Conocimiento, Tradición Académica y Ciencia Médica

La primera academia de medicina fue la Académie Royale de Chirurgie, fundada en París en 1731, elausurada en 1793 y reinaugurada como la Académie de Médecine en 1820, hoy la Academia Nacional de Medicina de Francia. La Academia Militar-Médica de Rusia fue creada en 1799 (4).

En Sur América las academias de letras y de la lengua tienen respetable tradición. En 1875 se fundó en Bogotá la Academia Hispanocolombiana de la Lengua, hoy Academia Colombiana de la Lengua, en cuyo recinto nos encontramos esta noche. La Academia Venezolana de la Lengua y la Academia Chilena, fueron fundadas en 1882 yen 1885, respectivamente (4).

También en Bogotá la Academia de Medicina tuvo su origen en reuniones privadas de personas interesadas en las ciencias naturales. Con el liderazgo intelectual de Nicolás Osorio (1838-1905), bachiller de la Sorbona y doctor de medicina de la Universidad de París (1865), Liborio Zerda, Juan David Herrera, Evaristo García, Andrés María Pardo, Pedro María Ibáñez y otros, fundaron un núcleo científico del cual salió la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales, hoy Academia Nacional de Medicina, instalada en enero de 1873, “en la que el doctor Osorio fue alma y brazo, pues hizo sus estatutos y durante largos años fue redactor de su Revista” (6). Ciento diecisiete años de labor continua, que ha sido poderoso acicate del conocimiento médico colombiano, cumple la Academia Nacional de Medicina en esta ocasión de la transferencia de la Presidencia entre dos hombres que son paradigma de lo mejor de nuestra profesión.

Veamos cuál es la misión de la academia y cómo se practica el academicismo médico a la luz de nuestra discusión previa sobre el conocimiento.

Son la epistemología médica, el acervo y la promoción del conocimiento biológico, el análisis y la crítica de las hipótesis biomédicas para la realización del juicio razonado que permita la expresión de la opinión correcta, los elementos constitutivos, la razón de ser, de una academia de medicina.

Así pues, una Academia no es sólo vasto depositario y promotor del conocimiento sino también el lugar donde el afán inquisitivo permite establecer la verdad en relación con las realidades del mundo, pasado y actual, donde la vivencia del hombre sobre la tierra es analizada con el juicio de la experiencia. Por consiguiente, una academia, más que ninguna otra institución, tiene amplia capacidad para emitir opinión autorizada.

La Academia Nacional de Medicina, por disposición de la Ley, es órgano consultor del Gobierno Nacional. Con su capacidad de estudio y de análisis de los grandes problemas de salud de la nación, la Academia es faro para la orientación de las acciones del Ministerio de Salud, a veces entrabadas por la maraña burocrática, a veces fruto de entusiasmo no suficientemente soportado por conocimiento de la materia. Resulta deplorable que en ocasiones el ministro de turno, tal vez por ser ajeno a las estrictas disciplinas del conocimiento médico, no haga el debido uso de esa fuente de experiencia y sabiduría médicas que es la Academia Nacional de Medicina.

La Ciencia Médica

Medicina es la denominación de un arte, de una ciencia y de una profesión académica. Quienes a ella se dedican deben reunir condiciones no sólo intelectuales, sino también éticas, las cuales quedaron plasmadas por Hipócrates (c.460-c.370 a.c.), el hombre de Cos, reconocido como el padre de la medicina.

La escuela de Cos, también conocida como la escuela hipocrática, separó la medicina de la superstición y de la especulación intelectual para colocarla en un plano estrictamente científico mediante la observación objetiva y el razonamiento deductivo. En Cos se inició el método de la investigación empírica, aquel que se fundamenta en la experiencia, y ha sido el empirismo, como disciplina de investigación y de trabajo, el factor principal de impulso al progreso médico. El empirismo hipocrático utilizó las técnicas de recolección sistemática y de comparación de observaciones directas y el registro meticuloso de historias clínicas individuales.

La subordinación del arte médico a la naturaleza fue la piedra angular de la medicina hipocrática; hoy se reconoce que los conceptos fundamentales de la epistemología médica son el reflejo de la filosofía de la naturaleza y del hombre. La historia de la medicina es el epítome de la historia de las ciencias naturales. El médico, por excelencia un fervoroso estudiante de la naturaleza y un biólogo, es quien se ocupa de la relación del hombre con la naturaleza, así como el abogado se ocupa de la relación del hombre con el hombre y el teólogo de la relación del hombre con Dios (7).

Lo más sobresaliente de la evolución histórica reciente de la medicina es su vertiginoso avance en el siglo XX: partiendo de un tradicional oficio casi artesanal para el cuidado del enfermo, cuyas acciones se conocían como el arte de la medicina, pasó a convertirse en una verdadera ciencia (8).

El avance de la biología molecular, que permite la comprensión íntima de los procesos de la vida y la enferme dad, es el fundamento y esencia de la medicina moderna y significa la culminación del tránsito de la medicina, como arte, a la medicina como ciencia (9). Anteriormente nos referimos a la bioquímica y fisiología del aprendizaje y a la biología del comportamiento, al campo de la neurobiología que rápidamente reemplaza a muchos de los ya desuetos enfoques de la psiquiatría “clásica”.

La medicina científica es componente obligatorio de ese intrincado y cambiante complejo ciencia-servicio, porque la medicina es, fundamentalmente, la ciencia al servicio del hombre. Desafortunadamente las facultades de medicina de Colombia, y de muchas naciones de América Latina, han adoptado un controvertido plan de “integración docente-asistencial” para la docencia clínica, forzosamente impregnado de conceptos burocráticos y de limitaciones administrativas, el cual lleva a los estudiantes a escenarios, supuestamente educativos, de pobre calidad. Por otra parte, las facultades de medicina también han sido contagiadas de una política, aún no bien definida y de agobiante mediocridad intelectual, derivada de las recomendáciones enunciadas por la Organización Mundial de la Salud en su reunión de Alma Ata de 1978 (lO), que plantean la “atención primaria” como la estrategia para conseguir la loable meta de “salud para todos en el año 2000”. Esta mal entendida poi ítica ha llevado a considerar a la medicina como un simple oficio para proveer atención primaria, definida ésta como el conjunto de las acciones sanitarias primarias y elementales, en los ineficientes y deshilvanados servicios públicos de salud. Es lamentable que en esta época del triunfo de las ciencias biomédicas, del apogeo de la biología molecular y de la ingeniería genética, sea un Iimitante y mal definido planteamiento de prioridad excluyente de la atención primaria la fórmula propuesta para la universalización de la cobertura de la salud.

Ningún avance se registra en nuestro paí s desde la implantación de la poI ítica de atención primaria; por el contrario, todos los indicadores señalan profunda crisis en los servicios públicos de salud, deterioro de la actividad científica y la destrucción casi total del sistema hospitalario del Estado (9).

Permítanme que en última instancia me refiera a la nueva moral y a la nueva deontología que confronta la medicina.

La disponibilidad y el acceso a los servicios de salud modernos y eficaces, que son los que los médicos estamos obligados a prestar, tanto por convicción como por mandato hipocrático, conllevan connotaciones no sólo filosóricas y morales sino también económicas y administrativas. La toma de decisiones administrativas, por su parte, plantea interrogantes de orden ético, y la consideración ética del administrador es muy diferente de la del médico.

La transferencia y la disponibilidad de las tecnologías de avanzada son un prerrequisito de la buena atención médica; sus costos crecen en forma considerable y ellas demandan elevados ambientes tecnológicos y científicos para su debida utilización. La primacía de la atención primaria como concepto filosófico y operativo, la asignación insuficiente de recursos y la falta de reconocimiento de la importancia de la ciencia y de la tecnología en la atención de la salud, han creado un verdadero “triage”, el establecimiento de constricciones en la atención de la salud, que es injusto desde su origen, por cuanto en la práctica significa una discriminación económica que excluye de la buena atención a los sectores económicamente desfavorecidos de nuestra sociedad, para los cuales sólo resta una pobre atención primaria. Además, esto crea una confrontación moral entre los administradores no médicos y los médicos, el choque entre la ética burocrática de los primeros y la ética hipocrática de los segundos.

Las consideraciones anteriores van encaminadas a provocar reflexión por parte de la Academia Nacional de Medicina sobre su enorme responsabilidad en un momento de profunda crisis en los servicios públicos de salud, que en buena parte ha sido causante del deterioro de la educación médica y de la actividad científica. Tiene la Academia por delante un formidable desafío: el rescate del fundamento científico de la profesión, la recuperación del terreno perdido por la confusión, derivada de falta de conocimiento, que ha causado debilitamiento de los programas de investigación, retraso en el desarrollo tecnológico, detrimento del nivel técnico hospitalario y la des protección casi total de los sectores económicamente débiles y más necesitados de atención en los niveles secundario y terciario. El deteriorado panorama de la salud pública colombiana ha conducido a la carencia de ambientes educacionales adecuados, a la confusión entre el propósito netamente académico de las facultades de medicina y el propósito asistencial de los servicios de salud.

El desafío es grande y sobrecogedor, pero grande es su alma, brillante su inteligencia y poderosa su motivación, doctor Efraim Otero. La Academia y el país conocen de sus actuaciones y por ello saben que usted habrá de liderar ese gran movimiento renacentista y restaurador que urgentemente requiere la medicina colombiana.

Bibliografía

l. AOLER,MJ, GORMAN,W. (Editors). The Great Ideas. A Syntopieon ofGreat Books ofthe Westem World. Know/edge.Volume 1.Encyclopedia Britannica, Ine. Chieago, 1952.
2. DIOGENESLAERCIO.Vida, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. Libro Quinto, Tomo 1. Aristóteles.Ediciones Teorema. Barcelona, 1985.
3. CHAVEZ, Ignacio. A bachellorbeholds the world. Commencement address in the Ceremony of Claremont Men’ s College. (the 9 th. june 1963). Universidad Nacional Autónoma de México. División General de Publicaciones. México, D.F., 1963.
4. Encyclopedia Britannica. Volume l. William Benton Publisher. Chicago, 1965.
5. PATlÑO, JF. Vida y obra de Francisco Hemández. La Orden Francisco Hemández. Federación Panamericana de Asociaciones de Facultades (Escuelas) de Medicina. Bogotá, 1984.
6. CUERVO MARQUEZ, L. Centenario del doctor Nicolás Osorio. Elogio del Maestro. Rev Acad Colomb Cienc Ex Fis Natural, 1938;I1(7):477 .
7. ADLER, MJ, GORMAN, W. (Editors) The Great Ideas. A Syntopicon ofGreat Books ofthe Westem World. Medicine.Volume II. Encyclopedia Britannica, Inc. Chicago, 1952.
8. PATIÑO, JF. Nuevas orientaciones en la formación de postgrado. Conferencia pronunciada en el Congreso de Exalumnos de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, junio 2 de 1989. Médicas UIS I1I, 1989-90;(4):211.
9. PATIÑO, JF. Inauguración del Simposio. En: Las Bases Moleculares de la Vida y la Enfermedad. Editado por JF.
PATIÑO y G. ROMAN. Fundación OFA para el Avance de las Ciencias Biomédicas y Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1980.
10. Panamerican Health Organization/World Health Organization. Health for aH by the year 2000. 5trategies. PAHO/ WHO, 1980.
11. NELsoN, TI., ALKON, DL. Specific high molecular weight mRNAs induced by associative learning in Hermissenda. Proc Natl Acad 5ci USA, 1990;87:269.
12. COTMAN, CW., LYNCH, GS. The neurobiology of learningand memory. Cognition, 1989;33:201.
13.McGAUGH, JL. Dissociation learning and performance: drug and hormone enhancement 01′ memory storage. Brain Res Bull. 1989;23:339.
14. BENINGER, RJ. Dissociating the effects of altered dopaminergic function on performance and learning. Brain Res Bull. 1989;23:365.
15. KOOB, GF, LEBRuN, C, BLUTHE, RM, et al. Role 01′ neuropeptides in learning versus performance: focus on vasopressin. Brain Res Bull. 1989;23:359.
16. PATIÑO, JF. Prólogo. En: PATlÑO, JF, Román-Campos, G. (Editores). Avances en neurobiología. Fundación OFA para el Avance de las Ciencias Biomédicas y Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1981.
17. ApPLEWHITE, P. Molecular Gods. How Molecules Determine our Behavior. Prentice-Hall. Englewood Cliffs, 1981.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!