Dolor Neuropático, Guía de Salud

¿Qué es el dolor neuropático?

El dolor neuropático puede ser consecuencia directa de una lesión o enfermedad que afecte los nervios, ya sea del sistema nervioso central o del periférico. El sistema nervioso central (SNC) hace referencia, en conjunto, al cerebro y la médula espinal, mientras que el sistema nervioso periférico a los troncos nerviosos cervical, lumbar y sacro que salen de la columna hasta las extremidades. Las señales o mensajes relacionados con la función (movimiento) o la disfunción (dolor) viajan del cerebro a la médula espinal y de allí a otras regiones del cuerpo y de vuelta al cerebro.

El dolor neuropático se ha convertido en un problema de muy difícil manejo, es así como en Europa 20 de cada 100 personas sufren dolor crónico, de ellas entre 7 % y 8 % refieren dolor neuropático y solo cerca de la mitad logra un adecuado alivio del dolor. Se cree que en América Latina existe subregistro toda vez que diversos estudios reportan que tan solo dos de cada 100 latinoamericanos padecen este tipo de dolor.

Lo anterior obliga, entonces, a que se reconozca que el dolor neuropático es un motivo común de consulta y que su tratamiento es de alta complejidad, por lo que el personal de salud desde la atención primaria debe estar preparado para diagnosticarlo y darle un manejo y seguimiento adecuados. En la actualidad el dolor es considerado el quinto signo vital al lado de los signos vitales tradicionales: temperatura, frecuencia cardiaca, tensión arterial y frecuencia respiratoria.

La mayoría de las veces, el dolor neuropático suele ser consecuencia de enfermedades que afectan los nervios como la diabetes, de medicamentos quimioterapéuticos que dañan los nervios como los usados para el tratamiento del cáncer, o producido por trauma. Este dolor puede aparecer en cualquier parte del cuerpo y en general los que lo sufren lo describen como una sensación caliente y quemante que puede ser muy desagradable y altamente incapacitante.

¿Cómo se clasifica?

dolor2Este dolor puede ser localizado o difuso, el primero es más frecuente y se caracteriza porque el paciente refiere dolor intenso y concentrado en un área o áreas, el difuso puede estar acompañado de dolor tipo quemadura, signos sensitivos positivos o negativos y síntomas espontáneos algunas veces referidos como “corrientazos”.

También puede clasificarse según el área y la causa del daño del sistema nervioso como en el caso del trauma, hemorragia o isquemia, inflamación, intoxicaciones, cáncer, degeneración de los nervios, tumores, amputaciones, infecciones virales, malnutrición y déficit vitamínico, entre muchos otros. No obstante, uno de los más frecuentes es el conocido como neuropatía diabética y está relacionado con lesiones vasculares propias de la diabetes.

¿Cómo afecta este dolor la calidad de vida?

Aunque para cada persona el dolor tiene un significado diferente debido a las diversas causas que lo producen, a que está relacionado con sensaciones, evocaciones y vivencias personales desagradables; así, como a aspectos psicológicos y culturales de cada individuo. Se sabe que los pacientes con dolor neuropático sienten el dolor con más intensidad que los que no lo padecen, también que presentan con mayor frecuencia depresión, ansiedad y trastornos del sueño, sensación de debilidad, afectando la calidad de vida y limitando las actividades diarias debido al dolor, que en casi la mitad de los casos se sufre por más de cinco años.

¿Se puede diagnosticar?

La mayoría de las veces el dolor neuropático ni se diagnostica ni se trata en forma oportuna por diferentes razones, algunas de ellas por la subjetividad que acompaña todo tipo de dolor y la dificultad para su medición. Sin embargo, frente a la sospecha de dolor neuropático el médico debe tener en cuenta la historia clínica y los análisis diagnósticos como radiografías, potenciales evocados, electromiografías y exámenes vasculares; antecedentes quirúrgicos y patológicos como diabetes, derrame cerebral, esclerosis múltiple, cáncer, tumores, etc.; estilo de vida; evento o accidente causal; y la evaluación del impacto del dolor sobre la funcionalidad, entre otros, permitirán encontrar o relacionar la causa del dolor, e iniciar un plan de tratamiento.

El paciente puede referir dos tipos de dolor diferentes, uno persistente y otro llamado “ataques de dolor”, la intensidad de ambos componentes deben ser evaluados, y aún tratados por separado.

¿Cómo se trata?

Desde tiempos pasados el dolor se ha relacionado con aspectos mágicos, seres malignos y divinidades, su alivio con el premio y el castigo y el tratamiento con rezos, hierbas, ritos y ceremonias algunos de los cuales conservados en la actualidad.

El tratamiento del dolor neuropático debe ser precoz y estar enfocado en la disminución del dolor, en la recuperación de la funcionalidad, y en la incorporación a la vida laboral, escolar y a la actividad diaria. Los pacientes con dolor crónico empeoran mientras esperan el tratamiento, de hecho un estudio en el Reino Unido reportó que a más de la mitad de personas con dolor neuropático periférico se les hizo un diagnóstico preciso solo dos a tres años después de consultar por este motivo, con unas consecuencias psicosociales reales como depresión, pérdida de relaciones interpersonales y rol social, capacidad laboral y productividad.

Su tratamiento debe ser individual e integral, abarcar múltiples áreas de atención y diversas alternativas terapéuticas, farmacológicas y no farmacológicas, las cuales deben estar enfocadas al alivio completo o parcial del dolor, así como a la adaptación y forma de bregar con el problema. La prescripción de medicamentos para el tratamiento de los síntomas debe tener en cuenta su eficacia, posibles contraindicaciones y efectos colaterales o adversos.

La terapia no farmacológica incluye: educación al paciente, remisión a medicina de rehabilitación, fisioterapia y deporte, terapia psicológica, terapia intervencionista y estimulación periférica; además del seguimiento a la adherencia al tratamiento integral instaurado.

Entre las alternativas farmacológicas actuales que han mostrado eficacia en el tratamiento del dolor neuropático se encuentran los antidepresivos (amitriptilina, nortriptilina, desipramina),los anticonvulsivantes (gabapentina y pregabalina) y los parches de lidocaína a 5 %, entre otros. Algunos efectos colaterales e indeseables tanto de los antidepresivos: somnolencia, confusión, boca seca, hipotensión con el cambio de posición, subida de peso y retención urinaria; como de los anticonvulsivantes: somnolencia, vértigo, empeoramiento cognitivo o de la marcha y edema periférico, hacen que algunos pacientes abandonen el tratamiento súbitamente, desconociendo que éste tiende a ser prolongado y su suspensión deber ser lenta y progresiva.

En consecuencia, el médico y personal de salud deben dar educación al paciente, familia y cuidadores, explicar en forma clara y concisa acerca de estos efectos colaterales, e impartir recomendaciones específicas. En caso de que determinada terapia no funcione, el médico general deberá cambiar el medicamento y tomar la decisión de remitir al paciente al especialista en dolor.

¿Es posible reconocer y prevenir el dolor neuropático?

medico-pacienteAlgunas situaciones como la edad (< 20 años o > 55 años), historia reciente de violencia y trauma, dolor no mecánico progresivo que no cede al reposo, dolor en el pecho, malestar generalizado, pérdida de peso inexplicable, uso prolongado de corticosteroides, deformidad estructural, fiebre, abuso de drogas, inmunosupresión y VIH, antecedentes de cáncer, entre muchas otras, se reconocen como “bandera roja” o signos de alerta que requiere la remisión inmediata al especialista.
Las medidas de prevención están encaminadas a adquirir hábitos de vida saludables, evitar factores desencadenantes y tratar de controlar el dolor, como son:

• Comer bien, sano y saludable, evitando grandes cantidades de carbohidratos, grasas, bebidas alcohólicas y el consumo de tabaco.

• Establecer un plan progresivo de ejercicios físicos, caminar, bailar, dormir y descansar y dormir en forma adecuada.

• Consultar al médico frente a la presencia de dolor, tanto de aquellos de aparición súbita y gran intensidad, como de los persistentes.

• Determinar con el médico las causas del dolor y seguir sus indicaciones, en especial en lo relacionado con la dosis y periodicidad de los medicamentos prescritos.

• Evitar la auto formulación e involucrar a sus familiares y cuidadores en el tratamiento integral del dolor.

• Teniendo en cuenta que se pueden padecer más de un dolor y que los pacientes que sufren dolor neuropático son más sensibles al dolor, es importante conocer sus características y cómo prevenirlos (migraña y su relación con ciertos alimentos, dolor muscular y técnica deficiente de calentamiento previo al ejercicio, etc.).

• Aprender técnicas de relajación, de control del dolor crónico, la combinación de frío y calor puede ayudar a disminuir la inflamación de los tejidos y el dolor.

• La adopción de una actitud positiva frente a la vida ayudará a mejorar la percepción del dolor y a controlar algunos factores desencadenantes.

En conclusión, es importante recordar que todo dolor es tratable, saber que el tratamiento del dolor es un derecho fundamental de los seres humanos y que este va de la mano de una vida plena, feliz y con calidad.

Bibliografía

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