Una Analogía y una Diferencia

(Transferencia-Contratransferencia, intuición e inconsciente)

Los textos que a continuación traigo no se refieren a la psicología de la vida cotidiana sino los ocurridos en la cotidianidad en el tratamiento psicoanalítico en el que existe un vínculo entre paciente y psicoanalista llamados (transferencia contratransferencia) en el cual se repiten o reflejan las relaciones primarias, y, a la vez existe una comunicación extra y pre­verbal, puesto que pertenecen a la dimensión del campo psíquico intersubjetivo en el cual se registran matrices mentales o mensajes de uno con el otro. Es así como podemos entender el sueño, o una llamada premonitoria en el tratamiento psicoanalítico.

Aquí se puede observar profundamente las operaciones técnicas en la relación dual y cómo los dos mundos se unen, juntan e interactúan para luego diferenciarse uno del otro

Por todos es conocida la manera como el analista utiliza el conocimiento de sí mismo en su propio trabajo, el que incluye las relaciones vinculares y las comunicaciones inconscien­tes del paciente con el analista, así como también las resistencias del primero y las contra-resistencias del segundo.

El analista en la relación analítica pasa por una serie de vicisitudes, entre ellas, la de la confusión de los elementos propios y los del analizado debido a que se ponen en función las identificaciones proyectivas mutuas; de ahí que haya una parcial indiferenciación del sujeto-objeto, la que tiene que llevarse a la diferenciación por medio de la atención y la consciencia del analista, de su mundo interno y de la del paciente. Se distingue y/o diferencia lo que es propio y lo que se busca o encuentra en el otro, que pueden tener coincidencia, es decir, lo que ocurre en el mundo imaginario del analista puede corresponder al Yo del paciente, éste generalmente mueve en la mente del analista partes que le corresponden o complementan al mismo paciente; sin embargo, puede ocurrir que se movilicen sólo transferencias propias, es­pecíficas del analista. Todo esto hay que dilucidarlo para pasarlo al proceso secundario (459).

Lo que con frecuencia observamos en la terapia psicoanalítica es la culpa contra-transfe­rencial cuando el analizado mueve el papel agresivo del analista y con ella el narcisismo. Si el analista es capaz de salir de sus estados afectivos no dejándose involucrar y permanece en el papel persecutorio, entonces podrá ayudar a su analizado. La “interacción afectiva es el fondo vivencial donde transcurre la sesión y es la guía que… destaca como fundamento de la situa­ción analítica para que la comunicación verbal cumpla su objetivo.”; “el paciente como el analista están sujetos a repetir el pasado infantil, casi independientemente de la estimulación del objeto actual. En este caso la actitud técnica del analista de abstinencia y neutralidad, permite las proyecciones autónomas del paciente, cuidándose de no interferirlas al adoptar una posición más bien silenciosa y receptiva. Mediante tal actitud, también inhibe o controla su propia repetición contratransferencial, que suele ser considerada perturbadora e inde­seable. Aquí, la interpretación cuenta más que la actitud analítica, puesto que este modelo considera que sólo así se le pueden resolver al paciente sus partes proyectadas.” (Cabrera Sarita de, et al., 1993, cita aparecida en el libro: “Modelos Psicoanalíticos”, 2002).

La tendencia hacia la relación asimétrica que la situación analítica requiere, es algo de po­sibilidad y de necesidad en la medida en que sea necesaria la transformación desde la posible asimetría. “Así mismo, el analista deberá estar dispuesto tanto a interpretar, guardadas las reglas de abstinencia y neutralidad, cuando el paciente lo requiera, como a ofrecerse, sobre­pasando un poco los límites de tales reglas, como un buen continente que entrega afecto y compañía. La distancia establecida entre interpretación y actitud se resuelve con la facultad del analista de utilizar, en forma natural y permanente, interpretaciones sobre la base de una actitud dadivosa, teniendo presente que habrá pacientes que necesitan más la una que la otra.” (Op. cit.).

Transferencia y Contratransferencia son procesos duales de cada uno de los participantes en la situación analítica. Tienen sin embargo, que distinguirse la una de la otra, más aún cuan­do los efectos recíprocos deben presentar un sentido y objetivos diferentes en su operatividad técnica y en su complejidad de una situación de doble vía. De ahí la importancia de la capa­cidad de ser consciente de lo que uno conoce del momento y de las situaciones analíticas. De ahí la posibilidad de transformación de la relación para que el paciente encuentre en el analis­ta, un nuevo objeto de la relación y vínculo objetal, no sin haber podido repetir, en el interjue­go de la situación analítica, la diversidad y complejidad de las relaciones inter-psíquicas, que son explicadas, aclaradas y significadas con un sentido. Se puede realizar esto parcialmente dentro de la situación pero durante el proceso, teniéndose la posibilidad de aclararse cada vez más las interacciones mutuas de acuerdo con las series complementarias, teniendo en cuenta que está presente la funcionalidad natural en la repetición del vínculo analítico; obviamente el instrumento técnico por excelencia es la interpretación que proviene antes, “en y des­pués de” haber escuchado al paciente, y aún más, durante y después de la situación analítica es decir, analista y analizado trabajan en un proceso de elaboración. También después de la sesión analítica; esto se realiza a niveles, más conscientes.

Los productos surgidos de la “transferencia-contratransferencia” provienen de los dos participantes, de su inconsciente, de sus historias, de sus conflictos, que inciden con una intensidad propia y con cierto grado de posibilidad en el proceso y situación analítica. De tal manera la pareja analítica puede tener no sólo su historia, sino sus características variables al desempeñar los papeles. Aquí es importante tener en cuenta que el desempeño de “un papel continuo” no permite ver la escena o tomar distancia objetiva de lo inter-subjetivo. Es así como fácilmente se puede caer en reacciones terapéuticas negativas. De tal manera el analista periódicamente tendrá que revisar su trabajo en el sentido de preguntarse, ¿qué hace o qué está haciendo para producir cuando se presenta un inter-conflicto, entre él y su analizado?

La falta en la neutralidad y abstinencia puede presentarse en forma no básica y momen­tánea, esporádica o con oscilaciones que pueden desviar la técnica; en caso de ser solo por momentos y no en aspectos esenciales o fundamentales, es importante tratar de entender, por dentro y por fuera de la situación, qué ocurre, por qué y para qué se ha salido de las reglas fundamentales con el sentido de volver, a las mismas, con conocimientos, especialmente de los temores persecutorios, abandónicos y/o narcisísticos. Esto requiere una actitud y posición elástica y no plástica; esta última implicaría una contra-identificación en los objetos proyec­tados, quedándose funcionando en el ‘rol’ esperado por el paciente.

Las patologías que puedan surgir de la situación analítica por cronicidad, en los mecanis­mos de contra-identificación y contra-resistenciales; “pueden llevar a la reacción terapéutica negativa o a la reversión de la perspectiva de Bion”; a la vez son productos de la situación de la pareja pero, como ya se enunció, pertenecen más a los mecanismos de la contra-identifica­ción proyectiva, de la cual el analista debe percatarse, recuperarse y liberar a su analizado de las ansiedades y fantasías que también lo mueven a repetir compulsivamente.

El proceso psicoanalítico supone, de todas maneras, dos psicologías en que “las expe­riencias internas del analista a menudo ofrecen un camino valioso para comprender las experiencias internas del paciente y que, no pocas veces, el proceso analítico depende de la elaboración de las resistencias tanto en el analista como en el paciente”, (460). De todas ma­neras analista y analizado (terapeuta-paciente) funcionan en una franja o espacio común en el campo inconsciente y es ahí en donde opera básicamente la comunicación extra y preverbal y con ello la ya estudiada intuición.

El lector podrá fácilmente deducir la importancia de tener en cuenta todos estos co­nocimientos para comprender cómo el cerebro-mente señaliza, codifica a través de sus signos, códigos para darle nombre al sujeto y al objeto y así identificarlo. Aquí surge una pregunta importante y es ¿qué entendemos como código dentro de este contexto que podríamos decir es psicolingüístico?; la respuesta es el conjunto de signos y reglas para su combinación que permiten expresar y comprender un mensaje. El conjunto de signos si­gue una ordenación para realizar no solamente lo que se llama codificación, lo cual implica la posibilidad de comprender cuanto conlleva esa ordenación; es decir, su significación; de ahí la relación significado-significante para llegar a la identificación del objeto o del sujeto que se codifica. Así mismo entendemos de qué manera surgieron los alfabetos, palabras; por ejemplo, la griega a partir del nombre alfa y beta (al alfabeto se llegó por los dos caminos: el cuneiforme de Hugari con consonantes y al Alef con los tres sonidos vocales. Estas temáticas serán desarrolladas en la obra ya enunciada: “Una ventana a los orígenes” (en preparación) y aparece en el capítulo XI de la obra: “Cerebro-Mente” (El pensamiento cuántico), 2009.

En la última obra citada (capítulo IV y V) se hace referencia a cómo las funciones men­tales (en este caso el de la intuición) están determinadas por codificaciones o señalizaciones neuronales producidas por funciones de onda de potenciales electromagnéticos con circuitos específicos todavía no mapeados; a la vez, en el capítulo VIII de esta obra (Azar Determinis­ta) se hace mención de los diferentes tipos de onda con influencias cerebrales (onda ELF o Extra Low Frecuency) u ondas EMF (Extremo bajo voltaje 6.6 y 7.86 Hz ) que se utilizan en el proyecto de investigación auroral de altas frecuencias, a más de las ya conocidas y denomi­nadas ondas alfa, beta, theta y ram alta (ver capítulo VIII de esta obra). Todo esto nos lleva a considerar la participación de las funciones de onda en los diferentes fenómenos psíquicos y entre ellos el de “la intuición” y del azar determinista.

Al terminar este capítulo es factible inferir y deducir cuán importante es el tema de la intuición en los vínculos personales o en las relaciones interpersonales cotidianas o en el vínculo terapéutico psicoanalítico, en la vida laboral o profesional de cada cual, pues aque­lla, la intuición nos acompaña en el quehacer; todo lo cual se entrelaza para determinar una conducta, una decisión, un pensamiento o concepto, un presentimiento, un conocimiento acompañado del azar determinista para concluir en el destino.


459 Esto que ocurre en la terapia psicoanalítica también puede ocurrir en una relación dual de pareja amorosa o de simple hermandad, o entre padres e hijos o amigos en la que puede establecerse una comunicación pre o extraverbal y en ella aparece la “función intuitiva”.
460 Las experiencias internas del analista. Su contribución al proceso analítico, por Jacobs. Th. 1993, Rev. Psicoan., Vol. 49, No. 2, Argentina, pág. 254.

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