El Pueblo de Yarumal

En la Basílica Menor de este pueblo antioqueño se recuerdan las obras del humilde beato Marianito y del poderoso monseñor Builes. Hasta este remoto confín del norte de la provincia de Antioquia había llegado en marzo de 1787 Pedro Rodríguez de Zea con la misión expresa de fundar un pueblo. Seleccionó para ello un terreno inclinado hacia el poniente, desmontó ‘ocho cuadras en cuadro’ y marcó el sitio donde se habrían de construir la iglesia y la cárcel, según consta en el acta de fundación. Pero don Pedro, que obedecía órdenes del visitador de Antioquia Juan Antonio Mon y Velarde, esperó a que su jefe le escogiera un nombre a aquella nueva población. En diciembre, Mon y Velarde lo bautizó San Luis de Góngora.

San Luis por el santo guerrero Luis Gonzaga, y Góngora por el arzobispo y virrey Antonio Caballero y Góngora. Por esos días Mon y Velarde se hallaba empeñado en hacer de Antioquia una diócesis autónoma, que no dependiera del obispado en la lejana Popayán. Tal vez por eso el alto prelado caucano en persona, emprendió en 1792 una visita episcopal a la recién creada parroquia de Nuestra Señora de la Merced de San Luis de Góngora, honor que no se repetiría en medio siglo. De esos primeros años de Yarumal data un valioso lienzo quiteño de la Virgen de la Merced que hoy se venera en la Basílica Menor, y al que se le atribuyen numerosos milagros. Incluso en comparación con otras poblaciones paisas, Yarumal ha sido siempre un pueblo muy católico. Por algo se lo ha denominado el Escapulario de los Andes o la Ciudad Evangelizadora de América.

En 1845 nació aquí el célebre padre Marianito -cuyas acciones milagrosas, particularmente mientras fue párroco en la vecina población de Angostura en donde murió en 1926- lo han llevado a la beatificación. Y este largo y acucioso proceso de acceso al santoral, que se inició en 1980 para Mariano de Jesús Eusse Hoyos ante la Congregación para la Causa de los Santos, no es el único. La vida y obra de otro sacerdote yarumaleño, Benedicto Soto Mejía, también está siendo considerada por la Congregación. Cabe imaginar la reacción de un pueblo tan cristiano como Yarumal ante las medidas anticlericales adoptadas por los gobernantes liberales de la Nueva Granada a mediados del siglo XIX.

El presidente que más repudio mostró hacia la Iglesia y -en particular hacia Antioquia- fue sin duda Tomás Cipriano de Mosquera. Por algo escogió Mosquera a Rionegro como sede de la Convención de 1863, en donde se sentaron las bases para sus leyes ‘sobre inspección de cultos’ y ‘desamortización de bienes de manos muertas’ promulgadas ese mismo año. El general caucano era bastante claro en su posición hacia la Iglesia y hacia los curas: “Si alguno se mezclare en política lo haré fusilar porque voy a demostrar que a un obispo o a un clérigo le caben también cuatro balazos”. Monseñor Miguel Angel Builes, el sacerdote más importante que ha dado esta región antioqueña, se refirió años más tarde, con su característico lenguaje incendiario, al gobierno de Mosquera como “época terrible que para ser descrita necesitaría de un tizón del infierno”. Las declaraciones de monseñor Builes, fallecido a los ochenta y tres años en Medellín en 1971, siempre dieron de qué hablar.

Sus diatribas en contra del liberalismo, que compiten con las del famoso obispo de Pasto Ezequiel Moreno, son muy recordadas. A partir de 1959, y durante tres años consecutivos, Yarumal realizó las Fiestas del Bambuco, pero monseñor Builes, indignado, promulgó desde Santa Rosa de Osos una homilía en la que criticaba el “desgraciado invento de la fiesta pagana del bambuco”. Estas fiestas ponían en riesgo a Yarumal, que era ‘un nido de palomas eucarísticas’ pero podría convertirse con tanto bailar en “una caverna de serpientes venenosas y una guarida de fieras carniceras”. Los organizadores no tuvieron otra opción que llevarse las fiestas para Neiva, en donde se celebran desde entonces.Viéndolo bien, no era nueva la posición de la iglesia ante estas celebraciones profanas. Ya había demostrado desconfianza hacia el baile el mismísimo obispo de Popayán en su ya citada gira pastoral de 1792. En el respectivo auto de visita monseñor Angel Velarde y Bustamante había insistido en “que los bailes sean de mujeres con mujeres solas, y de hombres con hombres solos, guardando la decencia correspondiente en todos los momentos y posturas del cuerpo”. La principal obra de monseñor Builes, nacido en el cercano pueblo de Donmatías y obispo por muchos años en la diócesis de Santa Rosa de Osos, fue el Seminario de Misiones Extranjeras de Yarumal, fundado en 1927 y activo hasta 1968. Muchos curas yarumaleños -de nacimiento o de adopción llevaron la fe cristiana a remotos países del mundo.

Los hechos de santos, beatos y obispos en Yarumal no paran ahí. El odontólogo e historiador Orlando Montoya recopila anécdotas de las visitas a su pueblo adoptivo de la también milagrosa madre Laura Montoya, así como del joven sacerdote Darío Castrillón -hoy cardenal en el Vaticano- cuando fue coadjutor de esta parroquia de La Merced. No hay duda alguna: Dios los cría y, por alguna razón, en Yarumal ellos se juntan.

Diego Andrés Rosselli Cock, MD
Neuro-epidemiólogo, historiador y académico

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