Determinismo e Indeterminismo Científico

Vale la pena aquí enunciar que el determinismo científico ha tenido sus defensores y sus detractores y aún se afirma cómo el primero tiene una motivación ancestral filogenética para explicar cómo, por ejemplo, el hombre estaba determinado para obtener el alimento, evitar los peligros de muerte, caminar en el plano y la montaña y defenderse de la muerte. De la misma manera, se explica cómo en la especie humana apareció el inconsciente o éste, el hombre, provino de las fuerzas instintivas energéticas, y del inconsciente se pasa a la consciencia, a ser consciente de sí mismo y de todo lo de afuera; así surgió el pensamiento. He ahí el puente o salto o cambio del animal al hombre, de homínido Homo erectus al Homo sapiens.

Toda esta dinámica proviene del estudio de la antropología y de la lingüística; es así como se hace énfasis en que primero en el animal estaba el sentimiento, los instintos, las percepcio­nes y luego fue en el hombre en que apareció el pensamiento mágico y adivinatorio, el cual es más determinista para darle explicación a los hechos desconocidos; fue así como de los hechos estudiados en sus esencias, se construye un conocimiento y un saber sistematizado (por los filósofos) y se llega el pensamiento lógico científico, y en este último al mecanicista (Descartes, Newton los cuales no fueron solo deterministas porque dejaron cuestionamientos sin resolver); más adelante se pasó a los conceptos dinámicos y de estos a los cuánticos.

De otra parte, la tesis determinista, en términos de Popper (1977), (determinismo cientí­fico), equivale a una creencia incontrastable en una discusión irracional y crítica las cuales se combinan con la misma idea metafísica del indeterminismo; y, fue para Popper parte de la tradición racionalista en que, el hombre, tiene su afán no solamente de conocer para con­trolar, sino para predecir, para ello se requiere verificar esa predicción. Pienso, que aquí se corre el peligro de caer en la previsibilidad ilimitada de los sucesos que pueden llegar a ser doctrina, o considerarla como una verdad absoluta dogmática (149) y objetiva, y de tal manera como posición científica (determinismo científico o metafísico).

Se supone que las posiciones objetivas parten de observaciones, descripciones y cuanti­ficaciones matemáticamente exactas de los sistemas físicos cerrados, en términos de teoría, sin contemplar o negar la impredecibilidad y el azar del ser humano que si bien funciona con las leyes de la gravitación, electromagnéticas, atómicas y mecánica relativista y la mecánica cuántica no conoce todos los fenómenos porque al final se encuentra con su infinita igno­rancia cuando se permite pensar en el universo. Aquellas leyes nos llevan a contemplar la “interrelación” y/o “fusión del determinismo y el indeterminismo”, planteado atrás. Aquí po­dría agregar que lo determinado puede o tiene la posibilidad de volverse indeterminado o complejizarse para caer en el indeterminismo; he ahí la paradoja.

De una u otra forma nos encontramos con que el determinismo y el indeterminismo tienen sus formas, y siempre se encuentran abocados con el problema de la témporo espa­cialidad, en la medida en que se contemple todo hecho ante el pasado, presente y futuro. Si bien podemos conocer muchos hechos humanos y aun predecirlos como factores operantes indeterminados, impredecibles e indecibles, no explicados y explicables, y por lo tanto que no pueden llegar a entrar a la categoría de decidibles (no se puede por una razón u otra deci­dir). Por ejemplo, aunque podemos predecir la muerte, según bioestadísticas y aún tenemos elementos certeros para determinar de qué se puede morir una persona o un grupo de per­sonas, puesto que ello deriva de acuerdo a la información que tenemos, contando que existe un rango de población en que no podemos predecir la muerte natural y menos el momento; este último puede pertenecer al azar o a lo que se conjuga con y como variables coincidentes y determinantes del fin.

Aquí vale la pena hacer alusión a que el ser humano ha recurrido y recurre a la explicación de que el fin solamente lo conoce el ente llamado Providencia o Dios quien lo determina y lo puede predecir y aún decir y decidir. Es así nuevamente cómo entramos en lo mágico y om­nipotente como una necesidad explicativa de causalidad, de control y aún de las leyes divinas que contemplan la omnisciencia, el equilibrio, la ley del orden cósmico. En este momento nos preguntamos y si el ente Dios determina todo ¿quién lo determina a él o cómo se realizó ese proceso? Los teólogos, repitámoslo una vez más, responden muy fácilmente, “él está desde siempre y para siempre”, pues es eterno y “no tiene principio ni fin” (el Creador es infinito); la creación es una y todo confluye en el Todo; es decir, todo proviene de principios incógnitos, infinitos, incomprensibles, autogenéticos o autocreadores, y todo acaba en El. Es así como nos encontramos con otro determinismo teogónico y aun cosmogónico pagánico. Esto es una discusión más teológica, y, dejo a los doctos en la materia de siglos atrás y venideros, con­tinuar en el cuestionamiento y explicación o especulaciones durante los tiempos presentes y futuros, más allá o más acá de la fe. Cada uno tiene su libre albedrío para decidir qué camino tomar en esta complejidad en la que caben interpretaciones y explicaciones. (150)


149 Cuando se llega a una posición de “verdad absoluta dogmática”, la mayoría de las veces aquella está su­mergida en el subjetivismo pleno de afectos y lejos de lo puramente objetivo.
150 Ver libro: Cerebro-Mente (El pensamiento cuántico), 2009, Cap. IV.

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