La investigación en psicoanálisis

La investigación en psicoanálisis debe contemplarse desde el punto de vista del investigador, del investigado y de lo que se investiga, en otras palabras, de los sujetos y de los objetivos; estos últimos pueden ser múltiples; unos se refieran al proceso psicoanalítico en general, algunos a los diferentes fenómenos que en él ocurren y otros a las derivaciones teóricas o técnicas originadas en la observación clínica.

La investigación en psicoanálisis es factible de realizarse en lo que se refiere a la formación-de los analistas, a los modelos teóricos y técnicos freudianos y post-freudianos, al funcionamiento en la práctica de las sociedades y de los mismos analistas, a más de éstos en relación con la sociedad en general y con otras disciplinas paralelas al psicoanálisis. La indagación podría aplicarse a cada proceso en particular, adentrándonos en ellos hasta desmenuzarlos. Todo esto implica no sólo uno o varios modelos de investigación, sino todo un equipo y financiación para ello. La pregunta que surge aquí es sí estamos preparados para tal labor. La respuesta es que cada sociedad, cada analista, podría hacer indagaciones a su alcance y con sus medios, no sin tener delineamientos generales de los objetivos que se proponen en las mismas.

Una de las investigaciones posibles es la de la obra de Freud en sus diferentes vertientes o, como ya se expresó, de los seguidores de él o de sus mismos críticos, o de los que han construido nuevos modelos y se han desviado del psicoanálisis.

De lo más importante por indagar es lo que se puede inquirir del instrumento técnico fundamental con que operamos, el de la interpretación y el encuadre, y a la vez de sus propios procesos.

Otro estudio es el que se refiere a la intervención y puesta en juegos de los diversos parámetros y procesos, para la verificabilidad de la interpretación, lo que se realiza con probabilidad de errar; esto puede ocurrir porque se está por fuera del proceso diádico específico de la investigación psicoanalítica propiamente dicha; un análisis de aquellos proceso no valida ni invalida la investigación solamente; lo que sí observamos es que cuando nos proponemos esta clase de indagaciones nos encontramos con una serie de variante entre los cuales se pueden mencionar los ya nombrados modelos y esquemas teóricos y técnicos con que cada uno de los investigadores realiza su trabajo.

De una u otra forma nos encontramos con el proceso del conocimiento en psicoanálisis; el examen de los procesos mentales que llevan a este conocimiento,  incluye los del pensar; el mismo Bion toma de Freud, de Piaget, de Kant y de otros filósofos, diversos conceptos para construir su modelo. Así lo hacen la mayoría de los investigadores, que con uno o varios modelos conceptuales trabajan para entender los fenómenos mentales o para estudiar la misma operatividad de los modelos. Lo que no es frecuente encontrar entre los analistas, son las investigaciones realizadas a la dinámica de los grupos sociales; ésta se efectúan por otra técnicas, algunas derivadas del psicoanálisis.

Algo que debemos considerar fundamental es el momento de la investigación; cada investigador, en su investigación, tiene no sólo un modo –método- sino un tiempo específico en el que ocurren aquellos; Me refiero no sólo al tiempo del encuadre en el análisis sino al tiempo individual de cada uno de los que participan en la investigación (intra y extraanalíticamente); he aquí otra conclusión freudiana.

El objeto de investigación ha tenido su desarrollo; así como se anotó en otra parte, en un momento el estudio mental se centró en el diagnóstico, más tarde en la etiología de la psicopatología o fenómenos clínicos de ella, no sin antes indagar sobre los conceptos energéticos instintivos y objetales; más adelante se investigó muy especialmente la repetición en la trasferencia seguida de la contratransferencia, de los instrumentos técnicos, del encuentro, de la interpretación y otras intervenciones que produjeron cambios definitivos o estables; de aquí se llegó al estudio de las estructuras profundas del “self”, de los primeros estudios del desarrollo y de las diversas posibilidades de cambio de los sistemas y estructuras mentales, básicamente las que configuran el carácter, el narcisismo o los casos limítrofes pasando antes por los procesos que llevan al sujeto a la actuación “adentro”, y “afuera”, a los desórdenes psicosomáticos y al Yo a pensar y adquirí la identidad, esto último implica toda una serie de vicisitudes en los proceso de identificación. Unos u otros temas son revisados, relacionados y/o correlacionados, tratando de buscar soluciones al desorden del funcionamiento mental.

En ese inquirir se rastrea la literatura al respecto y se conecta con los fenómenos clínicos. En síntesis, de la historia y de los síntomas de conversión se llegó al carácter y luego a los casos limítrofes, a las personalidades narcisísticas; si bien inicialmente nos alejamos de la psicosis, ahora estamos volviendo a ellas (2).

Desde el punto de vista de la enseñanza, la investigación partió de la técnica y del manejo de la transferencia, y luego de la contratransferencia para después investigar todos los procesos que intervienen en la enseñanza-aprendizaje, incluyendo los de las instituciones psicoanalíticas y los de las relaciones entre analistas y los del entrenamiento de no médicos.

El investigador psicoanalítico tiene varios caminos para su labor, unos dentro de la situación analítica y otros por fuera de ella; en esta última se incluye lo que se realiza en los estudios de los materiales clínicos para con ellos llegar a la comprensión de los modelos teóricos y de los instrumentos técnicos. Esto es bien conocido por todos. Ahora, cuando indagamos en cualquier hecho o fenómeno mental, tendremos que pensar en el o los métodos que utilizamos en la investigación, en el contenido, en las funciones con el objetivo y objeto de estudio.

En psicoanálisis el método empleado por fuera de la situación analítica es más de tipo consciente, lógico, reflexivo, deductivo y criticó. Por su parte, el objeto de  indagación cambia según el momento (tiempo) de los intereses y motivaciones, algunas veces provenientes de las necesidades grupales, otras por la imposición de una minoría institucional; de una u otra manera se enfrenta a la práctica, a qué hacer para ayudar al analizado a cambiar y mejorar en forma más objetiva, técnica y científica. Pero ¿qué significa esa objetividad y ciencia? La respuesta recae en el conocimiento profundo del método y del proceso del mismo. Aquí interviene el trabajo metodológico, el lenguaje con que nos manejamos para entendernos, la interacción entre lo investigado y el investigador; la experiencia en esa acción es otro de los objetivos estudiados.

El lenguaje objetivo, significa, explica, diferencia, reconoce, distingue, denota y encuentra la diferencia entre el objeto y el sujeto. La interpretación es el instrumento de ese proceso de descubrimiento; es la explicación de los hechos, de los fenómenos, la que nos permite comprender la pertenencia y distinción de la relación de un evento con otro y de su conocimiento previo para saber cómo proceder en el futuro. El investigador obviamente tendrá que poseer ciertas bases científicas, una herencia de las mismas, una tradición y sobre todo la formación, lo que implica también una experiencia de historia.

Simultáneamente nos enfrentamos al tiempo y al suceder psíquico en el mundo interno y en el externo; uno y otro habrán de tenerse en cuenta en la investigación, más cuando el sujeto no sólo vive para sí mismo en relación de, y para los demás. Las interpretaciones provenientes de aquella investigación no pueden ser generales por que equivaldría a entrar en la pura irracionalidad del mecanismo inconsciente del proceso primario, que no lleva al conocimiento o que está antes de él. La aplicación de una generalización se puede lograr una vez se consiga comprobar uno o varios hechos en la experiencia, lo que implica también realizar una o varias interpretaciones; esto nos lo indica la cura lógica.

En la investigación psicoanalítica también tenemos que aplicar métodos lógicos del proceso secundario pero en una dimensión temporoespacial diferente, en la que interviene la subjetividad y objetividad del investigado, del investigador, de la relación de los dos en y con sus distintas topologías (consciente inconsciente) temporalidades (ayer, hoy y mañana).

Deberíamos también preguntarnos, ¿qué es lo que mueve al ser humano a investigar? La respuesta no es una; ¿investigaremos acaso lo que no conocemos, o investigamos cuando la ansiedad nos lleva a llenar los vacíos sentidos que produce la misma sensación de angustia, o investigamos porque la incertidumbre, lo desconocido es el imán que mueve las conciencias? En realidad hay que aceptar que el conocimiento alivia las ansiedades del ser humano, quizás porque disminuye el temor a la nada y a la muerte: Aquí otra pregunta: ¿acaso ha llegado el ser humano a conocer la muerte?; es muy probable que ha luchado contra ella de distintas maneras tratando de vencerla; esta es otra de las formas de la omnipotencia del hombre, pero también otro los fracasos que llevan implícito un progreso o un avance en la ciencia y en la tecnología. Cada vez que avanzamos un paso más en la ciencia, con ello no hacemos sino probar que queremos prolongar la vida y buscar fuentes de alivio de las ansiedades y del displacer. Einstein decía: “hacer ciencia consiste en hacer teorías, e ideamos una teoría tras otra… porque gozamos comprendiendo”. Surge otra pregunta, ¿qué investigamos?, y ¿es posible la investigación aislada en el ser humano sin la participación del otro? Vale la pena en este momento referirnos a los diálogos de Platón, cuando escribió: “¿Y cómo buscaras ¡Oh Sócrates! lo que tú ignoras  totalmente?, ¿y de las cosas que ignoras, cuál te propondrás investigar?, ¿y si por ventura llegaras a encontrarlas, cómo advertirás que ésta la que tú conoces?” “Entiendo qué quieres, Menon… Quieres decir que nadie puede indagar lo que sabe; porque no investigaría lo que sabe, pues lo sabe, ni lo que no sabe, pues ni tan siquiera sabría lo que debe investigar”. Es por esto también por lo que la investigación de la mente humana requiere de dos participantes, en este diálogo, para que no ocurra como decía Goethe: “vemos sólo lo que conocen”.

En realidad Freud tuvo su influencia humanística devenida de la cultura y educación de su época y ambiente; no sólo fue un lector de la filosofía, poetas y literatos sino un investigador de ellos; por eso observamos sus citas de los filósofos y científicos pre-socráticos, Anaximedes, Thales, Heráclito, Parménides, Anaxágoras, Empédocles, hasta llegar a Sócrates y Platón. En verdad si hay una gran diferencia entre Platón y Freud, pero quizás el primero sirvió de base al segundo en su investigación; si el primero era un idealista que deseaba la armonía y la resolución del conflicto, sin aceptarlo y eliminando las contradicciones y la ambigüedad para llegar a la armonía (suponiendo por ejemplo, como en Platón se puede llegar a negar el origen de la escena primaría o del conflicto edípico), para Freud en cambio, es una cuestión del desarrollo en la cual existe una continua lucha y contradicción con límites pero con posibilidad de cambios.

Con respecto a la validez del psicoanálisis, podemos agregar cómo la validez de una teoría se realiza por la comprobación de la misma y no por la evaluación de la persona que la formuló. La genialidad no reside en criticar a los demás, ya sean estos genios o no; es más inteligente tener la capacidad de autocriticarse para validar el conocimiento y poder comprender sus limitaciones y conocer su ignorancia.

Algunos autores han discutido y puesto en juicio la genialidad de Freud, tanto en su descubrimiento de la teoría como en el de la técnica por él descubierta, e intentaron hacerlo basándose en el estudio de su personalidad con su problemática; al hacerlo sólo dejan de lado los postulados de la metodología científica, no sin desear que él científico o el genio deba estar exento o estéril de problemas.

¿Qué podría pensar si se validara la teoría de la relatividad de Einstein o la penicilina de Fleming porque uno y otro representaron crisis de agresión, obsesiones y depresión?

Muchos autores post-freudianos (Abraham, Klein, Fenichel, Erickson, Fairbain, Winnicott, Bion, Hartman, Kohut, Meltzer, Rosenfeld, Green, Lunson, Grinberg, Garma, Rascovsky, Racker, Liberman, entre tantos) han podido aportar sus conocimientos y hallazgos clínicos, gracias al conocimiento de Freud y a su obra, puesto que en ella muchas veces se guarda una serie de descripciones no descifrables todavía o verdades que podríamos catalogar de escondidas. En otras palabras y utilizando el lenguaje analítico, nos enfrentamos al conocimiento de sus contenidos latente.

Creemos sí que esta metodología Freudiana es la que tenemos que aprender y enseñar. Conviene trascribir aquí algunas ideas de Baranger: “Pensar analíticamente no es aplicar esquemas aprendidos sino aprender a hacer surgir las ideas a partir del material y a conceptualizar lo empírico… y el contacto con esquemas ajenos le permite probar algún aspecto nuevo que quizás pueda integrar en su propia conceptualización y estilo”.

Freud en su obra “Sobre la enseñanza del Psicoanálisis en la Universidad” se refiere a que en el “… investigar los procesos y psíquicos y las funciones mentales, el psicoanálisis se ha ajustado a un método particular, cuya aplicación en modo alguno está limitada al campo de las funciones psíquicas, patológicas, sino que también concierne a la resolución de los problemas… artísticos, filosóficos o religiosos, suministrando en tal sentido múltiples enfoques nuevos y revelaciones de importancia…”, que en nuestra opinión son también los procesos y funciones mentales normales que se utilizan en el proceso de formación del pensamiento.

Por último, queremos exponer cómo al estudio de Freud puede utilizarse para desviarse del psicoanálisis, tomando la parte por el todo, y haciendo axiomas antianalíticos o anti-freudianos con los mismos conceptos freudianos, o también generalizar un conocimiento freudianos y luego desbaratarlo con la lógica científica, sin entrar a estudiar lo que podríamos llamar el “fenómeno freudiana”, ya implícitamente expuesto en este escrito.

Jean Bergeret, psicoanalistas de Lyon, escribe en un artículo titulado “La API y la investigación científica en psicoanálisis”, con respecto al futuro de la investigación psicoanalítica, en los siguientes términos: “Si no queremos que empiecen a proliferar las desviaciones conceptuales incontrolables; si no queremos, tampoco, estancarnos en un conformismo que permitiría sin duda que otras disciplinas próximas (farmacología, neurobiología, psicosociología de la conducta, etc.) vinieran a ocupar nuestro terreno con un espíritu muy distinto al nuestro; y si tampoco queremos que se dispersen los esfuerzos de los más dotados por los nuestros, es preciso  que la API asuma mejor sus obligaciones en la esfera de la coordinación científica. Para ello convendría dotarla de un Consejo Científico, precedido por el Vicepresidente de la API al mismo tiempo. Preciso es, en efecto, tomar globalmente en consideración todo el  conjunto de lo que cada lengua suponía a nivel de representaciones latentes, ocultas detrás de la enunciación de discurso” (1).

El presidente de la API, doctor Adam Limentani, pidió al doctor Bergeret, un documento de trabajo con destino a la reunión de los presidentes de la API, este documento consigna: 1) un balance sobre el modo como los analistas conciben formación y su práctica, así como su forma de articularlas con la teoría psicoanalítica: 2) una sinopsis de las distintas formas de abordar determinados conceptos básicos, unánimemente admitidos, pero cuyas definiciones distan mucho de ser idénticas de un lugar a otro; 3) unas nociones generales para integrar comisiones internacionales para la investigación de las dificultades que se presentan en la actualidad; 4) una elaboración de nuevas hipótesis a desarrollar y a someter a crítica, relativas tanto a posibles nuevas articulaciones entre los conceptos freudianos de referencia, como  a conceptos nuevos derivados de cuanto la experiencia clínica nos impone, y de la reflexión que de ellos lógicamente debe desprenderse.

“Con el fin de mantener en vida un nuevo pensamiento científico (igual que para mantener en vida cualquier empresa humana), no basta con dedicarse, aun con una eficacia indiscutible, a minimizar las dificultades o los conflictos internos; en determinadas ocasiones se hace preciso dar un paso más, e ir aún más lejos”.

Como podemos observar, no es fácil la organización de una investigación a nivel nacional y menos internacional. Los analistas tienden a desarrollar su pensamiento individualmente, volviéndose, como ya se anotó, celosos de su o sus modelos, no aceptando ninguna inferencia con respecto a modelos socio-culturales que puedan incluir en el pensamiento psicoanalítico; sin embargo, no nos damos cuenta que estos modelos hacen parte de nuestra propia identidad.

La investigación también se hace difícil porque los analistas, en nuestro trabajo diario, la hacemos a nivel individual con nuestros pacientes; cada sesión de cada paciente es una investigación; de tal manera que embarcarnos en otra u otras nuevas investigaciones es un trabajo arduo y de mucho tiempo. Por su parte, al tiempo que los analistas dedican a la profesión clínica psicoanalítica, sumado al dedicado a la docencia, cuando ésta se lleva a cabo, al del estudio en general y al de vida familiar y social, todo este tiempo de dedicación no permite distraer otras horas a una investigación psicoanalítica que no tiene remuneración alguna.

Desde el punto de vista económico, los analistas nos vemos enfrentados a cumplir unas exigencias económicas que deben llenar los valores naturales de la sociedad en que vivimos, en donde obviamente se requiere de un bienestar general para así mismo poder trabajar adecuadamente.

Todo esto supone grandes erogaciones que tienen que producirse a través del trabajo. Como observamos en un capítulo anterior, muchos analistas necesitan de trabajos extras, docentes, clínicos psiquiátricos, de psicoterapias breves o de otras actividades, a un agropecuarias, para equilibrar sus programas económicos. De otra manera, no son muchos los pacientes que pueden pagar sumas suficientes para que un analista, con ocho horas de trabajo diarias, gane la cantidad necesaria para mantener su nivel de vida.

Las investigaciones psicoanalíticas que requieren de dedicación, estudio, elaboración y tiempo, no son asumidas por ninguna entidad nacional, internacional o privada, porque se entiende que la investigación psicoanalítica tiene un objetivo y beneficio individual y no colectivo. Así expuesta esta idea, se niega con ella la posibilidad de diseñar investigaciones que tengan repercusiones colectivas a diferentes niveles; de arte, cultura y creatividad en general, pedagógicos, sociológicos (incluyendo las relaciones ideológicas que han llevado a un desajuste en la paz del mundo), y de intereses colectivos en general.

La mayoría de los analistas seguramente no comparten estas ideas, pues piensan que el psicoanálisis “per-se” es solamente la teoría y la técnica aplicadas al sujeto en el proceso analítico. Por lo tanto, no cabría una salida del análisis por fuera de esta situación; de tal manera, la aplicación de la teoría a otras áreas nos llevaría al “análisis aplicado” en el que no se está interviniendo o no se puede hacerlo con la técnica de la interpretación analítica. Si bien lo dicho es válido dentro de este modelo conceptual, no lo es si ampliamos la visión y le damos la posibilidad al análisis de aplicar sus teorías al grupo humano, como se ha hecho con otras técnicas derivadas del análisis. Así, de esa forma, podremos encontrar nuevas técnicas aplicadas a situaciones extra-proceso analítico pero intra-psíquicas, intra-sociales, intra-pedagógicas e intra-procesales creativas.

Todo esto es discutible, y nosotros, los analistas teóricos, técnicos y clínicos, preferimos quedarnos en la situación analítica y participar activamente en ella con nuestro actual saber y entender y con el fundamental método terapéutico, utilizando la ya nombrada interpretación analítica en la transferencia-contratransferencia del aquí-ahora. Esta posición obviamente es cómoda, es la que aprendemos y la que nos enseñaron; irnos a otros campos es toda una aventura para la cual no estamos preparados, aunque podríamos estarlo.

Pienso que un grupo interdisciplinario de investigaciones en donde se incluyan los psicoanalistas, puede intervenir en la programación de políticas nacionales, internacionales y privadas en los diferentes campos, aun incluyendo la industria y la economía. Obviamente se requeriría de estudios preliminares, de integración de los equipos, de diseño de modelos, de estudio de factibilidades; es decir, de una investigación previa para poder realizar en la práctica lo que se propone. Posiblemente a finales de siglo, o en el entrante, los dirigentes de las grandes organizaciones sean conscientes de la necesidad de integrar el psicoanálisis y los psicoanalistas dentro de sus objetivos en el campo laboral.

Por último  es mi deseo exponer aquí que también es necesario promover la formación de los analistas investigadores que estén interesados en la aplicación del psicoanálisis a otras áreas.

Pensemos que la modificación de la conducta de los sujetos no se realiza exclusivamente en el laboratorio del proceso analítico individual; la actitud del hombre se modifica también con el cambio de actitudes dirigidas; la historia lo ha demostrado.

La tecnología y la ciencia actual con sus computadoras precisan demostraciones cuánticas estadígrafas; los hombres actualmente necesitan, exigen y urgen número para demostrar hechos, lo cual, hasta ahora, es imposible de realizar en el psicoanálisis.


2 Gaddini Eugeni, 1984, “Cambios en los pacientes psicoanalíticos hasta nuestros días” en “Cambio en los analistas y en su formación”, Colección de Monografía Nro. 4 pág. 6-20
1 Bergeret Jean, 1985, “La API y la investigación científica en psicoanálisis”, Newsletter API, Vol. XVII No. 2, pág. 3.

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