El Arte de Aprender y Enseñar, Conclusiones y Consideraciones Generales

Conclusiones

Por los casos expuestos se puede notar las diferentes causas que intervienen en el aprendizaje y en el rendimiento del mismo; aunque también como ya se observó, existen motivaciones por parte de los profesores y de los alumnos, es importante destacar la metodología en general, pero es necesario hacer mención de otras causas como son las familiares, las sociales y las personales del aprendizaje. Entre los factores de causalidad con respecto a la falla en el rendimiento hay que estudiar la estructura familiar; por ejemplo, pueden presentarse fallas en el aprendizaje por conflictos, agresiones y separaciones de los cónyuges, orfandad, severa rivalidad con agresión entre los hermanos, cambios en el hábitat del niño (habitación, casa, ciudad y colegio) cambios de edad, incomprensión de padres y profesores temor a ellos; por ejemplo reproches continuos sin necesidad, desaprobaciones, humillaciones y aun una sola “mala mirada de rechazo”, puede influir, desencadenar y agravar los procesos mentales patológicos. No se trata de que no exista la reprobación a las faltas, que no se corrija el error sin saber cómo hacerlo, he ahí nuevamente el “arte de enseñar”. Es importante de no promover los procesos mentales patológicos, que de una u otra manera existen en todo ser humano; por lo tanto, es necesario evitarlos y también aprender a manejarlos no sólo el mundo intelectual y del aprendizaje sino el emocional afectivo. La sensibilidad de los niños, especialmente de aquellos que son hipersensibles, es preciso conocerla y saberla cuidar para conducirla por los caminos de la creatividad.

Por todo lo contrario expuesto es indispensable ser consientes de que cualquier cambio, agresión, afecto negativo, puede ser traumático e influir en la mente del niño: de tal manera lo importante es contribuir lo mejor posible al funcionamiento integral del aparato mental y a la organización del medio ambiente del niño, sin negar los problemas psicopatológicos de uno y otros.

Muchos son los casos en que los profesores y padre piensan que el niño/a tiene una deficiencia mental por bajo rendimiento en las áreas de matemáticas y/o las sociales, por repetidas pérdidas de materias y años, sin entrar a analizar profundamente los diferentes factores que intervienen en las fallas del rendimiento.

Algunas veces es importante que el niño a prenda a aceptar la pérdida de materias no solamente para que consolide los conocimientos, sino con el fin de saber cuáles son los métodos mejores que deben aplicarse a este sujeto. Aquí entraríamos a la educación personalizada. En otras ocasiones es mejor permitir o facilitar que el muchacho apruebe una materia y no hacerlo pasar por el maltrato de los fracasos, de la perdida de materias y de años para que no se cumpla la fórmula de que un fracaso ocasiona otro fracaso; en estos casos hay que estudiar cómo se puede reforzar metodológica y psicopedagógicamente el aprendizaje del niño. He ahí nuevamente el arte de enseñar y aprender.

En una ocasión un padre de familia consultó por que su hijo tenía un muy bajo rendimiento y desinterés por el estudio: era aislado, agresivo, tímido hipersensible; se pensó que el niño sufría de una deficiencia mental. A través de los años se encontró que era todo lo contrario; el muchacho tenía un alto cociente intelectual (134) que no fue detectado y que le ocasionaba una desadaptación al medio escolar. Cuando fue profesional demostró no solamente su brillantez, sino su creatividad sobresaliente sobre el común de las personas.

La deficiencia mental hay que detectarla cuidadosamente sin confundirla con la seudo-debilidad mental; esta última se observa frecuentemente en niños con problemas emocionales serios, abandono de los padres, especialmente de la madre, en los tres primeros años de vida. De tal manera, cuando nos enfrentamos a una falla severa en el rendimiento y en las pruebas psicológicas que miden el cociente intelectual, podemos destacar uno bajo por que existen funciones perturbadas. De todas maneras hay que explorar más profundamente el funcionamiento del aparato mental.

Consideraciones Generales

En ocasiones los padres de familia y los profesores no se dan cuenta que la sensibilidad del niño/a reacciona a estímulos diversos con diferentes intensidad, la cual es importante detectar; por ejemplo, un niño puede sentirse muy mal y aún humillado por que no lleva al colegio un libro, un útil, una prenda de vestir exigido por el plantel; el niño, al sentirse afectado, reacciona negativamente en su rendimiento. Por lo expuesto, los padres de familia podrían argumentar que en ocasiones no se les puede dar o facilitar a los hijos lo que la institución exige, y las directivas de ésta a la vez argumentan que sólo cumplen con las normas establecidas; de tal forma al niño se le ubica entre “la espada y la pared”; de esa contradicción el único perjudicado directamente es le niño e indirectamente las dos instituciones: familia y colegio. ¿Cómo resolver este problema? Las instituciones deben estar de acuerdo con la economía del grupo a/o donde se integren.

Por otra parte, unos y otros deben planificar sus presupuestos y sus normas siendo conscientes de que vivimos en una sociedad que cada día exige y demanda más esfuerzos, más requisitos y con ello también más consumo. No se entienda con esto que el colegio no pueda pedir elementos necesarios para el aprendizaje o que se establezcan normas uniformes y que los padres de familia no deban acatarlas. Lo importante es conocer con anticipación qué reglas pueden establecerse para que sean factibles de cumplir y no instituir pautas innecesarias que sólo satisfacen las necesidades obsesivas y rígidas de las directivas de una institución.

En ocasiones leemos en los periódicos de fin de año casos de estudiantes que intenta cometer suicidio, o lo cometen, después de haber fracasado o perdido el año escolar; estos niños obviamente están afectados psicopatológicamente con conflictos cuyo núcleo es el gran temor a la perdida del amor, al rechazo de sus padres y superiores, así como también a la culpa inherente , todo lo cual lo lleva a la destrucción de su Yo y de su mundo; estos son los casos que deberían seguir tratamiento médico psicológico y en los que el psicoanálisis podría ser de gran ayuda.

Cuando un escolar va mal en los estudios, especialmente aquellos de clase media baja y baja, que son atemorizados, culpados por los padres, los profesores o maestros, éstos deben dialogar periódicamente con el niño para comprender las fallas y ver cómo se pueden superar con cursos suplementarios, con cambios de metodología y aún haciendo que el niño pase al año siguiente sin exigirle lo que no puede, mostrándole objetivamente el significado de su aprobación, desaprobación o pérdida del año, lo que a veces no implica “pérdida” sino “ganancia”; por su parte, una aprobación debe conllevar no sólo el mínimo de lo exigido en el conocimiento sino también el máximo en la capacidad de rendimiento, la cual es individual; en otras palabras, al niño no se le debe exigir ni más ni menos de lo que puede hacer; aquí se podría argumentar que no es posible aprobar el niño sin evaluación de qué y cuánto conoce. La respuesta es que lo importante no es “saber” sino saber conocer, saber dónde encontrar la información y cómo manejarla; en síntesis, aprender a pensar y manejar el pensamiento, la esencia de los hechos, de acuerdo con las exigencias reales; por otra parte, hay que evaluar el esfuerzo, la aplicación, el trabajo del muchacho que en ocasiones es intenso sin poderse observar el producto; en estos últimos casos también hay que detectar si hay fallas metodológicas. Con todo esto no se entienda que los profesores tienen que aprobar por el temor a un acto emocional del educando, no: también la desaprobación es necesaria, así como la repetición de actos para rectificar errores, fallas y vacíos.

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