Letras, La Familia Esguerra en la Historia de Colombia

Dr. José Francisco Socarrás
Académico Honorario

Señor doctor Efraim Otero-Ruíz, presidente de la Academia Nacional de Medicina; señor doctor César Augusto Pantoja, Secretario Perpetuo de la misma; demás Miembros de la Junta Directiva; Señores Académicos; señor doctor Carlos Esguerra Samper y demás miembros de la familia Esguerra; Señoras y Señores:

Me honra sobremanera que los descendientes del eminente médico y profesor eximio Carlos Esguerra Gaitán me hayan escogido para pronunciar estas palabras, con motivo de cumplirse los cincuenta años del fallecimiento de quien fuera mi inolvidable maestro en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, donde seguí sus enseñanzas en el Curso de Patología Interna. Para mí son inolvidables su carácter bondadoso, su comprensión, su paciencia y la profundidad de sus conocimientos, cualidades personales no frecuentes, indispensables para ser médico en el amplio sentido del vocablo.

Permítanme los señores académicos y demás asistentes que me detenga un tanto en la ascendencia de quien fuera miembro destacado de nuestra corporación. Dicha ascendencia, vasca como es sabido, viene, según anota Francisco de Abrisqueta en su excelente obra “Vascos en Colombia”, de los “Esguerra (Eskerra) o Ezguerra (Ezkerra). 1. En Gipuzkoa y en el Valle de Ruesga (Cantabria), en 1730.2. Variante de Ezguerra. 3. Vecinos de Segura en 1374, de Zumarragaen 1383, de Legazpiaen 1407”.4. (escudo) “En Gules, dos lobos, puestos en palos”.

Luis López de Mesa señala que el primer Esguerra que llegó a la Nueva Granada fue el Alférez don Miguel Esguerra y Rosas, casado con doña Isabel Valero de Tapia. Anota que entre los descendientes de un siglo después figuran los esposos Esguerra Cuervo y don Sebastián Esguerra Galvez, médico él, quien se distinguió en la Guerra de la Independencia. El recuento termina con don Domingo Esguerra Ortiz, galeno así mismo, quien fuera el primero en discriminar, como pandemia definida, las fiebres del Alto Magdalena. Y continúa con el escritor y abogado Arsenio Esguerra, publicista y geógrafo, Joaquín Esguerra y Manuel Esguerra, diplomático, y para finalizar, “el tercer Domingo de la casa”.

El doctor López se refiere en particular a don Nicolás Esguerra Ortiz, de quien hace merecido elogio. Ignoro si la Familia Esguerra posee una genealogía de apellido tan importante en la historia de Colombia. Lo dudo, porque la materia en nuestro país sólo ha sido motivo de estudios detallados en los Departamentos de Antioquia y Caldas.

I

Bien vale la pena detenerse así sea a grandes rasgos en la vida de don Nicolás Esguerra, quien fuera figura deslumbrante en nuestro siglo XIX, para lo cual seguiré a la letra los datos biográficos que del ilustre hombre público nos legaron don Edmundo Rodríguez Piñeres en su obra “El Olimpo Radical” y don Luis De Greiff Obregón en “Semblanzas y Comentarios”.

El doctor Nicolás Esguerra nació el 10 de septiembre de 1838 y murió el 23 de diciembre de 1923. ¿Padres del notable patricio? El coronel Domingo Esguerra y la tolimense doña Serafina Ortiz Fernández. Sus años de infancia transcurrieron en Ibagué, por lo cual inició estudios en el Colegio de San Simón. Enviado por sus padres a Bogotá, continuó el bachillerato en el Colegio de San Bartolomé, donde permaneció hasta la expulsión de los Jesuítas en 1851. Volvió a San Simón y allí terminó la enseñanza secundaria. Regresó a Bogotá donde vivió en la casa del doctor Manuel Murillo Toro, alojamiento ofrecido por el gran colombiano a los padres del joven estudiante. Este se matriculó en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde cursó filosofía, derecho y ciencias políticas. Recibió el doctorado en 1858 cuando apenas tenía 20 años.

Adolescente todavía fue nombrado juez en una población del Departamento del Tolima y su primer acto fue poner en libertad a numerosos presos, mantenidos en la cárcel sin que se les hubiera adelantando los sumarios correspondientes. Cito el episodio porque igual ocurre hoy día, lo cual nos hace pensar que en esto de la justicia nuestro país no ha cambiado desde los tiempos coloniales.

El doctor Nicolás Esguerra fue un eminente hombre público. El primer cargo que desempeñó al respecto fue su elección como Diputado por El Socorro a la Asamblea del Estado Soberano de Santander; luego se desempeñó como Representante al Congreso por el mismo Estado. Anota con sobra de razón el doctor Rodríguez Piñeres que El Socorro, además de capital dicho Estado, era “La capital polftica del radicalismo, donde quien aspiraba a ser hombre nacional debía recibir el espaldarazo, como antes lo recibieron zaldúa en Vélez y Salgar en Pamplona, y donde el mismo Murillo Toro desempeño la Presidencia del Estado en 1858”.

“De entonces en adelante, -escribe Rodríguez Piñeres- la carrera de Esguerra se hizo a pasos agigantados. Diputado a las Asambleas de Cundinamarca y Tolima; Secretario de las Gobernaciones de estos Estados; Magistrado del Tribunal del Tolima y de la Corte Suprema Federal; Rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario; Secretario de Estado en los ramos del Interior y Relaciones Exteriores, Hacienda, Guerra y Tesoro; Representante al Congreso; Senador Plenipotenciario; Agente Fiscal de la República; Miembro de la Junta de Amortización; Diputado a la Asamblea Constituyente de 1910 y, por último, Asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores”.

El hecho de pertenecer al radicalismo no cambió en el doctor Esguerra sus ideas religiosas, igual a lo ocurrido con don Santiago Pérez. Siendo Representante al Congreso en 1872, fue el portavoz de la coalición liberal-conservadora contra el empeño de los draconianos que pretendían arrebatar a las monjas exclaustradas la pensión de hambre que les había dejado la desamortización de los bienes de manos muertas, y “ante las barras hóstiles y violentas, Nicolás Esguerra, en actitud desafiadora y varonil, libró una de las más hermosas campañas parlamentarias de que haya memoria, agitando en sus manos el bonete que desde aquellas le lanzó la más furiosa de las euménides”.

“Poco tiempo después, en el ejercicio de su profesión de abogado, -continúa el doctor Rodríguez- le tocó asumir valerosa actitud contra la misma fracción tomando a su cargo la defensa de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, a la que se pretendía despojar del local anexo a su Iglesia, y curioso era ver en camino para las audiencias en el Tribunal de Cundinamarca a Nicolás Esguerra, conocido y alto fracmason, llevado en hombros por los Hermanos Terceros y vilipendiado a su paso y durante aquellas por los grupos anticlericales”.

Como Rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde sucedió al doctor Francisco Antonio Alvarez, restableció las Constituciones de su fundador Fray Cristóbal de Torres, cuya estatua inauguró en el claustro con excelente oración; echó a un lado la enseñanza de Bentham, impuesta por su antecesor; restableció los retiros espirituales y el rezo nocturno del Rosario en la Capilla, para lo cual encargó al Vice-Rector. Leamos lo ocurrido, según sus propias palabras: “Una noche resolví asistir sin que se supiera y pude cerciorarme de que solo se rezaba una casa. Desde entonces yo presidí el rosario y se decía hasta con misterios. Esos antecedentes y mi educación con los jesuítas dieron por resultado el odio de algunos”.

“En la Rectoría del Colegio del Rosario y como profesor de derecho en diversas materias -escribe don Luis de Greiff- su misión no se limitó a transmitir sus vastos conocimientos, sino que se encaminó especialmente a infundir en sus discípulos el amor a la Patria y los más nobles sentimientos de tolerancia y de confraternidad. Del cariño que siempre conservó por ese histórico centro de cultura, da idea su discurso al descubrirse la estatua de su fundador, Fray Cristóbal de Torres, y el pronunciado ante el cadáver del doctor Juan Agustín Uricoechea, quien fue también Rector de ese plantel. En éste último se expresó así:

“El mismo techo que amparó a Uricoechea en los comienzos de su vida, guarda con respeto sus cenizas, y sobre éstas vienen diariamente las oraciones de la Iglesia que el rezó en su juventud y que de seguro no olvidó en el curso de su vida”.

Terminado el período presidencial de don Aquileo Parra, durante el cual se desempeñó como Secretario del Tesoro, el doctor Esguerra se fue a Europa y se dedicó a negocios comerciales desde 1880 hasta 1884, lo cual le proporcionó una modesta fortuna. A su regreso a Colombia se entregó de lleno a la oposición contra el régimen implantado por el Presidente Rafael Núñez. Comenzó entonces para él un largo calvario que hubo de sufrir con el carácter y la hombría de bien, que siempre lo distinguieron.

“Después de cubrir los empréstitos que se le habían señalado – escribe el señor de Greiff- y de haber sido tomada a la fuerza por los agentes del gobierno una gruesa suma de dinero de la Caja del Banco de Crédito Hipotecario, Institución de que él era accionista, Núñez dió orden de sitiar su casa de habitación y su familia fue víctima de. los mayores atropellos”.

“Cuando fue allanada su casa para reducirlo a prisión, se encontraba sentado a la mesa con su familia, lo que hizo que los esbirros demoraran un poco la ejecución de la orden de captura. El aprovechó esos pocos instantes para salir por una puerta reservada al servicio, y se refugió en la casa de la señora Ana Romay, viuda del doctor Murillo. De allí logró salir para el Exterior en viaje lleno de penalidades, acompañado de su hijo Carlos, eminente médico. En Caracas compartió con don Felipe Pérez las amarguras del destierro, y luego pasó a Costa Rica”.

En 1887 el General Elisco Payán dictó un decreto por el cual declaró la libertad de prensa e indultó a los expatriados. El doctor Esguerra regresó al país, al tiempo que se crearon El Correo Liberal, de Juan de Dios Uricoechea; El Liberal de César Canto; El Relator de Felipe Pérez y El Espectador de don Fidel Cano. La pausa fue breve. El doctor Núñez regresó a la Presidencia y con él Felipe Angula al Ministerio de Guerra y retornó la persecución. Juan de Dios Uribe fue desterrado y César Canto reducido a prisión. El doctor Esguerra asumió la dirección de El Liberal y escribió un editorial titulado “Recojamos la Bandera” en el cual se lee:

“Las libertades políticas, que son vida para ciertas almas y a las cuales estamos acostumbrados, han pasado constitucionalmente, unas al Panteón de la Historia al Iado de los próceres que nos dieron Independencia y murieron por la libertad, y otras al Cuartel de los Inválidos y allí los vemos apoyarse en muletas o arrastrarse difícilmente, como la prensa, al favor de un decreto, mientras el caprichoso humor del dictador lo permite”.

El Liberal fue suspendido y el doctor Esguerra volvió al destierro. Esta vez se radicó en Nueva York, estableció una agencia de comisiones y permaneció allí hasta principios de 1892. Regresó a Bogotá ese año y se dedicó al ejercicio de la abogacía. En 1897 formó parte del Directorio Liberal y en 1899 el doctor Manuel Antonio Sanclemente le confió la misión de hallar un arreglo con la Compañía del Nuevo Canal de Panamá. El doctor Esguerra eligió al doctor Carlos Arturo Torres como su Secretario. Cuando vino la separación del Itsmo, el doctor Esguerra fue el primero en ofrecer sus servicios al Presidente Marroquín en defensa de la integridad nacional. Durante el famoso “Quinquenio” del General Rafael Reyes, don Nico1:’ ís luchó incansablemente por la restauración de las libertades públicas y los derechos humanos y acompañó a quienes dieron en tierra con el dictador.

En 1890 fue elegido Representante a la Cámara y en 1913 un notable grupo liberal lanzó su candidatura para la Presidencia de la República en oposición al doctor José Vicente Concha, quien fue elegido. El mismo año se creó la Comisión de Relaciones Exteriores, para la cual se le nombró en compañía de Rafael Uribe Uribe, Marco Fidel Suárez, Antonio José Uribe y José María González Valencia. A ella le correspondió el estudio y el tratamiento ante el Senado del Tratado sobre Panamá con los Estados Unidos de América. El doctor Esguerra tenía que ser conducido en silla de manos y le tocó pronunciar el discurso en defensa de dicho tratado ante la Corporación. A propósito de sus dotes oratorias escribió don Antonio Gómez Restrepo:

“Firme la actitud, arrogante la hermosa cabeza, fulgurantes los ojos, de baja correr sin esfuerzo de sus labios la tumultosa corriente de su palabra encendida que, en los momentos de gran pasión, tenía resonancia como de descarga cerrada en medio de un combate”.

El doctor Esguerra falleció el 23 de diciembre de 1923 y Bogotá le rindió el más sincero homenaje. “Su memoria -escribe don Luis De Greiff- será inextinguible y su vida será señalada en los anales de la Patria como modelo de rectitud, valor civil y de autenticidad republicana”.

Perdonen los señores académicos y demás asistentes a este homenaje rendido a la memoria del doctor Carlos Esguerra, que me haya detenido tanto en la vida de su padre, pero estoy seguro de que él se sentirá muy complacido en su tumba por la cálida expresión de mis palabras en elogio de quien fue uno de nuestros hombres públicos que la Historia de Colombia no olvidará jamás.

II

El doctor Carlos Esguerra nació en Bogotá el14 de diciembre de 1862. Cursó estudios secundarios en el Colegio de San Bartolomé, y universitarios en la entonces Escuela de Medicina y Ciencias Naturales. El doctor Luis Cuervo Márquez anota, en Discurso pronunciando en la Academia Nacional de Medicina, que habían sido condiscípulos en las dos entidades, que siguieron las mismas clases en la de Medicina y que fueron jefes de Clínica en los servicios de los doctores José Vicente Uribe y Manuel Plata Azuero, respectivamente. Ambos recibieron el doctorado en 1884.

Continúa el doctor Cuervo dándonos cuenta de cómo los primeros trabajos científicos de uno y otro versaron sobre las Fiebres del Magdalena, publicados en la Revista Médica en 1886 y cómo “pocos años después, presentaba el doctor Esguerra en la Facultad de París, su importante tesis sobre Fiebre del Magdalena y Fiebre Amarilla en Honda, a la vez que él publicaba su Libro sobre Fiebre Amarilla en el Interior de Colombia. Conviene anotar que, recién graduado, el doctor Esguerra ejerció la profesión en la ciudad tolimense que tanta importancia tuvo en nuestro país, desde la colonia hasta principios del presente siglo.

Vale la pensa destacar los siguientes párrafos del Discurso del doctor Cuervo: “Y al mencionar las fiebres del Magdalena, permitidme que rinda un tributo de respetuosa admiración al eminente clínico, doctor Domingo Esguerra, cuya Memoria sobre esa materia, de la cual fue a la vez su autor, tipógrafo e impresor, es uno de los estudios más importantes que se han hecho sobre medicina tropical en Colombia. Rara erudición y sorprendente criterio clínico llevaron al distinguido investigador a destacar la fiebre amarilla del confuso cuadro nosológico dentro del cual estaba aprisionada”.

“En la misma época fuimos profesores de la. Facultad durante más de 20 años: el doctor Esguerra en la cátedra de Patología Interna, en la cual reemplazó con brillo al Profesor Nicolás Osorio, y yo en la de Patología General, en el Servicio Hospitalario de San Juan De Dios; ambos fuimos Rectores de la Facultad; y, finalmente, el mismo día recibimos las insignes distinciones de Profesores y Miembros Honorarios de la Facultad y de esta ilustre Corporación” .

“Fueron las nuestras, durante más de medio siglo de labor científica, dos vidas paralelas; la una ha dejado surco profundo en la fecunda tierra; la otra apenas dejaría, si acaso deja, la transitoria huella que pronto desaparece en la removible arena”.

Debo agregar que el doctor Esguerra se desempeñó como Miembro de Número de la Academia desde 1890 y su promoción a Miembro Honorario tuvo lugar en 1933. Además conviene recordar que el Hospital de San Juan de Dios estaba situado en pleno centro de la ciudad, entre las calles 11 y 12 Y las carreras 9a. y 10a.

Ya vimos como el doctor Esguerra acompañó a su padre don Nicolás en su difícil viaje a Caracas en 1886. Pues bien, allí logró doctorarse por segunda vez en la Universidad Central que, como la de Bogotá y Quito, fue fundada por el General Francisco de Paula Santander. De Caracas siguieron a París en la compañía de don Felipe Pérez, donde el doctor Esguerra obtuvo el tercer grado en Medicina con su tesis “Contribution a l’etude de la fiebre du Magdalena”, como lo dejé señalado en la cita del doctor Cuervo Márquez.

Su presidente de tesis el doctor Georges Dieulafoy, profesor de Patología Interna de la Facultad de Medicina, no se mostró partidario de la existencia de la fiebre amarilla en las selvas de Colombia, pues entonces se pensaba que dicha enfermedad sólo se presentaba en las costas marítimas. Sin embargo, dado el contenido clínico del trabajo del doctor Esguerra, el jurado lo aceptó y se le confirió el grado. Más adelante el descubrimiento del virus y del agente transmisor, confirmaron que la tesis eminentemente clínica del doctor Esguerra tenía una base sólida.

Otro triunfo de la visión médica del doctor Esguerra fue el descubrimiento del Tifo exantemático en Colombia. Para ilustrarse sobre el tema conviene leer el trabajo del doctor Luis Patiño Camargo, titulado El Profesor Esguerra y el Tifo Exantemático. El tema venía discutiéndose desde el siglo pasado. Durante el presente, el doctor José María Lombana Barreneche se empeñó en sostener que en Colombia sólo existía la fiebre tifoidea y publicó en la Revista Médica una serie de estudios sobre lo que él denominó Septicemia ebertiana.

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