Medicina, Violencia y Psicoanálisis

Guillermo Sánchez Medina**

Introducción y comentarios

Antes de exponer mi pensamiento sobre el tema propuesto, deseo expresar mis agradecimientos a los Honorables Miembros de la Mesa Directiva por la deferencia de nombrarme Comentarista.

Felicito a los doctores Egon Lichtenberger y Gustavo Castro Caycedo por sus excelentes presentaciones.

Pienso que como Médico, Psicoanalista y Académico, tengo el deber de profundizar sobre los hechos psicopatológicos ocurridos en la psicología de las masas, con algunos de los modelos psicoanaliticos en este mundo interno de violencia. Sólo una cifra: en 1990 diariamente morían en Colombia 74 personas por violencia, 5 menos de las fuerzas aliadas en toda la guerra del Golfo Pérsico. La violencia por guerra ha afectado la producción y toda la paz en Colombia.

El tema de la agresión y la violencia desde el punto de vista neuroquímico-fisiológico ya fue muy bien expuesto por el Doctor Jesús Martín Ramírez en esta Academia no hace mucho tiempo. Hoy se presentan dos trabajos más, uno relacionado con la delincuencia y otro con la televisión.

El trabajo del doctor Lichtenberger trae inicialmente un recuento histórico sobre la participación del Instituto de Medicina Legal en esta Academia; continúa con datos estadísticos del incremento de muertes violentas en Bogotá y Medellín (1980-1990), causadas especialmente por arma de fuego; le siguen a estos datos los de las necropsias (6.000 en Medellín, 7.200 en Bogotá) quedando muchos cuerpos sin identificar; a la vez, de cada 10.000 habitantes 11 necropsias se realizan en Medellín, 6 3n Bogotá y Cali; así mismo aparecen alarmantes cifras de desaparecidos y de lesiones personales: por cada 10.000 habitantes es de 55 a 50 en Bogotá y Pereira, 20 para Medellín. Un 20% de éstas corresponde a violencia entre cónyuges.

El expositor trae diferentes causas que producen la violencia (riñas, accidentes de tránsito, abusos sexuales, violencia intrafamiliar, de pareja, alcohol, narcotráfico, burundanga, falsificaciones, atracos, accidentes producidos por cambios naturales, descomposición social, corrupción administrativa, clientelismo, impunidad).

En la presentación hay dos conceptos que considero fundamentales: Primero “Desarmar espíritus y cuerpos a la vez”; Segundo “Donde la ley se acaba comienza la tiranía”, de César A. Giraldo y Pitt respectivamente.

“El Libro Rojo” 2 del periodista, administrador de empresas y consultor de medios de comunicación, doctor Gustavo Castro Caycedo, tiene 19 capítulos en 415 páginas que se inicia bellamente con una dedicatoria a los hijos con: “…las satisfacciones silenciosas generadas por. la irrevocable independencia” del autor, cuyo “objetivo primordial es ponerle fin a toda la violencia a esta patria” que “se está desmoronando”, en la que “enseñamos a sembrar odio” y donde con la muerte en los ojos miramos al hermano, reduciendo “a escombros ya cenizas los sentimientos y la ley … ” (Apartes del poema de Jorge Robledo Ortiz).

Esta obra no tiene la rigidez de la metodología científica, sino, más bien, es el resultado de un estudio de un Comunicador social responsable y silencioso que trae su experiencia y una serie de hechos alarmantes. En 12 capítulos transcribe elementos testimoniales probatorios en relación con la violencia, la delincuencia y la televisión. En él aparecen diversos testimonios desde criminales hasta profesionales médicos, psicólogos, periodistas, políticos, gobernantes y moralistas que se pronuncian de una u otra manera enunciando o denunciando la relación violencia televisión.

El autor de esta obra trae diferentes causas de la agresión, a la vez de campañas contra la violencia en la televisión; concluye que no se sabe utilizar el poder de la televisión y hace énfasis de la responsabilidad que tienen los gobernantes, administradores y programadores de ella. Propone 29 recomendaciones concretas, a las cuales me uno, para crear una “televisión para la paz”.

Me ocuparé del tema de la violencia y más específicamente de ésta en los medios de comunicación; dejo para comentar, en otra ocasión, la delincuencia en especial.

Comentarios generales y algunos datos

No existe, en ningún texto médico de psicopatología general, el término violencia colombiana, o violencia de cualquier nacionalidad o área geográfica; este hecho está más estudiado y explicitado por los sociólogos y ahora por los llamados violentólogos. Actualmente de esta grave enfermedad de la violencia multideterminada por factores históricos, genético- hereditarios, económicos, políticos, sociales, étnicos-raciales, religiosos, que redundan de una u otra manera, en la personalidad, en la psicología grupal, con conductas específicas y actitudes en general.

¿Cómo estudia la ciencia psicoanalítica este tema? ¿Cómo se aplica en los modelos teóricos para analizar este problema tan grave hoy día de violencia? En primer término, para entender la complejidad de las causas de los desórdenes que produce la violencia y sus soluciones es necesario tener en cuenta que la agresión pertenece a un instinto y es una reacción natural del ser humano, que se pone en función como mecanismo de defensa; sin embargo, actualmente nos enfrentamos a una problemática humana producida por las grandes tensiones ocasionadas en esta sociedad de consumo, de grandes tecnologías en que contradictoriamente el hombre puede comunicarse, informarse más rápida y fácilmente, y al mismo tiempo se aísla más quedándose más sólo consigo mismo. El hombre actualmente se siente asediado por una serie de tendencias y necesidades de subsistencia.

Signos y síntomas de la enfermedad violencia psicosocial son obvios; el diagnóstico está hecho; las causas o la etio-patogenia de las mismas ya están bien estudiadas; existen estadísticas bien correlacionadas y concluyentes; el pronóstico es claro; si seguimos sembrando odio y violencia, en este medio humano, con altas tasas de debilidad mental (2 millones), de epilepsia (600 mil), psicosis (300 mil) tendremos más violencia. Desde el punto de vista de la educación existen un 30% de deserción escolar en el sector urbano, el 82% en el rural, más de142% de la población está fuera de la escuela secundaria y la deserción a este nivel es de 22.4%; el faltante de planteles y educadores es del 74%.

Observemos el dato comparativo de los delitos contra la propiedad y la vida de 1971 a 1980; unos y otros han aumentado; del 45% a150% los delincuentes eran jóvenes y el 47% de éstos sin ocupación; el 32% eran estudiantes y el 15% obreros; el 64% eran estudiantes de secundaria incompleta; e135% fueron inducidos por amigos y e136% lo hicieron estimulados por factores psíquicos comprobados. De la década del 80 al90 estas cifras aumentaron 7. .

El desempleo es del 10.7% 3. “Colombia ocupa el tercer puesto en el mundo en consumo de bebidas alcohólicas por habitante. Nuestro país tiene cinco millones de alcohólicos”.

“El 50% de los accidentes de tránsito son causados por el licor. El 40% de los salarios se queda en bares y tabernas. De cada 100 homicidios, 30 se cometen en cantinas, bares y griles”.

Desde el punto de vista de la justicia: 400 mil denuncias se presentan al año y actualmente hay dos millones sin tramitar. A la vez ¿cuándos miles de delitos no son denunciados por simple miedo?

Miles de reclusos no tienen sentencia. Por otra parte, sólo el 20% de la población es protegida en cuanto a la salud. En 1988 el gasto público fue para la salud 1%, para educación 2.7%, para seguridad social 3% y sólo el 0.51 % fue para vivienda.

Tocaría profundizar en lo que se refiere a los factores económico-política-histórico y los culturales para encontrar las diferentes raíces causales y sus distintos canales de solución. Pienso que valdría la pena un estudio comparativo de todas las investigaciones hechas para llegar a conclusiones más prácticas.

Neurosis, psicopatías, drogadicción, desnutrición, desempleo, narcotráfico, pobreza, deserción escolar, carencia de educación, conflictos en las parejas, en la familia o los violentos emanados de la codicia, auspiciados o estimulados por la sociedad de consumo, técnicamente promovida por los medios de comunicación todos ellos son factores causales y/o desencadenantes de trastornos de conducta, de crímenes y por ende de violencia.

En todas las citas expuestas se gesta un caldo de cultivo de la violencia. La muerte está incrustada, y para matar hay que tener algo muerto o la muerte por dentro.

Así tenemos una Colombia más enferma, más descompuesta; el tratamiento o las soluciones están planteados en recomendaciones de distinta índole, desde aquellas que parten de la prevención y asistencia de los desórdenes mentales que afectan la impulsividad, la agresión, así como las medidas que deben aplicarse en la familia, cuidados y educación, relación madre- bebé y la de la triangularidad (padre, madre, hijo), ligándose en una familia y luego religándolos en la comunidad (iglesia, escuela, agrupación social cualquiera, preservando el valor familiar).

Si bien es mucho lo dicho y escrito no todo está hecho; se requiere diseñar y aplicar políticas claras (médico- sociales), con renuncias al egoísmo, con presupuesto para salud, asistencia social y educación. Para realizar todo esto es necesario cambiar toda una actitud dando una coherencia interrelacionada a la salud, la vivienda, la nutrición, el trabajo, la educación en forma de eco-sistemas en favor de la vida, de la productividad y de la creatividad.

Algunos planteamientos psicoanalíticos

Los valores, los ideales que ahora son cambiantes y aún atacados con ideologías racionalizantes son puestos a funcionar con mecanismos de identificaciones proyectivas, poniendo un “el otro”, en el gobernante, en la autoridad, al “malo”, al “injusto”, arrogándose la misma personificación de la justicia para ajusticiar a su manera en el juego del “banquillo” de los niños, que a nivel de adultos se convierten en actos delirantes nacionales e internacionales.

Todos estos mecanismos son los que participan en esa psicopatología grupal, la que puede a la vez manejarse en forma inconsciente porque se estimulan con fantasías defensivas agresivas, que no siempre son técnica o exitosamente usadas. Ese es el resultado final de las “actuaciones” y “contra- actuaciones” a nivel social.

Cuán importante es la planeación integral preventiva que contempla una adecuada educación sexual y agresiva entendida con los modelos psicodinámicos. Así mismo se pueden llevar estos conceptos, con el enfoque de la prevención de los actos delictivos, desde las aulas de primaria hasta las universitarias, especialmente en las facultades de Derecho y de Ciencias de la Educación, para que maestros y profesores tengan claros criterios con respecto a la salud psíquica, a la prevención de los desórdenes mentales y a sus repercusiones sociales en la juventud, que a gritos de música y rebeldía clara, pide ayuda ante la angustia de esta vida incierta.

Esa es una más de las posibilidades de un otro encuentro: el del hombre ante sí mismo con el otro, en el nosotros. Todo esto es en parte el panorama de la salud mental de los colombianos; toca a los gobiernos, a las futuras administraciones asesoradas por los científicos y técnicos preocuparse por el porvenir de la salud mental del pueblo colombiano.

Aquí es donde el psicoanálisis puede aportar el conocimiento y prevención de las motivaciones inconscientes que llevan al sujeto a actos destructivos fuera de la realidad. Con esto no quiero implicar que se logre impedir revoluciones, guerras, delitos individuales o colectivos, pero sí podremos con mayores conocimientos de las reacciones mentales individuales o colectivas, diseñar mejores programas de desarrollo contando con los valores humanos y sociales de acuerdo con la situación histórica.

Freud, en el psicoanálisis de “El porqué de la guerra”, plantea cómo el hombre en su relación humana se enfrenta ante los derechos de libertad y poder;” el poder que le da la fuerza”. “Los conflictos se presentan entre los intereses de la fuerza”; ésta reforzada y sustituida por el empleo de distintos instrumentos. El objetivo final sería vencer el enemigo eliminándolo en la fantasía o en la realidad. “La muerte del enemigo satisface la tendencia instintiva de la destrucción”.

Si no se le mata, se desea subyugar y en el subyugado se presenta la necesidad de venganza. Los grupos humanos se unen para contrarrestar la violencia y adquirir derechos y poderes en la comunidad. La unidad del grupo sería conservada; una de las formas es a través de preceptos, normas o leyes. Las leyes comúnmente son hechas por los que dominan en un sentido u otro y en la democracia se pretende que el derecho sea igual para todos con el objetivo del progreso.

Los grupos se constituyen de acuerdo con sus intereses y así fundamentan su poderío. Las luchas se presentan entre grupos, fuerzas, poderes e intereses. Cuando se es más fuerte y más violento y más destructor, se gana la guerra. (Freud, 1932).5

Como ya se observó, en psicoanálisis contemplamos “dos tendencias fundamentales que se fusionan”, unas que tienden a “conservar”, a “crear” y otras a “destruir”, éstas se rigen bajo los “principios de repetición y realidad” que nos dan equilibrio desequilibrio, “el placer o el displacer”. La antítesis entre el amor y el odio, la vida y la muerte, funcionan interactuando conjunta y antagónicamente como manifestaciones de la vida; una y otras pueden modificar su fin y su objeto; por ejemplo el instinto de conservación requiere de la agresión para efectuar su proceso; el “instinto amoroso necesita de la posesividad para apoderarse del objeto” deseado y necesitado.

Resulta que muchas veces un instinto se desvía, se “pervierte”, por decirlo así; los ideales y las posibilidades de sublimación quedan atrás, apareciendo el horror, la innobleza o la bajeza expresada por la destrucción. La violencia es otra de las miserias dolorosas de la vida. Infortunadamente “las guerras y el armamentismo”…”no han sido condenados por el consenso general” de los gobernantes de las naciones, hoy día es necesario fortalecer e incrementar la sublimación en el intelecto para que aquellas fuerzas destructoras pueden utilizarse más en favor de la creatividad y no en la destrucción (Freud, 1932)

Otra forma de violencia

Una de las violencias que hay que contemplar es la producida por los medios de comunicación en radio, prensa, cine y televisión; de la palabra hablada o escrita se va a la imagen movida; una y otra sirven de vehículo y vínculo con un contenido manifiesto y, a la vez, otro latente. La información así, puede hacerse en forma discriminada o indiscriminada, por lo cual se realiza a través de sensaciones; el trinomio sensación, sentimiento, conocimiento, con los fines de informar y no siempre para formar, se pone en función.

Muchas veces estas dos últimas distorsionan; el conocimiento de la verdad de los hechos se hace con interpretación que en ocasiones magnifican los primeros, produciéndose una alarma, un escándalo o lo que se llama sensacionalismo; de ahí las consecuencias negativas.

La discriminación de la información, metodológicamente programada, con fines sico-socio-pedagógicos, manteniendo la libertad, sería el objetivo positivo. Así podemos formar, educar con criterios sanos.

Por su parte, los patrones morales a que se exponen los televidentes son los programados con necesidad en esta sociedad de consumo. El amor en sus diferentes vertientes: lealtad, honradez, verdad, pureza, belleza, respeto, responsabilidad, credibilidad, solidaridad, cumplimiento, autocrítica, reflexión, humildad y perdón, son dejados a un nivel secundario y aun terciario, todo lo contrario de lo que debería ser.

La observación común y corriente es que el sujeto tiende a repetir o imitar palabras, acciones y conductas. La represión de la agresión es menor cuando ésta es observada afuera. El dolor ajeno, el sufrimiento por el otro (víctima), se disminuye; así pasa con la solidaridad.

El destape de la verdad no es igual al exhibicionismo libertino sino a una confrontación reflexiva crítica de aquélla, sin mentir y mentirse a sí mismo, lo que equivale a la superación de la negación y de la manía; estas últimas conducen a la psicopatía o a la conducta antisocial. El que niega la realidad y la verdad psicológica y socio-económica se convierte en cómplice de lo antimoral o simplemente crea una estructura hipócrita que algunas veces se tiñe con el nombre de “buena educación”, “costumbre” y “tradición” o “prudencia”, “prioridades”, “necesidades”, “derechos de comercio”, todos los cuales no se tratan de destruir; lo importante es no utilizarlos como mentiras para defender la patología psicosocial.

No sólo es el conocer qué o cuál es el o los problemas; es necesario saber cuántos y cómo los podemos solucionar. La manera de formular las soluciones depende de los enfoques; en la salud mental los hay de tipo social, económico, médico psiquiátrico y también del psicodinámico; estos últimos se refieren específicamente a “la actitud” de enfrentar las patologías o los medios de prevención conociendo cómo influyen ciertas conductas en la producción de ciertos trastornos psicopatológicos y psicosociales.

Hoy día que tanto nos preocupamos de los derechos civiles y humanos, y de la justicia (en una sociedad de grandes cambios y aun con psicopatías colectivas), es necesario que se apliquen y pongan en práctica las teorías psicoanalíticas para que con ellas podamos poner freno a los descontroles y así aliviar el dolor y enfrentar al hombre a la realidad, a la esperanza de posibilidades de cambio y no a la incertidumbre.

Los gobernantes no están exentos de subjetividades, de motivaciones y de fantasías conscientes e inconscientes que se llevan a la acción y cambian el sentido de la historia, en un momento dado.

En síntesis, la violencia puede determinarse por factores físicos, psicológicos, económicos, histórico-sociales. Producidos ellos por diferentes trastornos (genéticos, ambientales, pobreza, desempleo; trastornos de pareja y familia, de personalidad, generacionales, por cambio de valores, trastornos de conducta, trastornos educacionales, trastornos por la sociedad de consumo y trastornos de la verdad), todos ellos funcionan en cuatro principios fundamentales: derechos y deberes, libertades y poderes.

Desde cierto punto de vista general, se puede observar que hay dos carencias fundamentales en la sociedad actual: una de recursos (económicos, humanos, de solidaridad, de unidad- amor, de responsabilidad, de credibilidad, de seguridad, de educación, de religiosidad); la otra de conciencia (social, justicia, valores, moral-ética, estética, saber o conocimiento, formativa, educación a diferentes niveles).

A la vez hay dos fuerzas explosivas que están presentes continuamente, la demográfica y la otra la de mensajes, medios de comunicación (radio, prensa, cine, televisión), inconsciente irracional, consciente racional. Todas ellas interfuncionan para determinar la violencia.


* Comentario al trabajo del doctor Egon Lichtenberger
* * Académico correspondiente

2. Castro Caycedo, Gustavo. 1988. “El libro rojo”. Ed. Presencia, Bogotá.
7. Sánchez Medina, Guillermo. 1990. “Psicoanálisis. ayer, hoy, mañana” ed. Gaviota, Bogotá, p. 317-334
3. DANE, Departamento de Estadística, 1990.

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