Orientación Vocacional

Todas estas frases y muchas más se oyen a diario con el fin de darle sentido y perspectiva a la vida, a la existencia en su estar, ser, tener, hacer, no sin muchas veces tomar decisiones y acciones equivocadas por corto o largo tiempo e inclusive pasar por la vida por un camino errado. De todo este planteamiento podemos inferir cuán necesario es conocer bien nuestras motivaciones conscientes e inconscientes para luego determinar cuál deberá ser nuestra decisión en el hacer, para tener y ser.

En realidad hay pruebas psicológicas que ayudan con las entrevistas técnicas a determinar las inclinaciones, las capacidades y motivaciones del sujeto; de tal manera se evitan perdidas de esfuerzo mental, físico en el trabajo, o económico, y la pérdida de tiempo. Estas pruebas son aplicadas por los especialistas técnicos en la orientación vocacional.

En realidad es importante pensar cómo el Estado es el que debe proporcionar y facilitar al sujeto la determinación de su vocación, de sus inclinaciones, para que el mismo Estado le ayude a ubicarse en el mundo y así también pueda ayudar a organizar la colectividad, el grupo y las necesidades del medio. Actualmente, en nuestro ambiente, vemos que poco es lo que se hace en favor de la elección de carrera y el encuentro de la vocación. Estas últimas se eligen más por las necesidades psicológicas superficiales o económicas o sociales que por la verdadera capacidad personal profunda adecuada a las conveniencias sociales del grupo en que vivimos en la época actual, no sin contar con las dificultades para ingresar a las distintas carreras por la carencia de cupos disponibles. Parecería que la elección de carreras y la selección se realizan sólo por las pruebas que las universidades hacen para el ingreso, sin tener en cuenta realmente una serie de variantes individuales y colectivas. Es por esto por lo que también encontramos el mito del “doctor”, pues todos quieren obtener ese titulo, más cuando la palabra “doctor” tiene una connotación mágica omnipotente de status y prestigio. En realidad el doctorado sólo se hizo para los médicos y para aquellos que habiendo realizado una carrera siguen y continúan el estudio para obtener el grado superior, pero aquí en nuestro ambiente a cualquier profesional se le llama “doctor”, pues es el grado que todos quieren obtener para sentirse en el status superior.

Lo importante no es llegar a ser doctor sino encontrar su verdadera vocación dentro de las necesidades socioeconómicas del ambiente. Podría argumentarse fácilmente que llegaríamos a encontrarnos con un superávit de ingenieros, de médicos, de abogados, arquitectos etc. Esto, aunque podría eventualmente ser válido, tiene que demostrarse con las pruebas de aptitudes, además de que cada sujeto debe encontrar su campo de acuerdo, repitámoslo, con las necesidades grupales de la sociedad en que se vive, para establecer el equilibrio en la acción, en el hacer, en el tener y en la realización del sujeto y de la misma sociedad.

Con todo este planteamiento he querido traer la necesidad de hacer consientes las motivaciones, las aptitudes, las inclinaciones, la vocación y las posibilidades de cada cual para que las llevemos a la práctica en forma consciente, pensando, y no que eduquemos y enseñemos mecánicamente estimulando la memorización de textos, de contenidos, y para que tiempo después no se tenga el concepto básico de lo que era necesario en la vida para seguir conociendo o aprendiendo. Es por esto cómo es importante cambiar la educación haciendo un viraje desde las escuelas normales para que se enseñe al niño, luego al púber y adolescente, a pensar, a saber consultar y conocer en dónde encuentra las respuestas y no repetirlas como una computadora; es decir, no hacer niños máquinas computadoras, sino seres pensantes que se pregunten más, que respondan. No importa que no conozcan una serie de textos de memoria, de fechas y contenidos, sino que sepan pensar para aprender mejor y así también ellos sabrán enseñar mejor. Ese sería el instrumento más apto para que todo un conglomerado se cultivara, cambiara y progresara en su existencia. Ese sería también el arte de enseñar y aprender. Pero no sólo es tener las capacidades de enseñar y aprender, hay que conocer las técnicas; a la vez la técnica no hace al artista, ni éste nace con la técnica. Se requiere de unas y otras dentro de un conocimiento profundo del ser humano. Es por esto por lo que son necesarias la psicología, psicopedagogía, la psicodinamia y más específicamente las disciplinas del psicoanálisis, para saber cómo funciona el ser humano en su aparato mental y así ayudarlo a mejorar con metodologías ya conocidas, con el fin de hacer más y mas fácil el conocimiento del hombre, de su mundo actual y de las posibilidades futuras.

Es, pues, conociendo los factores que intervienen en la vocación, como podemos realizar la orientación correspondiente estableciendo una dinámica de las capacidades innatas, utilizando la psicología en la educación del futuro profesional para que se pueda así aprender más fácilmente sin entrar a coadyuvar en trastornos psicopatológicos que puedan inhibir el aprendizaje o producir mayor grado de neurosis o frustraciones en la realización del ser en su quehacer en la vida.

Es obvio que las vocaciones pueden en ocasiones detectarse desde muy temprana edad; por lo tanto, la orientación vocacional debe realizarse desde esa época de descubrimiento, evaluando si cada paso que ocurra en el niño o en el adolescente, para que él mismo pueda elegir objetivamente su carrera.

De tal manera se ayuda no solamente técnica sino humanamente con libertad. De esta forma la personalidad integrada en el pensamiento, en la sensopercepción y sentimientos y en la actuación, es como va a poder poner orden a los hechos que le ocurran a través de su historia en forma crítica y válida, aceptando los cambios, adquiriendo los valores y utilizando la razón para así encontrar una mejor vida placentera con menos dolor, menos delirio o alienación y menos tendencias a la muerte, permitiendo que todas las fuerzas energéticas emerjan para aceptar la realidad, el amor, la verdad y la belleza. Todo esto a la vez con un equilibrio o armonía que sería el arte de aprender y enseñar. Es, en suma, enseñando a pensar como se aprende a vivir.

Bibliografía

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