Letras, África en Colombia

En 1541 se comenzó la explotación del oro del cerro de Buriticá al norte de Antioquia y en 1546 en la primera fundación de Santa fe de Antioquia. En 1550 se registran en esta última localidad 600 negros, en Zaragoza en 1595, después de 15 años de explotación minera, hay 2000 negros; en 1572 al sur de Antioquia en las localidades auríferas de Marmato, Supía, Picaray Mapura laboraban 1.000 negros; en 1554 en la jurisdicción de Popayán se encuentran negros en la minería de oro; a finales del siglo XVI en las vetas de Almaguer, Cauca, hay registrados 2.000 negros; en 1579 en los tributarios de la parte alta del río de San Juan trabajaban 2.685 negros; en 1608 en el distrito minero de Cáceres existían 300 negros, en Zaragoza en 1617 se habla de 4.000 esclavos, en 1665 hay negros en los ríos Dagua, Anchkayá y Raposo, Valle del Cauca; en 1684 se encuentran negros en el río Telembí y en 1690 en Tamaná y Nóvita.

En 1550 sa importaban por lo menos 1000 negros por año a Cartagena, la mayoría de los cuales se vendían para los centros mineros (11).

Entre 1714 y 1735 oficialmente ingresaron al país 10.745 esclavos (12), y en 1787 en las minas de placer -oro de aluvión- de Antioquia, Chocó y Popayán existían 70.000 esclavos negros (7 J.

Esta ocupación progresiva de las cuencas auríferas de norte a sur, de Antioquia y el Bajo Cauca al Pacífico por parte de los negros fue lo que hizo que la región occidental de Colombia se convirtiera en la región más extensa de las regiones mineras de las colonias españolas donde el trabajo indígena fuera reemplazado en su totalidad por el de los esclavos africanos (11).

Hubo minería apoyada en los negros en Mariquita e Ibagué a partir de 1551-1580, en Simití, bajo Magdalena, en 1593, en el macizo de Santander, cerca a la actual Bucaramanga, a partir de 1552, en proximidades a San Juan de los Llanos desde 1555 yen Nueva Sevilla, en la Sierra Nevada de Santa Marta desde 1592 (1).

Por el destino laboral asignado a los negros en la Nueva Granada, diferente al que se le dio en países como Venezuela y las islas del Caribe –plantaciones de caña de azúcar y cacao-, y por ser la minería de veta y principalísimamente la de aluvión actividades atractivas muy dependientes del manejo de aguas en fosos, canalones y acequias las zonas mineras se convirtieron en focos activísimos de reproducción de los vectores y fuente de casos de malaria por falciparum.

Los campamentos mineros con un número cada uno de 20 a 150 negros esclavos se convirtieron en focos de dispersión del {alciparum hacia las vecinas comunidades indígenas “encomenclaclas”, y no encomendadas, que los surtían de alimentos.

La malaria por falciparum fue con seguridad causa de gran mortalidad indígena si recordamos que los aborígenes americanos no tenían inmunidad genética ni adquirida. La malaria en esas épocas coloniales tuvo un comportamiento epidémico entre los indígenas y fue un típico caso de enfermedad hecha por el hombre.

En 1970 en una investigación hecha entre 776 indígenas del Chocó y a pesar del proceso de mestizaje no se encontró entre ellos ninguna hemoglobinopatí’a que les diera alguna resistencia a la infestación por falciparum. (12).

Fue a partir de los asentamientos en las costas, y de la minería en las tierras bajas de Antioquia, el Bajo Cauca, Chocó y diferentes regiones auríferas del Pacífico de donde la malaria se comenzó a apoderar del país; sus efectos no los sintieron las excursiones de Jiménez de Quesada, Federman, Andagoya, Robledo, Cieza de León, como tampoco las huestes de Hernán Pérez de Quesada, alrededor de 1570, en su viaje por las planicies y selvas del oriente colombiano.

En las crónicas y testimonios de ellos mismos o de los cronistas tempranos como Aguado o Castellanos o de los un poco posteriores como Fray Pedro Simón no hay ninguna mención a fiebres tercianas o cuartanas que bien conocían los españoles. (1)

La primera mención que sobre fiebres tercianas y cuartanas se encuentra en la literatura del siglo XVI, lo que hoyes Colombia, la hizo Bernardo de Vargas Machuca en su libro “Milicia y descripción de las indias”, publicado en 1599 en Madrid, después de permanecer como militar en la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, combatiendo contra los indígenas del Medio Magdalena y años después de haberse iniciado la explotación minera y establecido un activo comercio a través del gran río con canoas ~champanes~ grandes.

Vargas Machuca escribió: “… solo quiero aquí poner un remedio notable para una terciana ocuartana confirmada…” si padeciese de mal de bazo, beberá sus propios orines…” (13).

La malaria por {alciparum, uiuax y, menos,ma/arie, debió ser una causa contribuyente muy importante de la mortalidad indígena en la costa Atlántica, Bajo Cauca, Urabá, Antioquia, Popayán, antes de 1558 -fecha en que apareció en el Nuevo Reino de Granada la temida viruela como causa de importante despoblamiento

Si bien la viruela en Colombia apareció 38 años después de hacerlo en México, 1520, y 32 después de notada en el Perú, 1526, ella no fue la primera epidemia de una enfermedad viral en tiempos postcolombinos en el Nuevo Reino ya que en el año de 1546 una de gripe había azotado, con gran mortalidad indígena, el sur del país y procedente de las tierras del Inca a diferencia de las de Viruela, de 1558 y posteriores, siempre procedentes de la costa norte.

Malaria, hambre,jornadas extenuantes de trabajo, desmoralización, guerra de tierra arrasada se sumaron a la viruela, al sarampión, al tifo para provocar la llamada catástrofe demográfica indígena de los siglos XVI y XVII. Ya por los años que Miguel de Santiesteban recorrió la zona del río Patía, 1740-1741, el paludismo era allí un problema: “este valle de Patía, cuyo ardiente temperamento y alguna otra cualidad de él lo hace muy enfermizo de tercianas y de una especie de lepra que llaman carate” (14)

El paludismo cerebral por P. falciparum que hoy todavía azota a las regiones mineras fue conocido a principios del siglo XVI y a principios y finales del siglo XVIII, 1741.-1785, con nombres como enfermedad de “modorra” y ‘bicho” y “tabardillo en la cabeza”: “Llegó Pedrarias al Darién en fin de julio del dicho del catorce … comienza a caer la gente mala en tanta manera que unos no podían a otros y ansi en un mes murieron setecientos hombres de hambre y de enfermedad de “modorra” (15): “También afirma el vulgo, de aquellas gentes, y muchos, que no son parte del vulgo, lo creen, que un mal muy común y casi cotidiano de los citados llanos, que se llama bicho es un animalejo vivo, nacido en los intestinos, o entremetido en ellos …

Las señas que da el bicho, una gran calentura, con un sueño tan profundo que no hay forma de que despierte ni abra los ojos el doliente, a quien al mismo tiempo se le afloxan y laxan notablemente los músculos hemorroidales: bien que estos se fomentan con repetidos gajos de limón y al doliente le hacen tragar del mismo agrio sana luego, pero si no se le aplica con puntualidad dicho remedio a las doce horas del achaque, le tiembla algo el brazo izquierdo; de allí a poco el brazo derecho … (16). “Esta malignidad se conoce por el trastorno de todas las funciones del cuerpo, la postración de fuerzas y comunísimamente en esta América por un sueño profundo que se mantiene todo el tiempo de lo más fuerte de la accesión, imitando el estado de un apoplético…. Es un dolor que teniendo la medicina un auxilio, por el más cierto que se pueda gloriarse tales enfermedades se bauticen según la diversidad de provincias y de caprichos del vulgo con los nombres de bicho, tabardillo en la cabeza…” (17)

Antes de la llegada de Mutis en 1760 los hombres ilustres del Nuevo Reino de Granada no conocieran la utilidad de la Quina.

Hoy según el informe de 1992 de la División de Patologías Tropicales del Ministerio de Salud hay en la costa Pacífica hasta un 20% de portadores “sanos” de paludismo, (10) hecho este que debe relacionarse a la arriba mencionada investigación de 1970 que arrojó que la población negra de esa zona y después de años de mestizaje, tiene una frecuencia de 8,7% de rasgo falciforme, HbS, un 3% de hemoglobina C, un 13,64% de hemoglobinopatías en general (12) y a otra que en 129 negros de la región del Pacífico, examinados antes de 1985, se encontró un 77% con alelo Duffy negativo (8).

Si se comparan estos estudios sobre negros del Pacífico y regiones mineras actuales se puede ver que el porcentaje de los negros ancestrales del África, para el alelo Duffy negativo ha descendido del 93% al 77% y de hemoglobinopatía por rasgo falciforme de más del 20% al 8,7%.

En estudio reciente, 1993, sobre un total de 47.619 muestras para investigar el sistema Duffy se encontraron que la mayoría de los Duffy negativos, 1.343,3%, se concentraron en las regiones donde se sabe hay más negros en Colombia, Costas Caribe, Chocó, Valle del Cauca y Antioquia (9).

Conclusiones

De los cuatro parasitismos llegados del África, en los tiempos del tráfico de esclavos, sólo la malaria por falciparum sigue siendo un problema de salud pública en Colombia.

De los otros tres sólo queda la memoria histórica de la dracontiasis, unos poquísimos casos restringidos a las costas de W. bancrotfi y un foco reducido a una localidad negra del río Micay en la costa Pacífica de O. volvulus.

Este panorama epidemiológico obedece a razones propias de los ciclos vitales de cada uno de los parásitos y a las condiciones ambientales y sociales del país: el D. medianensis por requerir la ingestión, por el hombre, de un crustáceo infectado y un tiempo prolongado de evolución y maduración de su hembra para que siga depositando huevos en las aguas, de las que el hombre puede beneficiarse, hicieron de él una rareza, sino un desconocido, en nuestro medio en el pasado; la W. bancrotfi y la O. volvulus por requerir de múltiples picaduras de insectos infestados y una respuesta inmune muy importante del humano para que se vean sus manifestaciones clínicas no se dispersaron por todo el país como sí lo hizo el Plasmodium falciparum que sólo requiere de una sola picadura de un insecto infectado.

Además de las anteriores razones con seguridad los negros que llegaron a Colombia no debieron venir tan infectados, de Dracontiasis, y Filariasis si se recuerda que a los negros tanto en sus lugares de origen, como a donde arribaban se les sometía a un riguroso examen en busca de defectos o enfermedades que les hicieran bajar de costo; no se debieron escoger aquellos que tuviesen evidentes manifestaciones clínicas externas de dracontiasis y de filiariasis. Si bien los negros gracias a que sus escasos vestidos, en los climas cálidos y húmedos, favorecieron el acceso de los parásitos trasmitidos por mosquitos, a su humanidad, fueron el lugar de vivienda y la actividad económica que ellos desarrollaron, los principales factores para que la filariasis y la malaria los convirtieran en víctimas ideales.

La vida en comunidad, restringida a campamentos mineros, a palenques, a haciendas y, las penosas condiciones de lo que hoy diríamos saneamiento ambiental fueron también factores para la restricción geográfica y humana de la filariasis y la dracontiasis.

Si bien los negros que en la actualidad viven en las regiones donde el paludismo lalciparum es un problema de salud ya no padecen la dracontiasis y prácticamente desconocen las filariasis, ellos en cambio sufren cada vez más casos, entre sus comunidades de malaria por el P.vivax gracias al proceso de mestizaje y “blanqueamiento” que se opera en toda la sociedad colombiana.

Hoya los efectos retardados del esclavismo colonial se le suman los efectos del larvado racismo actual o, las respuestas culturales que las comunidades negras han estructurado, a manera de prácticas de resistencia, como la dejadez y la convivencia estrecha, a modo de connaturación, con los riesgos sanitarios que implican aguas estancadas y sucias y la pérdida paulatina de su ancestral resistencia, por la fuerza del mestizaje, al P. vivax para que el paludismo en general tenga en las regiones colombianas habitadas por los negros una importante zona de “reclutamiento” y dispersión.

El negro en Colombia, África en Colombia, superó la dracontiasis, casi ha convertido en historia la filariasis pero ya no sufre sólo por el lalciparum sino también por el vivax.

Bibliografía

1. SOTOMAYOR I-IUGO Arqueomedicina de Colombia Prehispánica: Santafé de Bogotá: CAFAM, 199280 p.
2. SOTOMA YOR HUGO Dracontiasis en Colombia. Rev. Medicina (Academia Nacional de Medicina de Colombia) No. 35 febrero de 1994, p. 43-44 36
3. PALACIOS ,JORGE La trata de negTos por CilI’tagena clP Indias. Tunja, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. 1973, pp 192- I 9:3
4. STRONG RICHARD Sitt’s Diagnosis prevention ancl treatment of tropical diseases Seventh Edition. Philadelphia: The Blakiston Company 1945, p.1379
5. BOTERO D. RESTREPO M. Parasitosis Humana. Segunda Edición. Medellín: Corporación de Investigaciones Biológicas, 1992 pg. 273-274.
6. BRUCE-CHWATT History ofmalaria from prehistory to erradication Malaria Principies and practice of malariology. Volumen one cp. 1 pp. 2-20 Wernsdorfer W, Mc Gregor J. Edinburg London.. Churchill Livinstone 1988.
7. GUTIf~RREZ V., VILA P. La medicina tradicional de Colombia. El triple legado Volumen 1. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1985. pp 211-213
8) SANDOVAL C, DE LA HOZ A, YUNIS E. Estructura genética de la población colombiana. Revista de la Facultad de Medicina Universidad Nacional de Colombia, Vo!., 41 No. 1,193, pp 3-14
9. MILLER L.H. Geneticrllly det{~rmined human resistance factors en malaria. Principies and practice of malariolob’Y Volumen one, cap. 17 pp. 487-497. Wernsdorfer W. McGregor ,J. Edinburg London .. Churchill Livinstone 1988.
10. Ministerio de Salud División d{~ Patologías Tropicales Situación de la malaria en Colombia 1992 13 p. (Mimeografiado)
11. WEST ROBERT La minería del aluvión en Colombia durante el período colonial, Bogotá: Imprenta Nacional, 1972. pp 71-117.
12. RESTREPO ALBERTO Frecuencia y distribución de las hemoglobinas anormales en Colombia. Antioquia Médica, Volumen 20 No. 7 1970, pp 377-395
13. VARGAS MACHUCA, BERNARDO Milicia y descripción de las Indias. Volumen 1 Madrid: Librería de Victoriano Suárez, 1892 pp. 130-138
14. ROBINSON DAVID Mil leguas por América de Lima a Caracas 1740-1741. Diario de don Miguel de Santiesteban, Santafé de Bogotá, Colección Bibliográfica. Banco de la República, 1992, p. 134
15 ANDAGOYA, PASCUAL Relación y documentos. Madrid Historia 16, 1986. pp 85 – 86
16. GUMILLA ,JOSEPH Historia natural, civil y geográfica de las naciones situadas en las rilwras del Río Orinoco. Santander de Quilichao. Vo!. 2, Cauca: Carvajal SAo 1984, pp. 202
17. HERNÁNDEZ DE ALBA, GUILLERMO Plan de curación para las enfermedades agudas que se padecen en el Darién, según las observaciones de las mismas epidemias que frencuentemente ocurren en todos los temperamentos calientes y húmedos de esta América. 1785. Pensamiento Científico y Filosófico de José Celestino Mutis, Bogotá. Ediciones Fondo Cultural Cafetero, 1982, pp. 135-142 Suplemento No.!. Resúmenes VII Congreso Colombiano de Genética. Bogotá octubre 13-18 de 1985. pp. 56
18. ESPINEL A, MONSALVE, M.V; CALVO, JM, GROOT 11, RODRÍGUEZ A; SUÁREZ M.F., MEJÍA B. Estudios antropogenéticos en Colombia. Marcadores Genéticos en una zona endémica a la malaria. Biomédica. Revista del Instituto Nacional de Salud.
19. LÓPEZ, NELSON Estructura Genética para la población colombiana. Segunda muestra: 29-982 individuos, análisis de la muestra total de 60.235 Individuos. Unidad de Genética. Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia, Santafé de Bogotá 1993. Inédito


Miembro Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. Miembro correspondiente Academia Nacional de Medicina.

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