El Psicoanálisis una nueva profesión, Prólogo

El psicoanálisis teoría-praxis, investigación, terapia, disciplina intelectual, y formación, hace parte ya de la civilización occidental. Esto necesariamente configura parcialmente el desafío que confronta, ya que su incorporación social (siempre incompleta, frecuentemente mal entendido y resistida, abierta o encubiertamente), conlleva riesgos relacionados con una posible banalización y domesticación de la disciplina en cuanto a cómo se la entiende y cómo se la ejerce.

Resulta entonces que una porción importante de la tarea psicoanalítica, Annus Domine 1986, reside en examinarse cuidadosamente desde la perspectiva del interior de su propio discurso.

Éste libro se ocupa en forma prominente de este problema, Guillermo Sánchez Medina, actual presidente de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis, antiguo Director de su Instituto de entrenamiento e investigador infatigable, conoce a fondo la problemática que ha estudiado, trabajado y plasmado en artículos y libros en el transcurso de tres décadas.

Sánchez Medina no idealiza al psicoanalista ni a su formación. Antes bien, y por el contrario, parte de una conceptualización en la que se considera al psicoanalista (cuidadosamente entrenado para bucear en las profundidades del psiquismo humano) en función de su propia conflictiva inevitable frente a la dinámica de su paciente y de su formación, entrenamiento y agremiación.

El autor nos muestra estas vicisitudes a partir de la selección de los candidatos en forma clara, franca e interesante, contribuyendo a despejar de esta manera varias de las leyendas y mitos de logia cerrada que tanto han perjudicado la cosa psicoanalítica.

Desde un comienzo destaca la pertenencia del análisis a lo deductivo-lógico, en su calidad de lo que denomina Ciencia Conceptual. Insiste en la utilización de lo subjetivo como herramienta de trabajo y en la importancia funcional de la comprensión del vínculo que se establece entre el analista y su analizado, como la lente central del entendimiento psicoanalítico.

Establece con mucha nitidez el nexo que hay entre lo clínico y la abstracción más depurada de la teoría psicoanalítica: la metapsicología, la comprensión del bio-psiquismo humano a partir de varios modelos hipotéticos.

Describe con detalle la carrera psicoanalítica a partir del análisis personal del aspirantey alerta en lo que concierne al sesgo que puede dar a dicha terapia el llamado “análisis didáctico”. Muestra la dinámica de los seminarios y la jerarquización de los profesores. La supervisión de los casos analíticos trabajados por los candidatos se hace en nuestro Instituto de formación de una manera regulada y estricta, Aunque Guillermo Sánchez Medina no lo señala explícitamente, parecería útil aclarar que hay psicoanalistas que abogan por una modalidad de entretenimiento basada en un trabajo artesanal más libre, ubicado en el marco de referencia de taller creativo. Lleva luego al lector a mirar al analista en su trabajo y en el contexto de su identidad, muchas veces solidaria, como la de cualquier creador y que lo obliga, como señala Donald Meltzer a “emerger a la superficie” a través de las discusiones, frecuentemente muy vehementes, con colegas, la publicación de trabajos; el continuo contrastar, en fin, de lo que siente, piensa, captura e investiga el psicoanalista.

Estudia a fondo el tema de la relación ambivalente y polémica que parece darse entre medicina y psicoanálisis; vale decir, elabora cuidadosamente el llamado “Análisis Profano”, concepto que no entusiasma a Guillermo Sánchez Medina, por cuanto tiene connotaciones de algo blasfemo frente a lo mágico-ritualístico.

El psicoanálisis, tal y como fue planteado a partir de la primera teoría instintiva de Freud, supone una jerarquización Jacksoniana, en la que lo psíquico emerge siempre de una biología. Los conceptos instintivos de Freud (a menudo mal entendidos no siempre de buena fe) implican un puente entre lo que llamamos biológico y lo que denominamos psíquico, que liga lo psicoanalítico con lo médico.

De otro lado, y desde los albores ha habido analistas no médicos, de la importancia y distinción de Melanie Klein, Erickson, Fairbairn y Ana Freud, para citar tan sólo algunos. Muchas de las tendencias psicoanalíticas actuales se han desplazado de lo instintivo a las teorías objetales y a la compleja trama de las relaciones interpersonales que se suceden continuamente por fuera y por dentro de los seres humanos. En este aspecto el libro incorpora importantes aportes con argumentos a favor y en contra de la inextricabilidad de los lazos entre lo médico y lo psicoanalítico. Se incluyen los de Alfonso Sánchez Medina, Inga de Villareal, Nelly Rojas de González, Charles Hanly, Josette Garon Leonard y Alexander Aarons.

Sánchez Medina examina las relaciones entre psicoanálisis y psiquiatría, para destacar luego en un gran primer plano aspectos de la investigación psicoanalítica, sus potencialidades y limitaciones. Eventualmente propone la integración de lo psicoanalítico a equipos interdisciplinarios y a escala de los niveles de decisión social. A uno le hubiera gustado que se detuviera más a fondo en este punto, en la medida en que el planteamiento sociológico y la sociología misma están condenados, en el sentido sartriano, muy al contrario de lo que parece pensar Popper, a tomar en cuenta la subjetividad intra e interpsiquica. Las instituciones sociales están configuradas por las proyecciones de los individuos, con sus cargas de agresividad, violencia, erotismo, ternura y tendencias a la reparación y a la sublimación. Los planificadores sociales tienden a ignorar lo no cuantificable y terminan pagando caro su descuido.

Al psicoanálisis se lo ha acusado frecuentemente de querer destruir la civilización occidental y simultáneamente, y en ocasiones sin pausa de respiro, de querer adaptar ciegamente a los analizados a una sociedad opresora y alienante. El poder del psicoanálisis está estrictamente delimitado a una cierta predisposición proporcionada por el encuadre y el proceso, a aceptar una reflexión en la que convergen lo cognitivo y lo emocional en relación con el sí mismo y con las personas de su mundo, sin divorcio de las realidades sociales, pero sin ningún tipo de adoctrinamiento.

El trabajo de Sánchez Medina desemboca en su planteamiento del psicoanálisis como una profesión y una identidad comprometida, que tiene que ser asumidas por quienes practicamos el “Oficio Imposible”, como lo llamara Freud y estudiada críticamente para no caer en un círculo vicioso de autocomplacencia.

Pienso que este libro de Guillermo Sánchez Medina y de quienes le aportaron, refleja con verosimilitud la realidad de un proceso dinámico en perpetuo movimiento, asediado por continuas y sanas contradicciones. Su lectura y estudio serán en extremo importantes para el psicoanalista y para quienes administran las instituciones que le sirven de marco de referencia formativo y gremial. Así mismo se trata de una obra sumamente útil para el estudioso que quiera contemplar de cerca el desarrollo de una de las más debatidas, controvertidas y fascinantes experiencias sociales del siglo XX. 

SIMON BRAINSKY

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