Problemas en la forma de analistas

Para referirnos a los problemas en el entrenamiento psicoanalítico debemos partir de la selección de candidatos y de las motivaciones de los mismos, así como de la metodología de las entrevistas y de los criterios de los entrevistadores, hasta llegar a la elección y/o selección de los analistas; también es necesario plantear el término concreto de “didacta y didactismo”, para determinar las funciones del mismo status metodológicamente creado. Las relaciones de candidatos entre sí y del personal administrativo, o las relaciones y/o intergrupales, van a verse sometidas a una serie de vicisitudes que pueden llegar a convertirse en psicopatología de acuerdo con la patología de cada cual.

Cada grupo de seminarios, de candidatos, de profesores, posee su dinámica, específica más todavía, cada persona tiene la tendencia a agruparse, segregarse y/o aislarse de acuerdo con sus tendencias y necesidades muchas veces conscientes, no así las motivaciones que no siempre son las mismas. En verdad hay que reconoce y aceptar que siempre hay dificultades en la relaciones, más cuando las tensiones, motivada por el tipo de trabajo analítico, con frecuencia se actúan en el grupo en que se está viviendo. Por otra parte, debemos reconocer que en repetidas veces los grupos analíticos se ven cargados de tenciones nacidas de la gran frustración a que se ve abocado cada analista en su trabajo diario, y además el mismo trabajo a veces lleva al analista a una ideología especial que hace o permite las agrupaciones, segregaciones, o aislaciones entre colegas que piensan, creen, sienten y viven de la misma manera.

Las relaciones entre los miembros pueden ser llevadas al Instituto y con ellas sus dificultades, porque muchas veces se confunde los roles entre cada uno de los miembro del grupo institucional.

Las ansiedades y las tendencias no resueltas son actuadas y contractuadas intragrupalmente, hasta en ocasiones poder producirse crisis institucionales o societarias.

Creó que lo importante no es ocultarlas sino descubrirlas, discutirlas, aceptando libremente las diferencias, y tolerarlas.

Sin desear entrar en teorizaciones bien conocidas de la dinámica grupal, es mi deseo plantear nuestras experiencias en la vida de nuestro Instituto y en la formación analítica; para tal efecto replantearé varios aspectos referidos al Instituto, a los candidatos, a los profesores, a los grupos, al mismo análisis terapéutico, a ciertas ideologías, a las relaciones entre miembros, etc., hasta encontrarnos con problemas como los escisiones grupales, sus consecuencias y las formas para tratar de evitarlas, sin que entremos en la mitología del análisis didáctico, en que se encuentran el “iniciado” y el  “ídolo analista didacta”, Baranger, M. 1970; Baranger, W., 1970; Langer, Puget, 1967; Mc. Laughlin, 1973; Sánchez, M., G., 1970, 1976, Schutt, 1970; Steiner, 1966, Lampt de Groot, 1954.

I

Análisis terapéutico  y didáctico

Los problemas que tiene el instituto son múltiples, desde cómo puede facilitarse la elección del analista por el aspirante y luego la selección del candidato. En este punto queremos mencionar sólo los aspectos básicos que nos ayudan a hacer la selección. Hay factores excluyentes muy claros (psicosis, psicopatías, perversiones, manifiestas, adiciones severas), impedimentos físicos o intelectuales que les impidan la futura labor analítica, y factores positivos; inteligencia, honestidad, interés y motivación reparadora, cierto grado de curiosidad, intuición y empatía. Quizás convendría repetir el concepto de van der leeuw, 1965, según el cual un criterio positivo para la selección del candidato consiste en averiguar “¿qué ha hecho el aspirante? y, si ha logrado hacer su vida a pesar de su enfermedad”. Aquí surge otra pregunta;¿Podemos seleccionar contando sólo con lo que ha dicho? ¿Acaso el candidato no puede comenzar su realización después de iniciar o pasar por el proceso de entrenamiento psicoanalítico?

Entonces, ¿Qué clase de candidato debemos seleccionar para el entrenamiento? ¿Acaso debemos preferir “normales”, o “enfermos”? La normalidad a veces es la careta que complica la selección, el entrenamiento y la evolución. Entre los métodos de selección que existen en otros Institutos está el que se refiere a cómo el aspirante debería terminar su análisis antes de ser alumno del Instituto, e iniciarse  el control de  casos cuando el análisis personal hubiera tenido un tiempo largo de haber comenzado. En el Instituto nuestra metodología consiste en hacer tres entrevistas con diferentes  miembros, los que luego en la Comisión de Enseñanza van a informar y evaluar al aspirante que va a ser aceptado o rechazado como candidato. El aspirante que lleva por lo menos un año de “análisis terapéutico” con un “analista didáctico”, una vez aceptado, como aspirante y/o candidato, se le considera en “análisis didáctico”.

El llamado análisis didáctico es parte de la formación analítica, y a pesar de que todavía utilizamos el adjetivo “didáctico”, creemos que el análisis es uno solo sin adjetivos; más aún, debe dejar de llamárselo así, para que podamos hablar con propiedad y decir que la función didáctica la tienen el Instituto y los miembros que la ejercen. El término analista “didáctico” deberíamos suprimirlo, pues no define la función propia del analista y por lo demás depende de la actitud que podríamos llamar “didactismo”, con la cual se estima mágica y omnipotente el narcisismo, no siempre benéfico y sano. Por otra parte, el analizado candidato siempre es analizado, pero con la fantasía de analizado dentro de una institución a la que lleva sus ansiedades y resistencia correspondiente. Así como se habla de una neurosis transferencial, también podríamos referirnos a la neurosis institucional, pues desde el  punto de vista del proceso formativo no se puede separar el análisis individual, de un candidato del Instituto donde se está formando.

Hay que limitar exactamente lo que es análisis terapéutico, que en nuestro entender es realmente el análisis durante el período en que el candidato está en él. La carrera analítica pertenece más al Instituto o a lo institucional que al proceso formativo del analista.

Como ya lo expusimos, el “análisis terapéutico” y el “didáctico” no difieren sino en cuanto a su nombre institucional, puesto que el fin debe ser el mismo. El analista “didáctico” no es sino aquel que tiene más experiencia y conocimiento y que le va a dar más posibilidad al candidato de formarse en un campo tan difícil como el  psicoanalítico. El analista en la situación analítica es el que más puede crear un campo favorable, descubrimiento y ayudando a encontrar la propia identidad del futuro analista. La identidad del analista se adquiere a través de todo el entrenamiento institucional y después de él. El análisis individual y las propias experiencias le sirven para realizar las identificaciones consigo mismo y adquirir su propia identidad.

Refiriéndose a las identificaciones que hace el candidato, éstas pueden serpseudoidentificaciones, imitaciones de su analista o de otros, las que pueden llevar a la aceptación de teorías ideológicas basadas en la relación transferencial; de la misma manera va a formar pseudo-identidades que no favorecen su formación personal y la del grupo institucional, ya que ellas van afectar desfavorablemente, en ocasiones en forma psicopatológica.

Llegar a ser “graduado” también debe analizarse, pues conlleva todo un significado narcisístico, mágico y omnipotente. El proceso de aprendizaje no termina en el momento de graduación; ocurre a veces que, por el contrario, en ese momento se inicia otra etapa más que continua la primera, la cual incrementa el desarrollo del analista joven, más cuando se ve estimulado por la superación y la ambición de avanzar no sólo en los conocimientos de la teoría y de la técnica sino también en sus estatus dentro de la Sociedad; después en el Instituto, ya como asistente, agregado, director de seminario, contralor o analista “didacta”.

Nos preguntamos aquí si las tres funciones de profesor, director de seminario, de contralor y de analista de candidatos, son las que determinan la calidad y capacidad de analista didacta. Por otra parte, ¿el ejercerlas o haberlas ejercido es lo que califica al analista didacta? Si esto ocurriera, no podríamos evaluar estas funciones sino después de haberse cumplido, y más aún, ¿el no ejercerlas, por alguna eventualidad, descalifica al analista? No lo creemos, pues una función no ejercida no inválida la capacidad de ella. Con lo expuesto ¿estamos favoreciendo el mito del analista “didáctico” y el del “didactismo”? Este aspecto de la configuración de una imagen es trabajar por ella y por su mantenimiento, es lo que también puede deformar el mismo análisis y también crear formas y formulas conflictivas en los Institutos y Sociedades.

Todos estos pasos son vividos en forma diferente y pueden significar un estímulo al narcisismo y a la omnipotencia; lo dicho debe tenerse muy presente en las actividades  institucionales, para que se pueda actuar más libremente con los compañeros y con quienes le siguen. No es infrecuente que el analizado, después de su graduación, entre en relaciones sociales con su analista, se convierte en su amigo, se enteré de que su analista difiere de otros analistas, conozca su vida exterior y en ocasiones se dé cuenta de qué él mismo no está de acuerdo con el tipo de valores o de vida que lleva su analista. No es raro que encuentre una contradicción entre lo que él sintió y vivió en el diván, en la vida real y en las mismas interpretaciones, y lo que actualmente ve y vive en la realidad cotidiana. He aquí un golpe a la fantasía del analizado, a su narcisismo, a su omnipotencia. ¿Cómo entonces resolver esta situación? Nuevamente la respuesta está  en análisis más preservados dentro del encuadre, más largos en el proceso formativo y mejor llevado en la relación transferencial-contratransferencial.

II

Relaciones individuales intra e intergrupales en el entrenamiento. Idealizaciones

El entrenamiento psicoanalítico no es sólo una relación alumno-profesor sino que incluye la serie de relaciones ya vistas con un grupo de profesores y compañeros colegas; aún más, el análisis no termina inmediatamente que se acaban los seminarios y/o reuniones grupales, el contacto continúa con la “familia analítica”, sin contar el concepto de análisis interminable. Las relaciones del analista con el analizado pueden ser paralelas en la continuidad del tiempo de formación y en el post-formativo. El análisis nos debe llevar a ciertos niveles de maduración, aunque no es el único que interviene, también la experiencia vital post-entrenamiento continúa el proceso de formación y de maduración. El aspirante fue primero paciente, luego va a convertirse en candidato y,  más tarde, en colega analista, consocio y a veces en amigo.

La terminación del análisis es sólo un marco externo en la organización institucional, y el reconocimiento de las capacidades del candidato también se basa en cierta credibilidad y confiabilidad de que el candidato puede llevar por sí mismo su propia problemática y su propia investigación para su buen entendimiento, (Weigert, 1955).

Desde el comienzo hasta la terminación del entrenamiento el candidato se enfrenta a una serie de relaciones individuales, intra e intergrupales en el Instituto y fuera de él, en su trabajo, como médico asistencial en hospitales, clínicas y otros medios en los cuales con frecuencia se idealiza mágica y omnipotentemente el análisis, la institución analítica, y por uno y otro son en ocasiones atacados envidiosa, sorda y/o sarcásticamente, siendo el candidato y el analista didacta el blanco perfecto para ello.

El candidato en ocasiones le hace juego al manejo agresivo y actúa con sus ansiedades y conflictos en su vida intra y extra-analítica, o se refugia en el análisis y en el analista buscando protección y dependencia e idealizando a la vez a la institución como algo omnipotente.

En la Institución el candidato establece relaciones grupales con otros cursos y con el suyo propio, con los profesores de unos y de otros, viviendo en ellos sus ansiedades y fantasías correspondientes; a  un más, cuando su formación avanza y entra en relación con los analistas de control (primero uno y luego el segundo cuando no un tercero), allí también no sólo va a llevar su contratransferencia del caso controlado sino la que vive con otros pacientes  y las relaciones con otros analistas (profesores y/o contralores).

Estas tres líneas (análisis personal, seminarios y controles) participan en el proceso de enseñanza aprendizaje, formación-información. A todo esto se agrega lo institucional reglamentos, procedimientos y administración) con las personas que forman parte (Director, Secretario, Secretaria, Tesorero, Bibliotecaria y/o otros miembros de la Comisión de Enseñanza.

A estas tres relaciones se agrega una cuarta, que es la realidad exterior profesional y extra-profesional que participa en la experiencia de la formación analítica. Todas estas vertientes se deben reducir en el análisis personal pero revierten en la realidad institucional y en el exterior en la manera y modo de vivir, ser, estar, hacer y tener.

Queda claro que el Instituto, la Sociedad (con sus reglamentos y estatutos), los contralores, los profesores y toda la realidad extra-analítica entran en el proceso analítico pero no en la situación analítica.

En todas las relaciones extra-situación analítica se presentan actuaciones contrarresistenciales, que se pueden manifestar simplemente por una conceptualización  muy racionalizada, por una ideología, hasta por una actuación de rebeldía o de sometimiento intra y extra-analíticamente.

El análisis individual debe, en la transferencia, reducir y reformar los conceptos y las ideologías rompiendo con las barreras conceptuales entre ambos campos, entre realidad extrema y realidad interna, entre la ideología formal y la ciencia psicoanalítica. Recordemos que el psicoanálisis no solo estudia las ideas sino todo el proceso mental  donde las ideas son sólo un elemento. El psicoanálisis descubre y comprende lo descubierto para ubicarlos en las dimensiones de cada cual, permitiendo al ser humano expresar y realizar sus cualidades y funciones de acuerdo con sus valores, que bien puede ser cambiantes durante el proceso analítico. Sólo un buen estudio de los procesos mentales internos nos va a proporcionar ayuda hacia una apertura más amplia en la comprensión humana, dándole al sujeto un sentido más de libertad, (Mom, 1970).

A pesar de que el proceso analítico puede y ha sido contemplado por algunos como un sistema cerrado de comunicación, esto no es válido sino para uno de los fenómenos (transferencia-contratransferencia), lo que significa que no implica la exclusión de otros sistemas en el campo analítico y que éstos no se cierran, por el contrario, la relación paciente-analista está abierta a todos los sistemas mentales, a todas las experiencias y situaciones que se puedan presentar. Ahora bien en el proceso formativo existen diferentes situaciones en donde se viven roles específicos  que van a poner en juego e intervenir en una u otra forma el entrenamiento psicoanalítico.

Con respecto a los roles del analista y del candidato hay que hacer referencia a que el primero puede estar en uno dos, tres o cuatro roles a la vez: el de analista con el candidato, el de profesor en el Instituto, el de administrador en el mismo, el de contralor y, por último, el rol de persona de la vida real. Por su parte el candidato funciona como el alumno en el grupo de seminarios, como discípulo  en los controles, como paciente en su análisis, como parte del Instituto y como profesional y colega en su vida exterior de la formación analítica.

El trato del candidato en el Instituto muchas veces es peyorativo, de inferioridad, de minusvalía, con deberes y con pocos derechos por el hecho de “no saber”, no estar “formado”, no conocer de aquella teoría y técnica a la que en ocasiones se le da en forma continua una significación y/o connotación mágica y omnipotente, de ahí que el candidato se sienta en su “no saber”, muy inferiorizado, y con esto maltratado, porque no se le da su categoría de colega, profesional en, o, con el mismo “nivel”. Aquí es necesario referirnos al concepto de “nivel”, teniendo en cuenta que este término ubica y desubica, en unas coordenadas de determinada escala de valores los diferentes criterios del saber. Con frecuencia se encuentran y encubren comentarios, con respecto a los candidatos como “estos, no pueden, porque no saben, y, hay que tratarlos a su nivel de candidatos, no estimulándolos de afuera pues eso sería falso, paternalista protector y una medida educativa con lo cual se les hace un mal en el futuro”.

He aquí toda una filosofía de actitud, de valoración y de procedimiento con el estudiante a psicoanálisis que debe ser estudiada con mucho cuidado. La posición del candidato en su estudio no analítico, después de haber recorrido los años de universidad, no significa que deben repetirlos, más cuando en las universidades actualmente el trato o relación profesor-alumno es más de colega a colega (futuro).

Las épocas, los métodos, los contextos cambian y así también estos deben estar de acuerdo con las actitudes,para ser congruentes con toda la funcionalidad del proceso de formación en el tiempo actual. No se trata, ni se entienda que debe llevarse la actitud de la organización social actual o que se trata de invertir la autoridad ubicándola en la fuerza de la masa colectiva, hijos-juventud, quedándose la imagen del padre relegada a un segundo plano y el hijo actuando lo que el primero no pudo ser, o hacer en su época. De tal manera puede suceder que se incurra en una  inversión o confusión de los roles, con perjuicio de todos.

Finalmente, el analista y candidato puede confundir los roles si no se tiene una clara delimitación del campo y de las funciones que se ejercen, lo que implica una cierta capacidad discriminatoria que puede conllevar disociación funcional de uno y de otro;profesor y alumno puede confundir las ansiedades básicas como referidas a la situación de la relación profesor-alumno.

El contenido manifiesto, las ansiedades y actuaciones correspondientes al candidato en seminarios, en controles o en las relaciones extra-docentes pero institucionales, deben manejarse con el cuidado de no entrar en confusiones haciendo de este contenido manifiesto la realidad; de todas maneras, hay cierta filtración inconsciente de informaciones en el Instituto por parte  de los profesores, que involuntariamente llevan al campo docente información no docente. El candidato, por su parte, puede, como ya se observó, entrar en una relación seductora con uno o más profesores y así controlar las ansiedades; algunas veces el proceso de aprendizaje se ve detenido si no paralizado. Otro de los fenómenos que se suceden en el grupo es el “chisme” que tanto deforma la realidad, al punto que se pueden crear situaciones y actitudes malformantes.

De todo esto se desprende, tres o cuatro alianzas, la terapéutica, la de control, la institucional y la de la vida cotidiana extra analítica, social; dos de ellas son duales y las otras múltiples.

Otro de los factores con los que nos enfrentamos es el de que la formación analítica conlleva una serie de expectaciones, incertidumbres de origen inconsciente o conscientemente relacionadas, que llevan al candidato a actitudes diferentes, entre ellas las de sometimiento por la misma inseguridad, de tal suerte que el alumno espera que le digan lo que debe hacer en el aprendizaje psicoanalítico. El candidato de todas maneras debe pasar por una sumisión institucional, que conduce también a una regresión, (Sachs 1974)

Los candidatos llegan al Instituto, entre otros problemas psíquicos, con sus ansiedades y fantasías de tener una serie de defectos o deficiencias o ignorancias con respecto a la ciencia psicoanalítica, cuando no con respecto a su misma capacidad para ser analista; es obvio que estos temores tiene unas raíces más profundo, (Calef; Weinshel, 1973) que se llevan al análisis individual, pero no dejan de actuarse en el grupo institucional; todo ocurre notoriamente más al iniciarse el entrenamiento.

En el instituto se observa en ocasiones cierta tendencia a la idealización, al rebajamiento o a la disociación de una o más figuras de los docentes, usando información externa de los mismos con el fin de ocultar conflictos que pueden ser partes conflictivas de la personalidad. Todo esto hay que utilizarlo en el análisis personal como otro material. Al hacerlo se facilita el análisis, el proceso analítico, el de enseñanza-aprendizaje y las funciones de cada uno para lograr su identificación y su identidad. Queda muy claro que no se puede ser analista en su función analítica dentro del Instituto, y hacerlo equivaldría a hacer en el Instituto un “análisis salvaje”. A pesar de que podemos aplicar los conocimientos psicoanalíticos en los fenómenos grupales e institucionales; no por ello queremos expresar que se debe hacer del Instituto un análisis aplicado, institucional.

Lo más conveniente es crear relaciones independientes y diferentes, para que el  candidato pueda asumir su identidad identificándose con él mismo y con las partes externas menos deformadas por él mismo. El candidato muchas veces hace identificaciones con las partes externas de su analista, las que son idealizadas, deformadas, y otras veces forman identificaciones por lo contrario (“anti-identificaciones”) con otras figuras rivales dentro del cuerpo docente del Instituto o Sociedad. El objeto más sano de la indicación está en la función analítica de la no figura real o formal, sino de la misma proyección de su función analítica. El analista “didacta”, en otras palabras, devuelve a su candidato las identificaciones proyectivas  de su mismo ideal analítico.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!