Discurso de Recepción en la Posesión del Académico Dr. Humberto Rosselli Quijano

como Miembro Honorario de la Academia Nacional de Medicina de Colombia

Académico Dr. Hernando Groot Liévano

Hace ya muchos años, por allá en 1948, tuve el privilegio de conocer a Humberto Rosselli cuando llegó a trabajar en el Asilo de Locas, localizado en la vieja casa de la calle 5ª entre carreras 11 y 14, antaño denominada curiosamente “La Quinta de ninguna parte”, nombre que tal vez en tiempos pasados no hubiera sido del todo inadecuado para una institución donde otrora reinaban la desolación y la desesperanza. A la sazón el Asilo estaba dirigido por Edmundo Rico, quien continuando la labor de Maximiliano

Rueda y de Julio Manrique había renovado por completo la atención de los pacientes al mejorar todos los servicios y al abrir nuevos, tales como los de urología, neurología, ginecología y sobre todo, al haber vigorizado la enseñanza de la psiquiatría con sus vastos conocimientos y con su capacidad docente sin par. Señalo estos detalles porque fue este ambiente de ciencia y humanismo, semillero de muchos médicos y psiquiatras que han honrado la medicina, donde precisamente entró Humberto y donde, sin duda, afirmó su pasión por la psiquiatría. Fue allí donde se produjo el arranque de una carrera ininterrumpida de servicio, de investigación y de estudio, como médico, como impulsador de la psiquiatría, como profesor, como historiador y como ensayista. Me haría interminable si describiera toda su actividad y sus brillantes resultados.

A manera de muestra se señalan algunos:

En cuanto a publicaciones, más de ochenta artículos científicos, varios capítulos de distintos textos y dos libros: uno, su monumental “Historia de la Psiquiatría en Colombia”, que es una verdadera obra enciclopédica en la que se presenta, en un castellano impecable y de manera muy amena, todo lo pertinente en las diversas regiones del país sin olvidar presentar ejemplos de los orates más famosos.

El otro, intitulado “La locura de Epifanio y otros ensayos” es una magnífica colección de obras en la que, además de un completísimo estudio sobre el inolvidable vate antioqueño, hay otras en las que desfilan las figuras de Luis López de Mesa, de Porfirio Barba Jacob, de José Celestino Mutis, de Maximiliano Rueda, así como diversos y enjundiosos estudios sobre psiquiatría y sobre historia que muestran la claridad del pensamiento del autor.

Como ejemplo, no resisto la tentación de copiar aquí sus conceptos sobre el ejercicio de la psiquiatría:

“El médico-psiquiatra, como todos los médicos, está comprometido con su paciente, comprometido a ayudarlo dentro de su saber, a comprenderlo y respetarlo, a no hacerle daño, a acompañarlo en su lucha por la salud y en fin, a no interferir su destino humano, a no maltratar sus actitudes sanas y responsables ante la vida incluyendo sus ideologías no patógenas”.

Qué oportuno hacer esta cita hoy, cuando más se deshumaniza la medicina.

Y sobre la necesidad de que el médico conozca la historia de la medicina, también tiene oportunidad el siguiente párrafo:

“La historia de la medicina nos permite situarnos en una perspectiva cultural y humanista desde la cual podemos apreciar la ingente obra de los antepasados, comprender mejor la situación del arte y evitar los errores y fracasos de quienes nos precedieron.”

“El resultado del desconocimiento de la historia ha sido que el médico nuestro nazca a la vida científica como si él constituyera el primer eslabón de una generación en su especie, que no tenga tradición y que no solamente se imagina estar inaugurando una era del conocimiento hipocrático, sino que esté más débil y expuesto a la colonización y a la aculturación médica foránea y de última hora.”

Muestras de su incansable actividad por promover la psiquiatría son su participación en el desarrollo del Instituto Colombiano del Sistema Nervioso, sus conribuciones a la fundación de diversas instituciones científicas, la organización de numerosos simposios sobre psiquiatría y sobre todo la manera eficaz como dirigió varias entidades, entre ellas, el Hospital Neuropsiquiátrico de Bogotá. Su labor docente ha sido ejemplar: iniciada y desarrollada en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional mereció que ésta lo exaltara al cargo de Profesor Honorario en 1989, y ahora continúa con especial éxito en la Universidad El Bosque.

Deben mencionarse sus numerosas actividades internacionales en distintos congresos y asesorías entre las cuales sin duda se destaca su labor como Profesor Visitante del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos.

La Academia ha querido hoy exaltar esta larga vida de Humberto Rosselli en la que brillan por igual sus condiciones de médico ejemplar, de historiador riguroso, de promotor infatigable de la psiquiatría tanto desde la cátedra como desde el servicio, de colega leal y de caballero sin tacha.

Con tal propósito nos hemos reunido en esta solemne ocasión que no puede entenderse solamente como un momento para reconocer méritos sino, en la forma tradicional como un acto de magna trascendencia para ungir a los recipiendarios con la altísima distinción de Miembro Honorario de la Academia Nacional de Medicina.

Felicitaciones a ambos recipiendarios por quienes siempre he tenido muy sinceros sentimientos de afecto y de admiración y felicitaciones a sus esposas y a sus hijos que siguen la brillante tradición de sus mayores.

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