Las Edades y el Aprendizaje

Las siete edades a que he hecho referencia tienen que ver con diferentes aspectos cronológicos, funcionales, morfológicos o genéticos. 1. La edad cronológica  o del calendario es aquella que se determina desde el momento del nacimiento; 2. La edad genética, la que viene genéticamente marcada en el cromosoma número 6 y es aquella que potencialmente tiene el ser humano para vivir; 3. La edad biológica aquella determinada por las células y que depende de la genética pero que a la vez tiene su vida y evolución propia (por ejemplo personas que siendo jóvenes, sus células están envejecidas por una involución rápida); 4. La edad mental es aquella que se refiere a la capacidad de reacción mental, a las capacidades mentales de acuerdo con la evolución  y el desarrollo; 5. La edad social, que se refiere a la capacidad psicológica de adaptación y reacción social del sujeto ante una sociedad (esta edad depende de la mental pero también del medio ambiente: por ejemplo individuos de sociedades primitivas pueden tener una edad cronológica avanzada y sin embargo tener una edad social y mental muy por debajo de lo normal en sociedades desarrolladas). En la edad social se incluye la escolar, la laboral y la económica, pues depende del desarrollo social que tenga el individuo, pero a la vez depende de la edad mental y de la biológica para poder desarrollar sus capacidades de producción a nivel intelectual, laboral y económico; 6. La edad Sexual es aquella que tiene que ver con el funcionamiento de la capacidad de relación sexual y de la relación amorosa; 7. La edad del pensamiento es aquella que tiene que ver con las capacidades intelectuales, el saber y la cultura (por ejemplo, un viejo puede tener poco desarrollado el pensamiento y a la vez tener un precario saber y poca cultura).

Todas esas edades, la mayoría de las veces, no son paralelas al mismo tiempo; unas pueden estar más adelante que otras y no son correspondientes; todo depende de la evolución de las diferentes estructuras; además también hay que tener en cuenta los diferentes patrones con que se mide el momento y el lugar cuando son detectadas. Más aún, no es el ideal que todas las edades deban corresponder unas con otras. Desde milenios el ser humano ha tratado de encontrar la fuente de la eterna juventud, buscando la prolongación de la vida, de la vitalidad. La misma sociedad, la ciencia, la tecnología y la industria actual tratan de explorar estas tendencias tratando de satisfacer las necesidades humanas con productos químicos, con dietas, con métodos físicos, con cirugía, con procedimientos intelectuales, con métodos psicológicos y religiosos, con ejercicios de respiración y físico, con meditación, con lecturas, con excursiones, conferencias, juegos, psicoterapias o filosofías específicas. Todos estos métodos tratan de desarrollar las capacidades, las funciones y de detener el envejecimiento, la involución, la regresión de las mismas. El desarrollo, la interacción y las consecuencias de estas edades en su funcionamiento deberían tener un capitulo especial, pero éste escrito no tiene el propósito sino de plantear las diferentes clases y por ende los críticos con que uno puede y debe contemplar al se humano en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

En ocasiones los padres o los maestros se angustian, porque los hijos-niños no están aprendiendo de acuerdo con su edad o con los patrones que los adultos consideran “normales”, pues no tienen en cuenta el factor tiempo interno, su edad para aprender; por esto exigen, sobreexigen, castigan, disciplinan, estimulan, motivan, cambian de método  o aplican otros factores para hacer que el aparato mental del alumno produzca conocimientos, cuando éstos, los niños, no pueden lograrlo; el resultado en estos casos no es negativo, porque el niño bien puede crear defensas contra el aprendizaje, las que más tarde tendrán que vencerse con mayor dificultad. Es importante aquí plantearse los métodos y disciplinas de lo que hoy día es imperiosamente necesario: La educación personalizada.

Hay un aspecto que es mejor enfatizarlo, y es aquél que se refiere a cómo aprendemos más de la misma experiencia; esta, aplicada en la enseñanza, se refiere a poder llevar el conocimiento de algo en forma vívida, vivencialmente, en tal manera que el sujeto niño-adolescente-adulto pueda vivir lo que aprenda, sintiéndose participe con todos sus sentidos, sus valores, sus ideales, su propia vida en lo que y con lo que quiere y necesita aprender.

Para educar ya se mencionaron los estímulos, los premios y los castigos; además, hay que tener en cuenta la edad del niño, su inteligencia y sus capacidades heredadas y adquiridas, su desarrollo mental, intelectual, físico y social, para poder aplicar determinados estímulos. Es así como podremos utilizar los métodos que ya en una y otra forma se han expuesto.

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