Laboratorios Ingleses y Suecos

Alfredo Jacome Roca, MD
Academia Nacional de Medicina

En esta sección describiremos el origen de Glaxo SmithKline, de AstraZeneca y de Pharmacia Upjohn, antes de ingresar al conglomerado gigante Pfizer.

Nadie podría pensar que Glaxo hubiese sido una pequeña empresa exportadora, y menos que hubiese tenido su sede original en Nueva Zelanda. Pues en efecto, allí el británico Joseph Nathan comenzó sus actividades con una compañía comercializadora a la que le endilgó ese nombre. Pensando en ensancharse, en un viaje a Londres compró los derechos para fabricar leche en polvo en la Oceanía, pero al no tener éxito se trasladó a la capital de Inglaterra e inició un nuevo negocio dedicado a los alimentos para bebé. El negocio no era muy grande pero creció a raíz de la introducción de productos fortificados con vitamina D, licencia que se consiguió Harry Jephcott después de asistir a una conferencia en Washington. Ostremilk fue la primera leche enriquecida con vitamina D que comercializó Glaxo. Después se dedicaron en la producción masiva de penicilina (y años más tarde de cefalosporinas). Enseguida compitieron con Merck en la investigación de la cianocobalamina, y más tarde lanzaron sus prestigiosas hormonas tiroideas.

La revolución de los años setenta fue el mercadeo de los primeros antiulcerosos modernos que, basados en los descubrimientos de Black, dieron lugar a la cimetidina (la salvación para la decadente SKF de Filadelfia) y a la ranitidina, que Glaxo lanzó en unión con Roche.

(Lea También: Laboratorios Franceses)

Por aquella segunda mitad del siglo XIX llegó a Londres Silas M. BURROUGHS:

Recién graduado de farmaceuta en el ya famoso Colegio de Farmacia de Filadelfia. Con la asociación en 1880 de Henry S. WELLCOME, nació la empresa que llevó sus nombres. Su gran invento fue la tableta comprimida de nombre “tabloide”, que podía incluir cantidades exactas de sustancia entre un miligramo y sesenta gramos. En 1897 construyeron una fábric en Dartford.

Después de la muerte de Burroughs, Wellcome siguió solo y finalmente le cedió la empresa al gobierno británico. En esa época produjo sueros antitetánico, antigangrenoso y vacunas. La compañía decreció y estuvo a punto de desaparecer, hasta que decidieron meterle el hombro a la investigación. La fusión con la otra inglesa Glaxo fue cuestión de tiempo y ocurrió en 1985. La empresa se volvió líder en antivirales (para el Sida y para la influenza), en antialèrgicos y antimigrañosos.

Otra sociedad británica la inició en 1842 Thomas BEECHAM.

Aunque su producto era sólo un laxante, logró construir en el pueblo inglés de Santa Helena una fábrica, volviéndose esta pequeña población una zona industrial. Después vino el financista Phillip Hall, que la adquirió en 1924 y se dedicó a vender una panacea que servía para la gripa, pero también para la artritis y para las jaquecas, dándole el nombre de “Polvos Beecham”. Después compró la licencia para fabricar su popular y rentable aceite de hígado de bacalao, que a partir de aquella época todos los hombres del mundo tomamos a regañadientes cuando éramos niños: la emulsión de Scott. Ahora lleva diferentes sabores que la hacen más aceptable al paladar, pero en los cuarenta era tan desagradable como ese otro laxante con típico sabor a remedio que las mamás nos hacían tomar para el estreñimiento: el aceite de ricino.

Beecham también fue famosa productora de penicilìnicos. Pero la unión con otra empresa en franco declive, la americana SKF, la fortaleció y la hizo atractiva para nuevos compradores.

Esta otra empresa nació en Filadelfia, hogar del renombrado Colegio de Farmacia, de prestigiosas escuelas médicas y de una botica que se volvió casa farmacéutica: la de John Wyeth y su hermano. SK también comenzó como una pequeña farmacia que inició John K. SMITH, su hermano George, y más adelante el contador Mahlon KLINE. Pronto se volvió un enorme mayorista.

Con el fin de llegar al consumidor popular con una línea de perfumes, linimentos, fijadores de cabello y remedios caseros simples, en 1891 adquirieron la empresa French, Richards & Co. Y más adelante, como SKF, iniciaron comercio con América Latina.

Los cincuenta vieron para la corporación el lanzamiento de drogas ampliamente usadas en psiquiatría, anorexiantes y antigripales. Luego vino la cimetidina, la primera droga en vender anualmente más de un billón de dólares, y todo gracias a su investigador y empleado James Black.

La empresa siguió creciendo, y adquirieron Beckman, la fabricante de equipos de laboratorio y Allergan, para el cuidado de la piel. La fusión con Beecham vendría más tarde (en nuestro medio la compra del recordado Italmex), y finalmente en el 2000, la creación del gigante Glaxo SmithKline, que en esa tendencia inatajable del mundo de los negocios, y ante la pérdida -inevitable con los años- de los derechos de patente, podría fusionarse de nuevo con alguna otra, como igual le sucederá a muchas de sus competidoras.

El caso de Astra es un ejemplo temprano de capitalismo social. Y tenía que ser sueca. 400 médicos y droguistas (en épocas anteriores, competidores) se asociaron en 1913 y pusieron dinero para crear la empresa. Se consiguieron la asesorìa del Nóbel Hans von Euler Cheplin, que había descubierto las enzimas de fermentación, en particular del azúcar, y de allí salieron con un digitálico (típico del momento farmacéutico) y con un suplemento nutricional.

Asociándose a la academia, lograron producir el anestésico local xilocaìna, que se basó en las investigaciones de Löfgren y Lundqvist. Una sulfa y un preparado de hierro hicieron por años y un estupendo negocio, que se dañó porque llegó el momento de las malas inversiones.

Como se trataba de un símbolo nacional, el gobierno sueco la salvó de la quiebra y años más tarde la privatizó, como tocaba. Por los lares de Albión, la parte farmacéutica de la famosa productora de químicos, Industrias Químicas Imperiales o ICI-Farma (que tuvo productos tan famosos como el propanolol y el clofibrato), se convirtió en Zeneca. Y estas dos se fusionaron en la nueva AstraZeneca.

En el año 2001 los científicos William Knowles, Ryoji Noyori y K. Barry Sharpless ganaron el Premio Nóbel de Química por desarrollar la imagen en espejo de las moléculas quirales. Una molécula consiste en dos isómeros, uno de los cuales es la imagen en espejo del otro. Como en muchas moléculas de utilidad farmacológica, una de estas imágenes (o isómeros) es más eficaz o tiene menos efectos secundarios, y los químicos mencionados pudieron también encontrar técnicas para asegurar la producción comercial de una de las dos formas isomèricas. De esta manera, AstraZeneca, que había desarrollado el omeprazol, primer inhibidor de bomba de protones de uso en el tratamiento de la úlcera péptica, pudo desarrollar también el esomeprazol, primero con esta tecnología de química quiral.

Otra empresa sueca productora de medicamentos fue Pharmacia, fundada en 1912 por C.M. de Kunwald, y que fabricaba una píldora para tener muchos alientos llamada “Phospho-Energon” (por aquello de los fosfolìpidos cerebrales). Después vinieron las consabidas vitaminas y laxantes, y luego la fusión con Upjohn.

Esta última era una compañía quizás de más trayectoria. Fundada en 1886 por el médico William E. Upjohn y su hermano Henry, se dedicaron a hacer gránulos y píldoras que se podían partir –haciendo su logo de un pulgar que partía una pastilla- y sacaron quinina para la malaria y un laxante que era un dulce.

El doctor Upjohn y después su familia, dirigieron esta empresa de Kalamazoo, Michigan, hasta 1968. Han sido famosos su progestágeno medroxi-progesterona, drogas para la diabetes, multivitamìnicos y sus ansiolíticos. Después vino la integración con Pharmacia, luego con Monsanto, la de los transgènicos, y su filial farmacéutica de Chicago, G.D. Searle, que recordamos entre otras por el lanzamiento en 1960 del primer anticonceptivo oral “Enovid” a base de noretinodrel y mestranol. Además por sus prostaglandinas, espironolactona y antidiarreicos antiperistálticos, y por último el ingreso al enorme conglomerado de Pfizer. Después de tantos M&A, se vuelve difícil recordar la historia de estas otrora famosas compañías.

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VER 2 comentarios

  1. María Silvina Fernandez dice:

    Buenísimo la INFO..sobre los Lab Farm suecos..
    p explicar con sencillez a mis vendedores.Soy farmacéutica

    1. Diana Rueda dice:

      Gracias María por visitarnos!