Los cambios y el poder con relación al psicoanálisis y a la formación

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

Tanto la investigación como la formación no están excluidas de cambios a distintos niveles. Desde Freud hasta hoy día los ha habido; es por esto por lo que nos enfrentamos a diversos modelos teóricos, técnicos, que han enriquecido los postulados freudianos. Cada día encontramos mayores investigaciones teóricas y más grande profundidad en ellas, sustentadas en el laboratorio clínico.

El entrenamiento de cincuenta o veinticinco años atrás no es el mismo de hoy. Actualmente se depura cada vez más la técnica y la formación. Hoy hay mayor interés en los profesionales no médicos por conocer del psicoanálisis y por formarse como analistas. El desarrollo del psicoanálisis ha sido muy grande, pese a que existen fuerzas antagónicas contra su cuerpo de conocimientos, que la mayoría de las veces es desconocido por los mismos enemigos en ocasiones muy intelectualizados, que racionalizan y justifican sus ataques, muy lógicos, pero construidos sobre la base de la irracionalidad inconsciente. Es claro que quien desconozca al inconsciente no puede enfrentarse a su misma discusión. En Latinoamérica han existido polos de desarrollo del psicoanálisis en México y en especial en la Argentina; sin embargo, en Colombia, ya tenemos treinta años de vida psicoanalítica institucionalizada y se han conformado no solo una sino varias instituciones para la formación de analistas; una de ellas está reconocida internacionalmente y es filial de la organización o Asociación Psicoanalítica Internacional, cuya sede está en Londres y su presidencia actual la ejerce una estadounidense.

En Colombia, actualmente existe una gran apertura para el desarrollo de la ciencia psicoanalítica y para que esta sea llevada a distintos niveles desde el bachillerato hasta las universidades y los profesionales de postgrado. Todo configura un cambio de apertura no solo hacia fuera sino hacia dentro, puesto que el análisis debe enriquecerse con ciencias que aporten un mayor conocimiento del hombre. El desarrollo es todo un proceso, y este tendrá que darse tarde o temprano; en el momento actual se está dando.

Las transformaciones en la formación también se fraguan; es así como en diferentes instituciones se están entrenando analistas. Ahora, ¿Cuál será el resultado posterior? Pienso que depende de cómo se haga el entrenamiento y con qué experiencia, para no crear “teguas” del psicoanálisis sino profesionales y científicos reales de esta nueva profesión. Emprender tal tarea no es fácil, y el futuro realmente será el que nos dé el veredicto con sus resultados.

Un punto que hay que tener en cuenta, es el que se refiere a la actitud ante la nueva profesión; actitud que se espera no sea la de conseguir “status”, a pesar de que el conocimiento de sí mismo y de los demás, por lo general, crea una atmosfera o sobreentendido de un mayor saber y conocer mágico y omnipotente; de ahí que también surjan las idealizaciones en esta nueva profesión o, por el contrario, se le ataque como una amenaza por el mismo conocimiento presupuesto en el analista.

Los análisis, generalmente, se han vuelto más largos, pero esto hay que replantearlo; es necesario interrogarnos si no se estará tratando de buscar ideales en los analistas jóvenes. Pienso que es cuestión de definir las metas para luego entrar a discutir los procedimientos, no sin pasar por el aprender de la experiencia. En esta temporalidad expuesta puede tratarse de una necesidad de hacer en menos tiempo el máximo; es una cuestión del manejo de la temporalidad, más cuando las necesidades vitales y las fuerzas de la competencia y de la rivalidad están comprometidas. Entendamos como el ser humano desea hacer más en el menor tiempo posible para así tener más y mejores cosas en esta sociedad de consumo, donde la supervivencia se pone a prueba en todos los niveles.

Las actividades de los analistas, como ya se dejó expresado, oscilan entre las puramente clínicas y las docentes, hasta las administrativas y las económicas aparte de las profesionales.

En ese interjuego del hacer profesional y el hacer extra-profesional existe una banda más o menos grande, de acuerdo con las personas, para el desarrollo de las diferentes actividades; es así como observamos analistas que dedican la mitad de su tiempo a labores asistenciales psiquiatritas o a la docencia; otros destinan un cuarto de su tiempo a cumplir con actividades laborales extra-analíticas los costos de la supervivencia. En una franja pequeña quedan algunos analistas que aun realizan actividades extra-institucionales docentes para también adquirir prestigio y fuentes de supervivencia; de tal manera se crean sistemas paralelos de formación analítica.

El, o los problemas, se van construyendo de acuerdo con las situaciones que se presenten. La filiación científica, las herencias y las tradiciones psicoanalíticas son factores que no pueden descartarse de la formación de los profesionales; si bien, como lo afirma Roger Dorey citado por Robert Wallerstein (1), todo el sistema de formación es un intento de transmitir a las nuevas generaciones lo que nosotros hemos recibido de la anterior y, en última instancia, de Freud mismo.

En Colombia como ya se expuso, estamos abiertos a diferentes pensamientos; sin embargo, somos dados a la crítica severa de cualquier teoría. A la vez ocurre el fenómeno de siempre cuando no conocemos algo, lo criticamos o lo desconocemos, o bien lo idealizamos; una y otras posiciones no son las mejores para el conocimiento.

Desde cierto punto de vista es necesario explicitar cómo no podemos institucionalizar las teorías y menos convertir la ciencia en dogma, pues cuando lo hacemos, estamos en una postura anticientífica y anticonocimiento. Las instituciones hay que aceptarlas como medio para organizar mejor la metodología  de la enseñanza y formación, también para estimular la creatividad, no sin aceptar que existen problemas, fallas, errores y conflictos en todo ese desarrollo profesional.

Una de las tendencias observadas en algunos medios científico es la del revisionismo; éste, aunque es válido, puede caerse en la falla de que todo necesita revisión; así llegaríamos a la revisión del revisionismo, y de tal forma a un cuestionamiento infructuoso. Lo importante no es quedarse estático, sometido, dependiente, y caer en un psicoanálisis dogmático, religioso, cerrado, rígido, sin aceptar los cambios y las nuevas ideas que pueden surgir por dentro o por fuera del mismo análisis; sin embargo, es peligroso también salirse de aquel y, creyendo que se está operando dentro del mismo campo, lo que ocurre es que se actúa en uno distinto, al cual no se le puede denominar psicoanálisis. De tal manera quiero dejar explicito cómo es mejor no conducir el análisis como una doctrina o como una ideología o como un sistema filosófico, sino como una hipótesis de trabajo científico en continuo cuestionamiento. Las polarizaciones antes mencionadas pueden ocasionar fuerzas de poder, el psicoanálisis, las instituciones y aun la situación analítica ser utilizados como otro poder que le quita libertad y amplitud al conocimiento.

Con respecto al poder, éste se asocia al querer y al deber en el hacer y en el tener del ser. El poder en el análisis es posible llevarlo a cabo desde la situación analítica con el encuadre y el contrato hasta conducirlo a las mismas instituciones psicoanalíticas. Por el contrario, el no poder, el no deseo y el no deber pueden ser la antítesis malformante. El poder por fuera del proceso analítico es comúnmente observando en las instituciones analíticas que se ocupan también de la formación. No hay que descartar que en todo ser humano operan estas triadas, de lo que se trata es de que sean funcionales a beneficio propio y común.

Cada una de estas triadas (poder-querer-deber; ser-hacer-tener) está impelida por las fantasías conscientes y las inconscientes; lo importante es detectar qué tenemos, qué queremos y qué debemos hacer y tener en nuestro ser, sin caer en pactos poco benéficos para el mismo análisis; de ahí que sea mejor explicitar las reglas de juego en forma muy clara, desde un inicio y aun antes del entrenamiento para seguirlas en forma coherente y clara.

El analizado es posible que lleve sus fantasías de poder al análisis y aun al entrenamiento y al conocimiento, ubicando éste en una trinchera de poder para de allí atacar o defenderse de los temores persecutorios. El poder, como quedo expuesto, en otro lugar, es posible que se ubique en el mismo “status” del analista; de tal manera que el estudiante o el profesional candidato se somete a esa condición para conseguir más adelante su categoría de analista, y posteriormente desee el poder en el mito del analista didáctico, quien solamente es la persona que tiene mayor experiencia y se ha dedicado a la enseñanza y al estudio del psicoanálisis en forma más concienzuda. Los psicoanalistas no están exentos del poder, de las ambiciones, de las envidias; esta situación se presenta en todos los grupos humanos que operan con los valores de la sociedad, el dinero y el prestigio de clase, algunas veces ubicado espacialmente en el “extranjero” y más cuando éste es nórdico.

Es necesario que el análisis y las instituciones estén percatados de estas eventualidades para trabajarlas analíticamente, de manera cuidadosa y aplicada en la relación transferencial-contratransferencial y aun por fuera del proceso, a fin de que esas tendencias y juicios de valores no configuren ecuaciones operantes que puedan tomar predominio en la investigación y en la formación analíticas, y menos que afecten nuestra ciencia haciendo de ella un pilar del poder.

Todo lo anteriormente expuesto no significa, como ya ha quedado explicito, que no se presenten problemas y cambios que los susciten y produzcan confusiones momentáneas. Pienso que lo importante es no permanecer en el error y no reconocerlo, sí en cambio reflexionar en él para originar rectificaciones y cambios positivos, superando así las posibles perturbaciones de cualquiera de los procesos a que he hecho referencia en la formación, antes y después de ella.

Uno de los fenómenos a que nos enfrentamos también, es el del facultativo que desea prestigio por medio de su actividad profesional o por la docencia; pienso que el investigador y el científico no buscan primordialmente prestigio sino aclarar incógnitas planteadas en el campo de la investigación, la meta de ellos es el conocimiento, y desde el punto de vista terapéutico, la mejoría del dolor humano cambiando lo intolerable por lo tolerable.

No hay que desconocer que las instituciones son núcleos en donde se ubica el poder en, y para el hacer y así tener. El poder, de tal manera, es posible que se convierta en una fuerza para escalar posiciones o para adquirir prestigio o para controlar toda una política lo mismo que las decisiones. También se presenta un poder soslayado de presiones ultra-criticas inquisitorias que desean situar al sujeto por encima de todo un saber, rechazando o negando mezquinamente ciertas explicaciones que llevan a un entender; esto se realiza con una actitud y una pseudo-conceptualización rígida ubicándose por encima o más allá del simple entendimiento y comprensión. Esta posición ultra-critica es paralizante del mismo conocimiento y presupone toda una actitud omnipotente y omnisapiente, ocasionalmente situada en la rigidez científica del mismo conocimiento. Estos ultra-críticos pueden serlo no sólo de los modelos teóricos sino de las mismas organizaciones institucionales formativas.

Por lo expuesto, es por lo que hay que tener cuidado de no caer o dejarse  llevar por estas fuerzas que en el análisis pueden operar en contra del mismo desarrollo analítico, creándose a la vez antagonismos latentes, no hablados sino silenciosos, además de otra fuerza de poder en relación con el psicoanálisis y con las instituciones psicoanalíticas. Es evidente que la crítica es necesaria para el mismo desarrollo de cualquier ciencia, pero cuando aquélla está dirigida a las personas más que los conceptos, el cuidado, debe ser mejor, pues aquélla, la crítica, nos está revelando toda una posible subjetividad de la cual el ser humano no se puede despojar. Pienso que es mejor tener una actitud amplia, tolerante, aceptante, autocrítica, creadora y propiciatoria del cambio benéfico, dando participación a todos los que estén bien dispuestos a colaborar con actividades benéficas para la colectividad y para nuestra ciencia psicoanalítica.

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