Letras, África en Colombia

Una Historia Paralela de Cuatro Parasitismos

Hugo Armando Sotomayor Tribín*

Resumen

Se presenta una comparación histórica médica de los parasitismos por el Dracunculus medinensis, la Wuchereria bancrofti, la Onchocerca volvulus y el Plasmodium falciparum, en Colombia, haciendo énfasis en la época inicial de la llegada de los negros, la minería a lo largo de los siglos XVI,XVII, Y XVIII Y la ubicación geográfica que tienen los negros en el país.

Introducción

En la América precolombina, en la Colombia tropical de tiempos prehispánicos no se conocieron muchas enfermedades virales, rickettsiales, bacterianas y parasitarias que conocían de tiempo atrás los europeos y africanos que llegaron al Nuevo Mundo (1).

Llegaron a las islas del Caribe y a la Tierra Firme americana, tan tempranamente como a principios del siglo XVI, hombres traídos a la fuerza, amarrados, encadenados y secuestrados de sus patrias originales del África occidental, los negros.

Con el tráfico, con el comercio de los hombres de piel de ébano pasaron al continente americano las enfermedades endémicas parasitarias que azotan desde hace miles de años algunas regiones del África.

Fueron los negros y no los blancos, los africanos occidentales subsaharianos y no los europeos del mediterráneo los principales, aunque no los únicos, portadores de los parásitos Dracunculus medinensis, Wuchereria bancrofti, Onchocerca volvulus y Plasmodium falciparum.

Es con este marco de referencia que trataré de establecer un paralelismo entre los cuatro parasitismos, en la historia de Colombia apoyándome para ello en las evidencias históricas, las informaciones epidemiológicas modernas y los estudios genéticos.

Material, Discusión

Si bien en la literatura médica colombiana no existe ninguna descripción ni casuística moderna de la dracontiasis o dracunculosis, este parasitismosí fue descrito en tiempos coloniales comorecientemente el autor tuvo oportunidad de informar en publicación científica al analizar un texto del libro “El Orinoco ilustrado” del padre José Gumilla (2).

Gumilla dejó un bello relato sobre el gusano Dracunculus medinensis: “Lo cierto es que en Cartagena de Indias, y en semejantes temperamentos, sumamente cálidos y húmedos, aunque no con frecuencia, se padecía la culebrilla la cual se da a sentir ya conocer por la inflamación que ocupa la planta del pie y por la calentura que de ella se exita … La culebrilla … de cosa de tercia de largo, del grueso de un bordón ordinario de arpa, …. casi nervosa, y de poca carnosidad”.

Esta “culebrilla” también fue observada por los médicos que examinaban a los negros recién desembarcados en Cartagena, en busca de defectos físicos o enfermedades que pudiesen alterar el precio comercial de esos pobres hombres, mujeres y niños como consta en la estimación que hizo el médico Juan José de León en 1715 de la primera cargazón de esclavos de la Compañía Inglesa de Negros.

Ese médico encontró que de 27 hombres 8 tenían defectos en los ojos, generalmente nubes, 8 carecían de algunos dedos, 3 tenían flema salada, 2 estaban extremadamente flacos, 1 acusaba quebradura de ombligo y otro tenía mal de Loanda; en las mujeres encontró a 1 con manchas, a 2 con quebraduras en el vientre y en el pecho, a 2 con empeines, a 2 con la madre afuera, a 3 extremadamente flacas, a 1 con carencia de algunos dedos y a 1 con “culebrilla”; en 9 niños o muleques 3 carecían de algunos dedos, 2 tenían quebraduras del ombligo, 1tenía manchas, 1llagas, 1defectos en los ojos y uno con llagas en el brazo; en 4 niñas o mulecas, 1 tenía empeine, 1 flema salada, 1 rotura del ombligo y 1 “culebrilla” (3).

Esta “culebrilla” dracontiasis o dracunculosis, que aparece en las piernas principalmente, y que se adquiere después de ingerir crustáceos infestados de aguas dulces, 7 o 9 meses antes de la sintomatología, parece que no se arraigó en la costa norte ni se dispersó al interior de Colombia como sí lo hizo en varias islas del Caribe que presentaron casos hasta el presente siglo (4).

¿Hubo además de los casos importados directamente del África, casos autóctonos inducidos, de este parasitismo en el territorio de la Nueva Granada? Es posible, pero el autor de estas notas no tiene más información histórica disponible que la anotada.

Si la dracontiasis no está descrita como un problema médico en la Colombia del siglo XX,las filariasis por Wuchereria bancro{ti y Onchocerca volvlllus sí lo están aunque ellas no lograron ser un problema de las dimensiones que tuvo y tiene en el África.

Los casos de Wuchereria bancro{ti que llegan al extremo clínico de la elefantiasis de las extremidades inferiores y del escroto fueron conocidos en Cartagena hasta los años 40 del presente siglo; la “potra”, los “potrosos” fueron los nombres que recibieron el gran crecimiento del escroto y los pacientes que lo padecieron.

La variedad clínica que ocasiona orinas quilas as y hematúricas fue descrita por los doctores Nicolás Osario y F. Manjarrez en pacientes cartageneros en los años de 1879 a 1882 en la Revista Médica de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de
Bogotá.

Como por la experiencia médica en el África hoy se sabe que a la etapa final oelefantiásica llegan pocos casos y que esta parasitosis es de una evolución clínica muy lenta y su diagnóstico clínico en la fase aguda o aún de adenopatías es difícil si no se sospecha, es de esperar que por las condiciones de portadores de esta parasitosis que tuvieron los esclavos al llegar de lugares de alta endemicidad y por las condiciones de hacinamiento en que vivían en los sitios de mercado negrero en Cartagena, su poquísima ropa y la abundancia de mosquitos Clllex -principal vector-, Anopheles y Aedes alrededor de esos lugares, esa filariasis debió ser un problema de alguna consideración en los tiempos coloniales y de trata de negros en esa ciudad.

Tiene esa filariasis un período de incubación de 1 a 18 meses.

La otra filariasis llegada con los otros africanos, la Oncocercosis por Onchocerca volvllllls, tiene en América la peculiaridad clínica de que sus lesiones predominan en la cabeza y el tronco y no, como en África, en las extremidades y la región pélvica.

En América existen focos de esta filariasis en México, Venezuela, Brasil, Ecuador yen Guatemala -lugar este donde el médico Robles a principios del siglo describió las alteraciones visuales que este parásito ocasiona al invadir la órbita ocular y el ojo-.

El foco descubierto en 1965 en Colombia, en una población negra en la zona del Micay, región Pacífica del departamento del Cauca, señala por su existencia que los casos importados del África en tiempos de la trata de esclavos lograron perpetuarse allí seguramente por contar con las condiciones tipo de vivienda, actividad producida de los afectados, escasa ropa, jejenes -Simililln exiglllln, S. Metallicllm, S. ochracelln- que mantuvieron un ciclo de infecciones entre los pobladores a lo largo de tantos años.

La oncocercosis para que produzca los oncocercomas o tumores benignos requiere de múltiples picaduras de los insectos vectores y de aproximadamente un alto de evolución de la filaria en el cuerpo del infectado.

Filariasis por W.banco{ti yO. volvllllls, conocida la una en la caribeña Cartagena y la otra en la zona del Pacífico, conforman con la dracontiasis documentada en la Cartagena colonial, una trilogía parasitaria que quedó confinada a las costas, donde la población negra aún tiene allí sus mayorías, y no logró diseminarse al resto del país.

Con los negros llegó también a América, a Colombia, el paludismo por 10sPlasmodillm {alciparllmy malariae, mientras con los europeos lo hizo el P. vivax (6).

Si bien la presencia del negro, del esclavo africano en las costas colombianas se remonta a las incursiones de Balboa a la primera década del siglo XVI en la región de Urabá y se sabe que los hubo en la fundación de Santa María la Antigua del Darién en 1510, el flujo importante de ellos hacia lo que hoy es Colombia se inició alrededor de los años 1540 cuando comenzó la explotación de las minas de oro.

La inmensa mayoría de los esclavos negros que llegaron entre 1570 y 1640, un 69%, venía exclusivamente de Angola, Guinea y Cabo Verde; de los que arribaron entre 1705 y 1738 un 26.4% venía de la Costa de Oro, un 23.9% del Golfo de Benin, un 17.2% de Angola y Mozambique, un 9.6% del Golfo de Biafra, un 3.2c}jJ de la Costa de Pimienta, un 0.6% de Senegambia, y un 18.6% de otros lugares; los que fueron traídos después de 1740, comprados en las islas del Caribe en poder de los ingleses, eran en su mayoría originarios del golfo de Biafra y la Costa de Benin (7).

Hoy se sabe que los negros del África Occidental presentan una resistencia global a la invasión de sus glóbulos rojos por el P. vivax por tener un 93.93% de ellos el alelo Duffy borrado o negativo, que impide que ese parásito se ancle en los eritrocitos, en contraste absoluto con los grupos caucásicos o indígenas americanos que lo tienen en menos de 0.5% (8).

Los negros del África Occidental que llegaron a Colombia si no fueron los portadores del P. vivax en cambio sí fueron eficaces portadores del P. j’alciparum por venir de lugares holoendémicos, hiperendémicos y tener porcentajes altos de hemoglobinopatías que dan tolerancia a las infecciones por ese parásito.

En las zonas del África Occidental azotadas por el P.j’alciparum los porcentajes del rasgo falciforme, por hemoglobina S. ascienden a más del 20% y son altos los porcentajes que existen de talasemia, hemoglobinas Cy E que también confieren tolerancia y protegen contra los efectos de la infección por ese parásito (9).

Así pues, si a la resistencia adquirida por proceder de lugares hiperendémicos se suma que más de un 20% de los negros africanos que llegaron en la época del tráfico de esclavos tenían rasgo falciforme u otra hemoglobinopatía que les confería alguna resistencia contra elP.jalciparllln se entiende que los portadores “sanos”, por tener bajas densidades parasitarias y pocas complicaciones clínicas severas por este parásito, debieron ser un factor de diseminación de este paludismo desde sus lugares de trabajo como las minas, o de refugio como los palenques, gracias a que llegaron a un medio natural rico en eficientes vectores.

En Colombia prehispánica existían Anopheles pero no parásitos.

Si en el mundo entero de 180 especies de Anopheles más o menos 60 son vectores de los parásitos de la malaria, en Colombia de sus 42 especies a 12 se les ha imputado capacidad vectora; An darlingin, An. albimanus, An. nuñez-tovari, A. punctimacula, An. lepidotus, An allophe, An. pseudopunctipennis, Amediopunctilis, An. albitarsis, An. neivai, An. eisen, y An. rangeli. (10)

Aunque los esclavos negros fueron utilizados desde los albores del siglo XVI como elementos de guerra de los españoles contra los indígenas fue la minería de oro la que con el tiempo se convirtió en la principal ocupación dada a los negros.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!