Recuerdos de dos Pacientes y una Experiencia Personal

Recuerdo a un analizado que “presentía” lo que sus padres y maestros iban a hablar de algún tema específico, lo cual sucedía, y en otras se adelantaba a hablar temas que ellos tenían programados para referirse. En el bachillerato se encontró con que algunas preguntas de los exámenes ya las había tenido en cuenta por que “presentía” (intuía) que las iban a hacer; los compañeros al darse cuenta de estos hechos, le consultaban y lo consideraban “el mago” y él jugaba a adivinar la vida de cada uno; más él, solamente lo que hacía era comunicar lo que ve­nía a su mente y ellos quedaban “asombrados” por esa lectura que había hecho de sus vidas. Estos hechos supuestamente “extrasensoriales”, positivos se alternaron con ideas opuestas y por lo tanto existía una ambivalencia en las temáticas y se presentaba una confusión en las respuestas, las cuales no correspondían; es decir, la falla mental se basaba en que había dado predominio a la temática que intuitivamente se le había ocurrido y no a la que tenía semejanza pero era diferente.

Otro analizado relató un hecho de su vida, el cual sucedió sin tener aparentemente, nin­gún indicador consciente de lo que iba a ocurrir. En una ocasión evitó un accidente, pues estaba esperando en un semáforo para que éste se pusiera en verde, se le ocurrió mirar para arriba y vino a su imaginación que los cables de energía eléctrica se iban a caer, lo cual pro­dujo que él pusiera el cambio en reverso y se separara unos metros; evidentemente el cable cayó en fracciones de segundos, encima de otro automóvil ocurriendo un accidente. La expli­cación primera que le dio el paciente fue de una premonición; más adelante recabando en los detalles, encontró que su presentimiento se basaba en la rapidez con que había reaccionado al ver un ligero movimiento de los cables, y que por prudencia él se imaginó lo que debería hacer en caso de que ocurriera, lo que había pasado por su mente; todo había sucedido en fracciones de segundos.

Personalmente relato una experiencia. Cuando trabajaba en un hospital neuro-psiquiá­trico de New Jersey (USA) en frente de Manhattan en los años 1956-1959 cuando todavía no existían los computadores; los turnos eran de 24 horas en un lugar apartado, de aproxima­damente de 3.800 pacientes; durante la noche siempre ocurrían que llamaban al médico de turno, por que los pacientes tenían diferentes problemas médicos. Los médicos teníamos que ir a buscar la historia clínica a un espacio en donde estaban las gavetas en serie, de miles de pacientes del hospital, y uno debía tener el número de la historia, fijarse en donde quedaba la gaveta, abrirla, buscar el número, el nombre; esto que parece fácil cuando son pocos pacien­tes, pero teniendo una población hospitalaria grande y con aproximadamente 30 años de vida del hospital tomaba su tiempo hacerlo. Tengamos en cuenta que en ese entonces en el año 1956 la información no estaba sistematizada en computador.

El lector podrá imaginar cuantos miles de historias existiran; buscar no era fácil, había que caminar, detectar los dos o tres primeros números y luego los siguientes. Esto entre una y tres de la mañana, cuando la mente está adormilada, no era cosa simple y menos agradable; sin embargo, tocaba buscarla lo más pronto posible, pues no solamente lo requería el paciente sino todo el equipo que podía intervenir sobre él; como resultado de esta circunstancia mi mente se dirigía, en forma incontrolable y automática, sin perder tiempo en forma directa en la dirección de la gaveta; inconscientemente abría el compartimiento y sacaba la historia co­rrespondiente, sin ser consciente. Este hecho me causaba asombro, más cuando era repetitivo, y me agradaba enormemente porque me evitaba gran trabajo. ¿Qué ocurría en mi cerebro-mente? Esa pregunta me la hice muchas veces, y la respuesta no era la casualidad y todos los adjetivos que inicialmente enumeré arriba, sino que mi sensorio y percepción ya se habían organizado mentalmente para establecer el orden necesario para encontrar exactamente el número requerido de la gaveta e historias, programación que ya conocía y/o calculaba el lugar de su ubicación, puesto que mi mente calculaba en forma automática el lugar y el número de la gaveta y el número de la historia; por lo tanto, no era casualidad, ni suerte, ni cuestiones adivinas; era simplemente una organización neuronal del azar determinista que operaba en la práctica.

El azar determinista en la experiencia personal y en sesiones clínicas psicoanalíticas

Con frecuencia, a diario me encuentro que durante las sesiones terapéuticas psicoanalí­ticas, como viene a mi mente con anticipación el contenido (material verbal) expresado por el paciente y por lo tanto mi preconocimiento se confirma; en algunas ocasiones el analiza­do responde a mis cuestionamientos que me hago silenciosamente, y él mismo produce las supuestas interpretaciones. Todo esto que ocurre lo entiendo como una comunicación pre y extraverbal la cual acontece en la relación transferencia-contratransferencia en la cual parti­cipa la intuición.

En una ocasión dictando un seminario sobre técnica y clínica psicoanalítica uno de los candidatos a psicoanalista me hizo alguna pregunta, la cual yo la devolví cuestionando al grupo y ninguno se atrevía a responder, fue entonces que dije: “ustedes tienen la respuesta pero no se arriesgan a encontrarla”; “tomen cualquier libro que tengan y lo abren al azar”; uno de los candidatos abrió su maleta sacó un libro y fue cuando le sugerí. “tómelo, ábralo, ponga el dedo en cualquier lugar y lea”; él lo hizo y al leer encontró la respuesta por ellos so­licitadas. Los candidatos quedaron asombrados y dieron mayor explicación a lo que respondí: “este es el funcionamiento inconsciente”.

En la vida cotidiana acontece que este fenómeno se presenta con frecuencia en los ena­morados, en las parejas que han convivido por tiempo prolongado, o cuando existe lo que se llama “química” entre los dos o entre madre o bebé, o con los hijos amados o entre personas que tienen lo que se denomina comúnmente “almas paralelas”. Todo esto no es causalidad, magia, clarividencia, telepatía, poderes extrasensoriales sino pertenece al funcionamiento neuropsíquico con la participación de la intuición y los mecanismos de la física ondulatoria descritos en la obra: “Cerebro-mente” (2009) y a través de estos textos del azar determinista. Para algunos de estos textos pueden incluirse o bien ubicarse en la categoría de la simple intuición o los derivados de especulaciones pseudocientíficas, o en al fácil explicación del inconsciente como reservorio de todo lo conocido. Sin embargo, el hecho continúa pre­sentándose no solo en la ya mencionada relación psicoanalítica y en la vida cotidiana de parejas con vínculos amorosos, sino en personas con singulares potenciales de conexión neu­ronal en donde operan funcionamientos no bien investigados por la moderna neurociencia, acompañada de la estadística compleja. Podría aquí traer múltiples ejemplos con páginas que inundarían páginas al lector el cual requiere de la comprobación de los hechos con evidencias que lleva a la certeza. Dejo a los investigadores futuros toda esta investigación de casos de la llamada clínica neuropsicológica.

Casualidad, coincidencia, intuición o azar determinista

Una experiencia es la que se refiere a la acaecida repetitivamente con una persona la cual me relató un evento que le ocurría; ella tenía una hermana a quien visitaba cada fin de semana y allí había una biblioteca de la cual tomaba al azar alguno de sus libros, y, nuevamente al azar tomaba un libro y lo habría leyéndole alguna frase al acaso; como resultado, siempre lo que leía en voz alta tocaba a su sensibilidad del momento. Una vez lo hizo en presencia de otra persona quien dijo el siguiente comentario: “ya te conoces todos los libros y sabes dónde leer”; con cierta timidez y algo de vergüenza respondió: “es una casualidad”; ¿sería una ca­sualidad, una intuición, una coincidencia, un misterio, o el azar determinista?, presumo que la respuesta pertenece a la última.

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