Ciencia y Pensamiento Mágico: Síntesis y conclusiones

XX

 “La síntesis nos ayuda a encontrar las esencias”. 

Al iniciar esta síntesis y conclusiones el lector ya habrá leído parte o su totalidad de la obra en la cual me sumergí con todo su interés y motivación de estudiante. De una u otra ma­nera, me encuentro indefectiblemente con las posiciones: materialista, espiritualista, agnósti­ca ante la incógnita de la vida. Mucho de los términos básicos utilizados, fueron definidos en los diferentes capítulos; por lo tanto, no pretendo traer una síntesis de todos ellos. En realidad mi compromiso profundo reside en los cuestionamientos e investigación de fenómenos in­comprensible para muchos; por lo tanto, el camino a seguir aquí, es de solo una síntesis, sin embargo, otro lector o estudioso, podrá con toda libertad llegar a extractar los pensamientos según sus posiciones que le dirijan; obviamente es factible que alguna frase de todos estos párrafos aparezca “dogmática” lo cual espero no se presente o se interprete así, más cuando me acompaña en la vida el “antidogmatismo”; por lo contrario, me embarga el continuo cuestionamiento y el agnosticismo (como un verde cerezo) en relación al conocimiento de la materia, energía, el alma y el espíritu.

Personalmente después de releer estos escritos y reflexionar sobre ellos, me encuentro con que las creencias y la fe son integradas a lo que podríamos llamar dos instancias que las ca­racterizan: el espíritu y el alma, y por ende al “gnosos” (en griego conocimiento); la primera (las creencias) hace parte de la esencia y la existencia del ser.

Aquí viene la pregunta: ¿qué tiene que ver alma y espíritu con la naturaleza psico-so­cio-biológica del ser humano? La respuesta podría plantearse al considerar que el “alma y espíritu” son los que nos animan y dan vida; ésta última se conecta con la realización de la respiración (respiración-inspiración) (1); de tal manera, entramos a referirnos a todos los mecanismos y funciones biológicas comprendiendo en ellas la físico-química cuántica las cuales no son visibles, más sí calculables y que hacen parte las partículas elementales con sus velocidad y masas o sin ellas; sin embargo aquellas organizan todo el movimiento de la vida; recuérdese aquí la leyenda y metáfora simbólica antigua que Dios hizo al hombre con un “soplo vital o divino”; ese soplo nos indica una acción (es), un (os) movimiento (s); para organizar el ser humano con todas sus funciones. Acótese que en 1962 Peter Higgs planteó el campo y la partícula básica o “boson de Dios” (o partícula hipotética de Dios, boson de Higgs), como el principio elemental de toda la naturaleza y obviamente del ser humano; dicha partícula o “boson de Higgs (2) no se había comprobado; sin embargo en Julio del año 2012, en los laboratorios CERN se pudo detectar y así abrió el campo a la comprensión para expre­sión del origen de la “masa-energía”; además con la aparición de diversas u otras partículas elementales.

El “soplo de vida”, no sería sino las fuerzas energéticas electromagnéticas y ondulatorias ordenadas que se originan en el espacio creando corrientes, átomos, enlaces para la cons­trucción de otros cuerpos o elementos (luz, aire, agua, tierra, minerales, proteínas, hidratos de carbono, lípidos, vegetales y entes vivos), y, con ello todos los sistemas, y, entre ellos, los instintos emocionales o las reacciones y funciones sensoperceptivas de comunicación con el pensamiento, los sentimientos, la inteligencia, la voluntad y las decisiones para actuar; aquí suponemos que el actuar o los actos deben ser pensados; igualmente existen actos no pensa­dos naturales, instintivos emocionales, y, a su vez, pueden ser individuales o colectivos, cada uno tiene sus variables de acuerdo a los patrones o modelos que se establezcan.

Es así como se manifiesta y organiza el espíritu, la sociedad, la religión, el pensamiento racional para llegar al científico no sin antes pasar por el prelógico o mágico, los proto pen­samientos, los prejuicios, la intuición y sugestión, los fenómenos paranormales, las profecías y múltiples ciencias; sin embargo, el pensamiento lógico se fue ordenando para arribar a las ciencias, la medicina y así proteger y conservar la naturaleza de la vida con un orden natural. Las explicaciones e interpretaciones de los hechos o fenómenos que se exponen en estos textos, se ajustan a la comprensión neuropsicológica, psicoanalítica y filosófica no sin hacer reseñas y somero análisis histórico de los mismos.

Este pensamiento puede interpretarse como simple y lejano de las profundidades psico espirituales que acompañan al hombre en sus múltiples creencias, su fe, sus construccio­nes mentales o simplemente provenientes de supuestos hermenéuticos sin ninguna crítica y evaluación; empero, todas ellas son las que sostienen al ser en su existencia como columnas que conforman toda la estructura del ser en su consciencia en el mundo, y, que a la vez, hace parte de su esencia. Entiéndase además que la “total plenitud” del ser no existe, porque son momentos transitorios que ocurren en el sujeto más cuando todo cambia constantemente en la vida, a no ser que el sujeto, se aísle, se identifique con el ideal del Yo, niegue los avatares de la vida o no se deje tocar por ellos y entre en un estado espiritual superior de paz.

A la vez, debo afirmar cómo, no puedo apagar mi curiosidad, pues ella está fusionada a mi voluntad y a mi ignorancia y a mi ser de vida, lo cual significa que están presentes y no se acaban mientras esté vivo; más aún, los pensamiento surgen de las relaciones del cono­cimiento con la información que existe en el mundo interno, y la relación con el externo; así se llega al pensamiento científico racional lógico, o aquél pensamiento teñido de magia y por lo tanto irracional perteneciente al proceso primario ilógico. Si bien todo esto ocurre en el ser humano, personalmente no estoy exento de ninguno de estos procesos; sin embargo, me acompaña lo que llamo crear puentes, establecer analogías y conexiones de uno y otros fenómenos para encontrar nuevas explicaciones más sólidas que nos disminuyan y/o alejen del pensamiento mágico.

El hombre en la sociedad busca principios de causa y efecto o respuestas acompañadas de vivencias, interpretaciones, explicaciones, provenientes de la interrelación de los hechos para encontrar soluciones, así como aceptar propuestas, experiencias, deducciones, induccio­nes con respecto al ser humano en este mundo, en su propia evolución, sin negar la genética y la participación del pensamiento mágico, el cual debemos detectar para llegar a una obje­tividad.

Es más fácil aceptar o rechazar los fenómenos paranormales sin ningún cuestionamiento; sin embargo, la verdad escueta en ocasiones duele y es difícil aceptar; por lo tanto, es más sencillo entrar al mundo irracional facilista en donde impera la negación que entrar en el campo del pensamiento complejo, caótico con sus vicisitudes y así arribar al análisis de las distintas variables simples libres o fijas con los atractores “fijos o periódicos” oscilantes, que tienen un punto fijo en el centro del sistema y que atraen en su curso, y los que tienen una trayectoria en espiral con un movimiento ondulatorio hacia dentro (atractores puntuales) y son dirigidos a un sistema estable; y, por último los “atractores extraños” impredecibles del sistema cuántico. Todo esto vendría a replantear la concepción de la teoría de la comple­jidad, la cual debe entenderse como un facilitador en el análisis de las diferentes clases de pensamientos (ilógico, prelógico y lógico formal, y el científico complejo) y de los distintos fenómenos que le acompañan.

De otra parte, los imaginarios (individuales y colectivos) obran como los restos diurnos de las creencias de la humanidad y al mismo tiempo con contenidos latentes y elementos del inconsciente individual y colectivo; por ejemplo, en múltiples creencias, en los mitos, la ma­gia y la religión las cuales se fusionaron a través de milenios para dar explicaciones, no sin abandonar las supersticiones que han dominado el mundo cotidiano; sin embargo, la ciencia ha ido desbaratando paradigmas que fueron sustentados con hechos, como por ejemplo en el magnetismo de Mesmer o el de la leyenda del pastor griego Magnes que con su pie calzado con sandalias se quedó pegado a una roca (“magnetita que atraía los clavos de las sanda­lias”), y se interpretó que allí había “un espíritu”; otro ejemplo que duró por milenios, fue la creencia que la tierra era el centro del universo y aún el sol giraba alrededor de la tierra; esta creencia murió con Nicolás Copérnico, en 1509; sin embargo, fue arduamente criticado por el argumento de que Dios había creado la tierra, y al hombre, como centro del universo.

En 1590 Galileo demostró cómo la fuerza de la gravedad atrae a todos los objetos por igual; y, más tarde descubrió el telescopio además de confirmar la teoría de Copérnico, no sin pasar (Galileo) por la inquisición y retractarse de sus afirmaciones. En ese mismo siglo nació Newton quien se preguntó sobre la fuerza de gravedad que manejaba los planetas lo cual comprobó pensando en cómo la Luna giraba alrededor de la tierra y no por fuerzas invisibles mágicas, y, más bien por las fuerzas gravitatorias y los movimientos de inercia; esto lo probó con ayuda de los cálculos matemáticos, creando así las leyes del movimiento y dejando atrás las creencias e interpretaciones provenientes del pensamiento mágico. Newton también tuvo errores con sus ilusiones alquímicas para producir el oro o calcular cómo el año de la creación estaba en el 3500 a.C. Los viajes espaciales del Siglo XX y XXI recogieron las ideas de las fuerzas gravitatorias para llegar o salir del campo gravitatorio del planeta tierra e iniciar la exploración de lo que vemos y a la vez lo que no percibimos con nuestros sentidos pero que existen, por ejemplo la energía y materia oscura y la anti gravedad.

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En esta obra y algunas que le antecedieron: “El azar determinista. El lazo del destino”, (2011); Cerebro Mente. El pensamiento Cuántico” (2009); “Ciencia, mitos y dioses”, (2004); “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, (2002) y otras; todas llevan un conocimiento centrado en alguna temática; sin embargo, allí obran las sensopercepciones, la descripción de las dualidades y diferencias, el encuentro de semejanzas y realizaciones, el conocimiento a través del ensayo error con la experiencia y luego con la observación de las distintas propie­dades; y, obviamente el método inductivo y deductivo a más del pensamiento intuitivo para luego entrar a un modo de ordenación de los hechos con modelos que nos dan un conoci­miento técnico, para de allí partir a la ordenación teórica de las leyes y así el ordenamiento científico.

Para llegar al conocimiento científico se produjo toda una serie de procesos y de experien­cias que luego fueron llevados a postulados y leyes o sistemas de pensamientos como para­digmas, algunos de los cuales ya están mencionados en capítulos de textos anteriores. Si bien existen escritos egipcios 3000 a.C. (atribuidos al egipcio Kajemij sobre las “Enseñanzas”) y luego fueron sucedidos por los aparecidos en la China de Shu Ching y el mito de Gilgamesh en Mesopotamia para llegar a los griegos de Homero y todos los filósofos presocráticos y socráticos, los cuales todavía muchos de sus postulados están vigentes. De una u otra manera, aparecieron los métodos analíticos con el idealismo; el concepto “a priori” y “a posteriori” de Kant, la necesidad y universalidad, la razón pura; la escuela de la crítica antropológica y materialista (Hegel y Marx); el pensamiento mecanicista y evolucionista de Darwin; el estu­dio de la medicina experimental; el positivismo materialista y agnóstico; el neocriticismo y positivismo fenomenológico y empirocritisismo; la lógica formal, la existencial y trascenden­tal, con la intencionalidad de Husserl; el concepto de la angustia de Kierkegaard y Sartre, el vínculo entre la filosofía y la ciencia de Bachelard; la lingüística de Saussure; la crítica del empirismo, positivismo, historicismo, vitalismo y evolucionismo de Saussure; la lógica de la investigación de Popper; el estructuralismo de Levi Strauss y el psicoanálisis de Sigmund Freud. Así se llegó al Siglo XX con Einstein, Born, Planck, Bohr, Schrödinger, Pauli, Hei­senberg, Pauling y otros, (3).

  1. de Francisco Zea, en su trabajo: “Vigencia actual del psicoanálisis”, (4), escribe con respecto a cómo el positivismo “debía basarse en observación de hechos” más “redujo a las

ciencias humanas a permanecer como disciplina taxonómica cuyo contenido es básicamente descriptivo, sin ningún poder de explicación”. Más adelante escribe: “El estructuralismo como epistemología, permitió en cambio trascender las limitaciones de esa metodología positivista; admitió la posibilidad del conocimiento innato no derivado de la experiencia sensorial y señaló que las relaciones entre datos observados o estructuras superficiales no son por sí mismas explicativas. De acuerdo a este punto de vista las conexiones fortuitas que determinan el comportamiento no están relacionadas con las estructuras de superficie sino que son generadas por estructuras profundas inaccesibles a la observación directa, de donde se deduce que la comprensión del hombre debe hacerse en las estructuras profundas cuyo descubrimiento debe ser el objetivo real de las ciencias humanas”.

De tal manera, las ciencias humanas han cambiado de paradigmas; por ejemplo del posi­tivismo al estructuralismo y de este al psicoanálisis y la lingüística, así como a la psicología cognitiva sistémica y conductual, y a la vez, se hace el postulado de Korand Lorenz que se refiere a cómo “el conocimiento del mundo entra por la experiencia sensoperceptual y la participación ontogenética” que supuestamente puede pasar de generación en generación a través de la memoria a corto, mediano y largo plazo. Todos estos fenómenos y procesos nos llevan a la consciencia de nosotros mismos y al lenguaje, verbal, escrito, simbólico y aún conductual.

Aquí deviene una pregunta ¿cuál sería el paradigma actual para la comprensión de múlti­ples fenómenos psicofísicos paranormales y los de la medicina alternativa? Si bien ese para­digma no está completamente definido, puesto que está en construcción y se irá cambiando sin que el anterior muera; la respuesta no es solamente el reconocimiento de la consciencia, el inconsciente y todos sus dinamismos, sino de cómo se realiza esa comunicación, con el len­guaje, a través de funciones de onda, de señalización de las partículas elementales que codifi­can ordenadamente con los “bits” cuánticos para establecer la representación, la imaginación, las fantasías, los pensamientos, los conceptos que fundamentan los principios filosóficos y científicos, todos los cuales construyen paradigmas. Téngase en cuenta aquí que actualmente se entiende la física cuántica, como un nuevo paradigma científico, que puede explicar mu­chos fenómenos hasta ahora con causas desconocidas; sin embargo, estos conceptos aparecen enmarañados o crípticos pues pertenecen a la física atómica, en especial a la ya mencionada partículas cuánticas y entre ellas a los fotones. Todo esto está explícitamente tratado en la obra “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, (2009). Además, muy posiblemente en los siguientes años la tecnología, nos ayudara a dirimir muchas incógnitas que todavía están por resolver.

Ahora hago la pregunta: ¿cuál es la síntesis de esta obra? La respuesta parte de los con­ceptos de ciencia, sus clases, su historia, sus postulados a través de los tiempos, para luego presentar al ser la esencia y la existencia, los conceptos de alma y espíritu, la fe y la creencia, la espiritualidad y el espiritualismo, el hombre como posibilidad de libertad y el misticismo, para luego entrar a los conceptos de lo sobrenatural y misterioso con sus distintos poderes y necesidades, al autoritarismo irracional, a los cambios de autoridad manifiesta y al concepto de Dios y la vida, al misterio y el secreto. Sigue la obra haciendo la relación entre ciencia y religión, sus orígenes, las clases, los fundamentos, las leyes, las diferentes disciplinas que es­tudian la religión, la sociología, la psicología y de la religión, la filosofía, la antropología y la ciencia en relación a la religión textos sobre: “Mis ideas y opiniones sobre religión y ciencia” de Albert Einstein, (5).

El lector cuidadoso fácilmente habrá podido detectar cómo en la obra traigo mi posición cuestionadora, aún con la creencia o no de la existencia en y de Dios, que para unos es indis­cutible, para otros simplemente no existe y para algunos entre los que me encuentro es como la de un agnóstico (que no conozco) porque se entra en una frontera de múltiples variables en donde no hay grandes diferencias conceptuales y a la vez porque según mi opinión, no solo Dios es una posibilidad explicativa sino una necesidad interna espiritual del ser en su esencia para comprender el origen del universo. De tal manera, si bien la religión y la ciencia son distintas, podrían haber puntos de convergencia que se anidan o cristalizan en el ser hu­mano, como ser conscientes en el universo. De todas maneras, aparecen múltiples, profundas respuestas o discusiones a los que no aludo sino que en una forma superficial y no teológica dejó a los doctos que respondan y traigan las argumentaciones surgidas de años atrás. Cada ser humano es libre de aceptar, pensar, concebir, creer o no en temas que no pertenecen a la ciencia objetiva sino al campo de la estructuración de la mismidad. Téngase presente que muchos arguyen que no necesitan creer en Dios, y, por lo contrario no pueden concebir al ser humano sin esa esencia de su existencia que abarca el universo; es decir, en Dios. De una u otra manera, los creyentes o no creyentes cuando se enfrentan al comentario: “no necesito creer en Dios”, en el fondo viene la imagen de aquellos que dicen: “no creen porque no lo han visto, sentido o encontrado”; y, recuerdan el acto que en el momento azaroso en un percance en donde está presente la muerte dice: “Dios mío, sálvame la vida.

Los textos siguientes se refieren al pensamiento mágico omnipotente a la magia y su ori­gen, al tabú, al animismo, a la idolatría, a la magia clásica y a las nuevas magias más no al ilusionismo. Se sigue con estudios sobre el pensamiento, el entendimiento y conocimiento, a la palabra, a los procesos de simbolización. Luego se presentan los prejuicios, su definición, los principios de causalidad y origen de los prejuicios, las consideraciones psicodinámicas, los fines, con ejemplos, pre y post juicios.

Se hace referencia a la intuición, a la hipnosis y sugestión, a los fenómenos paranormales (parapsicológicos) desde su historia, las consideraciones científicas, los diferentes enfoques y conceptos, para luego entrar a las profecías, y luego al concepto del hombre ideal (antro­poeidos), en donde se dirime el orden cosmológico y ontológico, así como la física cuántica y ondulatoria y las leyes del orden. El capítulo XIII se refiere a la naturaleza, la ciencia, el orden y la psiquis, al “factor psi” y a la conexión cuántica. El siguiente capítulo se refiere al hombre racional e irracional del siglo XXI; luego se presenta el capítulo sobre la medicina, la salud y la medicina del siglo XXI, la basada en la evidencia y el conocimiento; el capitulo XVII sobre la medicina alternativa y complementaria, la basada en creencias religiosas; luego se hace referencia a las nuevas fronteras en las ciencias médicas y en el psicoanálisis; para terminar la obra con esta síntesis y conclusiones.

¿Cuál es la crítica que posiblemente un lector pueda hacer a estos escritos? La respuesta es que hay múltiples ideas, postulados, provenientes de distintos modelos filosóficos, cien­tíficos y pseudocientífico; sin embargo, todos ellos aparecen en forma sintética para interre­lacionarlos unos con otros. La obra termina con reflexiones sobre la ciencia, la filosofía, los paradigmas, los prejuicios y múltiples creencias de antaño, más se centran en la objetividad comprobada científicamente y otras hipótesis que se requieren sean comprobadas. Más aún, como lo escribe Popper: “las leyes que encontramos son siempre hipótesis, lo cual quiere decir que pueden quedar siempre superadas, y que posiblemente puedan deducirse de es­timaciones probabilísticas… el llamado principio de casualidad o ley de causalidad… es suceptible de formulación, posee un carácter enteramente diferente de una ley natural…”, (Popper, 1971, p. 230).

Podemos concluir que lo expuesto son hipótesis empíricas indeterministas con posi­bilidad de contrastarlas, sin ser taxativo en un determinismo explícito o un indetermi­nismo absoluto por la imposibilidad actual de sus explicaciones; sin embargo existe la incertidumbre en toda la investigación; además, los físicos si bien han tenido fracasos, han seguido la ruta de la investigación con diferentes crisis; aquí también falta, dentro de estas pesquisas, la posibilidad de establecer leyes estadísticas, o no estadísticas, para la comproba­ción de las hipótesis planteadas como otra probabilidad.

Lo que me propongo como hipótesis en esta obra, es que algunos de los fenómenos para­normales como los registrados por la para medicina y/o medicina alternativa complementaria; es factible que en el futuro, algunos podrán ser explicados por el comportamiento de la física ondulatoria cuántica, y los postulados explicitados en los capítulos XII, en donde se manifies­ta el orden, y en el capítulo XIII en donde se explicita la naturaleza, la ciencia, el orden psí­quico, el “factor psí” y la conexión cuántica. Todo esto significa que los fenómenos ocurridos en la naturaleza del ser humano son multicausales y los hechos neuro físico psíquicos tienen sus causales en la relación materia energía, y en ésta opera la físico química de partículas; esta ciencia está todavía en desarrollo y faltan numerosas investigaciones con sus comprobacio­nes al respecto para encontrar la validez o certidumbre de lo planteado. Por lo expuesto sólo sugiero al lector tener en cuenta estos textos para luego entender las conclusiones venideras en el siglo XXI.

Para muchos científicos estos textos pueden ser catalogados como algo históricos y apar­tados del racionalismo científico, y pocas son las respuestas prácticas que tienen su origen en la investigación científica; más aún, pueden catalogarse estos conceptos como provenientes de la necesidad de dar explicación o interpretación con un principio de causalidad. Para otros es factible que se interpreten como la tendencia a nadar en aguas turbias y desconocidas. Unas y otras nos llevan a pensar en la base del pensamiento mágico.

El autor de esta obra no trata de convencer sino más bien de plantear incógnitas sobre múltiples fenómenos que deben resolverse con el conocimiento científico presente y con el que pueda aparecer en el futuro tratando de dejar atrás el pensamiento mágico.

También veo una conveniencia positiva y es la de traer la síntesis de los fenómenos para­normales y de la medicina alternativa, pues uno y otra pertenecen a creencias que tienen la mayoría de las veces apariencia de misterio o secreto y más cuando en el fondo hace parte de las creencias populares, las cuales no entran a analizar pormenorizadamente todos los hechos desde una perspectiva científica; y, es así como se dejan las ideas sin bases reales; de la misma manera, como quedan para unos como verdades y para otros como inexistentes irreales o simplemente ilusiones (sólo con el hecho de traerlas); se trata a la vez de tener una nueva perspectiva más objetiva sin negar, la posibilidad de la participación de muchos otros hechos desconocidos. De tal forma, es también como podemos considerar su estudio. Posi­blemente al final nos encontramos con que en la mayoría de los hechos analizados no son, como se menciona anteriormente, sino la necesidad y deseo de encontrar principios de cau­salidad, quedándonos en el campo de lo imaginario, con ilusiones y fantasías conscientes e inconscientes; y, no otra cosa que la intuición operando; sin embargo, al recorrer este camino habremos estudiado, investigado, dejado una puerta abierta para encontrar la verdad.

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