Importancia de la estabilidad macroeconómica

sector de los servicios financieros

La liberalización del sector de los servicios financieros requiere un entorno macroeconómico estable para que puedan cosecharse plenamente sus beneficios (Comisión de Comercio Internacional de los Estados Unidos, 1993; Johnston, 1994; Edey y Hviding, 1995; Goldstein y Turner, 1996; Banco Mundial, 1997).15

Los desfavorables efectos de la inflación, de grandes déficit presupuestarios o de tipos de cambio insostenibles en la macroeconomía y en el sector financiero pueden verse agravados por las corrientes financieras internacionales. El período de transición a un sistema financiero abierto es especialmente crítico.

Los errores de política son más probables –y más perjudiciales– cuando los mercados financieros están aún subdesarrollados, la confianza en el nuevo régimen de política es todavía débil y la experiencia con respecto a la debida gestión de la macroeconomía y el sector financiero es más limitada.

Así pues, la decisión de mantener una gestión macroeconómica disciplinada es de gran importancia para el éxito de la liberalización.

La liberalización requiere políticas monetarias orientadas a la estabilidad

Para que las instituciones financieras ejerzan su función de intermediación de manera adecuada, necesitan un entorno de inflación baja y estable.

Como mejor se logra esto es mediante políticas monetarias previsibles y orientadas a la estabilidad. Dos de los principales peligros de las políticas monetarias expansionistas para el sistema financiero radican en la concesión imprudente de créditos y en la inflación de los precios de los activos.16

El mecanismo habitual de transmisión es el siguiente: la expansión monetaria permite a los bancos conceder créditos en buenas condiciones a las empresas o al sector inmobiliario a tipos de interés relativamente bajos. Esto permite la concesión de créditos arriesgados y eleva los precios de los activos, por ejemplo de la tierra y los edificios.

Con cierta demora, es probable que aumenten también los precios de consumo. Para restablecer la estabilidad de los precios, las autoridades monetarias tienen que seguir entonces políticas más restrictivas mediante la elevación de los tipos de interés. Ello reduce la demanda.

La subida de los tipos de interés y el descenso de la demanda crean una brecha entre los costos del crédito y el rendimiento de las inversiones. Los precios de los activos tienen entonces que descender, ya que su rendimiento no cubre ya los crecientes costos de los créditos.

El exceso de oferta (por ejemplo, como consecuencia de un exceso de construcción) puede hacer mayor la necesaria corrección. Si esta corrección tiene lugar después de haber aparecido ya una «burbuja» –es decir, una desviación especulativa del precio de los activos–, los bancos pueden encontrarse con una proporción considerable de créditos morosos en sus carteras.

El embargo de los bienes hipotecados puede resultar entonces de poca ayuda, al exceder la cuantía del crédito el valor del activo.

El problema de los créditos fallidos será probablemente mayor cuanto más «temeraria» haya sido antes la política de concesión de créditos de los bancos. En casos extremos, los bancos pueden perder su solvencia y, si gran parte del sector bancario se ve afectado, puede surgir una crisis bancaria.

De hecho, son varios los países desarrollados y países en desarrollo que han sufrido esas llamadas «crisis bancarias macroeconómicas ». Esas crisis bancarias pueden crear nuevos problemas a los encargados de formular las políticas. Si utilizan al banco central para resolver los problemas del sector bancario mediante la concesión de crédito, podrá socavarse aún más la estabilidad de los precios.

Puede establecerse un círculo vicioso entre políticas monetarias vagas que estimulen la inflación y problemas del sector bancario que la alimenten aún más. Si los encargados de formular las políticas dejan que los bancos quiebren, será en la mayoría de los casos un acto sumamente impopular.

Cabe señalar, sin embargo, que no es probable que la concesión imprudente de créditos sea sólo consecuencia de políticas macroeconómicas inapropiadas. Por lo general, existe también una supervisión bancaria inadecuada, cuestión que se examina más adelante.

Unas buenas políticas fiscales y cambiarias contribuyen a la estabilidad financiera

Para que haya políticas monetarias estables es esencial que haya buenas políticas fiscales; estas últimas contribuyen, pues, a la estabilidad del sector financiero. Por otro lado, los grandes déficit fiscales ejercen presión sobre las políticas monetarias.

Los déficit elevados hacen subir los tipos de interés reales desplazan a la inversión privada del mercado de capitales, y los tipos de interés elevados atraen las entradas de capital y ejercen una presión al alza en el tipo de cambio, lo que a su vez afecta a la competitividad de los productores y deprime la actividad económica y el crecimiento.

Surge la tentación de reducir los tipos de interés a corto plazo y financiar el déficit mediante la expansión del crédito. Y ya se ha expuesto antes la cadena de acontecimientos que pueden sucederse después.

También las políticas cambiarias son fundamentales para mantener un sistema financiero estable. A veces se utiliza un tipo de cambio fijo como ancla para mantener la estabilidad macroeconómica.

El objetivo perseguido es aumentar la credibilidad de las políticas nacionales y quebrar las expectativas inflacionarias. Ahora bien, las políticas monetarias tienen que seguir siendo muy rigurosas para evitar la inflación y la sobre valoración del tipo de cambio.

Si se relajan y ello hace subir la inflación y descender la competitividad internacional de los productores, pueden también plantearse problemas por el lado exterior. La sobre valoración perjudica al sector exportador y, por tanto, disminuye el crecimiento. Ello ejerce presión sobre el balance de las empresas y también, indirectamente, sobre el sector financiero.

Por otra parte, y esto es aún más importante, cuando la moneda está sobrevalorada puede ser necesario realinear el tipo de cambio.

La devaluación, a su vez, eleva los costos de la deuda exterior, al aumentar el valor de las obligaciones en la moneda nacional.

Si los bancos y las empresas no se han protegido con respecto a sus futuras obligaciones en divisas, en la creencia de que el tipo de cambio permanecería estable, pueden sufrir pérdidas considerables.

Una política cambiaria más flexible puede ayudar a eludir algunos de esos problemas, pero tiene también sus costos. La volatilidad del tipo de cambio puede socavar rápidamente la confianza en las políticas monetarias nacionales y la estabilidad de los precios.

Ahora bien, no existe una panacea universal en cuanto a políticas cambiarias apropiadas en el contexto de la liberalización del comercio del  sector de los servicios financieros; es mucho lo que depende de las circunstancias particulares de cada país.

La estabilidad macroeconómica contribuye a crear confianza, pero hace falta cautela, especialmente durante el período de transición

El principal costo de la aplicación de políticas macroeconómicas inadecuadas y de los resultantes problemas del sector financiero es probablemente la debilitación de la confianza en la formulación de políticas por parte del gobierno y en la liberalización económica.

Es probable que se mencione la liberalización del comercio del sector de los servicios financieros como una de las causas de los problemas del sector financiero, con lo que en el futuro será aún más difícil lograr la liberalización.

Es un argumento más a favor de la teoría de que debe darse una gran prioridad a la estabilidad macroeconómica en el contexto de la liberalización del sector de los servicios financieros.

Ahora bien, la gestión macroeconómica es especialmente difícil durante el período de transición. Cuando comienza la liberalización, las nuevas oportunidades de inversión y el optimismo con respecto al futuro suelen atraer entradas de capital.

Si éstas no se neutralizan, pueden impulsar la oferta monetaria a través de los depósitos de las instituciones financieras.

Como ya se ha indicado, ello puede conducir a una política imprudente de concesión de créditos y arrojar las semillas de una crisis futura.

Durante la liberalización la gestión monetaria se ve también complicada por los cambios estructurales de los agregados monetarios.

Por ejemplo, el disponer de mejores servicios financieros inducirá a la gente a depositar más dinero en los bancos en vez de conservarlo en efectivo y tal vez los ahorradores abandonen la cuenta de ahorro para pasar a depósitos a largo plazo u otros instrumentos financieros.

Esos cambios hacen que sea difícil interpretar y vigilar los agregados monetarios y, si se vigilan los indicadores equivocados, es posible que no se aprecien las primeras señales de alarma de la expansión monetaria.

Se ha recomendado una serie de medidas de política y cambios institucionales para aumentar la estabilidad económica y la credibilidad de las políticas.

La adopción de medidas encaminadas a neutralizar los efectos de las entradas de capital en la oferta monetaria y una cuidadosa observación de varios agregados monetarios deberán contribuir a mejorar la gestión monetaria (Edey y Hviding, 1995; Johnston, 1994).

Se recomienda un banco central independiente y sólidas instituciones presupuestarias para reforzar políticas monetarias y fiscales prudentes (Eygffinger y de Haan, 1996; Moser, 1997, sobre la independencia de los bancos centrales; Milesi-Feretti, 1996; Banco Mundial, 1997a, sobre sólidas instituciones presupuestarias).


Notas

13 En las publicaciones del FMI puede encontrarse una exposición detallada de sus actividades en esta esfera.
14 Naturalmente, pueden traducirse también en pérdidas considerables si no se utilizan debidamente. Ello ha quedado demostrado por el derrumbamiento del Barings Bank o los disturbios de Orange County, California.
15 Esto es especialmente importante en los casos de los servicios bancarios y de los servicios de operaciones con valores, en los que las vinculaciones con la macroeconomía son relativamente estrechas.
16 La inflación puede aumentar también la volatilidad de los tipos de cambio o desalentar la concesión de créditos a largo plazo.

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