Dinámica del Aprendizaje

La dinámica del aprendizaje es también la del aparato mental. Se sabe, a través de las teorías de la comunicación, cómo existe una semejanza entre los transmisores y receptores con los mecanismos del aprendizaje; por otra parte, es importante tener en cuenta la personalidad, su evolución, su desarrollo y relación con el tema central del aprendizaje.

Por lo expuesto se concluye cómo para aprender es necesario contar con un adecuado desarrollo de la personalidad y que son inherentes del aparato mental; además, es importante tener en cuenta desde el punto de vista psicodinámico los mecanismos yoicos, los de proyección e introyección, el proceso primario y secundario, las leyes de la asociación, la necesidad de aliviar tensiones en búsqueda del placer y alivio del dolor.

1. Formación y estructura de la personalidad. Antes de seguir adelante revisaremos la formación de la personalidad y su estructura. Desde el punto de vista psicoanalítico el Ello, el Yo y el Super-Yo forman la estructura de la personalidad. Es planteándolo en un lenguaje simple, el Ello el motor, el Yo el conductor y, el Super-Yo el freno; éstos a la vez operan tópicamente en los planos del consciente y el inconsciente, sin lo cual no se puede comprender al hombre y al aprendizaje.

En el inconsciente no hay reglas, ni tampoco, ni espacios, y entrar allí es hacerlo en otro espacio particular, lo cual pertenece a una tarea difícil. La puerta o ventana de entrada es el preconsciente y es por allí por donde salen los elementos que a él pertenecen. La mayoría de nosotros creemos que vivimos continuamente en un plano consciente y eso no es así. Vivimos más en el plano del inconsciente sin darnos cuenta por que racionalizamos. Así quedan funcionando en la realidad y en la consciencia las múltiples motivaciones que nos mueven desde el inconsciente.

¿Qué tiene que ver el inconsciente en el aprendizaje? La respuesta es sencilla: El inconsciente es parte de la unidad psíquica. Lo que percibimos es sentido por el inconsciente y el consciente. En el inconsciente hay tres fuerza fundamentales: 1. La de vida, 2. La de muerte, y 3. La de repetición. Estas tres se enfrentan ante el principio de la realidad; la de vida, “eros” (placer); la de muerte “destrudo” (displacer); unas y otras se contraponen permitiendo el movimiento y la repetición. Estas fuerzas obran en el aprendizaje y son los impulsores de la instancia Yo; este aparato a la vez en su primera función controla los estímulos internos y externos (la excitación y el relajamiento). Por su parte el niño, al nacer, se encuentra desvalido y carente de capacidad de “ligar” la tención; no puede controlar, no distingue ni diferencia los impulsos; la captación del mundo externo (percepción), función del Yo, que no está desarrollada lo mismo que la motividad y la capacidad de fijar la tensión mediante fuerzas opuestas. Todas estas capacidades y funciones del Yo se desarrollan y sirven en el proceso de aprendizaje.

El niño al nacer se angustia por estar indefenso entre los estímulos; es entonces cuando, necesitando vivir, aprende a defenderse, a adaptarse, a saber, a liberarse de la tensión. Es la boca el aparato con el que primero se comunica con el medio externo objetal y así también alivia la tensión. Lo que es externo se vuelve interno, no sin antes haber estado presente y en función la fuerza que sale de lo interno y tiñe lo externo, lo agarra, lo “inviste” con su energía y luego lo aprende.

Los objetos externos procuran por su parte el estado de placer. Es así como el Yo se va formando, diferenciando y distinguiendo del mundo externo.

Al principio lo interno y lo externo se sienten como uno, luego que se va diferenciando se crea el sentido de realidad. Antes de crearse este principio, lo aprendido arcaico que trae el ser humano por herencia, va a mover, motivar o dirigir los impulsos, y con los órganos de los sentidos es como se puede realizar el conocimiento del mundo exterior.

Con respecto a las percepciones, éstas se ligan unas y otras y la estructuración del aparato perceptivo va paralelo a la del Yo, pudiendo, este último, actuar en forma alternativa con una actitud pasiva o una activa y así también da la posibilidad de aprender.

2- Psicodinamia del Yo y el aprendizaje. El proceso de la formación del Yo también va paralelo al del aprendizaje. ¿Cuándo comienzan uno y otro? La respuesta está en la historia del hombre y su vida. Se inició hace siglos con la transformación del ser; además, este aprendizaje y enseñanza se va transfiriendo día a día en la especie. Es decir, existe una herencia del Yo, lo mismo que un aprendizaje heredado. Por lo expuesto podemos concluir que la dinámica del aprendizaje pertenece a la misma psicodinámica del Yo.

Hemos expuesto ya los tres principios: el de placer, el del dolor y el de la repetición: ¿Cuál es el primer placer? Podríamos decir que es la vida. Si pensamos en detalle, veremos cómo el primer dolor también se siente con la vida. El primer dolor es la separación del niño del útero materno, y es aquí en donde, para vivir, el Yo despierta a la actividad del aprendizaje en el mundo externo y así también siente placer. De tal manera placer y dolor se oponen y se juntan en la misma vida. A la vez, el principio de repetición es el que permite vivir y morir, gozar y sufrir, sentir placer y dolor, y en ultimas, aprender, conocer y vivir.

Sucede, y la experiencia ya lo ha demostrado, dice Susan Isaacs, “que a través de cada aspecto del desarrollo mental y físico (locomoción, habilidad manual, postura, imaginación, lenguaje o lógica primitiva), cualquier fase se desarrolla gradualmente desde las anteriores; de manera que pueden determinarse tanto en sus configuraciones generales como en sus detalles específicos”.

El desarrollo por lo tanto no es uniforme, pero sí hay crisis definidas e integraciones radicales en la experiencia y realizaciones futuras. Por ejemplo, el caminar de verdad y el aprender a hablar no son sino la fase final de una serie  de coordinaciones del desarrollo.

Las definiciones y postulados del hablar, pensar, actuar (funciones del Yo), son puramente convencionales por que el proceso sucede como el día y la noche; es como un espectro. Podríamos decir, repitiéndolo que el paso del proceso del aprendizaje comienza con el dolor en la separación del niño del útero materno.

Con respecto a la funcionalidad yoica, podemos mencionar cómo una de las primeras funciones del Yo  es la “primitiva imitación”, que consiste en hacer nuestro (del Yo) aquello que percibimos. Esto se logra en primer lugar poniendo lo externo dentro, a través de la boca e impulsado por el hambre.

“Es el hambre-escribe Fenichel-, con sus reiteradas perturbaciones de la paz del sueño, lo que ha obligado al reconocimiento del mundo externo”, y agrega: “La primera realidad es aquello que uno puede tragar”. A este mecanismo le llamamos introyección oral. El mismo autor agrega: “…introducir en la boca e imitar con propósitos de percepción son una y la misma cosa y representa la primera de las relaciones del objeto”.

“La imitación del mundo externo mediante la incorporación oral constituyen la base del primitivo modo de pensar, denominado mágico” (Fenichel: Teoría general de las neurosis, p. 52, 191); ¿qué es lo que primero incorporamos?: El pecho o el alimento que es dado por la madre.

Así como hay una capacidad de dar, la hay también de recibir. Se recibe, se incorpora, se aprehende el mundo externo y se hace interno y allí sigue el proceso de asimilación, el cual requiere, para la integración, la destrucción; es el manejo interno del Yo corporal el que cumple esta función. A la vez que el instinto de muerte destruye el objeto, para asimilarlo, se produce el miedo a la aniquilación y miedo a que le haga daño desde adentro. Todo lo que produce dolor o falta de confort son sentidos como dañinos interiormente.

En psicoanálisis comprendemos cómo cuando el equilibrio de los instintos de vida y muerte se perturban, por privaciones de hambre, surge la avidez.

El niño al ser frustrado encuentra el mundo exterior peligroso, dañino y malo. Concretamente el pecho materno. Lo contrario lo siente como gratificador y bueno. Existe la diferenciación de pecho bueno y pecho malo. Entonces el instinto se escinde y el objeto se divide. Luego  las ansiedades disminuyen: el Yo es capaz de integrarse y sintetizar sus sentimientos frente al objeto y así predomina el instinto de vida.

Esta síntesis hace surgir sentimientos depresivos y reparatorios del objeto dañado “bueno”; de aquí nace la tendencia a construir, a crear, a juntar las partes. En resumen, el pecho bueno (puede ser cualquier representación) fortalece la integración y ayuda al temprano Super-Yo, aumenta la capacidad del niño para amar y tener confianza en los objetos y al mismo tiempo se torna representante del instinto de vida, el que a la vez mejora las posibilidades de nuevas introyecciones, que en suma son aprendizaje.

Otro punto importante es aquel que se refiere a cómo el niño a prende a saber lo que es dolor y lo que le produce displacer, a través de la comida y consiguiente liberación de la tención hambre. Ocurre que la situación no se establece tan fácilmente, por que la madre o sustituto le da menos o mas de comer; llena el estomago, calma la tensión en forma parcial, o se sobrepasa y produce otra tensión mas; es entonces cuando el niño no distingue el placer del displacer, el pecho bueno del pecho malo y la introyección se dificulta  así mismo el aprendizaje.

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