El Pensamiento

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

V

“Se cree o no en lo que se pìensa y co­noce o no se piensa y no se cree”.

Generalidades sobre el pensar(1)

La temática sobre el pensar o el pensamiento fue desarrollada en la obra “Cerebro Mente(2), así mismo está relacionado con la consciencia y la comunicación, lo que fue desarrollado en el cap. VI de la misma obra. (Sánchez Medina, G., 2009, pág. 399 y sig). Sin embargo, aquí voy a traer algunos textos (de esa obra) para que el lector los tenga en cuenta y así poder llegar a la comprensión de lo que trato de desarrollar en estos escritos.

La obra antes mencionada trae consideraciones etimológicas, lingüísticas, filosóficas, fe­nomenológicas, psicodinámicas, neurocientíficas, funcionales y relacionadas también con el sistema consciente e inconsciente, el aparato mental, el de pensar y con ello sus definicio­nes.

El término “pensar” ha sido estudiado por filósofos, filólogos, psicolingüístas, psicólo­gos de diferentes escuelas y actualmente está siendo investigadores por los científicos de las neurociencias.

Definición

Para los filósofos “el pensar” implica relacionar y formar ideas para lo cual se considera, se examina y se reflexiona, se concibe, se encuentra, se tiene presente, se ocurre o imagina, se aspira, se cree, se inventa y se tiene intención. Todas estas funciones se interrelacionan con la sensopercepción, la atención y el conocimiento (Moliner, 1998).

Todos los filósofos están de acuerdo en que “pensar” es un “acto psíquico único del hombre o sujeto pensante” que para lograrlo requiere de los órganos de los sentidos con el estímulo respuesta y así la producción de imágenes, representaciones concomitantes y ex­presiones de la capacidad consciente, a la vez que participa el inconsciente y la intuición. El pensar es, por consiguiente, “un acto” irreductible a las representaciones (imágenes) diversas y cuyo objetivo es lógico.

Desde el punto de vista de la psicología el pensar es la acción psíquica por la cual se forman y relacionan ideas con examen y reflexiones de las mismas utilizando representaciones, las cuales se usan para conocer. Con la unión de representacio­nes que llevan al conocimiento se elaboran conceptos, se formulan las preposiciones signifi­cantes con sentidos. El pensar y los pensamientos pertenecen al sistema neuropsíquico en el que participan elementos fisicoquímicos con sus diferentes funciones.

Entendamos que “el pensar psicológico puede ser lógico e ilógico y compete con la teoría del conocimiento”, a la vez que tiene sus diferentes estructuras y formas peculiares para hacerlo (orgánicas, me­cánicas, matemáticas, filosóficas, prácticas, abstractas, etc.); de ahí la forma, la mecánica y la contextualización en el proceso neuropsicológico del pensamiento, el cual requiere de la sensopercepción (Ferrater Mora, 1951).

El pensamiento es el término derivativo del pensar y tiene sus diferentes modalidades y características funcionales desde la intuitiva a la discursiva pasando por la lingüística, la con­ceptual y la integrativa.

El filósofo Descartes decía que “con la palabra pensar entiendo todo lo que sucede en los otros; de tal modo que lo percibimos por nosotros mismos; por lo tanto no solo entender, querer, imaginar, sino también sentir es lo mismo que pensar”.

A la vez, el filósofo Spinoza incluye entre los modos de pensar “el amor, el deseo y toda otra afección del alma”. El filósofo inglés Locke se refirió al significado del pensar [en inglés Thought (t) (3)] “como una clase de operación de la mente acerca de sus ideas”; en el mismo sentido lo hizo Leibnitz, (Abbagnano, 1997)

Para otros en el pensar están el entendimiento, el conocimiento intelectivo y la com­prensión; así mismo San Agustín y Santo Tomás incluyen el significado genérico, discursivo y cognoscitivo. Otro filósofo, Wolf, decía: “pensamos cuando conocemos lo que ocurre en nosotros y que representa las cosas que están fuera de nosotros”.

Platón denominaba al pen­samiento discursivo “diánoia(4)y consideraba como el órgano propio de las ciencias pro­pedéuticas (aritmética, geometría, astronomía, música y aun filosofía), en la cual se incluía el pensamiento intuitivo.

En todos los filósofos se encuentran las funciones de la indagación y el acto de la facultad cogitativa. La capacidad valorativa y comparativa, la cual consiste en reunir y comparar las intenciones particulares y como la razón intelectiva pertenece al pensar.

Como resultado de todo esto se constituye el pensador y lo pensado; el hombre que piensa (cogitare) que es casi el andar recogiendo algunos elementos “para poder comprender, transportar, aumentar o disminuir los materiales suministrados por los sentidos y por la experiencia” (Hume, citado por Abbagnano) (5).

El gran filósofo metodólogo alemán Emmanuel Kant se refirió al pensar como el unir representaciones en una consciencia, lo que significaba que “pensar es el conocimiento por conceptos” y éstos se refieren a “predicados de juicios posibles a alguna representación de un objeto…”.

Por lo expuesto hasta ahora, la actividad del pensamiento, “el pensar”, implica una síntesis, una unificación, una confrontación, una coordinación, selección, transformación y otras actividades mentales que ya se exponen en los “cuatro ejes de las funciones del pensar, mencionado en otra parte.

El filósofo Wittgenstein decía: “El pensar es la proposición signi­ficante” y la totalidad de las proposiciones es el lenguaje.

Otros filósofos como Schelling y Hegel se pronunciaron en el mismo sentido haciendo énfasis en que para la identificación del pensar se requería una autoconciencia creadora como actividad propia productiva personal con sensibilidad, intuición, fantasía, apetencia, deseo, expresión y producción; de todo esto concluimos que el “pensamiento es un acto con sentido y significado.

En el año 2006 apareció la obra “La mente.

Una breve introducción” de J. Searle filósofo de la Universidad de Berkeley en California, el cual protagoniza numerosas discusiones alre­dedor del tema cuerpo-mente y la metáfora computacional de la ciencia cognitiva, así como del proyecto de la inteligencia artificial y obviamente el pensamiento, (Searle, 2006). 

En su obra aparecen diferentes preguntas entre las cuales están: ¿Cuáles son exactamente las rela­ciones entre lo mental y lo físico?; ¿tenemos un conocimiento cierto de la realidad?; ¿cuál es la relación entre identidad personal y corporal?; ¿tienen mente los animales?; ¿cómo es posi­ble que los hechos ocurridos en nuestro cerebro remitan más allá de ellos mismos?; ¿qué es un estado mental inconsciente?; ¿cómo se produce la mente? El autor citado hace una crítica a todos los programas de investigación dentro de la filosofía de la mente, al dualismo sustan­cial, al materialismo eliminativista; para él todos los enfoques están equivocados y él mismo no soluciona el problema y carece de un proyecto de investigación y su filosofía de la mente se queda en argumentos ontológicos de la conciencia y obviamente del pensamiento, (6).

Es el ser (sujeto) el que piensa con su organismo vital, y cuando nos referimos al hombre, inmediatamente lo hacemos a la capacidad de pensar, lo que equivale a la organización de distintas funciones con un fin, un objetivo, un diseño pre-determinado para llegar al proceso del pensamiento el cual requiere obviamente de funciones y de informaciones.

Los etólogos piensan que los animales tienen la capacidad de pensar a un cierto nivel; sin embargo, lo ca­racterístico del ser hombre es la “conciencia reflexiva”; he aquí los conceptos de “conciencia y reflexión” que pertenecen al proceso del pensamiento.

Obviamente sin cerebro no pensamos y aquél, el cerebro, requiere de estímulos de los órganos sensoperceptuales, del movimiento neuropsíquico y fisiológico en los diferentes centros, áreas, neuronas con sus resonancias para producir el proceso de pensar y luego comunicarlo a través del lenguaje.

Aprender a pensar es quizás la tarea más importante y difícil que se debe lograr en la enseñanza. Esto significa el tener las bases y definiciones fundamentales de cualquier objeto, hecho, fenómeno, función, sistema o proceso que implica todo conocimiento, el que luego es integrado para manejarlo en la práctica en forma sintética.

No es tener gran información lo más importante para pensar; es, repitámoslo, conocer la esencia y saber utilizarla funcio­nalmente en forma sencilla y simple llegando a la integración de lo senso-perceptual, lo lin­güístico, lo discursivo y lo conceptual; es decir, poder llegar al concepto esencial sabiéndolo expresar o comunicar; para lograr esto deben estar las funciones del pensamiento libres de bloqueos, inhibiciones, interferencias o perturbaciones.

Existen diversas funciones del pen­sar, pero antes de seguir adelante es necesario determinar lo que se entiende por pensar desde el punto de vista psicodinámico, fenomenológico, cognitivo y epistemológico.

Pensar es el acto mental o psíquico por el cual se llega del impulso simple a la integración representativa lingüística, discursiva y conceptual de un objeto y/o de un hecho concreto o abstracto.

En el pensar participan el imaginar, el discurrir, el reflexionar, el examinar para formar un dictamen. El pensar tiene un fin, un porqué, y un para qué; el objetivo es la razón, es dar coherencia, sentido a los estímulos perceptuales para poderse comunicar y relacionar el sujeto con el mundo externo. “Todo pensar apunta al pensamiento y todo pensamiento apunta a un contenido intencional” (Ferrater Mora, 1951).

De tal manera, pensamos porque la misma evolución del hombre lo ha determinado y cada vez el pensamiento se desarrolla más; no es lo mismo el pensamiento concreto del primitivo que el abstracto del hombre culto, (7). Es la persona quien piensa; obviamente el lugar donde se origina y se organiza el pensar es en el cerebro con sus diferentes funciones.

¿Cuándo pensamos? La respuesta reside en que el pensar pertenece a todo un desarrollo que va paralelo al biológico; es decir, a medida que el sujeto crece y se desarrolla físicamente integrando sus funciones biológicas, también lo hace con sus funciones psíquicas, ¿qué pensamos? La respuesta se extiende a la temática o a los contenidos con los sentidos del pensamiento los cuales parten de lo concreto objetivo que percibimos hasta lo abstracto pasando por el pensamiento teñido de emociones.

Por lo tanto, hay pensamientos superficiales y profundos, sencillos y complejos, individuales y colectivos, particulares y generales, prácticos y teóricos, técnicos y científicos de distinta índole y así sucesivamente se pueden clasificar los pensamientos.

Pensamos también cuando estamos dispuestos y preparados para hacerlo. ¿Cuánto pensa­mos?

La cantidad depende de los contenidos y de las intenciones de los mismos; sin embargo, lo importante no es cuánto, sino cuál es el pensamiento o qué pensamos, es decir, la calidad del pensamiento.

El análisis del pensar implica varios aspectos: uno el fenomenológico y con este el electroquímico; otro el ontológico; uno más el sociológico, cultural y psicológico; otro el psicodinámico, y entre uno y otro están el lógico y el ilógico que suponen el funcio­namiento de la psiquis del sujeto en relación con el objeto; a la vez algunos de estos aspectos mencionados sirven de instrumento o de base estructural del pensamiento.

Debe quedar claro que no podemos confundir el pensar con el conocer o el reconocer; éste último, es el que se encuentra ya en animales, cargado a veces de emociones; el conocimiento se refiere más a un saber, a tener presente en la consciencia un concepto o un pensamiento. Cuando nos refe­rimos a cómo pensamos hay que mencionar, las funciones que participan en el pensamiento y que implican una serie de representaciones (8) en las que se incluyen imágenes, fantasías conscientes e inconscientes, sus significaciones y simbolizaciones, para llegar de estas fun­ciones a la ideación articulada gramaticalmente, (9).

El mismo Einstein “pensaba a través de imágenes visuales coloreadas y su dificultad estribaba en traducirlas a palabras o conceptos o ecuaciones matemáticas” (Einstein, 1936), (10).

Si todas estas funciones son importantes, también lo son las de la sensopercepción y aten­ción, que llevan a la evocación, a la comprensión e interpretación y al discurso, pasando por la información y la abstracción; todas estas funciones se interrelacionan y son las que llevan a la conceptualización.

Sin embargo, podría decirse que unas y otras son importantes, pero hay algunas que deberían destacarse, y son aquellas que se refieren a la descripción, a la clasifi­cación de las señales que llegan a integrarse en imágenes simbolizadas para constituirse en una idea que llega a la palabra; ésta se puede evocar, comprender, interpretar, conceptualizar, terminando en un discurso, el cual comunica el conocimiento y lo que se entiende por pen­samiento.

En síntesis “hay que pensar para conocer y conocer para pensar”. Sin embargo, surge la pregunta: ¿Conocemos y comprendemos bien en realidad por completo, cómo y dónde pensamos? ¿No pertenecen todas esas funciones y procesos a sistemas complejos y caóticos con ordenamientos, reordenamientos?

(Lea También: La Creencia y el Pensamiento Científico)

El mismo Einstein (1936), en su trabajo sobre Física y realidad se refiere a la naturaleza del pensamiento en la siguiente forma:

A diferencia de la psicología, la física se ocupa en forma directa sólo de las experiencias sen­soriales y de la ‘comprensión’ de sus conexiones. Pero con todo, el concepto de ‘mundo real externo’ que existe en el pensamiento de cada día reposa en forma exclusiva sobre impresiones sensoriales”.

“…El establecimiento de un ‘mundo exterior real’ es la formación del concepto de objetos ma­teriales y de objetos materiales de distintos tipos. De entre la multitud de nuestras experiencias sensoriales, mental y arbitrariamente, escogemos ciertos conjuntos de impresiones sensoriales

que se repiten (en parte en conjunción con impresiones sensoriales que son interpretadas como signos de experiencias sensoriales de otros) y relacionamos con ellos un concepto: el concepto de objeto material. Si lo consideramos desde el punto de vista lógico, veremos que este concepto no es idéntico a la totalidad de las impresiones sensoriales que a él se refieren; se trata de una libre creación de la mente humana (o animal). Por otra parte, este concepto debe su significado y su justificación, en forma exclusiva, a la totalidad de las impresiones sensoriales que asociamos con él”.

“…La totalidad de nuestras experiencias sensoriales (uso de conceptos, creación y empleo de relaciones funcionales definidas entre ellos y la coordinación de las experiencias sensoriales con esos conceptos) pueden ser puestas en orden mediante un proceso mental: este hecho en sí tiene una naturaleza que nos llena de reverente temor porque jamás seremos capaces de comprenderlo por completo”, (Einstein, 1936).

¿Será esta aseveración cierta para el siglo XXI? ¿Será que podremos llegar a la completud o acercarnos a ella? La respuesta sólo la tendrá la historia.

Como es de observar, deducimos que el pensar es un acto que lo referimos a la mente y que involucra diferentes funciones que se suceden en el aparato psíquico (mental) y que las realiza el cerebro. De esto es de lo que nos vamos a ocupar más adelante en el presente escrito cuando nos referimos a la mecánica y dinámica, estímulo-señal en el sistema nervioso central y la participación neuroquímica y física.

Por su parte las funciones del pensar son múltiples y se pueden agrupar en cuatro ejes integrador, lingüístico discursivo y conceptual para llegar a la comunicación en un lenguaje integrado y gramatical y en un discurso con conceptos. Esto fue diseñado por el autor (11).

En el aparato mental y de pensar funcionan los sistemas conscientes e inconscientes con sus fantasías. La fantasía, tiene diferentes funciones, una de las cuales es servir como instru­mento de defensa de la realidad externa o interna, pero también puede estar al servicio de las necesidades y de las satisfacciones de los deseos y, aun más, de la creatividad; también hay fantasías que pueden usarse como defensas de otras; como son por ejemplo las fantasías ma­níacas que pueden servir como protección de las depresivas; de esta manera, la fantasía sirve para representar los ya nombrados mecanismos defensivos del Yo.

Es muy importante la interrelación de la fantasía inconsciente con la realidad externa y el ambiente tiene mucha importancia sobre los efectos en la infancia y la niñez; sin embargo, sin que haya mal ambiente también pueden presentarse fantasías agresivas persecutorias.

El psicoanalista en realidad se dedica a descubrir la fantasía subyacente tras las producciones del inconsciente como en el sueño, el síntoma, físico o psíquico; el actuar, la asociación libre, los actos fallidos o los propositivos movidos por la necesidad y el deseo.

Es importante tener en cuenta que cuando el deseo se articula con la fantasía, también se opera una serie de pro­cesos defensivos los cuales se interrelacionan con la búsqueda de la satisfacción (principio de placer) y así se decide la actuación con base en creencias, ideologías y participando el pensa­miento mágico omnipotente; obviamente pleno de prejuicios del medio ambiente.

Con respecto a la temática de la consciencia, el pensamiento y la comunicación éste debe contemplarse en el capítulo VI de la obra citada Cerebro Mente p.415 en adelante.

Aquí solo voy a mencionar cómo del estímulo externo se pasa la receptor perceptual, a su transmisión para llegar a la representación de la represión y efectos de la información en una pantalla lla­mada consciencia en donde existen diferentes sistemas de distribución y selección de almace­namiento de la información a corto y largo plazo pudiendo participar el razonamiento o no.

El razonamiento reflexivo metodológico puede ser inductivo, deductivo, exacto e inexacto para pasar a un proceso de construcción y encontrar igualdades y así llegar a lo falso o verdadero, lógico, concreto o abstracto y finalmente a la realidad interna y externa.

Téngase en cuenta aquí que en la pantalla de la consciencia aparecen las imágenes, las representaciones, el pensamiento, el saber y el conocer todos los cuales se construyen gracias a las conexiones, informaciones, combinaciones, nuevas variaciones y contenidos que llegan a la consciencia para un darse cuenta el Yo y el “sí mismo” o “self”.

Existen momentos de consciencia y clases de la consciencia y que operan de acuerdo a los sistemas de memoria, al entendimiento y a la comprensión de la información.

Así mismo, como ya el pensamiento tiene sus diferentes clases entre ellas está el pensa­miento consciente o preconsciente, el pensamiento profundo o superficial, el analítico o el concreto o abstracto, el pensamiento científico, el pensamiento complejo, el psicoanalítico, el cuántico, el científico moderno o el pensamiento según las disciplinas con que trabaje­mos, por ejemplo el filosófico, el matemático, el biológico, médico, jurídico, político, social, económico, histórico, etc. He ahí también las clases de pensamiento según las temáticas, el lenguaje, el o los conceptos teóricos, técnicos o prácticos del proceso primario irracional o secundario racional incluyendo aquí el pensamiento creativo.

Cuando me refiero a los 4 ejes de las funciones del pensar lo hago a los denominados; integrador, lingüístico, discursivo y conceptual para llegar a la comunicación integrada gra­matical con un discurso conceptual, (12).

Es necesario resaltar en la forma como una mala experiencia se vuelve más importante si el bebé ha tenido fantasías y sus experiencias adversas solo le confirman lo que en su in­consciente está funcionando.

Por otra parte, las experiencias buenas tienden a disminuir, a modificar las malas y a estimular el amor y la gratitud.

De todo esto se deduce la importancia de que el bebé tenga un adecuado ambiente en sus primeros años. “Cuando un niño hace una fantasía de realización de deseos, no está evitando solamente la frustración y el reconoci­miento de una realidad de su propia hambre sino de su propia ira contra su realidad interna” (Segal, 1965).

En el pensar o en el inventar soluciones a problemas, el sujeto se vale y emplea los sím­bolos y signos que lo llevan al razonar (razonamiento). Los animales no tienen esa capacidad proyectiva y asociativa, simbólica y significativa que se realiza por medio del signo y del símbolo.

El animal, como es bien sabido, aprende mediante el ensayo-error, moviéndose, además de la herencia programada genéticamente, por medio del placer-dolor, para resolver en últimas el problema de la vida y los obstáculos que a ella se le oponen.

El pensamiento o mejor el pensar puede tener diferencias en el hombre según su circuns­tancia; en este momento no me voy a referir a estados emocionales conflictivos, latentes o manifiestos, sino a la posición espacial del sujeto; por ejemplo, es diferente el pensar en las personas cuando están de pie en movimiento o estáticos, o sentados en una silla o en la cama confortable o no, o en la misma postura pero en un vehículo a poca o gran velocidad; lo mis­mo ocurre en posición acostado u horizontal.

Por eso son distintas formas en las que el cere­bro puede funcionar con todos sus mecanismos, intercambio de electrolitos, oxígeno, agua, gradientes, potenciales eléctricos, debido al estado de reposo o no y esto depende también de los estados de consciencia.

De todo esto se concluye que podríamos clasificar el pensamiento en reposo o actividad motora, en estado vertical, horizontal o semihorizontal y de acuerdo con el espacio y tiempo vitales y el estado de consciencia en que el sujeto esté.


1 Algunos de los textos de este capítulo aparecen en las obras del autor: “Tiempo, Espacio y Psicoanálisis” (Sánchez Medina, G. 1987); “Técnica y Clínica Psicoanalítica” (Sánchez Medina, G. 1994); “Creación, Arte y Psiquis” (Sánchez Medina, G. 2003); “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (Sánchez Medina, G. 2009).

2 Capítulo V, p. 399-414

3 La palabra “thought” viene del sajón “thah” y “thauh”, del germano “doch”, del danés “dog”. En todas las lenguas se hace referencia a las concepciones o a las “ideas de la mente”, por imaginación, opinión, juicio, meditación de la consciencia.

4 Diánoia (en griego διάνοια); de día (a través de, separación); suele traducirse como “razón discursiva” y remite a la capacidad de la razón para obtener conocimientos mediante o a través de las premisas de una conclusión que necesariamente deriva de aquella; es el conocimiento obtenido mediante causas y principios como el de la intuición. En este sentido, la “diánoia” o razonamiento discursivo se opone al “nous” inteligen­cia, comprensión, entendimiento; esta oposición entre “diánoia” y “nous” es parcialmente aparente porque son complementarias, porque para tener razón hay que entender y tener inteligencia; es decir, tener la facultad de comprender y razonar.

5 Ibídem

6 “En el pensamiento de Searle no todo es de orden neurobiológico, sino filosófico y psicológico o forma parte de la ciencia cognitiva en general. Estudia la filosofía de la mente que está centrada en las representa­ciones mentales conscientes que estudia en su relación con el inconsciente. Para Searle ni el dualismo, ni el monismo, ni el materialismo puro solucionan el problema mente cuerpo”. (De Francisco, 2013).

7 “Ni tampoco igual el pensamiento sobre un determinado hecho, en diferentes épocas históricas, por que los sistemas de pensar o razonar no son iguales en una época u otra. Ver mi libro sobre ‘La Locura de Don Quijote’, capítulo sexto.
En el Siglo XVI, por ejemplo, existían cuatro modalidades de pensamientos o razonamientos que se identificaban por sus nombres latinos: se pensaba por “convenientia’, ‘aemulatio’, ‘analogía’ y ‘sympathia’, que daban a los lectores de la época percepciones un tanto distintas a las nues­tras.
Ese es la razón por la cual Humberto Eco decía: ‘nosotros pensamos el tiempo en que vivimos’” (De Francisco, 2012).

8 La representación implica la acción de un volver a presentar a la conciencia la imagen del objeto producida por la sensopercepción y que nos permite pensar.

9 “Las imágenes visuales se hacían en su hemisferio cerebral derecho y el izquierdo las ‘’traducía’ a concep­tos o ecuaciones matemáticas”, (De Francisco,

10 “Uno de los problemas más álgidos que enfrentan los estudiosos del problema mente-cuerpo, es si las representaciones son exclusivamente mentales, o si son físicas.

Allí se estrellan los conceptos de los filósofos modernos como Paul Churchland, el mismo Searle y Patricia Churchland esposa de Paul, Thomas Napel y Colin Mac Ginn, como está señalado en el libro sobre ideas de vida y muerte”, (De Francisco, 2012).

Einstein decía textualmente: ‘las palabras o el lenguaje, ya sea en forma escrita u oral no desempeñan para mí ningún papel importante en los mecanismos del pensamiento’, creía que el proceso de elaboración de su pensamiento se desarrollaba por medio de un ‘juego bastante impreciso de elementos’ antes de que se de cualquier conexión con la construcción lógica de las palabras u otro tipo de signos que se pueden comunicar a los demás’ (Einstein, 1981), (De Francisco, 2012).

11 Ver página 407 del libro del autor: “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (Sánchez Medina, G. 2009).

12 Para mayor detalle ver la obra “Cerebro-Mente. El pensamiento cuántico”, 1era. Parte, cap. V, p. 406. Sánchez Medina, G. 2009.

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