Metodología de la enseñanza del psicoanálisis

ӀӀӀ Enseñanza del Psicoanálisis

El presente capítulo lo inicio con la metodología  de la selección de candidatos hasta llegar a la de los didactas y su evaluación, de paso me referiré al rol de candidatos o de director de seminarios; la evaluación también va a describirse en su evolución histórica y en el proceso formativo analítico. Las metodologías que se van a exponer se refieren también a los seminarios, a las supervisiones y a los trabajos escritos que se elaboran en la Sociedad.

En algunas de las bibliografías se deja traslucir la influencia clásica, en la metodología de la enseñanza, la freudiana y las preocupaciones para que aquella sea depurada lo mejor posible (Alexander, F. 1956; As. Ps. Ur. 1973; Lampl De Groot, J. 1954; Lehrman, N. 1961; Lewin, B. 1965; Meissner, W. 1971; Nacht, S. 1960; Rose, N. 1951), de tal manera que, en todas, vemos la misma motivación; el mejoramiento de los estándares o exigencias en el entrenamiento analítico, no sin observar ciertas diferencias en las mismas, según la circunstancia y situación a que se ve abocado el momento de entrenamiento.

I

Metodología

La metodología empleada en el entrenamiento psicoanalítico se diferencia de acuerdo con la situación que vive el candidato en: la selección como aspirante en su análisis individual, en los seminarios, en la supervisión colectiva, en la supervisión   individual, en la preparación de trabajos, en la evaluación del candidato durante su vida institucional; así como los métodos aplicables para los candidatos, para la selección y evaluación de profesores, directores de seminarios y para los analistas que van a desempeñar la función didáctica.

La misma reglamentación institucional tiene una metodología que también se aplica en la elaboración de los programas docentes e influye en la formación del analista por fuera de lo puramente docente, por ejemplo, en la asistencia o no a las conferencias, en los intercambios de C.O.P.A.L., actualmente FEPAL.[1], o las relaciones encuadradas y no verbalizadas pero sí reglamentadas explicita e implícita en la Sociedad Psicoanalítica.

Nuestra metodología ha tenido sus variantes y está acorde con el proceso de desarrollo de la Sociedad y su Instituto (en cada época ha tenido su modus operandi) (Sánchez Medina, G, 1975). En términos generales deseamos expresar que cada analista en el análisis individual utiliza libremente su metodología personal adquirida en su proceso de formación que ha podido ser revisada y/o modificada de acuerdo con las circunstancias que se hayan presentado. Hemos encontrado que cada grupo de candidatos tiene su vida propia, sus cualidades particulares y sus especialidades que varían no sólo en los grupos sino dentro de ellos mismos, a través del tiempo y del entrenamiento.

Como el proceso de formación-información, enseñanza-aprendizaje, se inician en el estudiante candidato[2] con el análisis personal antes de ingresar al Instituto (mínimo  dos años antes), el candidato aprende de su analista no sólo lo que es de él o le pertenece, sino el tipo de interpretaciones, la forma de interpretar y hasta cierto punto su técnica, la cual conlleva todo el bagaje de la formación de analista “didáctico”, y también su genealogía didáctica; aún se puede agregar la experiencia con otro analista anterior, no “didacta”, de la misma Sociedad o de otra u otras diferentes.

Con respecto a la metodología en el análisis individual ésta está determinada por el esquema referencial que ha integrado cada “analista didáctico” en su propia formación analítica.

El candidato trae a su información institucional todas estas experiencias analíticas y preanalíticas más lo reglamentado (explícita o implícitamente), las entrevistas (tres) con diferentes analistas, la aprobación por parte de la Comisión de Enseñanza y la espera para el ingreso al Instituto de Psicoanálisis; de tal manera este último se convierte en algo muy idealizado, con lo cual se debe enfrentar e identificar.

El análisis personal es, en nuestra opinión, el cuestionamiento permanente de todo el suceder psíquico; por otra parte, en el Instituto pensamos que nuestra filosofía o mejor dicho que nuestra metodología básica, es esta misma del psicoanálisis. Enseñar a pensar en psicoanálisis es también cuestionarse y crear medios que faciliten la comprensión analítica. Una de las preguntas que surgen cuando pensamos en las finalidades del Instituto es sí esté debe crear técnicos en psicoanálisis o formar personas que piensen en psicoanálisis o psicoanalíticamente: nosotros creemos que  la última es muestra finalidad. La finalidad no es formar técnicos para “cura” sino formar“personas” para “conocer”.

Ahora bien, ¿qué es aprender, en psicoanálisis? En el análisis hay que diferenciar el aprender de sí mismo y el de los demás, así como uno es el proceso de aprendizaje, dentro del propio proceso analítico en el análisis individual, el cual es el más importante, y otro es el que se realiza fuera del proceso en todas las situaciones a que el analista se enfrenta en su formación; de tal suerte que son diferentes los deseos, los recuerdos, las memorizaciones y las expectativas en la situación analítica y en la extra-analítica formativa. Un hecho es el pensamiento por dentro de la situación analítica y otro el pensamiento científico por fuera de ella.

Selección previa 

La selección previa, es otro de los métodos institucionales y opera como punto de referencia pero, no es excluyente ni definitiva para saber con certeza si un aspirante está en las mejores condiciones de serlo. Entendemos que cuando mejor se haga la escogencia, tanto mejores serán las cualidades del aspirante y mayores probabilidades se van a tener para elegir un buen candidato, pero hay candidatos que durante el entrenamiento tienen su periodo de estancamiento y de aceleramiento o de crisis que eventualmente pueden plantear una suspensión transitoria o definitiva de su entrenamiento; nos enfrentamos, pues, a esta nueva eventualidad.

Muchos trabajos que aparecen en la literatura de la docenciapsicoanalítica  se refieren a las cualidades que deben tener el aspirante para ingresar al Instituto y, más aún después, ¿Cuáles serían los criterios para la aceptación como analista entrenado? (que ha pasado las pruebas y las exigencias institucionales, entre las que tenemos que mencionar la continua observación de los profesores y contralores), con todo esto no se aclara cuáles son los métodos más válido para su evaluación (Greenacre, P. 1966).

Por otra parte, ¿cuál es la metodología de la elección de los entrevistadores y de las entrevistas? ¿Hay que ser radical o moderado en la entrevista? ¿Qué es lo que se pregunta el entrevistador antes de entrevistar y que es lo que le pregunta al posible candidato? ¿Con que criterio? Creemos que la mejor metodología es la espontaneidad  psicoanalítica; permitir que el aspirante pueda expresar libremente sus motivaciones, sus ansiedades, sus intereses, sus dificultades, sus anhelos, sus capacidades y su experiencia en su historia vital. La evaluación de la entrevista tiene dos pasos: la personal del entrevistador, que responde si el aspirante es adecuado o no para ser candidato del Instituto, y la otra, la que se verifica mediante la confrontación del equipo entrevistador y de otros miembros de la Comisión de Enseñanza.

Requisitos mínimos que se exigen para ser admitido en el Instituto Colombiano de Psicoanálisis.

Los requisitos mínimos que se exigen para ser admitido en el Instituto Colombiano de Psicoanálisis, son: ser médico graduado con permiso de ejercer en el país, haber estado por lo menos en dos años en análisis con un analista didacta y haber pasado por tres entrevistas, con entrevistadores diferentes, los que en la misma investigan a las personas que puede manifestar, en una u otra forma, problemas psicóticos, psicopáticos, perversiones, adicciones severas, impedimentos físicos o intelectuales que les impida la futura labor analítica*.

Los entrevistadores que nombra la Comisión de Enseñanza son personas de habilidad analítica, con experiencia dentro de la Comisión de Enseñanza (lo que significa, con los criterios de la misma) y con la de otros analistas que se han ocupado de la formación y han visitado el Instituto, a más de las lecturas de publicaciones de otros docentes e instituciones que formulan las opiniones al respecto.

Los criterios con que el entrevistador va a cumplir su labor emergen de toda su formación y ya están planteados anteriormente cuando nos referimos al candidato y a los requisitos mínimos que se exigen para ser admitidos en el Instituto. Por su parte, la actitud del analista investigador es de por sí el producto de su formación, que se expresa en una mínima plasticidad y una máxima elasticidad dentro del encuadre de la entrevista, la que no significa la exploración psiquiátrica, ni la mera analítica como a otro paciente, o la que podría hacerse para el nombramiento en un cargo ejecutivo administrativo o de asistencia médica, pues de eso no se trata, ni el análisis está preparado para tal tipo de selección y evaluación.

II

Con referencia a los seminarios  no se puede utilizar la misma metodología en el primer semestre y en el último, de tal suerte que el proceso enseñanza-aprendizaje tiene un ritmo, un modo, una intensidad y si nos es permitido decir, un “tono” diferente en el movimiento continuo del proceso informativo psicoanalítico.

Con todo lo anterior no queremos afirmar que el proceso siempre está “in-crescendo”, puede ocurrir que haya momentos de estancamiento parcial o de confusión, de rechazo; de tensión o de intolerancia, o conflictos de algunas de las partes que integran al grupo y/o formador psicoanalítico.[3]

Estando conscientes de estos mecanismos y muchos más que pertenecen a la dinámica grupal y a la individual, bien conocida por todos, deseamos expresar ciertos principios metodológicos con los cuales estamos funcionando.

En nuestro Instituto, aunque consideramos no tener ideas muy prefabricadas, no solo por el tipo de formación que ha tenido la Sociedad y el Instituto desde sus fundadores, que permanecieron firme en su actitud liberal, respetuosa de las opiniones expresadas y discutidas libremente; también aceptamos que la misma formación médica preanalítica y luego la analítica preforma, forma y fabrica una ideología y una identidad específica, la que, investigando, evaluamos y reevaluamos periódicamente. Personalmente me atrevo a decir que la identidad del analista no es indefectiblemente la identidad estructurada en la formación médica; esto significa que un profesional capacitado para ser analista, puede formarse como analista y así adquirir su identidad analítica. En nuestro instituto sólo un profesional no médico, completó su entrenamiento analítico. (ver pág. 46).

En la historia de nuestro Instituto siempre ha existido, en lo teórico, la misma metodología: seminarios, controles, supervisiones, y análisis individual, no mezclados los roles ni realizando la función de analista del candidato ni supervisor del mismo lo cual perturba el proceso del análisis personal, en ocasiones gravemente; tal ocurrió por falta de profesores (en una ocasión cuando un analista fue profesor de su analizado), pero luego se volvieron a separar las funciones, profesordirector de seminarios, contralor y analista (en el análisis didáctico).

De los directores de seminario 

En el Instituto los directores de seminarios lo pueden ser de una o más asignaturas, de un curso o de dos. Los agregados pueden ser uno y lo mismo los asistentes. No obstante en un tiempo el analista “didacta” era profesor de sus analizados, actualmente esto no ocurre, y nunca el analista ha sido el contralor[4]de su analizado. Es obvio que la función del analista como profesor interfiere en el análisis contaminándolo de contenidos manifiestos y de realidades.

En la actualidad existe un analista “didacta”, que es profesor y supervisor de casos clínicos en el Instituto pero no tiene candidatos en el análisis; a su vez, otro analista “didacta” tiene candidatos en análisis pero no es profesor ni supervisor. En otros casos el analista “didacta” tiene candidatos en análisis, es profesor de otros, pero no lleva a cabo supervisiones. También se da el caso de que el analista realice las tres funciones separadamente: la de profesor, la de supervisor y la de analista de candidatos, cuando se han presentado varios grupos de candidatos de distintos cursos; si bien las dos primeras actitudes se ejercen simultáneamente, la última es incompatible con las otras dos.

El director del seminario es autónomo, y puesto que se le elige como profesor se le considera capacitado para esa función, capacidad demostrada en el proceso de él mismo y sobre etapas específicas para poder llegar a dirigir el seminario, siendo en primer lugar asistente, luego agregado y después director. No se trata de una carrera de tiempo si no de calidad, por lo cual al profesor encargado se le asigna primero temas generales y luego particulares, más tarde los técnicos y luego los clínicos. En resumen, el proceso de enseñanza-aprendizaje vale tanto para el profesor como para el alumno candidato, debiendo ser el profesor el mejor estudiante. No obstante la falta de una evaluación compulsiva de los asistentes y agregados a los seminarios, aquella se efectuaba y se efectúa en forma implícita dentro de la Comisión de Enseñanza y en las reuniones de profesores, con base en los conceptos que estos dan de sus agregados y/o asistentes; también de estas evaluaciones surge la selección de los directores de seminarios.

En verdad, como se expresó anteriormente,el profesor debe ser el mejorestudiante y saber aprender no sólo a enseñar sino a saber, y dentro de este saber se incluye el reconocimiento de su no saber,a más de que debe conoce varios lenguajes analíticos, se ve forzado a tratar de ser, un políglota analítico. No es fácil  serlo, ni todos tienen la capacidad de serlo, ni tampoco es el ideal de profesores, ni la meta que tenemos que alcanzar; lo importante es poder darle al candidato la posibilidad de saber y de conocer más para su mejor formación. Es más conveniente no crear los calificativos “bueno” o “malo”, sino de “operativo” y “posible”, para el encuentro de la propia identidad del analista que trabaja en una sociedad psicoanalítica unida e integrada en su disciplina investigativa, curativa, con los instrumentos a su alcance en la teoría, en la técnica y en la práctica clínica. El analista y el “candidato permanecen en una continua relación con el medio del Instituto en forma indirecta y en ocasiones directa”. La posición de uno y de otro se convierte en ambigua y/o sincrética, utilizando este término en la forma como lo hace Limentani, A. 1973. La función del instituto se subdivide en didacta propiamente dicha y en administrativa, sin descartar la personal, que deben ejercer los analistas del instituto en su función analítica.

Metodología en las escogencia de profesores 

La metodología que utilizamos en la escogencia de profesores que dictan tal o cual seminario, está ya parcialmente planteada en la reglamentación, pues el profesor inicia su docencia como director de un seminario teórico (teoría general, especial, instintiva, sueños) y luego pasa a la dirección de seminarios de técnica (teoría de la técnica, de la clínica, del control o supervisión colectiva).

Sin embargo, los directores libremente solicitan dictar los seminarios, y en reunión de profesores se asignan de acuerdo con los interese y la experiencia que se tenga en la enseñanza. Pero existe una tendencia a la rotación de los profesores por las diferentes áreas para así dar una mejor movilidad al profesor en su experiencia docente, y al alumno en la confrontación teórica, técnica y clínica.

El seminario de las obras de Freud es dictado por un solo director durante los cuatro años, no así el de la teoría de la técnica y el de la supervisión colectiva, en que el  director cambia, repitámoslo, con el objeto de dar una enseñanza diversificada en cuanto a la técnica; es decir, el grupo de profesores con experiencia dicta estos seminario en los ocho semestres, de tal suerte que el grupo de alumnos candidatos se encontrará con diferentes maneras de trabajar, de conceptualizar la teoría de la técnica y de la práctica clínica y no la parcialización de un solo método de un solo analista. Es así como el grupo de candidatos se homogeniza por medio de la enseñanza, si bien interviene la heterogeneidad de la personalidad de los docentes, en su metodología. En la enseñanza de la teoría de la técnica hay una tendencia a no crear contradicciones en los conceptos básicos que pueden llevar al candidato a una desviación de la técnica psicoanalítica.

Reglamentos del Instituto 

En los reglamentos del instituto  se instituye el requerimiento de que el director del seminario sea analista titular de la sociedad, pero ocurre que esto solo no es lo que da la calidad, pues sucede que algunos analistas que no habían adquirido tal categoría dentro de la Sociedad estaban capacitados, interesados y bien motivados para enseñar, y puesto que el Instituto no tenía un equipo suficientemente grande de docentes, a aquellos miembros adherentes que se consideraron aptos para la docencia y así lo demostraron, se les llamó para desempeñar las funciones docentes en el Instituto como directores de seminarios. Desde luego, ocurre también que algunos adherentes pueden tener los intereses y capacidades para enseñar pero no han tenido tiempo para demostrarlas, debido al desarrollo de toda su formación.

Métodos indirectos de evaluar los agregados y asistente 

Existen otros métodos indirectos de evaluar los agregados y asistente (en menor grado estos últimos); tales son, por ejemplo, las intervenciones que hacen ellos en los mismos seminarios o los conceptos que los candidatos emiten y que se dejan conocer directamente. Pero quizás la mejor forma que en la actualidad tenemos, es la respuesta global que el grupo da en las evaluaciones semestrales y la total en cada nueva promoción, las cuales hemos observado son cada vez mejores.

Valdría la pena preguntarnos si existen métodos varios para evaluar los profesores en su conocimiento, en la preparación de los seminarios, en la habilidad para explicar y   exponer la materia, en la organización y desarrollo de los seminarios, en la receptividad y solución a las preguntas de los candidatos, en la puntualidad, en la asesoría a los estudiantes con respecto a bibliografía, en la relación profesor-alumno y en la evaluación de los candidatos.

De parte de los alumnos podría evaluarse, a más de los factores antes mencionados, las relaciones con los compañeros y profesores, su cooperación con las exigencias y su participación en general.

Es muy claro que una evaluación objetiva, cuantificada, de candidatos, directores y agregados, es imposible, menos aún la de los analistas que hacen los analistas didácticos.

Por su parte, la selección de estos últimos, la de los analistas, se realiza “per se”, es decir, el analista que le interesa seguir la carrera didáctica, siempre solicita ser “asistente”, “Agregado” a algún seminario y así inicia su entrenamiento para “Didacta”, luego de participar en reuniones y discusiones didácticas de profesores. Más tarde lo hace en la comisión de enseñanza como invitado y, posteriormente, es llamado a ejercer la función de “contralor” “supervisor”, con lo cual se adquiere otra función didáctica, más la que culmina cuando cumplido un año de haberla ejercido se le reconoce como analista didáctico en todas sus funciones: análisis, dirección de seminarios teóricos, técnicos y clínicos y la de contralor-supervisor.

Con respecto a los métodos evaluativos de los candidatos, se realizan periódicamente al finalizar cada semestre, y en determinadas evaluaciones se ha tratado de calificar ciertas aptitudes como la capacidad de estudio, el interés, las motivaciones, la aptitud receptiva, la comprensión, las exigencias en el pensar y cuestionarse, la capacidad de aprender y leer, de hacer y elaborar resúmenes, actas y conceptos globales, las exigencias que cada uno se hace con respecto al seminario en particular y a todos en general. Otros de los factores que se tienen en cuenta son: la edad, el tipo del grupo (heterogéneo u homogéneo), los conocimientos y la extracción psiquiátrica, la médica general u otra especialidad, o simplemente el médico que acaba de graduarse y que inicia el psicoanálisis.

Una evaluación referida a la edad es la que hemos puede observar en los candidatos que inician su carrera tempranamente y tienen ciertas características diferentes a las de los que la comienzan  más tardíamente: los primeros presentan una tendencia a los juicios rápidos, ligeros, superficiales e inconscientes, pero tienen una mayor agilidad receptiva; por otra parte, se ha podido observar que los que inician la carrera tardíamente lo han hecho por diversos factores, entre los que se cuenta el cambio de residencia y/o viajes al exterior para volver al país más tarde, en algunos de los casos hubo una interrupción de su entrenamiento por problemas personales que tenían que ver con cargos administrativos nacionales. En los casos de ingreso tardío  los candidatos presentaban una lentitud, un tiempo mayor en la receptividad y un afianzamiento en prejuicios, patrones y conceptos anteriores, modalidad ésta que también se encontró en aquellos que habían tenido entrenamiento psiquiátrico. No obstante que edad influye en el proceso de aprendizaje, se puede decir, que quienes sobrepasan los cuarenta años, no sólo pueden integrar los conceptos analíticos sino  que pueden llegar a una mayor solidificación conceptual con mejor sentido de procesos y franqueza en la aceptación del desconocimiento de la ciencia psicoanalítica; pero esto no es indefectible, aún más el joven o el adulto mayor, en su vida, en su formación y en su madurez analítica, cristalizan una serie de aprendizajes provenientes de la experiencia.

La organización del Instituto ha facilitado el funcionamiento del mismo. En aquel los directores de seminario mantienen una estructura o patrones mínimos que dejan libre o independiente el proceso analítico en la situación analítica. Por otra parte, también hay una independencia ideológica en la enseñanza psicoanalítica, sin entrar en ideas afines y no a fines al psicoanálisis o a presentar “clichés” psicoanalíticos. Pensamos que las fallas en la metodología y en el proceso enseñanza-aprendizaje  pueden ocurrir por falta  de comunicación e integración del grupo de docentes, pero esto es un fenómeno reversible y corregible en el comité de profesores mediante la discusión e integración de los directores de seminario y los programas.

No se puede estandarizar una metodología 

Creemos que no podemos estandarizar una metodología, es decir, no puede haber una metodología única, ni cada uno utilizar la propia sin haberse discutido antes los pros y los contras de ella. Es muy obvio que cada profesor tiene su propia modalidad de acuerdo con su personalidad y su modo de operar, sin embargo, hemos llegado a una metodología que consideramos muy útil y funcional. Se trata de que los candidatos lleven sus resúmenes escritos, se discuta el tema, procurando que emerjan las ideas recalcando las básicas y fundamentales, haciendo que el candidato encuentre por sí mismo las respuestas que él mismo o alguno del grupo haya presentado. Cada respuesta llevará a otra pregunta hasta poder integrar el conocimiento.

En el grupo se nombra rotativamente un sintetizador que elabora una síntesis o acta de lo ocurrido, la que se leerá y discutirá en su contenido y forma al comenzar el seminario siguiente. Esta modalidad surgió de la idea de uno de los profesores, quien exigía en los controles supervisores colectivos el material por escrito con una semana de anticipación, de tal suerte que tenían tiempo para estudiarlos y hacer las anotaciones y observación pertinentes.

Otras de las modalidades que existen en los seminarios es que al iniciarse, el director y el grupo en conjunto hacen una síntesis del seminario anterior y/o del tema que se ha expuesto para integrarlo con el que está por dictarse. El director del seminario durante el transcurso del mismo no sólo hace preguntas para crear el ambiente de cuestionamiento sino para llevar al grupo a resolver conceptos por sí mismo. Los conceptos básicos se fundan en los postulados freudianos; de tal manera se pueden aportar muchos pensamientos psicoanalíticos dándose la libertad individual, sin poner adjetivos al psicoanálisis.

Un elemento más que interviene en la metodología de la enseñanza psicoanalítica y que debe considerarse en la evaluación de los métodos y de los resultados de los mismos, es el ritmo de cada persona; es decir, cada individuo, cada grupo tienen su ritmo propio para su aprendizaje y formación; lo importante no es el acortamiento, la cantidad del tiempo de formación, sino la calidad de lo formante y formado.

En el sistema de aprendizaje-enseñanza psicoanalítica no usamos el mismo lenguaje pedagógico sino el analítico, pero ciertos métodos pedagógicos pueden ser utilizados, por ejemplo, el mayéutico aplicado en los seminarios.

Algunas veces se confunde el fin con el método. Para algunos analistas la terminación de la formación analítica equivaldría a la realización de la introyección de la función del analista; por su parte, la del Instituto es crea la función que le permita al candidato aprender psicoanálisis. La forma puede o no ser o hacerse dogmática.

La función del director del seminario  es romper con la inercia en el pensar, tratando de que el candidato se pregunte y obtenga sus propias conclusiones y formule sus respuestas.

De todas maneras, querámoslo o no, en la formación analítica y en la aplicación  de los métodos hay una cierta indoctrinación, pero es más beneficioso no ocultarla; de tal forma nos damos libertad para reconocerla y entenderla, no cayendo en racionalizaciones que coartan la libertad del pensamiento.

Por todo lo puesto, podemos concluir hasta ahora, cómo nuestra finalidad de formar analistas y la función informativa tienen sus métodos ya descritos según la situación que se viva entre candidato-profesor-supervisor y la de estos por separado, quedando incluido, entre los métodos, el análisis personal.

Así como formamos, también informamos, y lo hacemos de lo que conocemos o podemos conocer a través del intercambio mutuo. También aprendemos cuando enseñamos y enseñamos lo que aprendemos. Quizás la función primordial de un profesor es enseñar y aprender a pensar, y en nuestro campo especifico  psicoanalítico hacerlo, psicoanalíticamente.

En la metodología mayéutica aplicada en los seminarios psicoanalíticos existe un cuestionador (director) que pregunta al cuestionado (candidato) lo cuestionado; cada respuesta nos lleva a otra repregunta y todo se cuestiona; este método tiene una variante que es el cuestionamiento que lleva a la duda de todo y al nihilismo.

En los seminarios es posible que se presente confusión, especialmente cuando con el método mayéutico se puede llegar a la misma, que sirve para aclarar; sin embargo, ella se resuelve por el mismo cuestionamiento; cuando tal no sucede, es porque el director del seminario puede entrar en confusión de sus mismas ideas, o bien, porque no las tienen claras, o por un dogmatismo que le impide la elasticidad del cuestionamiento.

A pesar que puede existir elementos contradictorios en el querer enseñar, en el querer aprender y en el aprender a pensar, para superar el pensamiento (porque cada pensamiento puede implicar una contradicción en particular cuando existe la contradicción enseñanza-aprendizaje, que se debe superar), esto no significa que no se llegue a una síntesis en el mismo pensamiento y conocimiento.

Existen modos de pensar, estilos de enseñar y métodos de los dos, inclusive cada uno de ellos tiene sus problemas y dificultades en el proceso de la formación analítica,  siendo influido aquel por el análisis propio, por el momento e historia de cada uno de los que intervienen, que repercuten en el conocimiento y comprensión analítica.

El Instituto, como ya se expresó, no se limita a crear técnicos sino a pensar analíticamente; la misma supervisión o el control de los casos, es la técnica de mostrar los conflictos específicos creando la capacidad de pensar frente al ejemplo que se presenta, sin dar reglas. Desde el punto de vista de los pensamientos iniciales de Freud, habría que poder darle al sujeto la posibilidad y la facultad de transmitir lo que estaba ocurriendo en el pensamiento.

En la experiencia de nuestro Instituto hemos podido observar que hay teorías especiales que han aparecido y luego desaparecido por el fenómeno de moda; de todas maneras ha existido la necesidad de conocerlas y estudiarlas, pero desaparecieron porque ellas tenían la tendencia a particularizarse y, limitando el conocimiento se parcializaban. El candidato debe tener la libertad de conocer todas las disciplinas y teoría psicoanálisis.

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