

Habiendo leído los libros que ha escrito y conociendo los títulos de los que anuncia, es fácil advertir que son muchos y trascendentes los asuntos que atosigan la mente inquieta de Guillermo Sánchez. Las reflexiones suyas acerca del arte y la creatividad –que, como ya dije, son motivo de mi interés- llamaron mi atención y me acerqué a ellas con el temor y la curiosidad propios del que se enfrenta a lo que despierta admiración. Debo confesar que no me fue fácil entender el raciocinio y el lenguaje utilizado por quien está habituado a analizar las relaciones entre lo consciente y lo inconsciente, es decir entre las contradicciones que ocurren en el mundo enigmático de la mente, que es donde campean los psicoanalistas.

En el tema de las obras de arte advierte nuestro autor que éstas pueden ser estudiadas mediante el psicoanálisis aplicado, lo cual hace, pero también acude a la lógica matemática y a la lógica lingüística, dándole con ello más consistencia al estudio, pero asimismo mayor complejidad. De la lógica matemática utiliza sus cuatro proposiciones (es, de, un, con) de la lógica romana sus nueve preguntas (qué, por qué, para qué, cómo, dónde, quién, cuál, cuándo, cuánto) y los cuatro verbos esenciales de la existencia (ser, estar, hacer y tener). Como justificación añade: “Me valdré de todos estos métodos para alcanzar una comprensión del arte enriquecida por distintas perspectivas. Algunas de estas parten de la irracionalidad inconsciente del psicoanálisis, y otras de la lógica lingüística de proposiciones, preposiciones y verbos, todo lo cual nos permite comprender y ordenar las imágenes evocadas dentro de la pantalla del Yo, puesto que son resonancias de las configuraciones psicoafectivas propias y colectivas”.

Pues bien, para quienes estamos acostumbrados a convivir con el arte sin los intríngulis que apareja el análisis de la psique, no nos es menester complicarnos tanto para presentirlo, no obstante nuestra incapacidad para entenderlo a fondo. Nos basta poseer algo muy simple: capacidad para sentir con todo el cuerpo. Corresponde al hacedor del arte, al artista, poseer sentimiento y saberlo transmitir. Si aceptamos, como dije atrás y como acepta Guillermo Sánchez, que la creatividad en el arte es belleza, cualquier persona, de cualquier estrato social o cultural, puede reconocer una obra de arte bella, por cuanto el arte plasmado bellamente es ostensible. “El arte -según el arquitecto catalán Gaudí- es la belleza y la belleza el resplandor de la verdad, sin la cual no hay arte”. Sin duda, las obras calificadas como artísticas pero huérfanas de belleza, carecen de verdad. Pienso que para comulgar con la contradicción del arte no bello, esnobista o conceptual, se requiere, aquí sí, la intervención de un psicoanalista. Entonces, para interrelacionarlos con el proceso de la creatividad, tendrá justificación el empleo de términos y teorías de nuevo cuño, como el caos, la complejidad, los fractales, y otros de su misma factura.

La definición de arte se ha ampliado, perdiendo su sentido primigenio para dar cabida a otro tipo de expresiones. Hoy no solo es artista el pintor, el escultor, el arquitecto, el músico y el poeta, sino también el actor de cine y de teatro, el fotógrafo, el bailarín, el cantante, el torero y hasta el futbolista. Todo aquel que tenga posibilidad de crear algo, de ser original, o de expresarse estéticamente, recibe el calificativo de “artista”.

El famoso médico internista español Carlos Jiménez Díaz reclamaba que se incluyera la Clínica como una de las Bellas Artes y a su cultor como artista, por lo que hay de creativo en el proceso de diagnóstico y por poseer un ingrediente sentimental, indispensable para que algo -como ya señalé- pueda aceptarse como una obra de arte. Sí, el artista, el forjador de arte, debe ser un creador sentimental, advirtiendo que no todo creador es artista. La condición sine qua non, insisto, es que lo creado sea bello, sirva de solaz a los sentidos de quien lo aprecia. Un científico crea conceptos y hechos nuevos, es cierto, pero no caen unos y otros en la categoría de objetos de arte por carecer de corporeidad, de esteticidad si se me permite el término-, de belleza, aunque algunos descubrimientos llevados a expresión virtual o abstracta pueden transformarse en algo artístico, bello, como ocurrió con la “doble hélice” de Watson y Crick, que es un monumento arquitectónico, un canto a la vida, un dechado de armonía, equilibrio, ritmo. Aún más, tiene mucho de poético. Yo relaciono esa imagen con el soneto a la catedral de Colonia, de Juan Lozano y Lozano:

Mole de encaje y de ilusión,
cascada que baja de la bóveda infinita,
surtidor que hasta Dios se precipita,
escala de Jacob, fuerza encantada.

En verdad, muchas reflexiones suscita la lectura de Creación, Arte y Psiquis. Pero el tiempo apremia y debo terminar. Sólo me resta congratular a su autor y agradecerle que hubiera permitido a quienes nos interesamos por el arte entender más y mejor el proceso sublime de la creación.

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