Pensamiento Mágico Omnipotente

VI

 “Para pensar no se requiere de la ma­gia; para lo mágico se requiere sentir y pensar”.

Introducción

Los textos que a continuación expongo son descripción de hechos e ideas que no pertene­cen a la ciencia pura exacta, ni a la ciencia ficción, sino a las acciones aceptadas en parte por ciertas culturas, que han intentado controlar las fuerzas naturales con procedimientos empíri­cos y más con las creencias que sellan el pensamiento con una credulidad y fe de carbonero en la cual participa el pensamiento primitivo y así la vinculación con los poderes sobrenaturales no conocidos, lo oculto y misterioso (ubicando el poder en las fuerzas de la naturaleza, entes o seres superiores a los cuales se les denominó con el nombre de dios o dioses); así también surgió el animismo, lo mágico que hay en todo ser humano desde su aparición cuando co­menzó a interpretar y pensar y persiste aún en pensadores serios, en gobernantes científicos y artistas. Para el desarrollo de esta temática se hará mención a los orígenes del pensamiento mágico, a la magia, al tabú, al animismo para luego centrarnos en el pensamiento mágico y ciertas prácticas mágicas.

Etimología del término Magia

La etimología de la palabra magia viene del latín “magia” y “magis”: “más de lo acos­tumbrado”, “misterioso”, y del griego (μαγεια) y del antiguo persa “magush” que contiene la raíz “magh”: ser capaz, tener poder. Es el arte con el que mediante conocimiento y prácticas se ambiciona producir resultados contrarios a las leyes naturales conocidas, valiéndose de actos, palabras o con intervenciones de seres de la fantasía.

Con las acciones de la magia, “se pretende dominar las fuerzas naturales como se hace con los seres animados”. Reinach en la obra “Mitos Cultura y Religión”, II Introducción; (p. XV citado por Abbagnano, 1997 p.763) considera que la magia es la estrategia del animismo; aquí se incluyen encantamientos, exorcismos, filtros, talismanes, los cuales son supuestamen­te para los creyentes de esos días, intermediarios de las fuerzas naturales, celestiales e infer­nales y a la vez se supone controlan en un solo momento el cambio de los hechos naturales; se diferencia de la estrategia de la ciencia moderna que lo hace gradualmente.

El origen

Aun por milenios el ser humano se ha cuestionado sobre el origen de su propio pensa­miento. La respuesta surge en el análisis de la consideración de la aparición del hombre y cómo éste surgió a través de toda una larga evolución que se inició millones de años atrás con los animales homínidos, el cual después de los lémures, monos y simios, aparece el Sahelan thropus (7 a 6 millones de años) descubierto por Michel Brunet en el 2002 y que apareció en el desierto de Djurab república de Chap. (Brunet, 2002, 2005). Tres millones de años después aparece el Australophitecos y luego el Homo habilis, el ergaster, el erectus, y 500 mil años atrás el heidelbergensis para llegar al neardental, los cuales vivían en grupos de 30 miembros y de ahí surgió el Homo sapiens. En todo ese transcurrir de tiempo obviamente evolucionaba su cerebro, sus funciones corporales y en ellos las neuropsíquicas, para ubicarse la laringe en la posición exacta y así poder modular sonidos vocales y sílabas, y también tener consciencia, memoria de largo y corto plazo, hacer asociaciones, nominar objetos e interrelacionarlos, y, aún iniciar el pensamiento onírico con imágenes y representaciones despertándose de un sueño y comenzando a asociar y organizar su pensamiento, encontrar semejanzas, conocer por el ensaño y error, aprender de la experiencia, y, luego de la observación de las distintas propiedades del mundo exterior y describirlos, para pasar de lo particular llegar a lo general, dándole un orden al significado y al signo, y así producir también el símbolo y a la vez, que construir la conexión entre el sujeto, el verbo y el predicado, el objeto y el símbolo, no sin antes pasar por la alucinación, las ideas y pensamientos oníricos, el proceso primario irra­cional y llegar al secundario racional; del pensamiento concreto se llegó a la expresión del pensamiento abstracto denominando la esencia y existencia (él “es”), la pertenencia (el “de”), el principio de individuación y diferencia (él “un”) y finalmente la relación de uno con otro (el “con”); he ahí las cuatro preposiciones de la lógica matemática las cuales a la vez operan con las nueve preposiciones para integrar el conocimiento (“qué” el hecho; “porqué” la razón; “para qué”, finalidad; “cómo”, la forma; “dónde”, el lugar; “cuándo”, el tiempo; “quién” la persona u objeto; “cuánto” la cantidad y “cuál” la determinación).

Téngase en cuenta que en todo ese proceso para la elaboración del pensamiento parti­cipó el imaginario, individual y colectivo y con ello las imágenes, las representaciones y sus explicaciones e interpretaciones específicas, las cuales provenían del estímulo, del fenómeno, el hecho o el objeto u objetos, que estaban presentes. Así se le dio explicación al cielo, los astros, el sol, la luna, las estrellas, el agua, a las flores, a las montañas, al mar, al fuego, a la tierra, al aire, etc.; y cuando existía un fenómeno inesperado, por ejemplo grandes tempesta­des, los rayos, terremotos, inundaciones se les dio explicaciones sobrenaturales ubicados en un ente poderoso Dios. De la misma manera, surgieron y/o fueron construyéndose los mitos, y como ya se explicitó con las interpretaciones y explicaciones para dar respuesta a los prin­cipios de causalidad. De la misma forma surgió la creencia en espíritus celestes (los ángeles) y los terrenales del mal; unos originando el bien y los otros la destrucción o el dolor. Parecería que el ser humano fue despertándose lentamente a la consciencia, al conocimiento y al “saber que se conoce” y “tener consciencia de sí mismo”, sin embargo latentemente siguió operando el pensamiento mágico aquél que pretende conocer lo oculto dándole una interpretación o explicación a los fenómenos contrario a las leyes naturales. He ahí también el hechizo o el encanto y atractivo de la interpretación que poco a poco se volvió creencia popular. Todo esto operó a través de milenios para la explicación de múltiples fenómenos naturales y en especial los concernientes a la vida, a la muerte y entre una y otra la enfermedad, sus principios de causalidad y con ellos las posibles soluciones o el destino; y, aún por muchas épocas ocurrió lo mismo con el origen del universo o los fenómenos cosmológicos. De todas formas apareció el poder del llamado Creador y en él el de la naturaleza; fue así como se transmitieron esas creencias de generación en generación. El lector podrá fácilmente deducir cómo opera la magia en el pensamiento cuyo origen se pierde en la noche y camino de los tiempos.

La magia es de origen oriental y se difundió en occidente en el periodo grecoromano; durante la edad media estuvo oculta para aparecer nuevamente en el renacimiento y for­mar parte de la filosofía natural”. Pico Della Mirandola (1486); Johannes Reuchlin (1517); Heinrich Cornelius Agrippa (1992), (2004); Theophrastus Paracelsus, Girolamo Fracastoro, Girolamo Cardano (1560); Giovanni Battista Della Porta (1558) y Tommaso Campanella, le dieron un nuevo realce en el Renacimiento; éste último le dio una connotación divina a la magia una gracia como la de Moisés y la de los otros profetas (“Del senso delle cose e della Magia”, 1604, IV, 12).

A estas alturas la palabra magia se conecta con los que la practican, los magos; el mago tuvo la significación de sabio; por ejemplo, lo eran Trimegistos en Egipto, los druidas en la Galia, los gimnosofistas en India, los cabalistas entre los hebreos, los magos en Persia (desde Zoroastro), los sofistas entre los griegos, los sabios entre los romanos. A la vez el término de mago se conectó con las acciones activas y/o pasivas en la medicina, en la química y en la física, y, fue lo que se llamó la magia natural. A su vez, se designaban sabios y magos a los filósofos peripatéticos los cuales manejaban la naturaleza con una inteligencia superior llamándola magia de los prestigios, (1).

La magia natural se aplicaba a los cuerpos, los imanes y, cuando participaban las rela­ciones numéricas, las fórmulas, palabras, imágenes, figuras, sellos, caracteres o letras se le denominaba magia intermediaria (entre la natural, extranatural o sobrenatural), también ésta fue llamada magia matemática o filosofía oculta (2) por su relación no conocida. “Se hablaba también de magia si la persona se entregaba al culto o bien a la invocación de inteligencias y de potencias exteriores o superiores, a través de ruegos, las consagraciones, las fumigacio­nes, los sacrificios o los ritos precisos y las ceremonias dedicadas a los dioses y héroes a fin de atraer espíritus en sí mismo, para devenir su instrumento y de parecer de ese modo sabio; era la magia de los desesperados , los cuales acogen los malos demonios al servirse del arte notorio(3). (Bruno, 2007); se trata también de la llamada magia trasnatural o metafísica o la llamada teúrgia.

Otra de las nominaciones de la magia es la debida a las abjuraciones o invocaciones para hacer surgir las almas de los difuntos con el objeto de adivinar o conocer el futuro. Este tipo de magia se llamó necromancia; cuando se buscaba el oráculo por intermedio de un energúmeno o poseído invocando el espíritu se le calificaba como pitónica (por el mito de la serpiente pitón en el templo de Apolo).

Cuando se añadían fragmentos de objetos, vestimentas, excrementos, secreciones, hue­llas, para hacer un contacto de comunicación, (4) y así liberar, ligar o debilitar, y, cuando esto tendía hacia el mal se le decía al mago maléfico y cuando era para mejorar, asistir y curar al mago se le daba el rango de médico o magos benéficos. Cuando el mago era el que adivinaba se le nombraba adivinos. A la vez, si era utilizado el fuego, el aire y la tierra de ahí se deri­varon los nombres piromancia, heteromancia, hidromancia y geomancia. Así mismo apare­cieron los augures, los aruspises, los que adivinan y los que predicen el futuro, los profetas religiosos (profecías), los geománticos que se basan en la observación matemática.

El término de mago y de magia fue desacreditándose y usándose en forma peyorativa, censurable o lo contrario considerándose como un poder omnipotente y magnífico porque unía el saber al poder. Paralelamente a esto surgió la brujería y la hechicería que se fue combinando una con otra para conocer lo misterioso o lo oculto. En la obra “El Martillo” de las brujas (“Malleus maleficarum”), (5), (6) (publicado por primera vez en 1846-1847, era un célebre manual demonológico compuesto por los dominicos cazadores de brujas (Jacobo Sprenger y Enrique Kramer (citado en la obra de Bruno 1997, p: 16). En síntesis la magia se dividió en divina, natural y matemática empleándose la última para el bien o el mal (malicia, crimen, idolatría, usos y abusos).

De la misma manera a otros pensamientos como la geometría, la música, la aritmética, los números y cálculos, la astronomía, la óptica, se le dio connotación de magia, porque no se conocía (7). Por un tiempo todas esas connotaciones de la magia fueron dejándose atrás y se le daba el nombre de arte a esas disciplinas y luego el de ciencia, no sin quedar implícita cierta connotación espiritual divina, más imperando el pragmatismo y dejando el concepto de Dios en otra posición. Ahora, en el Siglo XXI existe también la fascinación y la seducción como una atracción subjetiva cuando se ofrece y se cumple lo prometido en la realidad, cambiando así el sentido deseado por la necesidad inconsciente y por lo tanto el principio de placer que da la vida. Es aquí cuando nos confrontamos con la realidad de la ciencia y no con aquella ilusión de que se cumpla el deseo de la fantasía.

En estos textos de lo que se trata es de analizar y deshacer el concepto del hecho y fascinación que reside en lo mítico heredado de lo mágico que contiene los prejuicios pues ellos se condensan y aparecen las tendencias hereditarias, las malas interpretaciones, las deformaciones de la realidad las cuales se basan en la envidia, rivalidad y celos. Ahora se trata de deshacer o desbaratar estos prejuicios míticos y desmitificar lo construido a través de los tiempos no sin olvidarnos como lo dijo Einstein que “es más fácil romper un átomo que un prejuicio”.

Con todas estas ideas llegamos a la consideración de que el pensamiento mágico todavía permanece en ciertos niveles culturales. El progreso de la ciencia al eliminar el supuesto de la magia o del animismo como se inició con los trabajos de Francis Bacon el cual comparó a la magia con los romances caballerescos y abrió las puertas a la consciencia, a salir de las som­bras y entrar al mundo del pensamiento consciente aceptando y manejando el inconsciente. De ahí que aparecieron Malinoski y Freud; el primero aceptó que el hombre primitivo se valió de la magia en sus actos y creencias rituales para superar obstáculos peligrosos o críticos y tener fe en la esperanza (Malinovski, 1997). De todas maneras el hombre civilizado del Siglo XXI recae en ese pensamiento mágico omnipotente en determinadas circunstancias porque no encuentra técnicas adecuadas que le resuelvan los problemas considerados críticos.


1 “Los tres reyes magos de la Natividad de Cristo, son figuras metafóricas que guardan esa doble connota­ción que aumentaba su importancia: eran reyes y eran magos”, (De Francisco, 2012).

2 Por lo general se denomina “oculto y misterioso” cuando no se conoce o no está al alcance de conocimien­tos, esta temática se presenta más adelante. (GSM).

3 El jesuita Martin del Rio, en sus célebres “Disquisiciones mágicas”, define así este arte notorio: “En cuanto a la adquisición de las ciencias por infusión, mediante ciertos ayunos y plegarias, sin que haya allí trabajo humano, así según los preceptos de cierto arte… lo hace por pacto expreso con el demonio y es pecado mortal. Ellos llaman comúnmente a este arte, el Arte Notorio o de Conocimiento, el cual fue condenado en París en el año 1320”, (GSM).

4 “Magia por contacto, la llama Frazer”, (De Francisco, 2012).

5 “El Malleus maleficarum estaba relacionado con las acciones del demonio, expresadas a través de las bru­jas, no era realmente un tratado demonológico sino un libro de instrucción sobre los rituales del demonio y sus brujas que debían ser conocido por la Santa Inquisición para poder identificar a las brujas y llevarlas a la hoguera. Algo así como un Breviario análogo a un libro de plegarias, con un fin determinado: persecución de las brujas”, (De Francisco, 2012).

6 “El ‘Malleus maleficarum de Kramer y Sprenger aparece como una ‘biblia’ de la brujería, para poder detectar y enviar las hechiceras a la hoguera como lo ordena el Levítico diciendo: ‘no dejarás con vida a la hechicera’”, (De Francisco, 2012).

7 Cuando un hecho o acto en un espectáculo es efectuado por un hombre y no se conoce su método se le llama acto mágico; sin embargo, se sabe que es una ilusión y se le denomina magia blanca o ilusionismo, cuando se conoce el “truco”, la ilusión pierde la sensación de mágico, (El autor GSM).

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