La nueva medicina en China

Nueva Medicina China

Capítulo 9

(“Nueva Frontera”. Febrero, 1976).

“Las pestes serán extirpadas para que podamos ser invencibles”.

Mao Tse-Tung.

Mucho tiempo antes de que Homero escribiera la Iliada y la Odisea y de que se comenzaran a divulgar las obras de Hipócrates, China poseía ya un extenso tratado escrito sobre la teoría médica, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades.  Hacia el siglo V antes de Cristo, se tenían en Oriente conocimientos avanzados sobre el pulso y sus diversas cualidades.  La anestesia química hizo su aparición en el siglo III, y los médicos chinos aprendieron a inocular sus pacientes para prevenir la viruela mucho tiempo antes del nacimiento de Jenner en Inglaterra. Los romanos, que conocieron a China como Ceres, la tierra de la seda, fueron quizás los primeros en tomar contacto con los médicos orientales, algunos de los cuales se establecieron en Bagdhad hacia el siglo VIII de la Era Cristiana; pero fue Marco Polo, hace 700 años, el primero en informar sobre los misteriosos tratamientos orientales y en mencionar las “agujas que curan”.  El intercambio de conocimientos científicos entre oriente y occidente se hizo con relativa mayor facilidad hacia el siglo XVI, aunque las relaciones establecidas entre los dos mundos fueron siempre lejanas y se hizo necesario esperar a la segunda mitad del siglo XX para que comenzaran a ser fructíferas.

Recientes artículos publicados en revistas médicas occidentales muestran los enfoques originales de la mueva medicina china, tanto en lo referente a la educación médica como a la práctica misma de la profesión; los diferentes sistemas de manejar los problemas sanitarios de un pueblo varias veces milenario, y las amplias y nuevas perspectivas en relación a ellos que merecen ser estudiadas.  Estos nuevos enfoques y sistemas, han permitido a la medicina china de la actualidad controlar buena parte de los problemas médico-sociales de un país que hasta hace veinticinco años era considerado “el enfermo del Asia”.

Las condiciones sanitarias reinantes en la primera mitad del siglo actual eran de tal manera precarias que las enfermedades infecciosas y parasitarias reinaban por doquier.  En 1911 por ejemplo, sesenta mil personas murieron en una epidemia de Peste Bubónica, y brotes recurrentes de la enfermedad continuaron presentándose hasta 1944.  La mortalidad infantil alcanzaba índices de 200 por mil nacimientos, y la adicción al opio, introducido por los europeos mediante dos guerras en el siglo pasado, carecía en absoluto de control. Para dar asistencia a una población de 650 millones de habitantes en 1950, se disponía de unos 500.000 practicantes de la medicina tradicional y solamente de veinte a treinta mil médicos formados en la medicina de occidente, concentrados en su mayor parte en las grandes ciudades.

La I Conferencia de Sanidad Nacional de China, bajo el régimen comunista  de  Mao Tse-Tung,  estableció  las siguientes directrices en  materia de salud pública: a) La asistencia sanitaria debe ser para el pueblo;  b) Debe darse prioridad a la prevención de las enfermedades;  c) La medicina de occidente y la medicina tradicional deben ser integradas, y d) Las campañas sanitarias deben coordinarse con otros esfuerzos masivos. Mediante estos cuatro principios fundamentales se desarrollaron programas prácticos y eficaces del trabajo clínico, adiestramiento, investigación y asistencia sanitaria, que han conducido a que en la actualidad virtualmente todos los ciudadanos de la República Popular China tengan alguna forma de atención médica poco costosa.

Es particularmente notable la relación que existe entre el sistema médico chino y la estructura político-social del país.  La movilización masiva de los habitantes, que son utilizados como instrumentos prácticos en los programas de sanidad pública y medicina preventiva, ha permitido notables  avances en estos campos que para los chinos deben atribuirse exclusivamente al cambio social y a la ideología política.  La alianza entre política y medicina en términos de formación médica, investigación, teoría médica y prestación de asistencia sanitaria parece, en opinión de algunos, haber sido sinérgica en sus efectos; en otras palabras, la asistencia y el sistema médicos confirmarían la validez del pensamiento político chino. La conquista de las enfermedades venéreas fue el resultado de enfocar simultáneamente los aspectos médicos, económicos y políticos de la enfermedad.  En un esfuerzo educativo de carácter masivo se inculcó a la población la idea de que la enfermedad venérea era un rezago de la antigua sociedad; se hizo tomar conciencia a las gentes de la importancia de participar en encuestas masivas a grande escala y de la necesidad de informar los casos positivos.  Por otra parte, se orientó a la población hacia las relaciones sexuales monogámicas y se desaprobaron las premaritales.  Se controló la prostitución, en buena parte gracias a los programas de reeducación y rehabilitación y a la reubicación de prostitutas en otra clase de actividades de trabajo.

En el control de  enfermedades endémicas como la esquistosomiasis, que produce en los enfermos muy graves lesiones hepáticas tardías, jugó un papel importante  la poesía.  El poema de Mao-Tse-Tung “Despedida al Dios de las Plagas”, canta la alegría de su pueblo al lograrse la erradicación de los caracoles que transmiten el parásito productor de la enfermedad.  En esta campaña, que incluía naturalmente el control de las condiciones ambientales adversas y el tratamiento mismo de los enfermos, se puso bien de manifiesto la importancia práctica de las cuatro directrices en salud pública adoptadas por la República Popular  en 1950.  Esa endemia está hoy virtualmente erradicada. Dice así el poema:

“Las aguas y las colinas lucían su verdor en verano/ cuando los mejores médicos estaban desconcertados por estas pestes./ Miles de pueblos estaban invadidos por las zarzas y los hombres estaban débiles;/ Un fantasma cantaba sus baladas a las miles de casas desoladas./ Ahora, en un día, hemos saltado alrededor de la tierra/ y hemos explorado mil vías lácteas./ Si el Vaquero (una constelación) pregunta sobre el dios de las plagas/ le contestaremos con alegría y tristeza que ha desaparecido arrastrado por las aguas./ Miles de ramas de sauce se mecen con el viento de la primavera;/ los seiscientos millones de hombres de este gran país, tienen todos una nueva sanidad./ Tal como deseaban, las flores del melocotonero se ha convertido en olas/ y las verdes montañas en puentes./ En el alto Wuling se levantan y abaten azadas plateadas,/ brazos de acero remueven la tierra y doman los anchos ríos./ Donde has ido, dios de las plagas?/ Hubiésemos quemado para tu despedida velas y barquitos de papel!”.

Mao, seguía la tradición del gran poeta Tu Fu, posterior a Confucio, quien aseguraba al público de hace veinte siglos que sus poemas eran cura excelente contra el paludismo según su propia experiencia personal.

Es interesante preguntarse por qué la sanidad pública china encontró tan amplia colaboración de las masas populares hasta el punto de obtener en corto tiempo los sorprendentes resultados relatados atrás, ya que tal actitud de la población es difícil de concebir para la mentalidad individualista de occidente. Es posible intentar una interpretación de los hechos a la luz de los conceptos de filósofos contemporáneos de la historia y de estudiosos de la psicología de las masas para quienes, en el estudio de la evolución social o psíquica, no es posible considerar por separado las formas sociales y la psique individual puesto que ambas avanzan juntas, y juntas se transforman en constante interrelación.  Siendo la evolución un proceso, en el curso del mismo pueden  presentarse momentos en los que el punto de gravedad de los acontecimientos se desplaza de un nivel a otro.  Así ocurrió al surgir el Homo sapiens, cuando la transición se efectuó del cuerpo al espíritu, y de manera análoga ha venido presentándose el hecho desde las revoluciones de fines del siglo XVIII hasta el momento actual, época en la cual no es difícil advertir un desplazamiento del nivel individual al colectivo.  Ello conduce al establecimiento de una voluntad colectiva de millones de individuos que reaccionan irracional, o semi-racionalmente, y cuya efectividad sólo tiene lugar en el plano emocional, como pudo observarse con caracteres de espanto en la revolución cultural de 1966 a 1969.   Las voluntades colectivas, no racionalmente organizadas, no pueden sin embargo trasformarse en una verdadera conciencia de grupo, que implicaría para los individuos  conocer sus condicionamientos colectivos y disponer de la capacidad para reconocer las agrupaciones específicas como partes interrelacionadas de un todo común.  De allí la producción de respuestas masivas a los estímulos inducidos por el Estado, en sociedades como las que nos ocupa, obtenidas con facilidad y sin mayores obstáculos o traumatismos.

Durante el período revolucionario, veinte años atrás, China reorganizó su posición interna frente a lo que consideró como un renacer de tendencias y actitudes burguesas, lo que condujo a que durante cuatro años las universidades del país permanecieran cerradas.  A comienzos del 70, las Facultades de Medicina transformaron su habitual curriculum de seis años a sólo  tres, estimando que éste era tiempo suficiente para la clase de educación médica que llenara las necesidades del país. Hoy en día, el estudiante de Medicina ingresa a la carrera después de diez años de educación primaria y secundaria y de dos a cinco de labores en fábricas o en el campo.  Se da preferencia a los recomendados por sus compañeros de trabajo y a aquellos que expresen su deseo de regresar a sus propias comunidades o de vincularse a aquellas que le sean asignadas de acuerdo a las necesidades nacionales.  Todos los estudiantes son solteros y existe un número aproximadamente igual de hombres y mujeres. Para acortar drásticamente el pénsum de estudios, las facultades suspendieron aquellos temas considerados esotéricos o poco importantes como las matemáticas avanzadas y la medicina legal. Modificaron el estudio de las enfermedades de manera que pudieran aprenderse globalmente en todos sus aspectos, a diferencia de los modelos occidentales de curriculum según los cuales se estudian en diversas cátedras a todo lo largo de la carrera. Dieron finalmente particular énfasis a la integración de la teoría con la práctica, incrementando el tiempo de dedicación al estudio de las enfermedades parasitarias y nutricionales en las mismas zonas rurales.

Además de los temas médicos, el pénsum incluye nociones de economía política, historia del partido comunista chino, filosofía, agricultura e industria, educación física e idiomas extranjeros, especialmente el inglés.  La mitad de la carrera se aprende en las áreas rurales a donde rotan  con  periodicidad los profesores universitarios; docentes y alumnos viven en las casa de los campesinos y se alimentan como ellos.  Los exámenes han sido eliminados pues se considera que sólo sirven para que el estudiante se de cuenta de lo que no ha entendido y el profesor de lo que no ha sabido enseñar;  en cambio, la evaluación de los alumnos es hecha por sus profesores y compañeros, y por los pacientes con los que ha estado en contacto desde la primera semana de sus estudios. Al lado de los médicos convencionales se ha estimulado el desarrollo de escuelas de medicina tradicional en las que se estudia la acupuntura actualizada, las medicaciones a base de hierbas y el diagnóstico por medio del pulso, junto a las materias propias de la medicina occidental.  Se han dedicado ingentes esfuerzos a la formación de personal paramédico del tipo de los “doctores intermedios”, los médicos enfermeros y los médicos descalzos, con el resultado final de que en la actualidad el personal de salud de diversos niveles en China asciende a la cifra de cinco millones de personas, contra 46.000 en Colombia; y la relación entre personal de salud y población general es aproximadamente de 1/160 en comparación con 1/500 que tenemos en nuestro país.

La educación médica superior especializada no ha sido descuidada en China y a ella pueden aplicar los médicos que han tenido ya una práctica de dos a cinco años.  Se investiga en el campo de la prevención y tratamiento de las enfermedades comunes, en los mecanismos de la acupuntura, en los injertos de miembros y en el área de los agentes farmacológicos tradicionales.  No se hacen investigaciones en general en los campos de las ciencias básicas y las biomédicas.

Las consideraciones anteriores podrían sintetizarse en muy breves palabras: en muy corto tiempo la República Popular China ha logrado preparar un amplio personal humano en ciencias de la salud con el objetivo de alcanzar en el futuro un nivel satisfactorio de salud para todos.  Una vez que éste se obtenga, parece probable que los sistemas de educación médica y paramédica se modifiquen paulatinamente para alcanzar niveles de preparación más adecuados y  profundos.  Por otra parte, China ha logrado distribuir su personal de salud en forma tal que le permite cubrir de preferencia las áreas rurales en las que vive el ochenta por ciento de su de su población.

Las evaluaciones del futuro permitirán saber si el experimento médico-sanitario chino, aparentemente tan exitoso, ha producido resultados realmente benéficos y si el sistema mismo deba o no ser mantenido.  Aún es prematuro opinar con una cierta verosimilitud sobre el particular, como parece desprenderse de las palabras del mismo Mao en otro de sus poemas:

“Quién puede juzgar/ lo bueno y lo malo/ que tú has hecho/ en estos mil otoños?”