Formación de analistas no médicos

 (El análisis laico, “profano”)

Me voy a referir al mal denominado “análisis Profano”, también llamado “análisis lego”. La palabra profano tiene connotación de profanar o sea de tratar una cosa sagrada sin el debido respeto o aplicarla a usos profanos; la misma palabra profano viene de pro: fuera, delante, y fanum: templo; luego equivale a lo que no es sagrado ni sirve a esos usos, sino a los puramente seculares. Otras acepciones indican sin reverencia a las cosas sagradas; libertino o muy dado a las cosas del mundo; aún más, profanar -según el diccionario- es también deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables. En todas estas significaciones que da implícito lo peyorativo, y la connotación básica de la acción en contra de los valores y la moral, atacándolos o yendo contra ellos y lo sagrado. Si observamos un poco más desde el punto de vista lingüístico, el estar fuera del “templo” (profanar) descalifica al ser en su acción, en su hacer y tener. Por lo tanto, quien está dentro de aquel sería calificado, aceptado, actuado dentro del respeto, los valores y la moral, no siendo espurio sino válido. Entendemos a la vez que antiguamente era los sacerdotes los que se ocupaban de la salud, los que estaban dentro del templo; éste era el sitio al que acudían los pensadores, filósofos, espiritualistas, sacerdotes, y aun políticos que ya en los atrios pronunciaban sus oratorios o discursos. Estar dentro del templo significaba participar de un grupo, una ley, una magia, omnipotencia y omnisapiencia sagrada sobrenatural, venida del cielo; eran las lenguas de fuego (luz de la verdad) caídas sobre las cabezas de los apóstoles recogidos en el salón en donde se comían, oraban, comunicaba e informaba para tener el poder de la verdad. Hoy día pensar así en cualquier ciencia es estar alienado, negar que han pasado ya milenios y que las ciencias y las verdades sólo tienen el límite del entendimiento.

Al psicoanálisis no se le puede decir que es “profano”, pues no sólo no profana en el sentido estricto, sino que nunca ha estado ungido de la verdad, de la magia y omnipotencia. Si bien esas tendencias existen y existirán más en los seres primitivos que dan esa connotación a quienes conocen más allá de lo que se ve en el exterior, más adentro de la piel primera; y a los que conocen el cuerpo y la mente en su  funcionamiento, en su mal y en su cura.

Aun referimos al psicoanálisis lego (“lay analysis”) es enmarcarse en la significación del latín, laicus: popular, pueblo, el que no ha recibido ni siquiera la tonsura clerical, o que es faltó de letras o noticias; también según las comunidades religiosas, el que siendo profano no tiene opción a las sagradas órdenes.

Recordemos una vez más que las letras, el saber, la ciencia, por muchos años salió o nació de los sitios cerrados, aislados, en donde se pensaba, inventaba, lo que se hacía en los conventos y templos. De ahí que se utilicen los términos “profanos y lego” al psicoanálisis como herencia de aquellas épocas proyectadas a la actual; es decir, si el sujeto no tiene opción de ungirse con las sagradas órdenes en los templos de las universidades (en este caso las facultades de medicina, porque en ellas no se ha estudiado y recibido el grado), entonces quien conozca de una ciencia sin tener aquella licencia significa que es profano o lego.

Hay que explicitar muy claramente si el psicoanálisis es una especialidad de la medicina o unas sub, super o supra-especialidad derivada de la psiquiatría o si es, por el contrario, una ciencia con modelo, teoría y técnica propios. No quiero entrar a discutir los prefijos “su, súper o supra” pues equivaldría a ubicarnos dentro de una valoración de la ciencia dejando a una u otra (neuro-psiquiatría  y psicoanálisis) por encima o por debajo, lo que equivaldría a caer en una trampa y falencia anti-científica y sí muy subjetiva.

Obsérvese que nunca se ha dejado de aceptar y respetar a la neurología o sus subdivisiones como ciencia; porque en ella se puede medir, cuantificar, graficar, probar potenciales físico-eléctricos, movimientos y sustancias químicas. Por su parte, cuando la psiquiatría se vuelve más neuro-físico-química siguiendo los patrones de comprobación cuantificables y probados, entonces se le considera más ciencia, en cambio aquellas observaciones de los fenómenos mentales como los pensamientos, las fantasías, los sentimientos, las representaciones, que aún no podemos graficar, cuantificar y probar en su formación y en su funcionamiento, a estas disciplinas y modelos se les considera no científicos, y en su connotación religiosa y más sagrada, profanos y legos.

Es de observar que cuando un sujeto el grado de médico y ejerce las técnicas psicoanalíticas, entonces se le considera válido y no lego o profano, aunque no se haya entrenado en institutos especializados; sólo el grado de “doctor” le da el “status”, la calidad o calificación para entender y practicar las ciencias psicoanalíticas. En cambio, si un sujeto no tienen el “grado de doctor” en medicina (que se ocupada del cuerpo y la mente ), entonces no es válido porque no ha sido consagrado como quien tiene el poder del conocimiento de lo interno; parecería a la vez que para obtener el grado hubiese necesitado contradictoriamente que “profanar” el cuerpo con autorización de la ley, abriendo el cadáver, disecándolo, conociéndolo por dentro y desde la muerte hasta la vida para así hacerse cargo de ellas; pero ahí está la connotación de lo prohibido, de lo permitido y del poder.

Quienes hemos pasado por un anfiteatro haciendo disecciones y luego por un quirófano operando, viendo sangrar tejidos, pulsar corazones y moverse víscera, estamos en realidad más impregnados de vida, de angustia y de la posibilidad de enfrentarnos a la inmovilidad y a la muerte física y mental; eso es cierto, pero no implica que hoy día, con las nuevas tecnologías, debamos someter al sujeto que desea aprender y conocer de la ciencia psicoanalítica a tener que saber anatomía, fisiología, patología, farmacología y técnicas quirúrgicas. Es necesario aceptar que los tiempos cambian, que evolucionan las técnicas y surgen nuevas disciplinas, formas y posibilidades de actuar. En realidad hay una polémica sobre sí el acontecer psicoanalítico es un acto médico o no; las diferentes opiniones, dan sus argumentos, pero si nos detenemos en el acto puramente médico, notamos cómo existen el celo y el purismo inoperante dejando, a cualquier acto psicológico que implica terapia (cura-tratamiento) de un desorden, descalificado por no ser operado por el consagrado medicó.

El tratar al paciente con un desorden mental implica a la vez la intervención implícita de todos sus sistemas psicobiológicos; entendemos cómo todos estos (somáticos y psicológicos) pertenecen a una unidad con sus repercusiones e interrelaciones mutuas. De aquí se infiere la necesidad de comprender que en la relación analítica (analista, analizado) intervienen procesos psicosomáticos, y que el analista debe estar alerta y consciente desde el inicio, de posibles desórdenes puramente somáticos; por eso el mismo Freud pensaba que era “preciso poseer, para no extraviarse en su recinto, conocimientos anatómicos y fisiológicos…” (7). Para que el enfermo no sorprenda al analista con problemas de otros sistemas en los cuales el psicoanálisis no tiene ninguna intervención, Freud en la misma obra (8) dice: “por mi parte, aconsejó, o, mejor dicho, exijo que a todo analista preceda  un diagnóstico médico”. Más adelante agrega: “… No es nunca conveniente reunir en una sola mano dos tratamientos, el psíquico y el orgánico” (9).

Al pensar sobre este tema podría aparecer la duda de si el psicoanalista debe saber de medicina o no. La respuesta podría iniciarse desde el siguiente punto de vista: el psicoanalista tiene que aprender primero de sí mismo, renunciando a la omnipotencia, a la omnisapiencia y al monopolio de ser él, el único capaz de hacer psicoanálisis; pero sí ser consciente de “los peligros que pueda traer consigo, tanto para nuestra causa como para los enfermos, el ejercicio de un ‘psicoanálisis silvestre’, no nos queda otro camino”. Agrega Freud; “En la primavera de 1910 hemos fundado una asociación psicoanalítica  que hace publicar el nombre de sus miembros, con objeto de poder rechazar toda responsabilidad derivada de la actuación de aquellos que no pertenecen a nuestro grupo y dan, sin embargo, a sus procedimientos médicos el nombre de psicoanálisis. En rigor, tales analíticos Silvestres perjudican más muestra causa que a los enfermos mismos” (10).

En la obra “Psicología y Medicina” (11) escribe Freud: “Pero si pienso en los destrozos que algunos analíticos han causado con la interpretación de los sueños, me torno unido y casi doy la razón a nuestro gran satírico Nestro, cuando afirma que todo progreso no es sino la mitad de lo que en un principio se creyó. Ahora bien, no es cosa sabida que los hombres no hacen sino embrollado y destrozar todo lo que cae en sus manos: Con un poco de prudencia y de disciplina puede evitarse la mayoría de los peligros.

Todos los seres humanos por lo general sentimos que tenemos la verdad y asumimos que poseemos el derecho a emitir juicios con respecto a nosotros mismos y a los demás porque algo se conoce o sabe de la vida anímica; por ello nos sentimos psicológos.

El día 28 de setiembre de 1985 se efectuó en Bogotá, en la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis, una reunión de Analistas Didactas con el fin de discutir el tema de la formación de analistas no médicos; el Presidente de ese entonces, la doctora Inga de Villarreal, hizo la siguiente “introducción” que me fue facilitada para su revisión y su publicación.

Introducción

“En el año 1927 Freud envió un telegrama al Congreso de Innsbruck que terminaba así: ‘Después de desear un trabajo científico fructífero expresó la esperanza de que ustedes, por el sentimiento de la tarea en conjunto, encontrará la fuerza para ponerse de acuerdo en cuestiones prácticas’. Esta frase se refería la discusión sobre el mal llamado ‘Análisis Laico’. Hasta hoy, tanto a nivel internacional, como a nivel local sigue sin resolverse. Los argumentos, tanto en pro como en contra, de aquella época, son sorprendentemente parecidos a los que nosotros hemos pronunciado y escuchado aquí durante los últimos 20 años.

“Como es bien sabido, los primeros profesionales que seguía a Freud eran médicos y no médicos, siendo siempre mayor el número de médicos que el de no médicos. Sin embargo, solamente cuatro de los no médicos no tenían carrera universitaria.

“El primer problema surgió por interferencia del grupo de los psicoanalistas, alrededor de Freud, y se instauró el proceso contra el análisis efectuado por no médicos. En 1925 prohibieron el ejercicio del psicoanálisis a Theodor Reik. Este proceso estímulo a Freud para escribir su bien conocido artículo ‘la cuestión del análisis laico’, pero, ya desde antes las autoridades vienesas habían puesto su vigilancia sobre el ejercicio del psicoanálisis. Antes de este proceso, cuando el grupo psicoanalítico quiso fundar una clínica ambulatoria según el ejemplo de Berlín (en 1920), las autoridades pusieron como condición la no participación de los no médicos.

“En Alemania no había, y todavía no hay, esta oposición de parte de las autoridades, contra lo que en esa época se llamaba ‘el curandero no médico’. La posición norteamericana sobre quién podía formarse y ejercer el psicoanálisis se estableció en esta misma época. Ya en un reporte de la Sociedad Psicoanalítica de Nueva York de 1924 se puede leer: ‘la membrecía se reserva únicamente a los doctores en medicina’. Desde esa época se en enfatizó la importancia de la conexión del psicoanálisis con los hospitales, las universidades y la psiquiatría en general (19).

“Esta misma época también fue decisiva para la institucionalización del psicoanálisis. Esto en parte se debió al crecimiento internacional del movimiento psicoanalítico, y en parte a la situación angustiosa de la enfermedad de Freud, que le fue diagnosticada 1923.

“Como es bien sabido, el sistema tripartita de la formación que practicamos hoy día se originó en 1925 en el Instituto de Berlín. Así que la discusión sobre la cuestión del “análisis laico “ha sido íntimamente ligada a la discusión sobre la formación. En 1925, en el Congreso de Bad Homburg, se decidió la formación de un Comité Internacional para la educación, y en los congresos que siguieron se realizaron grandes discusiones en las cuales los congresistas encargaron a esa Comisión la reglamentación de la formación y, en últimas, también la decisión sobre el análisis laico. En estas discusiones había oposiciones y grandes tensiones afectivas que siguieron hasta 1938. Los norteamericanos insistieron en su funcionamiento autónomo en todo lo que se refería a la formación y también a la admisión de no médicos.

“La exigencia en 1938 era que la Asociación Internacional debería dejar de existir, como un cuerpo administrativo y ejecutivo, y no debería ser sino una asociación con objetivos científicos.

“El punto de vista de Freud nunca cambio; ya en 1913 en el prólogo al libro ’Pfister’ se declaró en favor del análisis laico. Cómo se sentía Freud por los desarrollos del año 1938 se puede leer en una carta de agosto de 1938: él ‘… Me siento herido por la conducta de los analistas americanos en la cuestión del análisis laico, parece que no me quieren’ (19).

“No sólo por lo anteriormente expuesto el año 1938 fue un año de cambios de gran alcance para el psicoanálisis; como es bien sabido, fue el año en el cual Freud tuvo que salir de Austria. El Instituto de Viena con su dependencia en Praga, y los Institutos de Roma y de Berlín, se cerraron. La gran mayoría de los analistas habían  emigrado también. En Berlín algunos analistas siguieron trabajando en el Instituto Alemán de Psicoterapia bajo el mando del doctor Goring, primo hermano de Hernán Goring. La discusión sobre la cuestión del análisis laico desapareció de la escena internacional por muchos años.

“Después de la segunda guerra mundial, Ernest Jones impulso nuevamente la I.P.A.., con la regla establecida en 1938. La A.P.A., con más de la mitad de los miembros pertenecientes a la Internacional, manejada, y todavía maneja, la formación de psicoanalistas (todos) médicos a través de su poderosa ‘Board of education’. La discusión ha continuado por años sobre la educación y formación en Estados Unidos. Las sociedades europeas, siguiendo el modelo histórico, seguían adiestrando a no médicos a la par con los médicos. En Alemania y en Inglaterra esto se hizo bajo la responsabilidad de un médico. La situación desde este punto de vista en Latinoamérica ha sido más compleja. Algunas sociedades (como la de Argentina) contaban con no médicos entre sus fundadores, pero cerraron la formación para no médicos en la post-guerra, siguiendo el modelo norteamericano

“Otras parece que han admitido no médicos desde un comienzo pero en número muy reducido. Sin embargo, en el curso de los últimos quince años muchas de las Sociedades Latinoamericanas han abierto sus puertas a los uno médicos y la situación en este momento es la siguiente: La Asociación Psicoanalítica Argentina y la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires abrieron la formación para psicólogos hace poco más de un año. La principal razón por la cual no lo habían hecho antes era, según ellos, la legislación del área de Buenos Aires que prohibía el ejercicio del psicoanálisis a los no Médicos.

“La Sociedad Psicoanalítica de Mendoza ha recibido no médicos desde su iniciación. Lo mismo ha hecho Chile y Uruguay. En Brasil, la Sociedad de Sao Paulo recibe no médicos desde hace muchos años. Las dos sociedades de Rio de Janeiro  abrieron la formación para no médicos durante los años 70 y la de Rio de Janeiro en Porto Alegre no admite sino Médicos.

“Venezuela con una excepción, no había sino médico durante los primeros años; sin embargo, abrieron la formación para no médicos en 1980. Los últimos grupos de candidatos están constituidos casi exclusivamente por psicólogo. Este desarrollo les causó cierta preocupación y ahora están tratando de tener en sus grupos de candidatos un 50% mínimo de Médicos.

“El grupo de Lima admitió no médicos desde su inicio. La Asociación Mexicana ha admitido desde siempre miembros no médicos, pero los psicólogos deben tener un PhD y el número de ellos que se entrenan es muy reducido. La Sociedad de Monterrey no está entrenado sino médicos en este momento, pero abrirá la formación a no médicos en un futuro próximo.

“Como ustedes pueden apreciar, la Asociación Psicoanalítica Americana de los Estados Unidos de Norteamericana, la de Porto Alegre y Colombia, son las únicas que mantienen la política de no formar a los no médicos.

“Después de esta introducción, en la cual he destacado aspectos históricos actuales, quiero llegar al punto central: Freud escribió, en 1926, en una carta a Paul Federn: ‘la lucha por el análisis laico tiene que pelearse hasta el fin alguna vez. Mejor ahora que más tarde’. La lucha que no se dio en 1926 quedó latente; pero, en mi opinión, se va a dar en los próximos años. Mejor dicho, ya comenzó de manera históricamente coherente; estalló en los Estados Unidos, lugar donde el problema fue más reprimido. Fue así como se iniciaron acciones legales.

“Algunos psicológos norteamericanos PhD y otro graduado en leyes de la Universidad de Harvard, alegan que en su país existe un monopolio en el Instituto Psicoanalítico de Nueva York y en el Instituto de Columbia para el entrenamiento psicoanalítico; a pesar que en Nueva York también los trabajadores sociales hacen psicoterapia y hay una proliferación  de sitios en donde se enseña psicoanálisis. A la vez otros psicólogos de los Estados Unidos viajan a Europa y Allí son aceptados para entrenamiento psicoanalítico sin que la A.P.A se oponga. Se puede uno preguntar aquí: ¿es un problema de política o de convicción de identidad médica  profesional? ¿Qué puede hacer la Asociación Internacional de psicoanálisis cuando en su seno la mayoría piensa con el criterio de que se pueden formar analistas no médicos: al mismo tiempo hay que tener en cuenta que la Asociación Americana de psicoanálisis está compuesta por cerca dos mil quinientos analistas médicos que están afiliados a la I.P.A. y que configuran el Roster; un gran porcentaje se ubica en el este de los Estados Unidos de Norteamérica y más en la ciudad en Nueva York obviamente, esa gran “masa“ tienen “peso” dentro de la comunidad. A la vez desde hace una o dos décadas más del cuarenta por ciento de los psicológos clínicos de los U.S.A. se identifican como psicoanalistas. Todo esto significa otra fuerza social no médica en la ciencia psicoanalítica que la Asociación Internacional de psicoanálisis no puede despreciar. La situación de la I.P.A. es compleja ya que, por un lado, no está en la position de defender lo que no creen (el entrenamiento psicoanalítico de exclusivamente para médicos o realizado entrenamientos parciales a psicológos o con fines solamente de investigación lo cual es prohijado por la Asociación Psicoanalítica Americana) y, por otro, la I.P.A. no se puede permitir y además no quiere de ningún modo entrar en oposición con una de sus sociedades o asociaciones que actualmente tienen el 40% de la membresía de la I.P.A. Este pleito, de todos modos, va a salir muy costoso, no importa su resultado final.

“Tal vez ustedes piensen que estos acontecimientos tan lejanos no nos conciernen a nosotros. Yo creó lo contrario. Esto puede tener influencias en nuestro medio que no se pueden prever en sus detalles, pero les quiero mostrar algunas posibilidades:

“1. La estructura de la I.P.A. está basada en los desafortunados compromisos del año 1938 y, de algún modo, los errores del pasado surgen y se tienen que arreglar en algún momento. En este sentido podría darse una reorganización en la estructura de la I.P.A. en relación con sus organizaciones componentes, y no puede preverse, si este comité  internacional para la formación, que fracasó antes de la segunda guerra, volverá a cobrar vida. Podríamos tener una reglamentación internacional sobre admisión a la formación, que incluyera de todos modos la admisión de psicológos.

“2. Por su parte en Colombia las leyes autorizan a los psicológos para efectuar su labor psicoterapéutica.

“hay precedentes en Latinoamérica de miembros de la I.P.A. que han recurrido a las Cortes. La Sociedad de Río I tuvo que devolver las membresías que le habían retirado en la asamblea a dos de sus miembros. Es una triste experiencia que las diferencias entre colegas no se puedan arreglar a través del diálogo y tenga que llegar a las cortes de justicia.

“Hoy estamos aquí reunidos para discutir políticas de la Sociedad a mediano o largo plazo. Lo que deseo plantear es que en mi concepto la batalla para el psicoanálisis laico que Freud anunció en 1926 surgió, después de estar latente muchos años, precisamente donde se reprimió con más fuerza: en los Estados Unidos. No podemos escapar de la historia, somos parte de ella. Entre nosotros ya existe un grupo de psicólogas entrenadas y otras que acaban próximamente su formación. Unas y otras serán participes de nuestras actividades científicas y seguramente compartirán nuestra sociedad e identidad psicoanalítica.

“Creo que la política científica es que debe exigirse una preparación académica y más completa como requisito de admisión al entrenamiento psicoanalítico. Tenemos que mantener un alto nivel de educación”.

Es de observar, como en los inicio de diversas sociedades psicoanalíticas se admitió para su formación profesional no médicos; sin embargo, posteriormente, por aspectos jurídicos, las disposiciones cambiaron limitando el entrenamiento a los médicos. De todas maneras, la formación ha seguido su desarrollo, y hoy día, la mayoría de las sociedades o asociaciones preparan a los no médicos para ser psicoanalistas.

El hecho de que los psicológos hallan entablado demandas legales para el ejercicio de la profesión, no es motivo para modificar los criterios; esto equivaldría a tomar una decisión por presión y no por el convencimiento conceptual, de que un profesional idóneo, capaz y bien preparado, puede analizar, más cuando su identidad es analítica.

Aquí quiero hacer una pausa para transcribir un escrito de los doctores Charles Hanly y Josette Garon Léonard, sobre ”La naturaleza del acto psicoanalítico”, aparecido en el Newletter de la A.P.I. Vol. XV, No. 3, pág. 10-12 de octubre de 1983. Agradezco a los autores la autorización para su reproducción.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!