Clases de Religión

La historia nos dice que transcurrieron dos generaciones entre la caída de Moisés y el establecimiento de la religión fundada por él en Kadesh. Existen ciertas ideas acerca de que la imagen de Moisés funcionaba no solamente como fundador religioso, sino como alguien que centró a Dios en el nombre de Yavé. Para otros, Moisés nunca estuvo en Kadesh y nunca escuchó el nombre Yavé, y el Moisés madianita nunca había estado en Egipto y nada sabía acerca de Atón. De ahí que bien pudo haber dos Moisés y dos fuentes de Dios, o dos dioses que luego se fundieron en un concepto de unidad. El problema se resolvía trasladando a Moisés a Madiam y a Kadesh, fusionándolo con el sacerdote de Yavé que fundó la religión. Por otra parte, no existe una conclusión clara acerca de si Yavé fue el dios adorado por Abraham, Isaac y Jacob (al menos con ese nombre). Así lo era en todos los libros del Antiguo Testamento. Freud llega a la conclusión de que entre el éxodo de Egipto y la fijación del texto de la Biblia con Esdras y Nehemías transcurrieron alrededor de ochocientos años. De tal forma, de acuerdo con Freud, la religión de Yavé se modificó para que concordara con la religión original de Moisés, y así se consolidó la idea de un solo Dios.

Según Sellin (citado por Sigmund Freud en “Moisés y Monoteísmo”, 1939), Moisés fue asesinado por intentar forzar a los semitas a practicar una sola religión o creer en un solo Dios: Javeh. De tal manera, hubo varias revueltas contra su autoridad, y cuando ocurrieron el éxodo y la fundación de la religión en el oasis de Kadesh se hizo figurar a Moisés en dicha creación en lugar del sacerdote madianita. Luego se negó la muerte vio­lenta de Moisés. Freud llega a la conclusión de que hay una dualidad en la historia judía (dos grupos de individuos, dos reinos, dos nombres de dioses, dos líderes fundadores con el mismo nombre e inclusive dos religiones, la primera de las cuales fue reprimida por la segunda, que resultó victoriosa).

Akenatón descendiente de DiosFigura 18. Akenatón descendiente de Dios en la tierra o puente entre Dios y el hombre.
Ref. tomado de https://ar­quehistoria.com/historias-akenat-n-el-primer-rey-hereje-de-la-historia-528

Volviendo a Egipto, tenemos que el faraón Amenofis IV oficializó la religión de Atón y tomó el nombre de Akenatón, (descendiente de Dios en la tierra, puente en­tre Dios y el hombre). Atón era representado como un sol radiante. Amenofis y su familia hacía sacrificios al dios solar Atón; al mismo tiempo cambio el nombre a Akenatón o Ejnatón, “muy agradable a Atón”. Así se sustituyó el culto de Amón. Akenatón era el rey-dios. He aquí la unidad o fusión entre dios y hombre y un solo dios. Akenatón se casa con Nefertitis, su hermana, la que es deificada con la desaparición o muerte de Ake­natón; así viene una época de la supremacía de la mujer diosa. En la historia no se conoce como murió y en don­de fue enterrada o si la desaparecieron para convertirla en diosa. Por ese entonces existía un personaje llama­do Tutmosis, creyente de la religión de Atón cuyo carácter era enérgico y apasiona­do.

Akenatón Sol, Rey Dios radianteFigura 19. Akenatón Sol, Rey Dios radiante.
Ref. https://lapasioncultural.blogspot.com/2009/11/akenaton.html

La arqueología reciente sugiere que murió de forma vio­lenta y está la momia en una tumba en el valle de los reyes; no la llevaron al museo del Cairo por las dudas sobre su identidad. Hoy se cree por los hallazgos arqueológicos que la invasión del territorio cananeo por los israelitas fue lenta y pa­cífica hecha por pequeños grupos de emigrantes que se mezclaban con los habitantes nativos, y se discute mucho, hacia atrás, sobre ‘las hordas primitivas’ de que habla Freud que no eran grupos belicosos sino pacíficos como los que llevó Josué a Canaan. La historia entonces, de las murallas de Jericó y la batalla que allí se desarrolló no es auténtica. La única gran batalla fue la de Kadesh. Los desastres geológicos de esa zona sí eran al parecer frecuentes, más que los sismos de la actualidad. Los símbolos de Akenatón eran las figuritas llamadas Ankh que se ven como manos en los extremos de los rayos solares, en los bloques esculpidos durante su breve reinado en Tel-el-Amarna”, (De Francisco, 2012).

Dicho personaje eligió a una tribu semita extranjera para abandonar Egipto. Los marcó también con la circuncisión y les dio sus leyes y la religión de Atón. Esa unión y funda­ción también tuvieron lugar en Kadesh, y es así como se juntan y confunden las historias. La información trata de ser consecuente y coherente, a pesar de que hay un vacío en un periodo de la historia. Sin embargo, encontramos la persistencia de las tradiciones que sobrevivieron entre la gente del pueblo y se volvieron más poderosas con el transcurso de los siglos, demostrando tener suficiente fuerza como para ejercer influencia decisiva sobre los pensamientos, sentimientos y acciones del pueblo.

De tal manera, se cree que el pueblo judío abandonó la religión de Atón para tomar la que provenía de Moisés. Freud hace una analogía entre las neurosis y la religión, y muestra cómo la represión puede borrar y negar una serie de hechos y traumas. También discute la organi­zación de otros procesos mentales que adaptan al Yo a las exigencias del mundo externo real y a las leyes del pensamiento lógico. Muestra además cómo todos los esfuerzos defensivos, sumados a la compulsión a la repetición, constituyen un carácter.

Obsérvese que los pueblos primitivos vivían en grupos pequeños comandados por un padre poderoso que imponía creencias y normas. Fue así como Moisés les impuso su Dios y fue asesinado por ello. En este orden de ideas, Freud supone que el remordimiento por el asesinato de Moisés constituyó el estímulo para la fantasía del deseo de un Mesías que habría de regresar y llevar a su pueblo hacia la redención y el dominio del mundo.

Observemos cómo el pueblo judío al volverse monoteísta y al sentirse elegido por el padre Dios, fortalece su Yo y su “sí-mismo”, sintiéndose de mejor categoría y superior a los demás. Los israelitas comienzan a experimentar grandes sentimientos de confianza en su pueblo, y a creerse dueños y poseedores del conocimiento y de un saber secreto interno por haber sido elegidos por Dios padre como sus hijos favoritos. “El curso de la historia de la humanidad parece confirmar esa presunción de los judíos ya que cuando, más tarde, Dios decidió enviar a la humanidad un Mesías y un redentor, volvió a elegirlo entre el pueblo judío”. Así aparece Jesús o Jesucristo, Salvador y Rey de los Judíos. ¿Acaso los judíos actuales, seguidores de Moisés, no esperan otro Mesías dentro del pueblo judío, poderoso prototipo paterno que les dé libertad y tranquilidad? Por ahora, para los judíos, existió un Moisés y vendrá el Mesías.

Aquí es necesario traer a colación una posible interpretación y es la que se refiere a cómo fue el pueblo judío el supuesto dupositario de la ley de Dios con los mandamientos entre­gados a Moisés el Profeta; de tal manera, se sella una “alianza entre el poder de Dios y el hombre” que “debe obedecer y a quien debe toda pleitesía y credibilidad”. En el Antiguo Testamento, Libro del Éxodo, (del Éxodo hay que pasar al Evangelio de San Mateo para encontrar estas ideas en el Sermón de la Montaña [el Decálogo del Cristianismo]), aparece

en la tercera parte “Moisés en el monte Sinaí, la promulgación del Decálogo en la siguiente forma”: “…2. Yo soy el Señor Dios tuyo, que te ha sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud. -3. No tendrás otros dioses delante de mí. -4. No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. -5. No las adorarás ni rendirás culto. Yo soy el Señor Dios tuyo, el fuerte, el celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación, de aquellos digo que me aborrecen. -6. Y que uso de miseri­cordia hasta millares de generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos. -7. No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios: porque no dejará el Señor sin castigo al que tomare en vano el nombre del Señor Dios suyo. -8. Acuérdese de santificar el día de sábado. -9. Los seis días trabajarás, y harás todas tus labores. -10. Más el día séptimo es sá­bado, o fiesta del Señor Dios tuyo. Ningún trabajo harás en él, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu criado, ni tu criada, ni tus bestias de carga, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas o poblaciones. -11. Por cuanto el señor en seis días hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y todas las cosas que hay en ellos, y descansó en el día séptimo; por esto bendijo el Señor el día del sábado, y le santificó. -12. Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años sobre la tierra que te ha de dar el Señor Dios tuyo. -13. No matarás. – 14. No fornicarás. -15. No hurtarás. -16. No levantarás falso testimonio contra tu prójimo. -17. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni desearás su mujer, ni esclavo, ni esclava, ni buey, ni asno, ni cosa alguna de las que le pertenecen”, (Torres Amat, 1957).

¿Qué encontramos en la transcripción de estos textos? La respuesta es que nos encontra­mos con nueve prohibiciones (versículos 3, 4, 5, 7, 13, 14, 15, 16 y 17). En los textos de los versículos del 18 al 26 existen dos más prohibiciones (no os haréis dioses de plata ni de oro); y, en el versículo 26 “… No subirás por gradas a mi altar, porque no se descubra su desnu­dez o indecencia…”. Obsérvese que en el versículo 24 existe la posibilidad de ofrecimiento de holocaustos consagrada a la memoria de Dios. En el versículo 25 existe la prohibición de hacer altares de piedra labradas. Otra observación que encontramos en el versículo 5 es: la no adoración o inclinación o postración en tierra a las imágenes o figuras representativas, sino a la de Dios que no se representaba por imágenes. La voz hebrea de este versículo es hista­havah que significa postrarse en la tierra como lo hacen los musulmanes. En el versículo 17 se refiere a no desear la mujer, ni esclava, ni esclavo u otras pertenencias. He aquí cómo se incluye la esclavitud y se acepta la existencia de ella. Actualmente 2014 la esclavitud no es la de hace 1.500 años a.C., sin embargo, sigue habiendo la “esclavitud”, la explotación del pobre, de los niños en aras del capitalismo.

Del capítulo XXI del Hexodo están las leyes judiciales en donde se judicializa los escla­vos, los delitos de sangre, la propiedad de los semovientes. En el capítulo XXII, el hurto, los depósitos y préstamos, otros delitos, los diezmos y premisas. En el capítulo XXIII el derecho ajeno, las fiestas, las promesas y preceptos. Nótese que en este capítulo, versículo 61 se escri­be: “Fijaré sus confines desde el mar rojo hasta el mar de la Palestina, y desde el desierto de la Arabia hasta el río Éufrates. Pondré en tus manos a los moradores del país y los arrojaré de tu presencia”. En el capítulo XXIV el pueblo promete observar las leyes; en el versículo sexto de éste capítulo se escribe: “Tomó entonces Moisés la mitad de la sangre y echóla en tasas y derramó sobre el altar la otra mitad”. En el versículo 11 aparece: “Ni por eso la mano

de Dios hirió a estos hijos de Israel que habían avanzado mucho hacia el monte;…después de haber visto Dios bebieron ellos lo mismo que antes”. En el versículo 12 se escribe: “más dijo Dios a Moisés sube a lo alto del monte en donde estoy y detente allí, y te daré unas ta­blas de piedra con la ley y los mandamientos que tengo escritos en ella, a fin de que se los enseñe al pueblo”. Así sigue los versículos del 13 al 18 y luego el capítulo XXV que se refiere a las ofrendas del Tabernáculo, al arca de la alianza, a la mesa para los panes, al calendario, luego sigue el capítulo XXVI la descripción del Tabernáculo; en el capítulo XXVII el Altar de los holocaustos y el atrio; en el capítulo XXVIII las vestiduras del sumo sacerdote, las túnicas; en el capítulo XIX la consagración de los sacerdotes; en el capítulo XXX el altar de los perfumes, el lavatorio, el óleo santo y el perfume; en el capítulo XXXI los artífices para la construcción del tabernáculo, la observancia del sábado; en el capítulo XXXII el castigo del pueblo idólatra; en el capítulo XXXIII el Señor persona a su pueblo y muestra su gloria a Moisés; en el capítulo XXXIV vuelve Moisés al monte, donde el Señor renueva su alianza; en el capítulo XXXV se reglamenta el reposo, la ofrenda del tabernáculo y su obra, las ofren­das; en el capítulo XXXVI Moisés suspende la ofrenda del pueblo, se especifica el mobiliario del tabernáculo y el atrio, la dirección de la obra; en el capítulo XXXIX finalmente trata de la hechura de las vestiduras de los sacerdotes, la terminación de la obra del tabernáculo y la nube sobre él, (14).

Observemos cómo todos estos textos se refieren a las leyes que supuestamente Dios dió a Moisés y que es el fundamento normativo de la convivencia entre los seres humanos; sin em­bargo algunos miles de años antes existían códigos y normatividades (Entemena y Hammura­bi) que regían a los pueblos, (las relaciones del hombre con el hombre en las sociedades).

Otros aspectos que hay que resaltar en el pueblo judío son la demostración de sus tradicio­nes y el mantener el recuerdo de los hechos. Encontramos todavía, por ejemplo, la celebración de la Pascua, la concepción grandiosa de Dios, la prohibición de la imagen o representación de Dios y, más aún, el concepto de un Dios invisible, desmaterializado, como un tesoro se­creto, y una decidida inclinación a los intereses espirituales e intelectuales. De hecho, todavía intentan encontrar el Arca de la Alianza, donde fue depositado su más preciado tesoro: la Ley, la alianza entre Dios y el hombre.

Freud analiza la sexualidad, el asesinato de la figura del padre Moisés, la circuncisión como castración, las restricciones de la libertad sexual y, por ende, las renuncias instintivas a favor de la familia y del pueblo. Todo esto condujo al aumento de la autoestima del pueblo de Israel y a que éste se mantuviera al margen de los demás pueblos, compartiendo la gran­deza de una nueva idea de Dios que lo favorece. El pueblo pacta con Él y recibe a cambio progreso intelectual. Ahora bien, este camino de valorización material e intelectual comporta las renuncias instintivas. La tradición del gran pasado tiene fuerte influencia en la cada vez mayor adquisición de predominio de poder en la mente del grupo. Cobran así preponderancia los miembros de la casta sacerdotal, los cuales, por su experiencia, guardan las verdades, los preceptos y las normas.

Nótese que en este pueblo existe, según Freud, un retorno de lo reprimido a través de los impulsos obsesivos que gobiernan sus acciones y deciden sus simpatías o antipatías. Para el mismo Freud, lo esencial no es el momento, sino el proceso que se inicia como respuesta a un hecho, es decir, la reacción frente a él. El peligro se evita por el proceso de la represión. Se olvida así su causa precipitante, junto con las correspondientes percepciones e ideas. En el caso del judaísmo, el gran peligro es el de la exterminación del pueblo elegido perseguido, y la esperanza es la unificación en la tierra prometida, para lo cual hay que trabajar.

Para Freud, “la combinación del clan de hermanos, el matriarcado, la exogamia y el monoteísmo, inició un proceso que se puede describir como de lento retorno de lo reprimido, el que tuvo lugar bajo la influencia de todos los cambios en las condiciones de vida que ca­racterizan la historia de la civilización humana. – El primer efecto de la reunión con el ser que había faltado y que tanto se había anhelado fue abrumador y similar a la descripción tradicional de la entrega de las Tablas de la Ley en el monte Sinaí”. (Freud, 1939).

En el marco de la religión de Moisés no existía la posibilidad de una expresión di­recta del odio asesino hacia el padre. Todo lo que podía salir a la luz era una poderosa reacción contra él, un sentimiento de culpa debido a esa hostilidad, un remordimiento de conciencia por haber pecado contra Dios y por no dejar de pecar; sin embargo Moisés termina asesinado (15). El desarrollo ulterior de todo esto nos lleva más allá del judaís­mo: al pecado original, (16). El cristianismo también surge de una religión paterna que se convierte en una religión filial con la identificación del hijo-Dios con el padre sacrificado para salvarnos de la culpa, pero no ha logrado evitar el destino de tener que librarse del padre (conciencia moral o Superyó). Aquí radicaría la riqueza del ser humano, uniéndose o fusionándose en una unidad de instinto-Yo-Superyó en forma equilibrada. Sin embargo, el hombre occidental, y en parte también el oriental, ha querido a través de los milenios buscar y poseer objetos y poderes externos. Esta cualidad posesiva lo ha llevado a la bús­queda de la seguridad de la vida y del ser (ibídem).

Si observamos la genealogía de Adán y Eva hasta Abraham y luego Moisés y de éste a Salomón, encontramos que se le da importancia a la descendencia del hombre, mientras que las mujeres son excluidas o no tomadas en cuenta al menos si son reinas, (la idea del Patriarcado que sustituyó al Matriarcado primitivo relacionado con la Madre Tierra). En algunos pasajes hacen alusión a las mujeres pero especialmente cuando se refiere a ac­titudes consideradas pecaminosas como por ejemplo el de Eva que incita a Adán a comer del árbol del bien y del mal y el de las hijas de Lot que lo incitan a acortarse con él.

También encontramos que existen una serie de uniones incestuosas (17) o de vínculos con esclavas, sin embargo los grupos (tribus) se fueron constituyendo por el principio de autoridad, a la vez que con un sentido democrático de participación; el padre era el jefe de la tribu, pero esta última tenía un funcionamiento participativo de decisiones sin llegar a la dictadura y sí con la obligación de asegurar el no abandono de la figura del padre, y, por ende, del padre sostenido y ungido por la divinidad del señor (El) único Dios. Así se fue creando la democracia con la discusión de los problemas dentro de las tribus que buscaban una selectividad de creencia, costumbres y una tierra propia (pertenencia terri­torial), con un sentido antidictactorial y faraónico, es decir, Dios Padre Todo Poderoso era sobrenatural y no era el Dios hombre faraón; de ahí las tablas de la ley, la Torá. Ocurre sí que la ley no emerge de la comunidad sino del mandato divino, o acaso ¿no será que la ley surgió como una síntesis de la necesidad de todos? La respuesta es afirmativa. Habría que investigar si existen estudios profundos de la interrelación de las ciencias, la teología, las religiones y la construcción de las ideas políticas democráticas, más allá de la teoría psicodinámico y en especial desde el origen de la ley mosaica fraguada en realidad desde los tiempos de Adán y Eva a Noé y de éste a Abraham y luego a Moisés para llegar a Jesús, (18).


14 “En el Levítico que sigue al Génesis y al Exodo del Pentateuco, se consagran todas las normas que regían la sexualidad en la Ley Mosaica, con sus prohibiciones y castigos contra los que la violaran” (De Francisco, 2012).

15 Según la Biblia aparece que dejó de existir de muerte natural poniendo los ojos al norte en la tierra prometida.

16 “El pecado original fue un desarrollo presentado por San Agustín (un verdadero ‘invento’), en el Siglo V para hacer compatibles ciertas ideas y profecías del Antiguo Testamento llevadas a los tiempos más mo­dernos para explicar la necesidad de la Redención. Lo afirmó en todos sus detalles y la ‘bibliografía’ que lo sustentara. Por eso lo tomó el cristianismo y los esfuerzos de San Cipriano para convertirlo en dogma de la iglesia fracasaron. Sin embargo, su existencia no se puso en duda porque de no existir pecado original’ no hubiera sido necesaria la redención por Cristo.

Es una fábula muy interesante para algunos, pero un verdadero pecado para la realidad interior de muchos cristianos. Santo Tomás y San Bernardo le dedicaron muchas energías para consolidarlo. Para algunos el ‘pecado original’ es el menos original de los pecados”, (De Francisco, 2012).

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