Responsabilidad del Equipo Médico en Urgencias

Sin embargo, la sola previsibilidad no puede ser el elemento determinante de la culpa. Debe mediar alguno de los demás: Imprudencia, impericia o negligencia para conformar un delito culposo. Sin embargo, esta previsibilidad (preveer y prevenir), es un elemento de juicio para calificar un acto de imprudente o negligente.

La previsión como toma de medidas para evitar la llegada de la complicación, es un elemento agravante de la culpa.

Impericia es la incapacidad técnica para ejercer una profesión, oficio o arte. Por lo tanto, presupone un tipo especial de conocimientos y habilidades, que al no ser observados, generan culpa.

Se puede ser imperito por:

1- Ignorancia o falta de conocimiento. Ej : El médico general no calificado como cirujano y que se lanza a una intervención en el cuello, provocando una lesión de nervios laríngeos, con la subsecuente disfonía (ronquera) permanente de la persona intervenida quirúrgicamente.

2- Por falta de habilidad para efectuar un procedimiento. Aquí no hay un error de juicio sino en su traducción en actos concretos. Ej: El médico teóricamente formado como hemodinamista pero con falta de habilidad manual para el manejo de catéteres intra-arteriales, que lleva a un desgarro de una arteria coronaria.

3- Falta de seguimiento de las normas de excelencia del momento (Lex Artis ad Hoc) Ej: El médico internista que continua utilizando antibióticos de amplio espectro y baja potencia en una infección especifica para la cual se ha descubierto un antibiótico potente y el cual se encuentra desde hace años en el país.

En el caso de la impericia NO puede arguirse imposibilidad de prevenir (Ej: El médico general que se lanza a colocar un injerto en la arteria braquial sin estar capacitado y que trata de defenderse diciendo que, al no ser cirujano, no tenía porque conocer a la perfección dicho trayecto). El solo hecho de no poseer el adiestramiento y de no conocer el oficio con las normas de excelencia del momento, ya lo hacen culpable, pues no se posee la capacidad de preveer lo que un cirujano de preparación media debía hacer previsible.

Esta impericia va de la mano con la imprudencia pues, por la falta de preparación, al embarcarse en lo que no se conoce (Al menos con el conocimiento promedio de quien ejerce esa actividad especifica), se obra en contra del derecho ajeno.

Si se considera que hay impericia cuando faltan la capacidad, habilidad, experiencia y conocimiento de quien emprende un tratamiento, particularmente cuando estos no han sido certificadas por alguna institución reconocida legalmente, entonces es fácil suponer que, por definición, la persona en entrenamiento no es perita y, Por lo tanto, el responsable es el profesor que dirige el acto médico.

Consiste, pues, en la incapacidad técnica para el ejercicio de la profesión médica y equivale a la “inobservation des regles dart” de la doctrina francesa; a la “malpractice” de los anglosajones” y al “kunstfehler” de los alemanes.

Ej: El residente de obstetricia que no tiene la habilidad para practicar un raspado uterino diagnostico y, sin la supervisión del especialista, perfora el útero ocasionando una peritonitis generalizada y la muerte de la paciente. Si bien es conocido que la posibilidad de perforar el útero existe en un porcentaje determinado de los casos, aun en manos del mejor ginecobstetra, cuando se presenta en el curso de enseñanza supervisada se puede corregir a tiempo con el fin de evitar una complicación mortal subsecuente.

Es necesario mencionar el concepto de error médico. Este puede evaluarse en varios aspectos. Uno de ellos es el que surge de simple ignorancia, en cuyo caso se de-ben examinar las condiciones que llevaron a su ocurrencia. Una de ellas es el denominado “Estado de necesidad”, que obliga a intervenir a un paciente en estado de muerte inminente.

Ejemplo: El residente que debe intervenir el abdomen de un herido por arma de fuego en muy mal estado y que al ingresar a la cavidad abdominal pasa por alto alguna lesión de difícil diagnóstico intraoperatorio).

Se habla de negligencia cuando, a pesar del conocimiento de lo que debe hacerse, no se aplica y por lo tanto se produce un daño. Equivale a descuido u omisión.

Aquí entran gran número de posibilidades, entre las que se incluyen todos los regístros defectuosos en las historias clínicas.

Es una conducta de tipo omisivo, opuesta a las normas de atención y sagacidad de una persona similarmente capacitada, las cuales normas tratan de evitar un resultado dañoso. Ej: Es negligente el médico que, en lugar de recuperar prioritariamente los signos vitales de un paciente en estado de choque por hemorragia aguda, lo envía a exámenes complementarios de rayos X, con el consecuente fallecimiento del enfermo.

Se parte de la idea de que se comporta con negligencia quien viola un deber de atención. El artículo 2356 del CC señala:

“…por regla general todo daño que pueda imputarse a malicia o negligencia de otra persona, debe ser reparado por esta…”

En el caso de los médicos, la negligencia ha sido el medio para determinar la responsabilidad, generadora frecuente de culpa profesional. La Corte Suprema de Justicia manifiesta a este respecto:

“…el médico tiene el deber de poner todo su cuidado y diligencia siempre que atienda o beneficie a sus pacientes con el fin de probar su curación o mejoría; lo que por negligencia, descuido u omisión cause perjuicio en la salud de aquellos incurre en una conducta ilícita que será calificada por el juez según su magnitud…”

El residente es negligente cuando incumple las ordenes impartidas por el jefe del equipo o el profesor a cargo.

Ej: No revisa al paciente en el postoperatorio (habiendo sido encargado de esto por su profesor) y no cae en cuenta de una embolia pulmonar desarrollada en las últimas horas e hospitalización.

La imprudencia consiste en una acción temeraria que se efectúa a pesar de haberse previsto el resultado adverso que ocasiona el daño en el enfermo. Esto equivale a efectuar un acto médico sin las debidas precauciones. Es la conducta opuesta a la que aconsejarían la experiencia y el buen sentido de un especialista en determinado aspecto de la medicina.

Es la falta de previsión de las consecuencias de una acción o, el hecho de no tenerlas en cuenta a pesar de haberlas previsto. Es, por lo tanto, una forma de conducta ligera o descuidada, de la cual había que abstenerse o que ha sido llevada a cabo en forma no adecuada.

Ej: Es imprudente el médico que durante una cirugía abdominal por un trauma cerrado de abdomen decide adicionalmente efectuar la resección de un apéndice sano, porque este es de gran tamaño.

Ej: Es igualmente imprudente el médico que programa una operación de revascularización de una pierna (Llevar sangre por delante de una arteria obstruída) sin solicitar una arteriografía que demuestre exactamente el sitio ocluido por placas arterioscleróticas.

Cualquier acción que el médico residente lleve a cabo sin tener en cuenta sus limitaciones, su adiestramiento actual, las reglas de la institución docente, las regulaciones de la universidad que respalda sus estudios y, obviamente, las normas elementales de prudencia de un médico cuidadoso colocado en las mismas circunstancias, será susceptible de responsabilidad civil.

Ejemplo: El estudiante de postgrado en neurocirugía que decide iniciar una intervención sobre la columna de un enfermo el cual, a consecuencia de su falta de conocimiento y su imprudencia, sufre una lesión medular grave.

No debe olvidarse que el solo hecho de haber sido admitido en los programas de postgrado en un hospital universitario, aunque confiere al residente el derecho a efectuar actos médicos determinados, no es una autorización que automáticamente lo vuelve competente y experimentado para llevar a cabo procedimientos sin la supervisión de su respectivo profesor o superior académico y jerárquico.

La exculpación del residente es la misma que la de cualquier médico. No se trata de dejar impune cualquier delito culposo.

Por el contrario, muchas veces el miedo a la sanción y al castigo por descuido, obliga a extremar las medidas de cuidado y estimula a plantear una especie de “protocolos de conducta”, para evitar la aparición de complicaciones.

Ej: Muchos pacientes con trauma torácico fallecían en el hospital a consecuencia de lesiones que, si hubieran sido diagnosticadas a tiempo, eran susceptibles de curación. Esto obligo a que se reuniera un grupo importante del Colegio Americano de Cirujanos para crear un protocolo de manejo del traumatizado de tórax, a quien sus lesiones debían clasificarse desde su ingreso al hospital en: Rápidamente letales, Potencialmente letales y no necesariamente letales.

Esta simple medida obligo a tener en cuenta un grupo especifico de lesiones que se diagnosticaban en forma muy precoz y redujo la mortalidad de manera importante. Fuerza mayor es aquel suceso que, aunque se prevea y prevenga con medidas adecuadas, sea imposible de evitar.

Caso fortuito es aquello absolutamente inesperado de acuerdo a cualquier calculo, es decir, aquello que no puede preverse o prevenirse por ningún medio usual.

Es, por lo tanto, un caso especial de ignorancia justificable.

La vida diaria tiene riesgos permanentes. Cualquier actividad tiene complicaciones sin que por esto pueda ser catalogada en forma rotunda como “Peligrosa”. Se juega con probabilidades de ocurrencia en todo, aunque siempre exista la posibilidad de ocurrencia de situaciones exóticas.

Si todas las acciones humanas se debieran efectuar únicamente después un calculo de todas las posibilidades alternativas de ocurrencia, ninguna actividad seria posible: Una persona de 20 años que se levanta en la mañana para asistir a la universidad tiene una gran probabilidad de sobrevivir el día y una pequeña posibilidad de morir en el curso del mismo. Si su achJación dependiera de las posibilidades, es posible que debiera permanecer en su casa para siempre.

Ej : El enfermo sin ningún antecedente de alergias químicas y a quien ya se ha practicado estudio radiológico con medio de contraste sin problema y que en el curso de un nuevo examen desarrolla una reacción contra el producto utilizado, que lo lleva a un estado de choque anafiláctico.

Las otras dos causales de exculpación son la acción de terceros y la inobservancia de indicaciones por parte del paciente.

Demandas a los funcionarios de la salud del Estado

Para aquellos especialistas que laboran en instituciones de salud del Estado que poseen alguna forma de docencia universitaria, la justicia administrativa, luego de advertir que “los funcionarios serán responsables de los daños que causen por culpa grave o dolo en el ejercicio de sus funciones” (Art.77 C.C.A.) tiene una disposición en la que puede leerse: “Art. 78.

Los perjudicados podrán demandar, ante la jurisdicción de lo contencioso administrativo según las reglas generales, a la entidad, al funcionario o a ambos”.

El médico Residente y su respectivo profesor por lo tanto no pueden estar tan tranquilos esperando los resultados de la demanda en contra del Hospital, porque la demanda puede instaurarla el particular directamente en contra del funcionario y de sus co-responsables.

La responsabilidad del Estado es objetiva. La del agente subjetiva. Por esto, si va a demandarse al funcionario, habrá necesidad de demostrarle su “dolo o culpa grave”. Es un funcionario publico, es un servidor del Estado. Cierto. Pero no lo es menos que se trata de un hombre, amparado por una presunción de inocencia, a quien debe demostrársele las culpas que se le endilguen.

De forma que consideramos un exabrupto jurídico y lógico afirmar, como lo vienen haciendo los propugnadores de una tesis “novedosa” en nuestro país, que al médico le cabe una responsabilidad objetiva. No. La responsabilidad del ente administrativo puede ser objetiva, porque lo que importa es indemnizar el daño patrimonial al particular. Bien; pero la responsabilidad del agente siempre será subjetiva. Sin la prueba de su dolo o de su grave culpa no habrá sanción.

Penalmente esta proscrita toda forma de responsabilidad objetiva; civilmente se establece la obligación que tiene el demandante de probar el incumplimiento del contrato por parte del médico; en el campo administrativo, ya vimos, se hace responsable al Estado teniendo en cuenta el daño que ha sufrido la víctima y cuando, aparte de la falla anónima en el servicio, se pretende demandar al servidor publico (médico) por su actividad personal, es necesario demostrar allí si, su culpa grave o su dolo.

La necesidad de regular las especialidades médicas y quirúrgicas

Hay un punto de suma importancia respecto del ejercicio médico en nuestro país: De acuerdo a la ley, el solo hecho de poseer la licencia para ejercer medicina acredita, en teoría, a efectuar actos médicos de cualquier tipo en cualquier paciente, lo cual es totalmente absurdo.

Esto ha constituido una especie de coraza para que médicos sin experiencia aceptable y sin escuela de ninguna clase, se aventuren en procedimientos que deben ser parte de un entrenamiento formal en hospitales autorizados v con profesores de alta calidad.

La única excepción es el estado de necesidad. Si un médico rural se encuentra en una localidad remota sin apoyo de ningún tipo, los casos de urgencia que no se puedan remitir los debe atender como pueda, intentando salvar la vida de sus pacientes. Si se comete un error por impericia, la ley debe tener en consideración las circunstancias en que se cometió el error, pues, al fin y al cabo, la salud es responsabilidad directa del gobierno, que no coloca ni los especialistas ni los medios de atención mínima en todos los sitios en donde se necesitan y, con el objeto de “llevar salud” a regiones abandonadas del país, coloca en esos sitios a médicos recién graduados, sin la suficiente experiencia y trabajando con las unas, haciéndolos responsables de la salud de comunidades enteras.

Otra cosa es permitir la practica de actos médicos complejos o intervenciones quirúrgicas de alto riesgo en los sitios en donde el beneficio de los especialistas se encuentra presente. Desde este punto de vista, debería prohibirse la practica de procedimientos especiales a quienes no hayan sido capacitados para tales efectos. Para decirlo más claramente: El ejercicio médico debe volver a regularse y, salvo estados de necesidad, debe clasificarse por niveles lo que un médico puede o no puede, debe o no debe hacer.

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