La Sinfisiotomía

Fernando Sánchez Torres, M.D

Antecedentes

Hubo una etapa, por cierto demasiado larga, en la evolución del arte obstétrico en que la audacia y la habilidad de sus cultores se confabulaban para vencer las múltiples dificultades surgidas durante el curso del parto. El obstetra entonces era esperado igual que un héroe, o como un taumaturgo que iba a salvar con su arte dos vidas, o por lo menos una. Si, aunque a veces lograba sortear con doble éxito las complicaciones, la incompatibilidad entre el volumen del feto y del canal del parto era superada solo de manera cruenta, siendo la víctima expiatoria el ser aún no nacido. La cefalotripsia franca o aquella otra disimulada que llamaban “fórceps alto”, eran los recursos heroicos que concedían el triunfo al operador, pero un triunfo que tenía mucho de victoria pírrica.

Desde las observaciones de De la Courve en 1655, cuando comprobó que en una primípara de 48 años y de talla pequeña la imposibilidad de separarse los huesos del bacinete había sido la única causa de obstáculo al parto, fueron muchos los intentos que se hicieron encaminados a ampliar la vía del nacimiento. Jean Rene Sigault, aún siendo

estudiante, dio a conocer a la Academia de Medicina de Francia un procedimiento operatorio que ampliaba notablemente la pelvis, seccionando la sínfisis púbica”66. Fue el 30 de septiembre de 1777 cuando se llevó a cabo la primera intervención, despertando como era lógico, el interés de los parteros, pues se afirmaba que con ella se había desatado el nudo gordiano de la obstetricia. La Facultad de Medicina conmemoró tan exitosa hazaña acuñando 100 monedas de plata con la inscripción Nova Lucinia y la paciente, que era una enana parisiense, pasó a la historia; se llamaba Madame Souchot.

A mediados del siglo pasado el método ya se había abandonado en Francia. En Inglaterra había sido practicado una vez por Nursman, con deceso de la madre y de su hijo. Sin embargo, en Italia tuvo extraordinario auge y sus practicantes trataron de perfeccionarlo. Se debe a Monsani el haberlo rehabilitado en 1886. Spinelli y Carusso, de la escuela de Nápoles, en una visita que hicieron a Francia en 1891, lograron interesar a Pinard en el procedimiento; luego, con Farabeuff y Varmer, hizo el estudio clínico, fisiológico y anatómico de la intervención. El 4 de febrero de 1892 practicaba el famoso obstetra francés su primera sinfisiotomia, esperanzado en poder relegar con ella “ese odioso sacrificio, ese oprobio médico que se llama la cefalotripsia”.

Pocos años más tarde Gigli modificó la técnica abriendo el anillo pélvico, no ya por el cartílago sinfisiario, sino con un corte lateral hecho sobre el pubis, justificando su proceder al afirmar que con él se alejaban las posibilidades de herir la uretra, el clítoris o la vejiga. Esta operación se llamó pubiotomia o hebeosteotomfa67.

En 1906, Zwifel da a conocer la técnica operatoria de la sinfisiotomía subcutánea, la cual fúe modificada por Frank, de Colonia, en 1912. Fue en esta ciudad donde Enrique Zárate, de la Argontina, viendo operar a aquél, se entusiasmó con el método y lo difúndió en su país, introduciéndole algunas variantes6869. Se debe, indudablemente, al ilustre profesor argentino que la sinfisiotomia tuviera luego muchos adeptos.

Hace treinta años todavía quedaban partidarios decididos de la sinfisiotomia70. En nuestros días ese recurso obstétrico- quirúrgico se halla ya archivado. La seguridad que brinda la operación cesárea ha hecho de él un procedimiento anacrónico que se recuerda sólo al repasar las páginas de la historia de la obstetricia.

La sinfisiotomía en Colombia

En Colombia, por los documentos que existen, la sinfisiotomía nunca tuvo ardientes partidarios ni, por lo tanto, jamás estuvo en boga. Ocasionalmente fue practicada en Bogotá en el siglo pasado. Al promediar la tercera década del actual -también en la capital- alcanzó un resurgimiento pasajero, pero muy pronto cayó en el olvido.

Debemos al doctor Luis Largacha el que no haya pasado inadvertida la primera sinfisiotomia que se hizo en Colombia; en buena hora recogió en su tesis de grado los detalles de la operación que llevara a cabo en Bogotá el doctor Leoncio Barreto, profesor de obstetricia teórica y práctica, en 1873, diecinueve años antes de que la ejecutara Pinard en Francia. En Latinoamérica sólo se registra una anterior: la que practicara en Veracruz (México) el doctor Francisco Hernández el 11 de agosto de 1784, es decir, apenas 16 años después de que Sigault la diera a conocer a la Academia Francesa71. En Chile la ejecutó Adolfo Murillo en 1892 72, y en la Argentina Eliseo Cantón en 19O473.

Siendo la hazaña de Leoncio Barreto un hito en la historia de la obstetricia colombiana, es de elemental justicia copiar el relato que su mismo autor hiciera74.

Conviene señalar que la técnica que se siguió fue la de Sigault y que el doctor Barreto fue ayudado por Ceferino Hurtado, alumno interno encargado de la Maternidad, y por los practicantes Isaías Saavedra y N. Guerrero; los cuidados de la paciente estuvieron a cargo de la asistenta Antoma Mancera y de la enfermera Hermana Saint Paul. He aquí los detalles que refirió el profesor Barreto:

“N.N., de 24 años de edad, soltera y natural de Sutatenza (Boyacá), fue conducida a la sala de Maternidad después de tres días de trabajo y de 6horas de rota la bolsa de las aguas.

“Su estatura era de 1 m. 38 cm. y ni Su aspecto general ni el de su bacinete, presentaban visiblemente ninguna mala conformación notable.

“La exploración externa dio a conocer que se trataba de una presentación cefálica, con todas las posibilidades de una primera posición, y que la criatura estaba viva, suficientemente fuerte.

“La exploración interna confirmó el anterior diagnóstico y se demostró que la cabeza había penetrado, en parte, a la excavación pelviana y estaba fuertemente enclavada en el estrecho superior. No teniendo allí medios de tomar medidas con precisión, las hechas con el dedo nos hicieron sospechar que había un acortamiento del diámetro conjugado, que calculamos aproximadamente en 80 a 88 milímetros.

“El estado de las fuerzas y robustez de la madre, como de la criatura; el tiempo relativamente largo que se había pasado después de la ruptura de la bolsa; el estado desesperante de la mujer en quien las contracciones eran fuertes y sostenidas, y la imposibilidad, que habíamos demostrado al tiempo del examen para llevar la mano más allá del estrecho superior, nos decidieron a ensayar el fórceps, antes que cualquiera otra operación, esperanzados en que con la compresión y las tracciones podríamos desprender la cabeza. La aplicación del fórceps presentó algunas dificultades, que al fin fueron vencidas; pero fracasaron todos los esfuerzos racionales hechos con él, y la cabeza no se movía del sitio en donde la habíamos encontrado. En tal situación y considerando que sobre una criatura viva y vigorosa no debíamos emplear la cefalotripsia, ni en una mujer en las mismas condiciones la operación cesárea, creímos encontrar allí la indicación precisa de la sinfisiotomía, la cual practicamos por el método subcutáneo. Pero como a pesar de hecha la sección completa de la sínfisis y de continuar las contracciones bastante enérgicas no avanzaba el parto, colocamos nuevamente el fórceps para ayudar con las tracciones. Al empezar éstas, olmos un traquido, que nos alarmó sobremanera, y hubiéramos abandonado el instrumento si en ese momento no hubiéremos sentido desprenderse la cabeza y cesar todas las dificultades; de manera que el parto terminó, como en todos los casos ordinarios de aplicación de fórceps.

“La placenta se retardó, y habiendo introducido la mano para extraerla, nos aprovechamos de esa maniobra para examinar el estado de movilidad de los huesos ilíacos, la que nos pareció excesiva y nos dio serios temores por el éxito de nuestra operación.

“Como curación solo colocamos sobre la herida exterior unas hilas untadas con cerato y sobre el resto del pubis una compresa grande empapada con aguardiente alcanforado, y últimamente un vendaje de cuerpo, lo mejor ajustado que pudimos.

“Alarmados por la movilidad del bacinete y un fuerte dolor al nivel de las articulaciones sacro-ilíacas, no nos contentamos con el vendaje que habíamos colocado, e inmediatamente hicimos preparar un cinturón de vaqueta, ancho y acolchonado que colocamos alrededor del bacinete con el objeto de mantener mejor el ajuste de los huesos y que permitiéndonos zafar las correas de unión nos dejara inspeccionar la sínfisis.

“Nuestra enferma fue mantenida en la más completa quietud. Durante los 3 primeros días hubo un ligero movimiento febril, 120 a 130 pulsaciones por minuto y grandes dolores que combatíamos con morfina y beleño, sin abandonar el aguardiente alcanforado. Al 4°. día se le aplico una lavativa laxante, que produjo sus efectos y estableció completamente la secreción láctea. Cesó la fiebre, y el puerperio entró en su curso normal. La inmovilidad se mantuvo durante 20 días en los que habiendo disminuido progresivamente los dolores, cicatrizándose la pequeña herida y desapareciendo la movilidad de los huesos, permitimos algunos ligeros movimientos entre la cama, hasta los 40 días, en que levantamos nuestra enferma con grandes precauciones, y como pudo caminar, aun cuando quejándose, su estado fue mejorando, y 15 días después salió del hospital, sin abandonar su cinturón y llevando un niño completamente sano”.

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