El Autoritarismo Irracional

De aquí surge el autoritarismo irracional psicopático manejado por los líderes vio­lentos. Por esto hay que estudiar y observar a estos individuos para establecer el origen del liderazgo psicopático. Así se podrían tomar medidas preventivas en contra de las sociopatías y corrupciones en las que es factible caer el sujeto cuando no ha llegado a la integridad del self (“mismidad”) y con ella a tener una consciencia moral y social perma­nente, pues cae en la corrupción del poder en beneficio de sus propios intereses egoístas y narcisistas plasmado con deseos, necesidades y fantasías inconscientes en las cuales reposa la inseguridad, la fragilidad y la falta de autoestima originado desde la infancia. Aquí recordemos todos los personajes de la historia de Egipto, Mesopotamia, Grecia, Roma y de ahí para adelante hasta nuestros días en que se devela la corrupción del poder en o de la autoridad, la cual puede aparecer o declararse con sobornos a los jueces, lo cual ya está consignado en los grupos presocráticos, y aún en las obras de Homero 800 a.C. Aquí podemos recordar cómo surgieron los dioses violentos y punitivos de la antigüedad y distinguirlos de los dioses bondadosos, (14).

Otro fenómeno que es necesario estudiar es el autoritarismo irracional dramático, que crea agresiones, hostilidades y resentimientos sociales, económicos y religiosos. Todo esto impide una buena identificación, y constituye por ende una de las raíces del fundamentalismo islámico y el terrorismo. En muchas ocasiones los prejuicios son sín­tomas que construyen el autoritarismo, y con ello se llega a abusos a diferentes niveles. Es así como se prohíjan mentes neuróticas, cuando no psicopáticas y delincuentes. El autoritarismo lleva a la tiranía, a la intolerancia, a la inseguridad y a la falta de libertad, y, por ende, genera rebeldía.

Pero también podemos llegar a lo opuesto, a la falta de autoridad o de moral, cuando aparecen la mentira, los dobles mensajes y la transgresión de las reglas sociales. De ese modo se desconoce la autoridad social, se manipula a la autoridad, se parcializa o se induce a quebrantar la ley y las normas. Por lo general existe un hilo conductor entre la agresión y la autoridad y no entre ésta y la firmeza. Aclaremos que firmeza no equivale a agresión. De igual forma, la complacencia no es autoridad ni buena enseñanza, sino que, por lo contrario, prohíja las acciones agresivas. Actualmente existe la llamada coparti­cipación democrática de la autoridad en el hogar y en el colegio, lo que equivale a que los hijos y alumnos participan con diálogos en las decisiones grupales. Si bien esto es creativo, en determinados momentos es el jefe del hogar o el jefe del grupo el que debe complementar las normas colectivas en forma realista, sin dramatizaciones ni polariza­ciones, para no entrar en situaciones desordenadas, anarquizantes y caóticas en que surge otro poder sin experiencia, guiado por el ensayo-error o por la mayoría de la masa, la cual carece de la llamada “sabiduría del viejo”, al cual a su vez no le asiste la ambición de poder.

La pobreza, la ignorancia, la opulencia y la suficiencia absoluta, los opuestos, siempre polarizan al ser humano y lo deforman, y además perturban los objetivos de autoridad y poder. Deducimos entonces que la autoridad puede ser racional o irracional, y que puede ser usada en forma alternante, o predominar sistemáticamente una de ellas. La autoridad perfectamente racional no existe, como tampoco la contraria, porque siempre hay algo de racionalización. Por lo general el ser humano trata de encontrar, tarde o temprano, los equilibrios de la sociedad a través de juicios de valores, conceptos de posición y sistemas de los mismos.

Es consabido cómo la auténtica verdad de los hechos objetivos por lo general se trata de dirimir en los “grupos democráticos”. Ciertos hechos son negados o considerados subjetivos, porque lo contrario sería entrar en detalles y parcializaciones que confunden en cambio de aclarar y simplificar. De tal forma, no se consideran como factores que haya que tener en cuenta en la toma de decisiones democráticas, para dar o quitar el poder o la autoridad.

También es factible que se constituya un fundamentalismo democrático cuando aquella, la democracia, se convierte en el fundamento o dogma, (15) de fe, como única solución de todas las sociedades y creen poseer la verdad absoluta oficial u oficializada, y por lo tanto requiere su imposición, inclusive la fuerza; por lo contrario la democracia se mueve en la complejidad así como en la pluralidad. Entendamos que la democracia es un método sociopolítico económico de las mayorías para una convivencia con tendencias a conseguir el consenso y con la opción de la participación libre de la comunidad. De una u otra forma entendemos las democracias ya sean parlamentarias o presidenciales en las que se dirimen los problemas y se toman decisiones por la mayoría unas y otras (parla­mentarias y presidenciales) tienen su representación en una fuerza ideológica que a veces conjuga a los sujetos: esto también aparece en las organizaciones científicas en las cuales los líderes pueden ser alternantes y son los que tienen el mando (poder) y a los que se le conceden credibilidad suprema; si bien esto es válido, es necesario tener en cuenta que las mayorías no siempre tienen la coherencia racional, la razón y la justicia, el conocimiento objetivo pues aquellas, las mayorías, están manejadas por criterios de minorías, de suje­tos carismáticos con mayor argumentación a favor de algo, lo cual puede ser parcial o no, y a la vez injusto, (16).

De ahí la necesidad de escuchar con cuidado a las minorías y trabajar para llegar al ya mencionado consenso por el bien común. De una u otra manera a todos los ciudadanos no se les puede satisfacer en todo, siempre habrá frustrados y frustradores; por esto es que es necesario trabajar para o por la equidad, la adaptación, la convivencia dentro de las dife­rencias y el respeto mutuo. De todo esto se desprende la psicodinámica de las mayorías y minorías convergentes y divergentes.

La democracia operante no siempre es clara o transparente, aunque de lo que se trata es de lograrlo. Debemos tener en cuenta lo que es objetivo y lo que es subjetivo, que de todas maneras se interrelacionan y muchas veces se confunden. No se puede tomar obje­tividad sino en el análisis a distancia del hecho en sí. De esto se concluye que siempre la subjetividad está presente en el nombramiento y delegación de la autoridad, y más cuan­do se ponen en función los ideales de cada cual, además de los del grupo. El ideal del líder depende de cada sujeto que participa en el grupo, y el de éste será el que más garantías y estabilidad dé en cuanto a las necesidades primarias, seguridad de vida y libertad, (17).

Aquí viene el concepto de Gobierno. Según Aristóteles, “la democracia se presenta cuando gobiernan los libres y la oligarquía cuando gobiernan los ricos y en general cuando los libres son muchos y los ricos pocos” (Abbagnano, 1997, p. 591). Actualmente se presentan hechos de desigualdad y miseria, pese a que se ha dicho adiós a muchos regímenes autoritarios (autocracias). Sin embargo, es claro que no hay una contradicción entre la democracia y la pobreza, pues existen democracias en pueblos muy pobres y au­tocracias en pueblos sumamente ricos. Entonces, ¿quién maneja el poder, el dinero o la autoridad? En América tenemos que solamente en un país (Cuba) existe la autocracia de un comunismo con apariencia de democracia, porque hay elecciones dirigidas y controla­das por el mismo Estado. Aquí viene otra pregunta: entonces, ¿a quién o a qué podemos calificar de objetivo? ¿Acaso podemos ser libres mentalmente y no económicamente? ¿Acaso el poder económico no conlleva el poder de la colectividad y del individuo? Las respuestas pueden ser afirmativas, (18).

Un aspecto a considerar es cómo el poder puede ubicarse en el amor, la belleza, la armonía (la estética), la religión, la moral, en la ciencia, en la tecnología y la conciencia o en el saber. También puede situarse en el pensamiento, el conocimiento y los sentimientos o en las acciones. De tal manera, de un poder se puede pasar a un valer o un valor. Como ya se mencionó, todas estas operaciones pueden ser llevadas a cabo en forma autocrática, oligárquica o democrática. Así mismo podemos referirnos al poder republicano, parla­mentario o presidencial, o demagógico y plutocrático, así como al ya nombrado poder de la ciencia, de la religión y creencia o ideología, o al poder diluido que se delega hasta llegar a disiparse y volverse una apariencia de democracia, un poder sin nombre. Se gene­ra así una democracia sin partidos y se fuerza el advenimiento de un poder autocrático, o bien se ubica el poder en partidos minoritarios que llevan a la autocracia. El mismo tema del poder se ha discutido desde hace milenios, y es una cuestión que se ha dirimido entre los filósofos y los políticos que discuten sobre el poder de la fuerza, el poder económico y el poder de la conciencia moral o Superyó. Aquí hay que incluir también el poder del pensamiento y de los mitos, y aún pseudo poder arrogante del narcisismo con el cual se venera al líder convirtiéndolo, como se dice comúnmente, en Dios.

La autoridad ubicada en una persona se vuelve en muchas ocasiones el ideal de la colectividad. Cuando dicha persona se confunde con la institución, y ésta es liderada por alguien que maneja la supuesta autoridad, la conciencia y las decisiones colectivas se tornan más fáciles. Sin embargo, estas instituciones también conforman los ideales de la masa. He aquí la delegación del mandato en la representatividad democrática y en la posibilidad de la participación de cada uno de los que nominan. Ocurre algunas veces que cada uno de los participantes quiere y aun cree tener la razón en las decisiones que hay que tomar para el funcionamiento de la colectividad. De tal manera, si no se hace su voluntad, siente que se le impone la autoridad de otro (o de otros) y que se vive un auto­ritarismo, hasta el punto de no aceptar el mandato de la democracia. Esto se observa en algunos grupos institucionales, científicos, educativos y/o organizacionales, además está presente el narcisismo ególatra de la rivalidad, la envidia, la voracidad y los celos que se presentan y se manifiestan, especialmente en contra de las buenas imágenes.


14 “Las más de las veces coinciden. Ahí van los ejemplos. En México antiguo coincidieron Huichilopotl el dios azteca de la guerra quien junto con Tlaloc el dios del agua compartían el mismo teocalli (templo) para recibir el sacrificio de los hombres, que con su sangre daban vida al universo. Y al mismo tiempo, el Dios Quetzalcóatl de los vecinos Toltecas, cuya filosofía de la vida quedó consignada en máximas filosóficas de amor, que se leen en las paredes del museo de antropología de México. Un dios, éste que había sido hombre-rey antes de transformarse en dios que conservaba en su culto los sacrificios, no de sangre humana sino de palomas, en sus propios templos. Como curiosidad anoto que la teología nueva del cristianismo del Vati­cano II llamada cristología ascendente, considera a Cristo como un ser humano de infinita bondad que va ascendiendo en su divinidad durante su vida y que con su muerte (sacrificio violento) se exalta hacia dios’, se une con él y se transforma en el Verbo de la trinidad (o segunda persona como algunos lo llaman todavía sin la connotación de persona que tenemos en el ‘campo jurídico’; para Rahner, Hans Kung y otros teólogos católicos, la exaltación de Cristo es la resurrección del mismo hacia una vida nueva. Claro que estas ideas teológicas revolucionarias, no fueron aceptadas por los papas que sucedieron a Juan XXIII. En el judaísmo temprano, concretamente en el libro de Job, se encuentran también las figuras de dos dioses, que se disputan el dominio sobre el hombre, sobre Job. Yahvé, el dios bondadoso como lo llaman y Satán el ángel caído que también había participado antes de la divinidad”, (De Francisco, 2012)
15 El académico Adolfo de Francisco Zea conceptualiza que “fundamento y dogma” no pueden ponerse como equivalentes; para él, “el fundamento es una base cierta e incierta en una fe religiosa en este caso”. Dogma es una verdad promulgada como tal por el hombre.
16 “En la teología cristiana actual, sobre todo en la de los heterodoxos del Vaticano II, se habla de dos cosas: los objetos de fe que no son mandatorios para los fieles como la reliquia de un santo y los fundamentos de Fe, como sería para el cristiano la Resurrección del Cristo, en que se basa toda la religión cristiana, pero que curiosamente nunca ha sido definida como un dogma. A partir del Vaticano I, de 1869-1870, se esta­bleció la infalibilidad del Papa, no de la Iglesia, cuando hablaba ex cátedra. Desde entonces solamente se ha establecido un dogma, el de la ‘asunción de la virgen al cielo en cuerpo y alma’; (Pio XII), 1950). Esta es la historia de los dogmas que pueden conducir al fundamentalismo de esa religión. Pero otras creencias, por ejemplo la virginidad biológica de María, no obliga a creer al católico, es apenas un ‘objeto de fe’ que se sigue o se deja; no es fundamento para el cristiano de la divinidad de Cristo.
Falta por señalar algo sobre el fundamentalismo religioso del Islam y el católico de la inquisición, y el de la doctrina de la fe católica que estaba vigente en el Siglo XIX y aún en la primera mitad del Siglo XX. En la oficina vaticana que se encargaba de ‘instruir’ sobre la Fe católica, perteneció como su director por muchos años el actual Papa, cardenal Ratzinger hoy Benedicto XVI. También no se puede olvidar el fundamenta­lismo de la ciencia, (o de algunos científicos) que se consideran poseedores de una verdad materialista, pero que no explican qué son en realidad, si materia y energía no-material, algunas partículas subatómicas fácilmente evanescentes. Ese tipo de dogmatismo, se observa en lo pequeño, en la arrogancia de algunos colegas médicos”, (De Francisco, 2012).
17 Sugiero al lector consultar mi obra “Pareja y familia siglo XXI”, (2000), (Sánchez Medina, G., 2000).
18 En este punto llevo al lector a consultar mi obra del autor “Ley, ciencia y sociedad”, (en prepara­ción) en el capítulo que se refiere a la interrelación de fenómenos psicosociales.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!