El Psicoanálisis una nueva profesión, Introducción

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Presento esta obra con una breve introducción; traigo las consideraciones con respecto a la ciencia, al psicoanálisis y al psicoanalista en su teoría, práctica y enseñanza.

Pienso que para el desarrollo del tema propuesto es necesario primero plantear las definiciones del psicoanálisis y ubicarlo dentro del contexto científico, para luego referirme a lo que se hace en psicoanálisis y a quien lo realiza, además de la manera de aprenderlo, las motivaciones de los analistas y su trabajo para llegara la identidad profesional en la situación analítica, no sin la posibilidad de presentarse problemas con una posible patología especial en las diferentes vicisitudes de la enseñanza del psicoanálisis.

Lo anotado ha tenido sus cambios en el tiempo, especialmente en la formación que hoy día es llevada a los no médicos. Como es sabido, toda la ciencia es trabajada por hombres que no están exentos del poder en la misma situación de trabajo o en las instituciones. Es necesario también considerarlas investigaciones en psicoanálisis, las que han enriquecido el transcurrir de nuestra labor, especialmente en la técnica y en algunos modelos conceptuales.

Pienso que el psicoanálisis y el psicoanalista son el centro y el objeto de la temática; son el tema mismo, el sujeto y el objeto de lo que se trata. Las teorías del desarrollo, la idea del “self” y sus vicisitudes, así como también la teoría objetal, la instintiva, la de la adaptación, la relación con el primer objeto materno para llegar a la de las posiciones y, finalmente, a los procesos y estructuras, son las que configuran todo el concepto del aparato mental; estas ideas pertenecen al desarrollo e historia de las ciencia analítica, igual que la metodología de la enseñanza. Es así como sólo se hace un breve recuento de los modelos, sin entrar a realizar un análisis histórico de la aparición de los mismos en la teoría psicoanalítica.

La obra, por lo tanto, incluye los conceptos con respecto a la ciencia, al psicoanálisis y al psicoanalista, a la teoría, a la práctica y a la enseñanza, que hacen el conjunto de esta rama del saber.

El peligro en la crítica y/o aceptación o rechazo de una obra reside en dejarse llevar por el mecanismo de “la parte por el todo”. Sugiero que la lectura de este escrito se haga paulatinamente, dándose libertad y tolerancia para poder analizar reflexivamente los diferentes temas que aquí expongo.

La presentación de esta obra quiero realizarla de tal manera que pueda ser utilizada como guía en la lectura. Por lo tanto, su introducción será un superficial planteamiento de los temas a que voy a referirme.

Pienso que para realizar el trabajo anteriormente mencionado hay que tener muy en claro y definido qué es lo que vamos a estudiar en nuestro caso: la ciencia psicoanalítica, el psicoanalista, la formación del mismo, su identidad dentro de su ejercicio y por fuera de él, así como todo su hacer en el interior y exterior de una sociedad científica. En consecuencia, las instituciones psicoanalíticas y los fenómenos que en ellas ocurren serán también estudiados con la perspectiva de la temporo-espacialidad que nos va a dar la secuencia coherente.

Para cumplir el propósito intentaré ubicar el psicoanálisis dentro de las ciencias conceptuales,[1]contando con los niveles del conocimiento y la dinámica de los mismos; trataré de poner de manifiesto cómo surgen los modelos y el desarrollo de las ciencias, estudiando los hechos a través del tiempo; aquéllos son en realidad interpretados de acuerdo con modelos personales que no están exentos de subjetividades.

Es por lo expuesto anteriormente que se hace necesario definir, en primer término, el psicoanálisis, planteando su teoría, su técnica y la aplicación de las mismas originadas en Freud, quien organizó un cuerpo de conocimiento, un método de investigación, un tratamiento verbal y una agrupación científica internacional. Si bien el concepto de energía aparece en cualquier ciencia, en el psicoanálisis basamos nuestro modelo teórico en el concepto energético, que opera en una forma específica, para entender cómo se constituye un aparato mental que funciona con base en lo orgánico. Es el estudio comparativo histórico el que nos permite comprender mejor los diferentes modelos psicoanalíticos que aparecen en ocasiones disgregados y contradictorios; sin embargo, existen tendencias epistemofílicase integradoras que nos dan la posibilidad de llegar a una construcción lógica de un modelo de modelos psicoanalíticos.

En el escrito se hará mención de cuán importante es adquirir la identidad analítica y formarse como analista, sin olvidar que el solo conocimiento intelectual teórico y técnico no hace del sujeto un psicoanalista; éste se forma dentro de una construcción lógica e ilógica, significativa en el proceso analítico e institucional.

De todas maneras tendremos que ubicar el psicoanálisis dentro del contexto científico, más cuando su estudio se hace sobre el funcionamiento mental que no opera aislado de todo el conjunto que es el hombre. Por lo tanto, es necesario estudiar otras ciencias que enriquecerán los descubrimientos psicoanalíticos.

El psicoanálisis es en realidad una proposición de un sistema deductivo que puede considerarse en diferentes niveles y ordenamientos, de tal manera las leyes surgidas de la teoría no son sino la correspondencia de los hechos de la experiencia clínica. La gran diferencia con las otras ciencias está en que el psicoanálisis opera con la subjetividad y la objetividad de dos sujetos: el analista y el analizado. Por lo tanto, la validez de nuestra ciencia como en otras, es cuestión de posibilidad e incertidumbre en un continuo descubrimiento.

Para centrar el psicoanálisis dentro de la ciencia en general, es mejor referirse a ésta última a fin de ubicar al primero en un punto o nivel del conocimiento; éste se realiza en el hecho clínico de la situación analítica, que está determinada por el proceso analítico y por los que en él ocurren. Los métodos que se utilizan en la investigación psicoanalítica son de distinta índole y provienen, desde la simple intuición, hasta el proceso discursivo, pasando por los razonamientos lógicos, analógicos, inductivos, deductivos y dialécticos. De tal manera se llega a la concepción de las teorías psicoanalíticas, que conforman la metapsicología o los modelos teóricos que configuran el cuerpo de conocimiento del llamado aparato mental que se va a investigar con métodos técnicos, en donde el psicoanalista investigador opera como observador y observado al mismo tiempo; no obstante, el psicoanalizado es el centro de la observación del hecho clínico, del acontecer analítico. La operatividad que da movilidad al proceso es la interpretación, la que opera en el transcurrir del proceso analítico y luego se validará no sin enfrentarse a la objetividad y subjetividad de ambos participantes.

Enseñar psicoanálisis no es lo mismo que la docencia en otras ciencias, como la filosofía, por cuanto es necesario primero aprender de sí mismo, conocer lo que más se pueda del inconsciente personal, para así llegar a un instituto que lo forme en los aspectos teóricos, técnicos y clínicos; por eso hago énfasis en la metodología de la enseñanza, partiendo de la elección de analista didacta y la selección de candidatos, hasta la formación de analistas didácticos, no sin aceptar que ha habido una serie de deficiencias y problemas en toda la formación y en los criterios de selección.

Nuestra ciencia sigue un desarrollo, y en el futuro seguramente se encontarán   nuevas soluciones en los distintos procesos que participan en toda la formación, desde el simple desarrollo individual humano y el institucional, hasta llegar al conocimiento; unos y otros pueden en determinado momento participar sincrónicamente para luego dejarlos discrónicos en la libertad del sujeto que interviene en ellos.

Para entrenar o formar se debe conocer la persona que va a realizar este aprendizaje, por esa razón se hace una selección, no sin antes entrar a una metodología de la elección de los entrevistadores y de las entrevistas para la selección propuesta; existen obviamente unos requisitos mínimos para ingresar a ese proceso de enseñanza-aprendizaje en el que se organizan seminarios metodológicamente programados con su temática y la escogencia de los profesores. Durante el entrenamiento se evalúan tanto profesores como alumnos y asistentes y lo ocurrido en ese proceso; sin embargo, no se puede estandarizar una misma metodología para todo y para todos. La enseñanza de la técnica y de la clínica no es la misma que la de la teoría o de la obra de Freud o la de preparación de trabajos científicos. Toda esta  enseñanza se realiza en institutos diseñados para tal fin, que no están exentos de modificaciones y cambios para obtener mejores logros.

En el proceso antes mencionado de enseñanza-aprendizaje del psicoanálisis se presentan también problemas que repercuten en la formación; uno es el que se tiene que dilucidar y se refiere al llamado análisis didáctico, que es realmente un análisis terapéutico, que al convertirse en didáctico puede desvirtuar la investigación personal. Existen a la vez relaciones individuales intra y extra grupales que van a influir en la formación; es por ello mejor detectar las idealizaciones (creando ídolos o anti-ídolos), las identificaciones, además de la sumisión y dependencia que pueden ocurrir en ese proceso pedagógico, que indefectiblemente produce una regresión. Por tanto, los problemas son de índole individual y grupal y no escapan de actuaciones en las que operan una serie de prejuicios, criticas, errores, actitudes narcisísticas, que en ocasiones impiden la aceptación del cambio en el proceso informativo-formativo, en el que se trata de crear un pensamiento más libre del “mito del análisis y de los iniciados”.

La mitología del análisis y de los psicoanalizados proviene, como se deja expuesto, del pensamiento mágico omnipotente ubicado en el saber o en el conocer. Todo conocimiento pertenece a un desarrollo en el que participan diferentes procesos mentales. Antes de entrar a estudiar la manera de enseñar la clínica psicoanalítica es necesario hacer hincapié en la forma de intervenir otra función más en el proceso del conocimiento; se trata de la intuición que precede al conocimiento lógico, que opera en todo analista y se deja observar en los candidatos a analistas. La validación de la función intuitiva puede realizarse dentro del proceso analítico como otro vector operante en las acciones e intervenciones terapéuticas, así como en el proceso comprensivo y en el del entendimiento. El analista, el terapeuta, en la situación analítica está presintiendo, viendo en su interior y comunicándose con el pre-consciente e inconsciente del analizado por medio del mecanismo que llamamos en psicoanálisis la identificación proyectiva. El analista percibe, intuye, presiente, para luego comprender y comunicar o tener lo conocido en cuenta para interpretar; de tal manera es útil está función desde el punto de vista técnico, pues esa es otra capacidad y/o instrumento para poder entender y así conocer en psicoanálisis y, también, obtener un mejor logro en su hacer clínico analítico.

La supervisión de los casos clínicos es el método primordial para la enseñanza del manejo clínico; es por esto por lo que he querido traerlo en su diferentes formas aludiendo a la metodología específica, a los problemas o factores positivos y negativos, al papel del supervisor y del candidato, a la contratransferencia, al tiempo requerido para la supervisión, a la evaluación y a la reglamentación que impera en este tipo de instituciones.

Queda muy claro que el análisis es hecho por analistas que adquieren la identidad analítica; por esto hago referencia a la identidad general, a las raíces de ella, a la identidad en la función psicoanalítica y en especial en la situación y durante el proceso analítico, en el cual su función específica es analizar, no sin ser estéril a vivencias emocionales y a la intuición, a la simpatía y a la empatía necesarias para el funcionamiento del proceso. Como ya se expresó, el rol del analista en la situación analítica es analizar; esto implica una serie de vectores entre los canales están el escuchar con atención flotante hasta el interpretar. La identidad del analista, por su parte, no se puede pretender que sea perfecta, sino saber comprender que se está frente a un ser humano que desea ayudar a otro en la mejor forma científica posible.

Otro fenómeno que puede ocurrir en el transcurso de la formación o por fuera de ella es el de cambiar de analista personal; esta vicisitud tiene sus motivaciones conscientes e inconscientes, provenientes de la realidad o de la fantasía; unas son forzosas, otras no, de todas maneras, una serie de vivencias y fantasías se van a poner en función del cambio aludido. De la misma manera pueden producirse actuaciones que es mejor tener en cuenta tanto por el analista como por el analizado, antes, en, y después de llegar a concebirse la terminación, la suspensión o el cambio.

Los analistas, después de su entrenamiento analítico, observan ciertas actuaciones intra y extra-institucionales que es mejor dilucidarlas o conocerlas, y que la mayoría de las veces dependen de los intereses, de las necesidades y tendencias personales, las que diseñan toda una actitud que puede oscilar entre el simple aislamiento y la relación intra y extra-societaria, a diferentes niveles científicos o no. El trabajo de los psicoanalistas es “sui generis”, y en realidad supone un aislamiento y una frustración, de los cuales se sale en ocasiones con las actualizaciones ya mencionadas intra y extra-societarias. A la vez el analista puede apartarse de la labor investigativa y reparadora, pues no es ajeno a una serie de vicisitudes para considerarlo “ideal” y “estéril”; se trata de que adquiera su identidad analítica y más en dicha situación, no descartando que hay disociaciones funcionales.

El psicoanálisis obviamente es hecho por psicoanalistas, quienes tendrán que formarse en instituciones especializadas para tal fin; en realidad esta obra va dirigida a quienes desean conocer qué es el psicoanálisis y cómo se aprende a ser psicoanalista. Existen, por su parte, reglas institucionales y leyes nacionales en los diferentes países que tratan de reglamentar la práctica profesional; por esto incluyo las normas legales, para que el lector se dé cuenta exacta de la existencia de una ambigüedad en las mismas, y al respecto hay un vacío, puesto que el psicoanálisis bien puede considerarse hoy día una nueva profesión.

No podría seguir adelante sin hacer mención de la formación de analistas no médicos, tema que ha sido discutido desde Freud. Expongo por eso mis ideas personales y otras que se oponen a que se forme psicoanalistas a profesionales que no hayan pasado por las facultades de medicina. Esta polémica ha hecho historia en todo el desarrollo de nuestra ciencia en los distintos países de Europa y Estados Unidos de Norteamérica; es por esto por lo que me permití solicitar a diferentes autores de escritos sobre el tema, que me autorizaran transcribir su pensamiento consignado en órganos oficiales de la Asociación Internacional de Psicoanálisis. En realidad la mayoría de las sociedades psicoanalíticas del mundo prepara de una u otra forma a los profesionales no médicos. Está política ha tenido que modificar ciertas reglamentaciones y actitudes, pero el avance de toda ciencia no se puede regir por reglamentos sino por la libertad para el conocimiento, no sin dejar de ser conscientes de que no debemos renunciar al saber sin prohijar mitologías y monopolios del conocimiento.

La investigación para despejar el conocimiento es otra de las actividades del psicoanálisis. Aquella se lleva a cabo fundamentalmente en el laboratorio diván-silla y, por fuera de él, en el estudio de materiales clínicos, en la supervisión y en las reflexiones que hacemos de las lecturas y la observación de los hechos en la práctica; todos los fenómenos son interpretados con el modelo psicoanalítico, el que a la vez es revisado.

Tanto la investigación como la formación no están exentos de cambios a diferentes niveles; no era lo mismo el análisis y el entrenamiento analítico de hace cincuenta o veinticinco años. El desarrollo de cualquier ciencia pertenece a toda una serie de procesos. Aquí, en Colombia, en la actualidad, existe una gran apertura al desarrollo del psicoanálisis. Para realizarse el crecimiento de una ciencia hay que aceptar cambios que muchas veces implican renuncias y heridas narcisísticas porque se afectan la herencia, la filiación y la tradición científica de cada cual. Por otra parte, es mejor pensar en que las teorías no se pueden institucionalizar y menos transformarlas en dogmas o religión, y tampoco convertir a la ciencia en un continuo revisionismo ultracrítico, que puede transmutarse en fuente de poder paralizante de la misma ciencia.

El poder en la situación analítica y en las instituciones que enseñan el psicoanálisis, es evidente. El peligro está en negarlo y dejar que tome ventajas sin tratar de resolverlo analíticamente. Este tema es de suma importancia para la comprensión de la política intrainstitucional y de las relaciones entrelos miembros. Todo esto ha sido investigado en otras sociedades psicoanalíticas y aún se está replanteando en las esferas internacionales, pues también de nuestra actitud con los no analistas depende el desarrollo de nuestra ciencia a nivel nacional e internacional; de ahí la necesidad de dialogar, discurrir y discutir sobre estos temas para que de la investigación en las diferentes áreas psicoanalíticas surjan otras preguntas y respuestas que nos aclaren el camino.

Al final de la obra traigo una serie de conclusiones con respecto a la formación de analistas, y ala nueva profesión del psicoanálisis que se construye en dos procesos específicos: el institucional, y el de enseñanza-aprendizaje que se inicia con el conocimiento de sí mismo en el análisis personal.

Es importante denunciar toda una serie de vicisitudes y develar las posibles falsificaciones que pueden convertir al sujeto en alguien anti-ético. Por lo tanto, es mejor conocer bien cómo se aprende más en forma programada y ordenada con la experiencia, aceptando que los sistemas rígidos son antivocacionales y anticreativos. Lo importante es ser conscientes de lo que hacemos, de cómo lo logramos y cuáles son los objetivos, no sin aceptar cambios en los diferentes procesos, además de admitir que el hombre tiene que adaptarse a las necesidades, en esta sociedad de cambio y de nuevas fronteras abiertas por la tecnología. Actualmente, es el estudio de la irracionalidad con la racionalidad el que nos permite comprender una dimensión más profunda del ser en su sociedad; es así como el psicoanálisis representa un nuevo estadio en la evolución  en general de la conciencia de sí mismo.

Distintas son las personas que han colaborado de una u otra forma para la elaboración de esta obra; unas lo hicieron trabajando directamente en alguna parte de un capítulo, otras dándome autorización para reproducir sus trabajos o artículos publicados en libros y revistas nacionales, extranjeras o internacionales.


[1]Entiendo como ciencias conceptuales aquellas en donde predomina fundamentalmente el orden del concepto filosófico, matemático, lógico, geométrico, cosmológico, económico, político, histórico, sociológico, antropológico, psicológico, o epistemológico; en ellos la energía es más una cuestión de potencia  y no concreta objetiva, cuantificable como en la ciencias (energéticas) atómica, nuclear, física, química, gravitacional, mecánica, electrónica, magnética, fisiológica y biológica; obviamente unas y otras tienen su encuentro  en la unidad humana  cuerpo-mente. Por su parte el concepto de energía es una constante explicativa ontológica que se modifica y transforma en múltiples apariencias, manifestándose en la materia, en el movimiento de la misma y en el trabajo. De tal manera existirían dos clases de energía, una cinética (de movimiento) y otra potencial (de posición); una y otra son estudiadas por las ciencias energéticas que combinadas, nos da la energía vital y por ende el instinto y el impulso.

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